La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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domingo, 29 de abril de 2018

Deshago las cuentas del ábaco









Deshago las cuentas del ábaco.
Caen al suelo y son como monedas
buscando rincones vacíos donde perderse.

Así quedaron, escondidas a otros ojos,
todas y cada una de las deudas pendientes entre nosotros.
Es verdad, no tenemos nada más
que esas pequeñas bolas del ábaco
con que medir todo lo que perdimos.
Tal vez marcadas en mi espalda como en tus muslos
queden ciertas pavesas incendiarias e invisibles
a los ojos inquisidores de los próximos amantes,
una suerte de recuerdos
en las que hay grabados nuestros nombres,
alguna ciudad del norte,
algún hotel, alguna noche…
poco más que ciertas palabras
que todavía nos acarician.


f.



Sujeto este silencio lleno de una perturbadora vigilia.









Sujeto este silencio lleno de una perturbadora vigilia.
Sostengo en la búsqueda diaria de la incertidumbre
un lugar donde encontrarte,
encontrarnos
y saber que desde hoy hasta la urgencia de una mirada
tendré varios minutos para hablar,
hablar de todo y sin embargo mantener vivo el silencio.
Así es recorrer la noche, las ciudades donde mis pies me llevan,
perderme en París, Venecia o Lisboa,
templar mi corazón en Praga o en Florencia,
deshacer mis nudos,
mover el aire, respirar la lluvia,
caer en el agua de sus ríos cenagosos,
andar por sus plazas vacías, su misterio,
sin lumbre, sin dolor,
cruzando los puentes donde se ahogan los sueños,
donde todavía hay candados de amor y flechas que señalan al cielo.
Perderme en las viejas calles de las ciudades que amo,
ese es el laberinto, un icono de imágenes y voces,
sabiendo que no existe la verdad, solo el recuerdo,
el sabor y el aroma, la música y el reconocimiento exacto de la piel...
caer despacio sobre la soledad
como derribando un muro,
ser una estatua, una torre albarrana ante la oscuridad.
Vigilo la noche, su silencio, mis huellas mortales, mi ínfima eternidad...
ahora escucho y espero solo la palabra y el canto de un mirlo.



f.



viernes, 27 de abril de 2018

Cabalgo bajo el signo inequívoco de la noche









Cabalgo bajo el signo inequívoco de la noche.
Soy un hombre,
quizás tan solo el gesto,
la sombra entre los árboles
me distingue de todo lo que se mueve
y deja su pasar en huellas tristes
sobre el suelo de tierra.
No he sembrado lunas en medio de la nieve,
solo he dejado que el invierno me tome en su costado amargo
y traspire en los salmos y en la caída incesante de la lluvia.
Escucho al silencio
como a un pájaro que huye,
el correr del viento,
el vaho prendido al corazón
de los viejos cristales de mi casa.
No hay amanecer, la luz de la lámpara ilumina
el tintineo de las cucharillas golpeando la loza,
esa verdad derramada en la oscuridad de los cafés
que tú buscas para derrumbarte,
una vez más, pensando en el pasado.
No temas, yo solo soy la parte amable de tu soledad,
hablo desde la distancia y no hurgo en esas calles empedradas
donde sueles esconderte para recordar
que los días pasan y que en tus noches de adviento
aceptas al frío como un nuevo elemento que te mantiene vivo.



f.



Escucho el paso de los bárbaros










Escucho el paso de los bárbaros.
He contado los muertos,
la larga distancia de la tarde.
Hora a hora,
de uno en uno,
murmuro sus versos,
sus nombres,
los que duelen.
Crece el verbo,
la palabra,
cada sombra
vuelve a ser un poeta
deshaciendo la luz.



f.



jueves, 26 de abril de 2018

En el andar de calles vacías









En el andar de calles vacías,
todo lo que cobijo en mis manos son jirones de viento,
casi arena de una playa solitaria y fría,
un ansia que deja en la piel
su pálpito de lumbre y de silencio.
Ahora con mis pasos errantes,
siento como caen sobre mí
las primeras notas de una melodía
que siempre me mata.



f.



