La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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domingo, 22 de abril de 2018

Desnudo el gesto del simbolismo









Desnudo el gesto del simbolismo de los pájaros marinos en su vuelo oceánico, el de los pájaros del amanecer con su canto tan sencillo como la luz del amanecer...dejo mi voz en el aire, mi silencio en el viento, he hecho brotar desde lo inaprensible de mi ser, un quehacer de ternura y humedad donde abril respira raíces y calima.



f.




Se ha apagado la luz











Se ha apagado la luz.
¿Cómo hacer habitable la noche de un día de abril?
Contemplo hechizado arder la madera:
Susurra palabras de bosque,
recuerdos de lunas y sombras
cuando eran los pájaros sus cantores.
Un silencio trae otro,
todos me vienen como sombras.
La verdad no tiene el dolor de la sangre,
solo se derrama como un vaso de vino,
y sus cristales siguen cortando,
siguen desangrando el día,
este día de abril que se hizo de repente noche.



f.



sábado, 21 de abril de 2018

Se escapan las palabras en la tarde









Se escapan las palabras en la tarde.
Me buscan lejos,
vuelan como los pájaros del cielo
ahora que estoy entregado al silencio
y a contemplar la luz,
viendo moverse sin mesura
la línea que marca el horizonte.


f.



viernes, 20 de abril de 2018

En ese lugar sin márgenes camina la noche









El centro es una ausencia...
R. Juarroz



En ese lugar sin márgenes camina la noche,
rodeándonos con un ritmo que roza la muerte.
Sin palabras se escriben los gestos,
quedan en el aire
como estelas suicidas de nosotros mismos.
Sin palabras se escucha caer el agua,
llueve despacio, llueve dentro,
un día y otro día
somos el centro de todas las ausencias.


f.



He cerrado los ojos a la luz








He cerrado los ojos a la luz,
rebosaba el tono naranja de mis parpados,
mientras la brisa de la mañana
mecía mis pensamientos.
Escuchaba, en silencio,
el tenue canto de un pájaro,
el sonido de las cosas pequeñas
creciendo inexorables a mi alrededor.
La avenida todavía guardaba
su reposo de sábado,
el cielo era azul
y alguna nube blanca navegaba por él,
yo andaba entregado a contemplar
lo que mi ceguera diaria de hombre
me impide ver.



f.




jueves, 19 de abril de 2018

Cerraré los ojos








Cerraré los ojos,
ciego en la noche sin luz,
será todo como entrar en la maleza,
deshacer con los dedos,
con sus yemas, los granos del centeno,
la urgencia de la sequía,
la labor de la sed.
Arribaré con el fuego al centro de la tierra
cuando el silencio se alimenta de mí
y me roba poco a poco la consciencia,
cuando paso a ser la humedad fragante del amanecer,
antes de que los pájaros sepan de la luz.



f.




Crecer como la noche









Crecer como la noche
abrigado por la oscura desnudez de la intemperie.
Serpiente que deja huella
como un rastro de rosas y de espinas
mientras corre al corazón
por la senda de la sangre
el resto de cristales del alumbre.
¡Tantas formas de morir!
cuando solo somos fruto mordido
y abandonado
por los dientes del tiempo.



f.



Despejó el día









Despejó el día,
aunque era otoño
la bruma no tenía sentido entre nosotros.
Es cierto que el color de tus ojos
sostenía varias de las palabras que nunca he pronunciado,
casi todas por temor o por no sentirlas propiamente mías.
A veces el pudor trae en sus alforjas
un moderado comienzo de ternura
y otras un silencio conmovedor.



f.





Morir en la palabra









Morir en la palabra como lo hace la noche en el canto del mirlo...ahora que no somos nada, dos preguntas que se buscan entregadas a las mareas, dos voces que no reconocen el impulso del océano...ahora que todo lo que tenemos es el aroma que dejaron ciertas sílabas en la carne estremecida y el fragor de una batalla entre un ovillo de sábanas y gemidos.



f.



miércoles, 18 de abril de 2018

Detrás de los arbustos








Pasó la hora de las confidencias

J. M. Micó



Detrás de los arbustos,
el ciego anhelo rehace la fronda de la noche.
Un quehacer de lumbre entre los dedos,
sonoro fuego que arde en el bosque
y con la ausencia de palabras gime
tan despacio, colgado de un silencio,
que nadie diría que está desnudo
en medio de un desierto.


f.



