La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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miércoles, 31 de mayo de 2017

Una suma de dos es apenas un poco de rocío en el amanecer









Una suma de dos es apenas un poco de rocío en el amanecer,
y sin embargo, después del adviento, suenan las campanas.
En mí anidan pájaros,
una sombra de alas que sostiene el viento.
Mi corazón sabe de las aguas y del veneno del mercurio,
y he besado en la boca, una noche de invierno,
junto a la tempestad, a un ángel negro
que me hablaba del fuego
y de la nieve que guarda su pecho.




f.










Hurgo en la palabra








Hurgo en la palabra y me dejo dentro de ella parte de la piel, un poco de mi sangre. No, no soy el que ha de traer el adviento en su voz, solo siembro dudas e incertidumbres junto al aliento, cerco con mi respiración la urgencia, hablo desde un lugar desierto donde nadie permanece y en donde en las noches de luna se ven difusas sombras de serpientes dejando sus rastros sinuosos en la arena.



f.



Mejor es escuchar tu respiración








Mejor es escuchar tu respiración,
sentir el aliento de tu cuerpo dormido,
soñando solitario en medio de mi soledad.


f.








martes, 30 de mayo de 2017

Elevarás el vuelo...












Elevarás el vuelo cuando sientas el aliento de mi boca navegando en tu sueño...




f.




Albergo en mí ciertos nombres muertos









Albergo en mí ciertos nombres muertos.
La longitud exacta de la palabra ausencia,
la medida, pulgada a pulgada, de varias espaldas desnudas,
todas borrosas por el recuerdo de la luz de las velas.
Tengo, junto a mi costado izquierdo,
un hatillo lleno de silencios
con el eco inseguro que deja la quera en mitad de la noche.
Soy un alhaquín que se enhebra a las sílabas que teje,
todas las fibras de la urdimbre tienen el valor de mi sangre,
así me doy tanto como rehago esta suma indebida de fracasos.




f




Hay días que el mundo gira despacio









Hay días que el mundo gira despacio
y tu cuerpo posee el sabor del mar,
mientras yo sigo siendo una arenga suicida
y solo poseo el desvelo de los desiertos.



f.




lunes, 29 de mayo de 2017

No te perdono









No te perdono esta manera tuya de matarme...



f.




Tu nombre...









Tu nombre surge entre mis dedos, húmedos de luz y de tormenta...




f.








Reboso de sombras








Reboso de sombras
como si cinco años de invierno
se abalanzaran sobre mi.
Escucho el viento,
las hojas de los álamos se inclinan ante él
y dan el envés plateado ante mi mirada silenciosa.
El río, el puente, un siglo de horas cayendo en cascada,
es la eternidad de un ángel moribundo
ahogándose en las aguas…
Siento en mi boca el sabor de sus alas.




f.







Recuerdo que el azul dejó entre sus dedos lazos indescifrables









Recuerdo que el azul dejó entre sus dedos lazos indescifrables.
Ella hablaba de las palabras,
con un revuelo de sus manos las sometía a su yugo.
Yo, unía cada sílaba a sus labios sin saber del próximo aguacero.
Todas las melodías de aquellos días tenían un reguero de luz,
tal vez en las noches más oscuras
sigan encendiendo algún corazón solitario.




f.







Te beso...








Te beso... y vuelan pájaros.


f.




domingo, 28 de mayo de 2017

Semana dedicada a Cristián Gómez en Crepusculario










La noche, siempre la noche










La noche, siempre la noche
y esos astros ahogados en las aguas,
tiritando en el desecho imperio del silencio.
Pruebo a contar los segundos en que no respiro,
van cayendo como gotas saladas sobre el tiempo,
es un código de oscuridad donde todo calla.
Solo en el viento navegan hoy las nubes,
traen descalzas y en puntillas
rastros, sueños, miradas anónimas
que se han ido a navegar por el mundo.




f.



Tiéndeme despacio en la ribera de tu deseo








Tiéndeme despacio en la ribera de tu deseo,
desarma una a una todas las palabras que me habitan,
deshaz el nudo, la branza de tiempo y de espera,
el quehacer de arañas en la carne,
el ácido lacustre, su veneno,
la laxitud desnuda del amanecer,
el granito acerado, la arena,
las hojas del otoño,
un noviembre de ceniza.