Detrás de las palabras hay un río







Detrás de las palabras hay un río,
un cruzar de desiertos en la noche,
la algarabía de los pájaros al amanecer,
el deshacer de nudos que crea el miedo,
huellas de sándalo, aromas de otros mundos,
canciones, muchas canciones, y lágrimas, muchas lágrimas.
Detrás de las palabras hay un niño que mira al cielo,
con su vieja caña de bambú pesca en el agua turbia del río.
No sabe ya rezar, pero admira como un milagro
el reflejo blanco y rosa de las nubes sobre el agua,
y también el silencio que le rodea,
el que da estar solo una mañana de verano
mientras le mueve el pelo la brisa,
como si fuera una caricia,
mientras se sorprende
de una voz interior que le habla
contándole un sinfín de pequeñas verdades
que él todavía desconoce.


f.



Guardo en mi interior la densidad del silencio








Guardo en mi interior la densidad del silencio
y el hambre de sombras de la luz.
Hay algunas cosas sencillas que me estremecen,
se hacen dueñas de mí por un instante
dejándome solo y sin respuestas.



f.




No hay verdad más cercana a nosotros que el silencio










No hay verdad más cercana a nosotros que el silencio.
El amanecer se levanta cada día a golpes de remo
contra la penumbra de la tierra.
El quehacer de los pájaros teje de nuevo la luz con su canto.
Tráeme hasta mí la medida de las cosas.
Respira de mi boca las sílabas que no he pronunciado esta noche,
tenían sin yo saberlo un jeroglífico con tu nombre
Déjame reconocer tu cuerpo entre otros cuerpos,
mis manos tibias aprenderán a medirte en la distancia.
Tú, desde ese instante, sabrás quien soy,
ahora que abril agoniza
y el viento trae a nosotros el aroma de las flores.


f.



miércoles, 25 de abril de 2018

La soledad es un jardín abierto al cielo









La soledad es un jardín abierto al cielo donde el silencio se desnuda ante tus ojos, que se cierra sobre el mundo con una hiedra que tamiza los muros y se habita de rosas, plantas aromáticas y jazmines para darle valor a las noches. Hay algunos árboles, ciertas flores silvestres y resaltando de las sombras la luz enrojecida de los hibiscos. Entregado, como no puede ser de otra manera, a los pájaros se puebla mi palabra de ellos, se adueñan de las ramas y cantan con el amanecer o buscan su reposo cuando el viento vence a la brisa altana y húmeda del mar.
Así contemplo el atardecer, mientras sé que la verdad es un preámbulo entre dos sueños, y veo llegar las nubes que traen la tormenta, siento caer la lluvia que se adueña del silencio, me inunda y llega a empaparme sin remedio, lentamente, hasta el tuétano, y es tan despacio como pierde la memoria los recuerdos. Seré con el tiempo, en este jardín, un mueble más...viejo, gris, agrietado, viviendo al vaivén impreciso de las estaciones.


f.



Rescato la palabra










Rescato la palabra,
sus sílabas de física y química.
Entorno mis ojos para mirarme adentro,
allí, donde todo lo que duele es tormenta.
Elevo la voz,
tal vez esté gritando,
tal vez sea mi voz
más fuerte que el silencio,
mi cuerpo no lo sabe,
no escucho todo lo que de mí nace...
pero sé que hay detrás de cada sombra,
ciertas huellas, cierta humedad de hiedra,
la escarcha, el rocío,
la sabara imprecisa,
una rotura de agua.


f.



Hundido en la noche sus aguas me arrastran









Hundido en la noche sus aguas me arrastran.
No, no temo a la oscuridad,
ser simiente de lluvia y cruzar los pantalanes flotantes
como una besana que acaricia la tierra dormida.
He visto volar los pájaros al Sur,
esa cadencia de memoria que se prende al fuego del atardecer.
Y he escuchado al viento decir sin rodeos sus verdades
cuando todavía mi cuerpo no renunciaba al filo de los días.
Presagio de invierno:
se han caído ciertos astros en mis manos
y ahora, tiznado de preguntas,
solo puedo escribir renglones anónimos
que nunca responden a nada.


f.



Cruje el relámpago









Cruje el relámpago.
Escucho el ronco sonido del trueno.
Fluye incansable la tormenta.
Si acaso,
por un momento,
cierro los ojos,
entra desde la calle
la humedad
en el aire...
casi imperceptible,
llega a mí
un aroma a violetas.



f.




Sin ambages se consume abril










Sin ambages se consume abril.
Hay en la lluvia declinados verbos.
Pronuncia nombres
la rueca que marca los pasos
con su aguja de hueso
y sus hilos rojos,
húmedos
por la longitud exacta de la espera.