Solo es un poco más adentro donde se siente









El dolor siempre acude en singular

Chantal Maillard



Solo es un poco más adentro donde se siente.
Ya no es la piel que tiene sus marcas,
sus dedos, los que han bajado por su cuerpo
como sierpes reconociendo la selva
o el fragor de una boca sumida en el amparo de la noche,
mientras solo se escucha caer la lluvia
y el eco gutural de una marea.

El dolor tiene su propia senda en cada uno,
su estilete de lumbre.
Se hace de luces de neón que parpadean
y hélices que meten simientes de ortigas en la sangre.

Puedo distinguir cada latido,
saber de esas gotas que se abren paso
para irremediablemente derrumbarte
en medio de un próximo amanecer,
cuando ni tú ni yo sepamos dónde nos llevó el ocaso.



f.



Hay amores que saben a bosque










Hay amores que saben a bosque,
a madreselva, a hierbabuena.
Amores de flores, rosas o claveles.
Amores de desilusiones,
amores felinos, amores salvajes,
amores de pájaro, amores de nubes,
amores de luchas, 
amores de entregas, 
amores platónicos, 
amores sensuales,
amores sexuales, 
amores en venta, 
amores que compran,
amores virtuales,
amores en celo, 
amores de celos,
amores de odios, 
amores de amores,
religiosos y ateos,
de muertos y vivos,
amores de niños
y amores de mayores.
Hay amores que quiebran, que asaltan,
que apenas los sientes porque son esquivos,
porque son fugaces.
Hay amores sin precio,
amores muy grandes y amores pequeños.
Amores naturales y amores barrocos.
Amores perdidos, 
amores de luces y amores oscuros,
amores ausentes, 
amores de olvido, 
amores en el viento, en el eco y en la huella.
Hay amores de verano y los hay de invierno.
Hay algunos amores que nunca se recuerdan 
y otros que siempre están al borde de la boca, 
amores en silencio, amores de silencio,
amores de palabras, de fuego, de lluvia, de tormenta,
húmedos de mares y ríos profundos,
de montañas, manantiales, de valles y desiertos,
de árboles tallados y de bancos de parque
que sólo se echan de menos cuando ya se han ido.
Amores felices y amores muy tristes,
amores de risa y amores del llanto.
Amores de faros,
solitarios y sencillos amores de ocasos y de noches.
Hay amores de fatiga, de días y tardes sin verse,
amores de colchón y de sofá, de coche y de autobús,
amores de trenes y de barcos.
Los hay muy calientes y amores muy fríos, cercanos y lejanos,
los hay del desayuno, de la comida 
y amores que sólo se dan en las cenas.
Hay amores de la compra, del trabajo, del ascensor.
Los hay entre vecinos, familiares, amigos,
del mismo sexo, de animales.
Hay amores de guerra y amores de paz, 
de adioses y bienvenidas.
Hay amores que duran segundos y otros son eternos como el polvo.
Hay amores de bares, de poemas, de bebida.
Amores de derrotas, de victorias, del tiempo, de la vida.




f.




martes, 17 de abril de 2018

No ando por los caminos de las playas








No ando por los caminos de las playas,
las arenas que abren sendas húmedas a todas las mareas.
Soy del desierto,
de la aventura donde sigue la huella viva del crótalo.
Del lugar donde la herrumbre deja su eco sordo,
donde el aroma de la sangre despierta el hambre de la soledad.



f.



Más allá de nosotros ya no gira el viento







Más allá de nosotros ya no gira el viento.
Somos de nuevo el quehacer del agua,
la orilla de una isla abandonada.

Yo recuerdo los días de silencio,
el sonido inagotable de los pájaros marinos,
la luz de un faro con señales de morse
alumbrando a nuestros pies desnudos.
He tenido el frío de ausentarte
y el calor de cobijar tu sueño
en un trozo grande de mi corazón pequeño...