Vuelve con tus manos,
pequeñas, temerosas,
a cruzar el páramo,
trae en tu boca la humedad del ansia,
el calor de tu isla,
la ardiente bocanada del órdago,
simas y bosques contra mí panoplia armada.

Esta batalla no tiene fin
aunque tu cuerpo reconozca en el mío su lugar
y hayas sembrado de flores amarillas
cada recodo en que sin casi saberlo fuimos uno.




f.




Suelto las nubes. Paro el tiempo.









Suelto las nubes. Paro el tiempo.
Tú sabes cómo desembalar
este silencio que me ahoga.
Haces que abra mis manos,
que suelte los pájaros,
que apague los incendios,
y que cruce, con los párpados cerrados,
todos los bosques de la noche.
Contemplarte trae desde el Norte
una lluvia impensable,
una lluvia que deshace la luz de los astros,
cambia la ruta de los planetas,
arquea la línea del horizonte...
consigues que el mar se calme
y espere en la sombra tu voz y tu palabra.




f.




Dormir y velar...








Dormir y velar, mientras el luminoso del hotel
deja su verde parpadeo entrar sigiloso en medio del cuarto.
Sé que la mañana será de nuevo un mirar atrás,
tiznados ambos del otro, como si el sexo no tuviera su precio,
y nuestra noche solo fuera un puente entre dos mundos imposibles.
Lo impreciso no vendrá con el café y el desayuno continental,
lo que traerá la incertidumbre
será saberme de memoria tu teléfono
y esperar que cuando te llame y suene seas tú quien lo descuelgue.




f.




sábado, 27 de mayo de 2017

El premio no es el desembarco








El premio no es el desembarco,
ni alzarme vencedor
entre las columnas de tu cuerpo,
solo ser la ofrenda que quemará tu boca,
en ese instante fugaz en que me pienses.



f.






Porque el amor estuvo donde estuvo nuestro verano






El amor estuvo donde estuvo nuestro verano

Anne Sexton


Porque el amor estuvo donde estuvo nuestro verano
aunque ahora solo sea un juego de palabras
que dejó en el aire la juventud.
Encontrarse uno, dentro de un abrigo, con ciertas canciones,
es volver sin prisas pero sin pausa a un lugar lejano.
El instante me trae un frío que nunca se olvida
aunque recordase el gota a gota caliente de su boca,
sus labios, buscándome, tendidos a los míos,
como una visión sin tiempo,
y mi cuerpo se estremeciera sin remedio
ante esa cadena que trae la lumbre y el fuego,
algo, que sin saberlo, me sujeta a ciertas calles,
abandonados bares, rumores de veranos pasados,
rodeado por un vaivén de viento y hojas secas
en una desapacible noche solitaria del invierno.




f.



Zona de la c/ La Ripa y Ram de Viu (Taberna del Holandés)







Construyo un templo de sombra y viento para morar las noches










Construyo un templo de sombra y viento para morar las noches.
Deshago los verbos en símbolos de fuego.
Inundo de mar cada perenne dolor que tienen mis heridas.
Soy de arena y me derrumbo ante un verso,
una palabra que traiga tu boca
y que me deje entre las sílabas el silencio,
implacable y puro, que ha de llevarse el tiempo.




f.



Odio este quehacer de hormigas rojas







Odio este quehacer de hormigas rojas en que me palpitas a diario...
este vaivén de mi cuerpo deseándote...


f.



"Solo somos naufragio"









"Solo somos naufragio" me decía mirándome a los ojos,
y yo, vertido en ellos, pensaba que Neruda
nos había dejado un poema escrito tan solo para nosotros.
Sin saber por qué caminaba a su lado por los bulevares de París
o recorría los viejas calles de Budapest
mirando el reflejo de la noche en el Danubio.
Solo era parte de su respiración y de su risa,
ya que yo, entonces, no sabía más que escribir
con mis dos manos en su cuerpo:
era parte de su sombra y de su palabra.
Y sí, una tarde en Florencia supe,
mientras nevaba sobre nuestras cabezas
como si la primavera tuviera guardado un rencor de invierno,
que todo lo que me sostenía junto a ella
apenas cubría ya un pequeño rincón de su corazón.
"Solo somos naufragio" repetía ahora yo
y odiaba a Neruda sin saber por qué...
seguía viajando por las noches de Europa,
un raíl sin futuro me llevaba lejos,
buscaba la distancia, sentía el abandono,
quisé huir hasta donde no llegaba el olvido...
entonces fue cuando empece a escribir
unos pequeños versos que me hicieran olvidarla.




f.