Recuerdo el carrusel,
las horas del atardecer,
su continua melodía...
niños riendo en la tormenta.



f.



domingo, 22 de abril de 2018

Desnudo el gesto del simbolismo









Desnudo el gesto del simbolismo de los pájaros marinos en su vuelo oceánico, el de los pájaros del amanecer con su canto tan sencillo como la luz del amanecer...dejo mi voz en el aire, mi silencio en el viento, he hecho brotar desde lo inaprensible de mi ser, un quehacer de ternura y humedad donde abril respira raíces y calima.



f.




Se ha apagado la luz











Se ha apagado la luz.
¿Cómo hacer habitable la noche de un día de abril?
Contemplo hechizado arder la madera:
Susurra palabras de bosque,
recuerdos de lunas y sombras
cuando eran los pájaros sus cantores.
Un silencio trae otro,
todos me vienen como sombras.
La verdad no tiene el dolor de la sangre,
solo se derrama como un vaso de vino,
y sus cristales siguen cortando,
siguen desangrando el día,
este día de abril que se hizo de repente noche.



f.



sábado, 21 de abril de 2018

Se escapan las palabras en la tarde









Se escapan las palabras en la tarde.
Me buscan lejos,
vuelan como los pájaros del cielo
ahora que estoy entregado al silencio
y a contemplar la luz,
viendo moverse sin mesura
la línea que marca el horizonte.


f.



viernes, 20 de abril de 2018

En ese lugar sin márgenes camina la noche









El centro es una ausencia...
R. Juarroz



En ese lugar sin márgenes camina la noche,
rodeándonos con un ritmo que roza la muerte.
Sin palabras se escriben los gestos,
quedan en el aire
como estelas suicidas de nosotros mismos.
Sin palabras se escucha caer el agua,
llueve despacio, llueve dentro,
un día y otro día
somos el centro de todas las ausencias.


f.



He cerrado los ojos a la luz








He cerrado los ojos a la luz,
rebosaba el tono naranja de mis parpados,
mientras la brisa de la mañana
mecía mis pensamientos.
Escuchaba, en silencio,
el tenue canto de un pájaro,
el sonido de las cosas pequeñas
creciendo inexorables a mi alrededor.
La avenida todavía guardaba
su reposo de sábado,
el cielo era azul
y alguna nube blanca navegaba por él,
yo andaba entregado a contemplar
lo que mi ceguera diaria de hombre
me impide ver.



f.




jueves, 19 de abril de 2018

Cerraré los ojos








Cerraré los ojos,
ciego en la noche sin luz,
será todo como entrar en la maleza,
deshacer con los dedos,
con sus yemas, los granos del centeno,
la urgencia de la sequía,
la labor de la sed.
Arribaré con el fuego al centro de la tierra
cuando el silencio se alimenta de mí
y me roba poco a poco la consciencia,
cuando paso a ser la humedad fragante del amanecer,
antes de que los pájaros sepan de la luz.



f.




Crecer como la noche









Crecer como la noche
abrigado por la oscura desnudez de la intemperie.
Serpiente que deja huella
como un rastro de rosas y de espinas
mientras corre al corazón
por la senda de la sangre
el resto de cristales del alumbre.
¡Tantas formas de morir!
cuando solo somos fruto mordido
y abandonado
por los dientes del tiempo.



f.



Despejó el día









Despejó el día,
aunque era otoño
la bruma no tenía sentido entre nosotros.
Es cierto que el color de tus ojos
sostenía varias de las palabras que nunca he pronunciado,
casi todas por temor o por no sentirlas propiamente mías.
A veces el pudor trae en sus alforjas
un moderado comienzo de ternura
y otras un silencio conmovedor.



f.





Morir en la palabra









Morir en la palabra como lo hace la noche en el canto del mirlo...ahora que no somos nada, dos preguntas que se buscan entregadas a las mareas, dos voces que no reconocen el impulso del océano...ahora que todo lo que tenemos es el aroma que dejaron ciertas sílabas en la carne estremecida y el fragor de una batalla entre un ovillo de sábanas y gemidos.



f.



miércoles, 18 de abril de 2018

Detrás de los arbustos








Pasó la hora de las confidencias

J. M. Micó



Detrás de los arbustos,
el ciego anhelo rehace la fronda de la noche.
Un quehacer de lumbre entre los dedos,
sonoro fuego que arde en el bosque
y con la ausencia de palabras gime
tan despacio, colgado de un silencio,
que nadie diría que está desnudo
en medio de un desierto.


f.