La muerte tiene sílabas ocultas:
morir a diario,
nunca se escribe claro,
siempre lo hace en idioma de signos.



f.



lunes, 16 de abril de 2018

Miraba la avenida, la ciudad, el horizonte rojo









Miraba la avenida, la ciudad, el horizonte rojo.
Yo miraba desde mi ventana los rastros de la noche.
Las luces encendidas con sus sombras de lámparas.
Los coches, el río, cada hombre que andaba despacio con su perro.
Yo la miraba a cada instante, soñaba con ella cuando no estaba.
Era una mujer construida en soledad,
amparada en andamios que deshacía la nieve y el invierno,
presente ante mis ojos cuando todo era silencio.
Yo miraba el horizonte, mientras cantaba cerca de mi oído
y la luna era el ojo de un ladrón que me hurtaba su cuerpo,
era del verano que desmigajado por sus dedos se hacía de agua,
mientras yo moría bajo el ansia
y buscaba reconocerme cuando escribía un verso.
Yo miraba la avenida mientras ella era el tiempo y la distancia.



f.



Reposa el silente deshacer de las horas









Reposa el silente deshacer de las horas.
Tarde ya en el regazo de mis ojos,
mientras zurea gris y nervado
en las alas del aire el frenesí del Norte.
Tanta ira envuelta en latigazos
desmenuza las quebradas nubes,
volátiles en su tintineo de cascabeles blancos.



f.




Seré la razón, seré la duda









Seré la razón, seré la duda,
un intercambio dudoso entre dos y a la vez uno.
Casi sin fuerzas miro a mi alrededor,
percibo, a veces, el grito de la tarde,
los cambios del viento,
la sombra creciente,
la melodiosa costumbre de la muerte,
la que te hace caer al abismo más profundo
donde siempre te encuentras a ti mismo,
o te hace volver a ser la luz,
quebrar el aire,
traer desde lejos las tormentas
y anidar, solo siendo un pájaro silvestre,
en tu propio corazón, en tu propio destino.


f.



domingo, 15 de abril de 2018

Escuchar lo que calla









Escuchar lo que calla,
ver la sombra tiritando en la voracidad de la luz,
el presagio del viento encendiendo tu rostro,
las pocas hojas secas que quedan movidas por tus pies,
las hormigas, ciertas mariposas, algunas nubes blancas,
la contemplación del vuelo de los pájaros,
el roce de tus manos por la sobriedad de un árbol,
tus huellas con barro en los zapatos,
un banco de madera ajado por el tiempo,
tu cuerpo recostado, todavía cansado del invierno,
la espera ante las cosas que no valoras
pero suman y restan en el día...
la soledad, tu soledad, habitada de vida y de silencio.


f.



Alargo mis pasos en la arena húmeda...









Alargo mis pasos en la arena húmeda...
pasa el invierno tan despacio
como si nunca tuviera otra razón que anidar en mí.
Ahora solo ese ir y venir de las mareas
deshace las horas y el quehacer de la lumbre.


f.



De lo pequeño renazco salvado de la oscuridad








De lo pequeño renazco salvado de la oscuridad.
No es el océano el que se hace eternidad en mi interior
si no quizás sentir el borde sin márgenes del abismo
en donde todas las preguntas quedan sin respuesta.

Soy un hombre en silencio,
con mi sombra desafiando al viento y las mareas.
No hay miedo. Ya no lo tengo.
Tal vez queda marcada en mi cuerpo
la fría línea roja,
una sirga metálica
que tiene atada en si misma
todos los misterios
por los cuales ha pasado mi vida.



f.



Repaso una a una las sílabas que te pronuncian










Repaso una a una las sílabas que te pronuncian.
Guardo cierta distancia,
- esa línea azulada que en silencio me contempla –
tanta lejanía mientras me respiras
y eres minuto a minuto la esencia, la luz,
la cumbre donde enumerar en silencio al deseo.



f.




viernes, 13 de abril de 2018

Tus caderas...








Tus caderas tienen la urgencia de los bosques
y se mueven al ritmo de mi respiración.



f.




jueves, 12 de abril de 2018

No hay noche más que en las sombras que arman la oscuridad









No hay noche más que en las sombras que arman la oscuridad.
Así, despacio, viviendo el vértigo, un cuerpo es horizonte de luna llena,
blanco entre lo blanco, extensa llanura de lumbre y surcos.

Robo en las canciones ciertas melodías.
Hurgo en el barro,
donde el agua detenida
ha dejado reflejos imposibles del cielo.

Bebo lo salubre,
el quehacer de las luciérnagas
cuando todo se derrama en miel o en veneno.

He hundido mis manos en la tierra,
lo fértil de abril
deja mis huellas impregnadas
del aroma de la mortalidad.

Existo y lo sé
cuando la serpiente
ha mordido mi carne...