Laborioso quehacer el de la noche









Laborioso quehacer el de la noche
en su tejer de penumbra desde el crepúsculo.
Hay una bala de plomo detrás de mi mirada,
cierto color de la sangre mezclado con el humo,
mi silencio en un búcaro violeta
tendido al viento de mi oscuridad.

Cada gota de lluvia lleva una simiente de luz,
una pregunta, una llama, un caer sobre nosotros
sin responder a este suicidio solitario
de jirones blancos de camisas tendidas
como un ibón de invierno,
con la sangre deslucida en sus pecheras
y en mis manos la sombra pura,
la besana del olvido.

Admiro esta muerte, símbolo de mí,
flores de campo azules , diminutas,
y las rosas, quebradas como látigos,
encendiendo de brisa el anochecer.

Ángaros de cumbres nocturnas,
branzas del pasado como viejos salmos...
vendrá la epifanía en la música
y sin saber todavía rezar
solo los mirlos traerán a mí el descanso.




f.




viernes, 26 de mayo de 2017

Se nos iban despacio las tardes del verano










Se nos iban despacio las tardes del verano.
Sentados en los veladores,
debajo de los parasoles,
mirábamos partir los barcos pesqueros.
Lentamente abandonaban el puerto
dejando atrás un vacío inconfesable,
una triste sensación de desamparo
que también nos inundaba.
Junto al mar lo azul era lo preciso,
abarcaba los extremos del horizonte y del cielo
y se reflejaba en nuestros cuerpos
como un aceite invisible que todo lo impregnaba.
A esas horas
hablábamos de cosas intrascendentes
pero a la vez muy nuestras,
dejando preguntas en el aire,
mientras la complicidad nos relajaba,
con caricias y juegos de las manos,
suaves y diminutas expresiones de cariño
que nos erizaban como la brisa.
Subía entonces la marea
y el mar nos acallaba
rompiendo con fuerza,
frente a nosotros,
las olas en las rocas.




f.





Me invades...








Me invades de silencio



f.




Me urge esta letanía de tu cuerpo











Me urge esta letanía de tu cuerpo,
este bajar a los infiernos en la espera,
peldaño a peldaño,
y hacerlo desde tus hombros
por las vértebras
que dan vida a tu espalda.
Recordar mi instinto navegante,
buscando en ti
islas y selvas de pájaros cantores,
cuando mi boca, mis labios,
dejaban rastros de sed en tu piel
y te hacía gemir despacio mi nombre,
como si eso fuera lo último
que la vida te iba a dar…
mi cuerpo sobre el tuyo,
tu deseo vencido por el mío.





f.




Quiero derrumbarme sobre el mundo.









Quiero derrumbarme sobre el mundo.
Ser un pesado metal,
mercurio entregado a la lluvia,
y deshacer mi veneno en el agua de un río.
Quiero volver a tener alas de pájaro,
contemplar al hombre siendo un siervo,
al modo solo que lo ven sus dioses…
tan pequeño e insignificante
como son nuestros sueños.
Me urge una tormenta en el desierto,
cambiar la roja geografía de mi cuerpo,
ascender por una chimenea caliente
y ser el humo oscuro
que huele a leña de olivo
quemada por el fuego
y se deshace como un rumor,
una ligera sabara,
entre los verdes pinos de un bosque.
Quiero ser frío viento,
el que estremece en las noches
cuando el invierno severo
me agota y acierta como una bala
de pleno en mi corazón.




f.



Cabalgo bajo el signo inequívoco de la noche










Cabalgo bajo el signo inequívoco de la noche.
Soy un hombre,
quizás tan solo el gesto,
la sombra entre los árboles
me distingue de todo lo que se mueve
y deja su pasar en huellas tristes
sobre el suelo de tierra.

No he sembrado lunas en medio de la nieve,
solo he dejado que el invierno me tome en su costado amargo
y traspire en los salmos y en la caída incesante de la lluvia.

Escucho al silencio
como a un pájaro que huye,
el correr del viento,
el vaho prendido al corazón
de los viejos cristales de mi casa.

No hay amanecer, la luz de la lámpara ilumina
el tintineo de las cucharillas golpeando la loza,
esa verdad derramada en la oscuridad de los cafés
que tú buscas para derrumbarte,
una vez más, pensando en el pasado.