Solo es un poco más adentro donde se siente









El dolor siempre acude en singular

Chantal Maillard



Solo es un poco más adentro donde se siente.
Ya no es la piel que tiene sus marcas,
sus dedos, los que han bajado por su cuerpo
como sierpes reconociendo la selva
o el fragor de una boca sumida en el amparo de la noche,
mientras solo se escucha caer la lluvia
y el eco gutural de una marea.

El dolor tiene su propia senda en cada uno,
su estilete de lumbre.
Se hace de luces de neón que parpadean
y hélices que meten simientes de ortigas en la sangre.

Puedo distinguir cada latido,
saber de esas gotas que se abren paso
para irremediablemente derrumbarte
en medio de un próximo amanecer,
cuando ni tú ni yo sepamos dónde nos llevó el ocaso.



f.



Hay amores que saben a bosque










Hay amores que saben a bosque,
a madreselva, a hierbabuena.
Amores de flores, rosas o claveles.
Amores de desilusiones,
amores felinos, amores salvajes,
amores de pájaro, amores de nubes,
amores de luchas, 
amores de entregas, 
amores platónicos, 
amores sensuales,
amores sexuales, 
amores en venta, 
amores que compran,
amores virtuales,
amores en celo, 
amores de celos,
amores de odios, 
amores de amores,
religiosos y ateos,
de muertos y vivos,
amores de niños
y amores de mayores.
Hay amores que quiebran, que asaltan,
que apenas los sientes porque son esquivos,
porque son fugaces.
Hay amores sin precio,
amores muy grandes y amores pequeños.
Amores naturales y amores barrocos.
Amores perdidos, 
amores de luces y amores oscuros,
amores ausentes, 
amores de olvido, 
amores en el viento, en el eco y en la huella.
Hay amores de verano y los hay de invierno.
Hay algunos amores que nunca se recuerdan 
y otros que siempre están al borde de la boca, 
amores en silencio, amores de silencio,
amores de palabras, de fuego, de lluvia, de tormenta,
húmedos de mares y ríos profundos,
de montañas, manantiales, de valles y desiertos,
de árboles tallados y de bancos de parque
que sólo se echan de menos cuando ya se han ido.
Amores felices y amores muy tristes,
amores de risa y amores del llanto.
Amores de faros,
solitarios y sencillos amores de ocasos y de noches.
Hay amores de fatiga, de días y tardes sin verse,
amores de colchón y de sofá, de coche y de autobús,
amores de trenes y de barcos.
Los hay muy calientes y amores muy fríos, cercanos y lejanos,
los hay del desayuno, de la comida 
y amores que sólo se dan en las cenas.
Hay amores de la compra, del trabajo, del ascensor.
Los hay entre vecinos, familiares, amigos,
del mismo sexo, de animales.
Hay amores de guerra y amores de paz, 
de adioses y bienvenidas.
Hay amores que duran segundos y otros son eternos como el polvo.
Hay amores de bares, de poemas, de bebida.
Amores de derrotas, de victorias, del tiempo, de la vida.




f.




martes, 17 de abril de 2018

No ando por los caminos de las playas








No ando por los caminos de las playas,
las arenas que abren sendas húmedas a todas las mareas.
Soy del desierto,
de la aventura donde sigue la huella viva del crótalo.
Del lugar donde la herrumbre deja su eco sordo,
donde el aroma de la sangre despierta el hambre de la soledad.



f.



Más allá de nosotros ya no gira el viento







Más allá de nosotros ya no gira el viento.
Somos de nuevo el quehacer del agua,
la orilla de una isla abandonada.

Yo recuerdo los días de silencio,
el sonido inagotable de los pájaros marinos,
la luz de un faro con señales de morse
alumbrando a nuestros pies desnudos.
He tenido el frío de ausentarte
y el calor de cobijar tu sueño
en un trozo grande de mi corazón pequeño...