Cuando salgo a la avenida
las luces de neón parpadean en mi espalda.
Nadie es nadie bajo la mirada inquieta del amanecer
salvo ese eco, rumor de pasos,
que se aleja entre los márgenes de la noche.



f.



martes, 10 de abril de 2018

Yo mantengo el esfuerzo de un ángaro








El día de los hombres no es un juego.
El día de los hombres está hecho
de algo que sólo empieza con la luz.


R. Juarroz



Yo mantengo el esfuerzo de un ángaro,
el intentar quebrar la oscuridad con el uso de mis manos.
No soy fuerte,
ni siquiera mi verbo tiene la holgura del misterio,
ni la senda de lo místico ni de lo sagrado...
Soy de la calle, de la ciudad del viento,
un infinito de murmullos me acompaña
y siento tanto el miedo como el vacío.
Lo mortal no me es ajeno,
cruzo los semáforos en rojo
y en las esquinas recojo los números de teléfono
donde se anuncian restos de saldo
y pequeñas ofertas de la vida.
Nada me es imprescindible,
aunque creo que el mundo
camina a mis espaldas
todos con sus lamparillas
buscando algo etéreo y sutil...
algunos ilusos le llaman felicidad.



f.




Hay instantes de despojo












Hay instantes de despojo,
señales inequívocas en el cielo
de que todo está trazado,
consumido.
Un alarde sonando
como cae una tormenta,
y sin embargo,
desde el lado más mortal de abril,
sigo contemplando
un juego en el suelo:
una tiza, una piedra,
niñas deshaciendo la rayuela.


f.



lunes, 9 de abril de 2018

No viví mi infancia bajo los arcos de un patio











No viví mi infancia bajo los arcos de un patio
donde crecían árboles frutales.
Me rodeó la muerte desde antes de conocer la vida.

A mi abuelo paterno se lo llevo el miedo y la ira,
una guerra donde el odio creaba trincheras.

Mi padre me dejó una pipa para fumar y pensar en él
cuando ni siquiera puedo acordarme de su voz y de su cara.

Yo tuve la suerte del villano, me tocó con su mano la polio,
poco, es cierto, suficiente para recordar para siempre
mi vida entre niños que lloraban inmóviles,
frailes negros que rezaban en las noches,
la soledad con cinco años de no saber quién eres
y de andar frente al mar por unas dunas solitarias.

No viví mi infancia feliz, es cierto,
y eso marca, marca mucho,
y todavía tengo a ese niño asustado
recorriendo calles empedradas y de tierra,
con polvo y barro en los zapatos...
todavía no ha sabido salir de un laberinto
desde el que a veces me habla
con la tristeza que da saberse solo.



f.



domingo, 8 de abril de 2018

Mis sílabas deambulan todavía por el presente del subjuntivo









Mis sílabas deambulan todavía por el presente del subjuntivo.
Sé que los verbos tienen la cadencia de lo innombrable
y en mis manos el acero ha dejado marcas que nombran la vida.
Seamos sinceros,
detrás de nosotros quedará el abismo,
la caricia que deja el mortal escalofrío,
el relámpago que quiebra la noche
y como un golpe de mar se deshace en las rocas...
y suena un galope de caballos atronando el corazón.


f.







Camino descalzo en la noche









Camino descalzo en la noche.
El frío sale a buscarme en mitad del silencio de mi cuarto.
Hoy siento el mar como si fuera un balandro en el muelle,
su poder lo derrumba todo...
aunque yo sea una herida abierta,
una palabra en el ángaro de la luz,
sin embargo me encuentro perdido buscando el Norte.
Mis huellas abrazan la tarima, su sonido recoge mi peso,
mientras lanzo mis preguntas sin respuesta posible
cuando solo me queda quebrarme lentamente y respirar.



f.




La longitud de una caricia tiene formulas de distancia









La longitud de una caricia tiene formulas de distancia.
No solo se desgastan los cartílagos y se rompen los ligamentos,
también hay fosos donde cae el cuerpo por dentro,
simas sin nombre con huellas que ha dejado el tiempo.

No me cubre el sol, ni me cubre la noche,
quizás sea verdad lo que dicen algunos
de que las palabras tienen sus propia cuchilla
que corta y ahonda adentro,
cerca del costado izquierdo,
ese lugar donde a veces hay un corazón.



f.