No temas, yo solo soy la parte amable de tu soledad,
hablo desde la distancia y no hurgo en esas calles empedradas
donde sueles esconderte para recordar
que los días pasan y que en tus noches de adviento
aceptas al frío como un nuevo elemento que te mantiene vivo.




f.




jueves, 25 de mayo de 2017

Seré sin buscarlo el margen izquierdo del remolino










Seré sin buscarlo el margen izquierdo del remolino,
la luz que esconde toda sombra cuando la brisa la humedece.

Mirarme dentro trae de lejos viajes inconclusos,
distancias donde solo hay raíles de hierro y viejas estaciones,
voces que culminan su eco debajo de luces amarillas,
las que habitan las calles de la noche,
las que tienen siempre cierto rencor amargo.

Desabotono mi camisa, cierro todas las ventanas,
desnudo, apenas percibo un poco de calor de esta noche oscura.

Debajo de las nubes hay una neblina sin nombre.
Habito las palabras, la hondura de las sílabas...
todavía queman los versos del insomnio.






f.







La línea quebrada camina conmigo









La línea quebrada camina conmigo,
una sombra fantasma que devora mis huellas.
¿Tú que sabes de mí, qué sabemos del otro?
y es una pregunta que arrastra el viento
hasta donde los pájaros se hacen agua y nube,
ese lugar vivido de un instante
donde gira la ausencia
en un morse de luz y oscuridad.

Oigo pasos, todavía oigo pasos,
solo me consuela cuando llegan
al ritmo doloroso de los bárbaros
y con sus cuchillas de afeitar cortan mis venas...
esa es la verdadera sangre que pierdo
y que me hace soportable respirar.




f.




Contemplo el augurio de los planetas









Contemplo el augurio de los planetas,
la lumbre azulada de los astros
¡Tantas estelas de viajes en el Universo!
el esfuerzo de la eternidad por ser tan cercana
a los ojos humildes de un hombre solitario
en su inmenso y lento deshacerse.




f.




miércoles, 24 de mayo de 2017

Voy a alzarme sobre este enjambre de nubes grises









Voy a alzarme sobre este enjambre de nubes grises, deshilachadas lágrimas que buscan mi espalda para cubrirme y se hacen laboriosas como la lluvia y su murmullo de lejanía.
Voy a sembrar de urgencia el resto del día...ahora no hay palabras que me sirvan, ni manos que me protejan, solo tiempo, la mesura de las horas cortadas a cuchillo que sangran en el viento...tan solitarias como yo, tan expuestas a derrumbarse como todo ser que respira.
Voy a recoger mis versos, un tintero de oscuras golondrinas, ciertas perdidas, alguna que otra derrota y esta habitación donde todo es azul cuando amanece y se va tiñendo de rojo según cae el crepúsculo y el silencio.



f.



Tenme en tus silencios









Tenme en tus silencios,
tan sólo soy
unas gotas de azahar
recorriendo tu cuerpo.



f.




No dormíamos









No dormíamos.
Cogíamos las veredas del mar,
donde el océano labra sus promesas.
Viejas carreteras
llenas de arena donde desembarcar.
Árboles de sombra
que en la noche riñen con la luna.
¡Que gigantes eran las palabras
que llenaban su pecho!
El aguacero de la madrugada
nos traía lámparas amarillas
y escarcha de hielo en los labios.
Sonaba la sirena, los muelles desnudos
se sometían al pequeño vaivén del agua.
Echaba de menos la lluvia y sembraba de flores
el lecho de arena donde tiritábamos,
húmedos y solitarios,
con la única esperanza puesta en el otro.



f.



te quiero...









Te quiero hasta en lo imperdonable...



f.



Bajo la lluvia el mar se amansa







Bajo la lluvia el mar se amansa
y tú recorres la distancia con tus pies descalzos.
Mantengo la mirada en la línea que abarco,
sé que siempre debo tender puentes a tu cuerpo
y alcanzarte como solo se puede hacer siendo la noche.
Cantas y yo escucho latir tu corazón
mientras subes lentamente tu falda
para enseñarme el principio del mundo.




f.



No encuentro esta tarde en las palabras








No encuentro esta tarde en las palabras
la línea quebrada donde se inscribe la vida.