La muerte tiene sílabas ocultas:
morir a diario,
nunca se escribe claro,
siempre lo hace en idioma de signos.



f.



lunes, 16 de abril de 2018

Miraba la avenida, la ciudad, el horizonte rojo









Miraba la avenida, la ciudad, el horizonte rojo.
Yo miraba desde mi ventana los rastros de la noche.
Las luces encendidas con sus sombras de lámparas.
Los coches, el río, cada hombre que andaba despacio con su perro.
Yo la miraba a cada instante, soñaba con ella cuando no estaba.
Era una mujer construida en soledad,
amparada en andamios que deshacía la nieve y el invierno,
presente ante mis ojos cuando todo era silencio.
Yo miraba el horizonte, mientras cantaba cerca de mi oído
y la luna era el ojo de un ladrón que me hurtaba su cuerpo,
era del verano que desmigajado por sus dedos se hacía de agua,
mientras yo moría bajo el ansia
y buscaba reconocerme cuando escribía un verso.
Yo miraba la avenida mientras ella era el tiempo y la distancia.



f.



Reposa el silente deshacer de las horas









Reposa el silente deshacer de las horas.
Tarde ya en el regazo de mis ojos,
mientras zurea gris y nervado
en las alas del aire el frenesí del Norte.
Tanta ira envuelta en latigazos
desmenuza las quebradas nubes,
volátiles en su tintineo de cascabeles blancos.



f.




Seré la razón, seré la duda









Seré la razón, seré la duda,
un intercambio dudoso entre dos y a la vez uno.
Casi sin fuerzas miro a mi alrededor,
percibo, a veces, el grito de la tarde,
los cambios del viento,
la sombra creciente,
la melodiosa costumbre de la muerte,
la que te hace caer al abismo más profundo
donde siempre te encuentras a ti mismo,
o te hace volver a ser la luz,
quebrar el aire,
traer desde lejos las tormentas
y anidar, solo siendo un pájaro silvestre,
en tu propio corazón, en tu propio destino.


f.



domingo, 15 de abril de 2018

Escuchar lo que calla









Escuchar lo que calla,
ver la sombra tiritando en la voracidad de la luz,
el presagio del viento encendiendo tu rostro,
las pocas hojas secas que quedan movidas por tus pies,
las hormigas, ciertas mariposas, algunas nubes blancas,
la contemplación del vuelo de los pájaros,
el roce de tus manos por la sobriedad de un árbol,
tus huellas con barro en los zapatos,
un banco de madera ajado por el tiempo,
tu cuerpo recostado, todavía cansado del invierno,
la espera ante las cosas que no valoras
pero suman y restan en el día...
la soledad, tu soledad, habitada de vida y de silencio.


f.



Alargo mis pasos en la arena húmeda...









Alargo mis pasos en la arena húmeda...
pasa el invierno tan despacio
como si nunca tuviera otra razón que anidar en mí.
Ahora solo ese ir y venir de las mareas
deshace las horas y el quehacer de la lumbre.


f.



De lo pequeño renazco salvado de la oscuridad








De lo pequeño renazco salvado de la oscuridad.
No es el océano el que se hace eternidad en mi interior
si no quizás sentir el borde sin márgenes del abismo
en donde todas las preguntas quedan sin respuesta.

Soy un hombre en silencio,
con mi sombra desafiando al viento y las mareas.
No hay miedo. Ya no lo tengo.
Tal vez queda marcada en mi cuerpo
la fría línea roja,
una sirga metálica
que tiene atada en si misma
todos los misterios
por los cuales ha pasado mi vida.



f.



Repaso una a una las sílabas que te pronuncian










Repaso una a una las sílabas que te pronuncian.
Guardo cierta distancia,
- esa línea azulada que en silencio me contempla –
tanta lejanía mientras me respiras
y eres minuto a minuto la esencia, la luz,
la cumbre donde enumerar en silencio al deseo.



f.




viernes, 13 de abril de 2018

Tus caderas...








Tus caderas tienen la urgencia de los bosques
y se mueven al ritmo de mi respiración.



f.




jueves, 12 de abril de 2018

No hay noche más que en las sombras que arman la oscuridad









No hay noche más que en las sombras que arman la oscuridad.
Así, despacio, viviendo el vértigo, un cuerpo es horizonte de luna llena,
blanco entre lo blanco, extensa llanura de lumbre y surcos.

Robo en las canciones ciertas melodías.
Hurgo en el barro,
donde el agua detenida
ha dejado reflejos imposibles del cielo.

Bebo lo salubre,
el quehacer de las luciérnagas
cuando todo se derrama en miel o en veneno.

He hundido mis manos en la tierra,
lo fértil de abril
deja mis huellas impregnadas
del aroma de la mortalidad.