Hundo mis manos en la tierra,
mis pies son raíz, son nubes,
aunque solo tengo fuego en los dedos,
escarcha en la mirada,
un dolor sin márgenes saeteando mi cuerpo.

Agoto las horas que todavía poseo,
las cartas marcadas de este juego no me dan más de si.
Voy a encender el ángaro nocturno,
la luz reveladora,
solo la noche cobijará la oscuridad,
la senda perfecta en que me muevo.



f.



Rodeo el silencio como un bosque de hayas







Rodeo el silencio como un bosque de hayas
se hace de la bruma del amanecer.
No ha girado el viento,
solo siento una brisa que trae el aroma de la tierra.
La humedad, el frío, cierta sensación de mortalidad,
lo que no se puede más que sentir en la piel
aunque tengas todavía el último roce de la noche,
tu cuerpo estremecido por el beso de la oscuridad.




f.




martes, 23 de mayo de 2017

Gárgolas de la noche








Habito un silencio oscuro, cierta verdad de lluvia,
el fluir lento del tiempo en los muelles vacíos.

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No queda más verdad en el corazón.
Hay un lugar en las manos donde roja florece la ira.

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Vienen despacio los planetas a recrear la noche.
Toda la urgencia del mundo se disuelve en la oscuridad.

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Se hace tierra la tarde cuando sabe de tus labios húmedos.
No es un sueño, solo la proclamación de tu ser.

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Vienen desde el bosque los pájaros del amanecer,
saben que soy un cedro del Líbano
abandonado en la oscuridad.



f.



Llegó el amanecer







Llegó el amanecer, una huida de pájaros, ciertas palabras caídas en el suelo, el silencio como un enigma se encimó a mi espalda y me susurró de nuevo versos del invierno.




f.





lunes, 22 de mayo de 2017

No era solo una canción








No era solo una canción
cuando la tarde se iba diluyendo en la sombra
y Ben Webster dejaba que el saxofón fuera la voz de un ángel,
pereciendo en el agua,
al borde mismo de las olas y la incipiente noche.
Tú eras de luz y arena
y me quemabas
o te metías en mi piel como una herida,
encendiendo de preguntas el malecón
o acallando los últimos pájaros del bosque
mientras dirimías con tus labios una batalla en mi pecho.
Escuchabas mi corazón y sentías como respiraba tu perfume
cerrando los ojos y sonriendo.
Crecía el frío o solo era la labor de la noche,
lumbre de un faro y barcos que navegan
cuando el horizonte es otra orilla de signos y estrofas
que desconocíamos aunque tuviéramos destino en ella.
Venías tarde y te ibas enramando en mi cuerpo
haciendo sándwiches de jamón y queso
y bebiéndote el vino de reserva que guardaba en la bodega,
pero no importaba, te iluminabas como una tea
tras el juego de buscarnos entre los cojines.
Lo que otros sabían de nosotros nos daba igual,
se iba el día, se acababa Ben y ponías sin remedio a Miles,
para que tu cuerpo se moviera al ritmo impenitente de su trompeta.
Morir podría ser un viaje largo, una distancia entre los dos,
pero esas noches no tenían más que el afán de la sangre
y la concupiscencia de dos cuerpos que se reconocían en la oscuridad.




f.







No pregunto al cielo por los ángeles muertos




+



No pregunto al cielo por los ángeles muertos
aunque en mi jardín haya restos de sus caídas plumas.
Me enfrento a la soledad con mi corazón callado.
Poseo un tambor roto
y un viejo violín ardiendo entre las manos.
Mientras, en silencio, contemplo la noche,
sus luces lejanas, su distancia…
Viene el viento con golpes del océano,
las llamadas que se pierden en el eco nocturno.
Presiento como arena creciendo entre los dedos,
húmeda y salina me descubre un misterio,
el tiempo implacable me murmura una verdad.



f.



Foto de Eugenio Recuenco




Yo anduve por Venecia cuando tú la soñabas








Yo anduve por Venecia cuando tú la soñabas
y sentías lejano el dolor de la ausencia.
En las encrucijadas,
quedaron mis pasos, esperándote
tras las viejas canciones
y espiando la mirada inquietante de un nuevo silencio
que iba creciendo como la mansedumbre de los gatos.
Pisé el mármol blanco desgastado y húmedo,
contra las olas de los que partían
se mojaban sin piedad mis zapatos,
y debajo de los oscuros porches de las tiendas del vidrio,
o en cualquier plaza tranquila con sabor de amaranto,
ardía, en el aire del verano,
el sendero abierto por un violín estremecido.





f.



Fotografía de Mónica Bellucci en la película de Philippe Garrel




¡Que largo el amanecer bajo la lluvia!









¡Que largo el amanecer bajo la lluvia!
Sin más palabras, que las que deja el murmullo del viento,
varadas en el centro del silencio,
así fue, sencillo, como todos los viajes de su boca a la mía,
este último venirnos sobre el otro, denso y fugaz,
tan ardiente, que me dejó quemaduras en los labios,
y ese recuerdo que solo puede tener nuestro deseo por el otro.




f.






domingo, 21 de mayo de 2017

Semana dedicada a Sandra Lario en Crepusculario












Fue azul como un blues









Fue azul como un blues
y tenía un temblor dulce y entregado,
cuando aún
la tormenta nos traía
los vestigios húmedos del verano.




f.






Pregono un largo sacrificio donde se vence la entrega








Pregono un largo sacrificio donde se vence la entrega,
ardiente desnivel del deseo,
lumbre y fuego donde combatirnos.
Tú y yo somos dos náufragos de la noche,
quizás tengamos de nuevo
el valor de deshacernos el uno en el otro,
de entregarnos sin mesura…
morir es algo inapreciable
cuando tu cuerpo se da
esclavo a mi crueldad de amante,
y tú renaces para hacerme morir,
una y otra vez dentro de ti,
sin esperar nada más que el amanecer.




f.







A veces...









A veces, abro mi corazón y dejo volar los pájaros del miedo.



f.




Se desprende un aroma a rosas










Se desprende un aroma a rosas
reunidas en mis manos
como un manojo de estrellas rojas.
Siento el tacto de sus pétalos
trayéndome el último fulgor de la tarde.

Mis huellas son del silencio.
Sin palabras el mundo gira,
respira, vive,
mientras en el agua,
lentamente, navegan
iluminados los planetas.

A veces, lo más simple,
tiene un camino lleno de preguntas
y las respuestas
anidan en nosotros mismos
sin llegar a intuirlo.



f.




sábado, 20 de mayo de 2017

¿Cuánta sinceridad se deben dos cuerpos?









¿Cuánta sinceridad se deben dos cuerpos?
Despacio mis dedos buscan reunirte,
preguntan sin esperar respuestas,
entran por los senderos húmedos de la lluvia
y me dan a probar el dulce sabor de las acacias.
Mis pasos son luces, brasa de ti.
Expectante escucho tu voz,
gemido a gemido muestras las raíces de tu anhelo.
La urgencia me desnuda,
cierro los ojos cuando me haces tuyo,
ahora rodeado de la caliente verdad de tu piel.




f.



Mejor así






Mejor así, sin más bagaje en mis manos que la humedad de la noche.
Mejor así, cuando sé que nada de lo que valoro tiene un precio justo.
Mis pocas monedas son como mis versos, romos y llenos de ceniza,
se me queman en la boca con el ardor del viento y la sequedad de mi saliva...

No está bien que todo sea gris.
Me he vestido de tormenta para vosotros
sin apenas reposo para respirar y buscar la luz de mayo.
Mis versos son tristes, mis manos están frías,
la oscuridad se refleja en los charcos y en el barro.

Vine de tan lejos que no recuerdo cuál es mi lugar,
cuál es mi desierto, cual es mi cubil...
a veces me siento entre las dovelas de un puente y soy los ojos del río,
otras me escondo entre las viejas choperas
y soy el margen a la izquierda de lo que palpita.

Me vais amar por las sílabas que dejo en el barro con mi sangre,
los restos de lo que habito y que se envuelve en la neblina...
nada puede ser más triste que un día gris sin pájaros y en silencio,
nada vale la pena sin la luz y el aroma de las flores.




f.




Yo tuve un amor envuelto en cipreses








Yo tuve un amor envuelto en cipreses,
grises días de gaviotas
quejándose al bullir de las bocinas de los muelles.
Yo tuve cierto rincón solitario
donde ella me cogía las manos
y guardando un silencio mortal me besaba.
Tuve cierta cadencia de humedad,
de faros nocturnos y miradas al océano.
En esos días de parterres de flores,
bancos de piedra y horas de verano, fui feliz.




f.




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