Existo y lo sé
cuando la serpiente
ha mordido mi carne...

Cuando salgo a la avenida
las luces de neón parpadean en mi espalda.
Nadie es nadie bajo la mirada inquieta del amanecer
salvo ese eco, rumor de pasos,
que se aleja entre los márgenes de la noche.



f.



martes, 10 de abril de 2018

Yo mantengo el esfuerzo de un ángaro








El día de los hombres no es un juego.
El día de los hombres está hecho
de algo que sólo empieza con la luz.


R. Juarroz



Yo mantengo el esfuerzo de un ángaro,
el intentar quebrar la oscuridad con el uso de mis manos.
No soy fuerte,
ni siquiera mi verbo tiene la holgura del misterio,
ni la senda de lo místico ni de lo sagrado...
Soy de la calle, de la ciudad del viento,
un infinito de murmullos me acompaña
y siento tanto el miedo como el vacío.
Lo mortal no me es ajeno,
cruzo los semáforos en rojo
y en las esquinas recojo los números de teléfono
donde se anuncian restos de saldo
y pequeñas ofertas de la vida.
Nada me es imprescindible,
aunque creo que el mundo
camina a mis espaldas
todos con sus lamparillas
buscando algo etéreo y sutil...
algunos ilusos le llaman felicidad.



f.




Hay instantes de despojo












Hay instantes de despojo,
señales inequívocas en el cielo
de que todo está trazado,
consumido.
Un alarde sonando
como cae una tormenta,
y sin embargo,
desde el lado más mortal de abril,
sigo contemplando
un juego en el suelo:
una tiza, una piedra,
niñas deshaciendo la rayuela.


f.



lunes, 9 de abril de 2018

No viví mi infancia bajo los arcos de un patio











No viví mi infancia bajo los arcos de un patio
donde crecían árboles frutales.
Me rodeó la muerte desde antes de conocer la vida.

A mi abuelo paterno se lo llevo el miedo y la ira,
una guerra donde el odio creaba trincheras.

Mi padre me dejó una pipa para fumar y pensar en él
cuando ni siquiera puedo acordarme de su voz y de su cara.

Yo tuve la suerte del villano, me tocó con su mano la polio,
poco, es cierto, suficiente para recordar para siempre
mi vida entre niños que lloraban inmóviles,
frailes negros que rezaban en las noches,
la soledad con cinco años de no saber quién eres
y de andar frente al mar por unas dunas solitarias.

No viví mi infancia feliz, es cierto,
y eso marca, marca mucho,
y todavía tengo a ese niño asustado
recorriendo calles empedradas y de tierra,
con polvo y barro en los zapatos...
todavía no ha sabido salir de un laberinto
desde el que a veces me habla
con la tristeza que da saberse solo.



f.



domingo, 8 de abril de 2018

Mis sílabas deambulan todavía por el presente del subjuntivo









Mis sílabas deambulan todavía por el presente del subjuntivo.
Sé que los verbos tienen la cadencia de lo innombrable
y en mis manos el acero ha dejado marcas que nombran la vida.
Seamos sinceros,
detrás de nosotros quedará el abismo,
la caricia que deja el mortal escalofrío,
el relámpago que quiebra la noche
y como un golpe de mar se deshace en las rocas...
y suena un galope de caballos atronando el corazón.


f.







Camino descalzo en la noche









Camino descalzo en la noche.
El frío sale a buscarme en mitad del silencio de mi cuarto.
Hoy siento el mar como si fuera un balandro en el muelle,
su poder lo derrumba todo...
aunque yo sea una herida abierta,
una palabra en el ángaro de la luz,
sin embargo me encuentro perdido buscando el Norte.
Mis huellas abrazan la tarima, su sonido recoge mi peso,
mientras lanzo mis preguntas sin respuesta posible
cuando solo me queda quebrarme lentamente y respirar.



f.




La longitud de una caricia tiene formulas de distancia









La longitud de una caricia tiene formulas de distancia.
No solo se desgastan los cartílagos y se rompen los ligamentos,
también hay fosos donde cae el cuerpo por dentro,
simas sin nombre con huellas que ha dejado el tiempo.

No me cubre el sol, ni me cubre la noche,
quizás sea verdad lo que dicen algunos
de que las palabras tienen sus propia cuchilla
que corta y ahonda adentro,
cerca del costado izquierdo,
ese lugar donde a veces hay un corazón.



f.




A veces enciendo una vela










A veces enciendo una vela, el cielo se hace entonces de jirones de luz
y la densidad de las sombras es parte de la ausencia, lo que enhebra la noche a tu cuerpo, más o menos lunas rotas y polvo de vidrio encendido como el reflejo ardiente de un océano que nunca ha de saciar tu boca, la maleza y el paso intercalado de un verbo tras otro, la querencia del fuego, la llama sin ábaco, sin cuentas pendientes, esa humedad de huellas difusas que nunca han abandonado tu piel.



f.




sábado, 7 de abril de 2018

Así como abrí los ojos te vi de nuevo









Así como abrí los ojos te vi de nuevo,
revuelta en un barullo de sábanas y piernas...
la humedad de la noche,
el aroma de mi piel,
me dijo que habías sido mía,
al menos ese fugaz momento
en que cubrí tu cuerpo con el mío,
e hice de las horas
un templo donde embarcarnos
juntos y solitarios.
Temía al nuevo día,
y que al mirar al lado opuesto de la cama
me viera solo, burlado por las sombras
del sueño de acostarme contigo.



f.



Casi sin saberlo, soy parte de ti









Casi sin saberlo, soy parte de ti,
sombra que te susurra en el viento,
el quehacer de las olas frente a tus ojos,
ciertas preguntas que tu cuerpo te deja
en el presente de indicativo del amanecer.


f.



He reunido para ti las sílabas de la noche...









He reunido para ti las sílabas de la noche...
y aún con la luz iluminando tu cuerpo
y el viento nombrándote...
no puedo, sin embargo, ocultar tu soledad.


f.



He buscado en las palabras de un poeta sabio









He buscado en las palabras de un poeta sabio
un lugar en el mundo donde descansar.
Sé que él es un zahorí
y que hace manar agua en medio de la quietud.
Aún así no he encontrado un intervalo en la respiración,
la vida me sigue palpitando sin condiciones,
sin márgenes, sin lugares habitables
donde el viento no sepa deshacer todas las sumas.
No hay en las palabras de otro un territorio donde rehacerse,
uno no tiene más remedio que escribir su propio e infatigable verso.



f.




viernes, 6 de abril de 2018

Día 12... presento "Los días contados" os espero







No es urgencia este deshacernos
La vida pasa tan deprisa que no me reconozco de un día a otro
Solo veo nubes encendidas en medio de la tarde
Sin hojas, soy el nal de un viejo calendario

¿Dónde van a quedar nuestros días?
¿Dónde enterraremos nuestras noches?

* * *

Esgrime la soledad el color amaranto de la incertidumbre
El fuego tiene un humo de brasa, un quehacer de hojas secas
Ciega la noche, es imposible revisar el contorno del viento
No urge el silencio, lo habita todo

Se ahoga la esperanza: tenía los días contados.

* * *

Beber de la luz y en la boca notar cómo cuaja la nieve
Escuchar la voz que gime entre los álamos desnudos
Tocar el fuego con las manos quemadas por las brasas
Ser zahorí del vértigo aunque sea un ciego quien te lleve

Cada verso es una nueva arquitectura de la desolación.



f.


Hora : 20h00

Lugar: http://elsotanomagico.com/

Zaragoza




http://www.elsastredeapollinaire.com/producto/los-dias-contados/





Cierro los ojos










Cierro los ojos, soy el desierto de arenas inmóviles y nubes de silencio.
Soy del viento, el que clama impaciente entre las cárcavas
un lugar húmedo donde morir tranquilo.
Mi pecho tiene la holgura del vacío,
ni siquiera los pájaros de la noche vienen a salvarme.



f.




Apenas salgo de una estancia donde culmina la noche








Ahora escribo pájaros

J. Cortázar



Apenas salgo de una estancia donde culmina la noche
cuando todas mis palabras se desnudan de mí
y traen nombres y sombras que se abren con sus alas.
Tengo islas donde habitarte y demorar ese instante de la ausencia,
la calma de un océano que escoge las calles
y que al cerrar los párpados me inunda, me ahoga, me deshace.
Sé de su boca sedienta y del armado vuelo de los pájaros.
En mis manos casi noto la frágil esencia de su cuerpo
y esa gota de sangre enlazada a las sílabas
ante la que me admiro al saber que es mía,
cuando al amanecer gira el viento a favor del sur
y la lluvia, sin otro propósito, desnuda todas las palabras.


f.



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