A veces enciendo una vela










A veces enciendo una vela, el cielo se hace entonces de jirones de luz
y la densidad de las sombras es parte de la ausencia, lo que enhebra la noche a tu cuerpo, más o menos lunas rotas y polvo de vidrio encendido como el reflejo ardiente de un océano que nunca ha de saciar tu boca, la maleza y el paso intercalado de un verbo tras otro, la querencia del fuego, la llama sin ábaco, sin cuentas pendientes, esa humedad de huellas difusas que nunca han abandonado tu piel.



f.




sábado, 7 de abril de 2018

Así como abrí los ojos te vi de nuevo









Así como abrí los ojos te vi de nuevo,
revuelta en un barullo de sábanas y piernas...
la humedad de la noche,
el aroma de mi piel,
me dijo que habías sido mía,
al menos ese fugaz momento
en que cubrí tu cuerpo con el mío,
e hice de las horas
un templo donde embarcarnos
juntos y solitarios.
Temía al nuevo día,
y que al mirar al lado opuesto de la cama
me viera solo, burlado por las sombras
del sueño de acostarme contigo.



f.



Casi sin saberlo, soy parte de ti









Casi sin saberlo, soy parte de ti,
sombra que te susurra en el viento,
el quehacer de las olas frente a tus ojos,
ciertas preguntas que tu cuerpo te deja
en el presente de indicativo del amanecer.


f.



He reunido para ti las sílabas de la noche...









He reunido para ti las sílabas de la noche...
y aún con la luz iluminando tu cuerpo
y el viento nombrándote...
no puedo, sin embargo, ocultar tu soledad.


f.



He buscado en las palabras de un poeta sabio









He buscado en las palabras de un poeta sabio
un lugar en el mundo donde descansar.
Sé que él es un zahorí
y que hace manar agua en medio de la quietud.
Aún así no he encontrado un intervalo en la respiración,
la vida me sigue palpitando sin condiciones,
sin márgenes, sin lugares habitables
donde el viento no sepa deshacer todas las sumas.
No hay en las palabras de otro un territorio donde rehacerse,
uno no tiene más remedio que escribir su propio e infatigable verso.



f.




viernes, 6 de abril de 2018

Día 12... presento "Los días contados" os espero







No es urgencia este deshacernos
La vida pasa tan deprisa que no me reconozco de un día a otro
Solo veo nubes encendidas en medio de la tarde
Sin hojas, soy el nal de un viejo calendario

¿Dónde van a quedar nuestros días?
¿Dónde enterraremos nuestras noches?

* * *

Esgrime la soledad el color amaranto de la incertidumbre
El fuego tiene un humo de brasa, un quehacer de hojas secas
Ciega la noche, es imposible revisar el contorno del viento
No urge el silencio, lo habita todo

Se ahoga la esperanza: tenía los días contados.

* * *

Beber de la luz y en la boca notar cómo cuaja la nieve
Escuchar la voz que gime entre los álamos desnudos
Tocar el fuego con las manos quemadas por las brasas
Ser zahorí del vértigo aunque sea un ciego quien te lleve

Cada verso es una nueva arquitectura de la desolación.



f.


Hora : 20h00

Lugar: http://elsotanomagico.com/

Zaragoza




http://www.elsastredeapollinaire.com/producto/los-dias-contados/





Cierro los ojos










Cierro los ojos, soy el desierto de arenas inmóviles y nubes de silencio.
Soy del viento, el que clama impaciente entre las cárcavas
un lugar húmedo donde morir tranquilo.
Mi pecho tiene la holgura del vacío,
ni siquiera los pájaros de la noche vienen a salvarme.



f.




Apenas salgo de una estancia donde culmina la noche








Ahora escribo pájaros

J. Cortázar



Apenas salgo de una estancia donde culmina la noche
cuando todas mis palabras se desnudan de mí
y traen nombres y sombras que se abren con sus alas.
Tengo islas donde habitarte y demorar ese instante de la ausencia,
la calma de un océano que escoge las calles
y que al cerrar los párpados me inunda, me ahoga, me deshace.
Sé de su boca sedienta y del armado vuelo de los pájaros.
En mis manos casi noto la frágil esencia de su cuerpo
y esa gota de sangre enlazada a las sílabas
ante la que me admiro al saber que es mía,
cuando al amanecer gira el viento a favor del sur
y la lluvia, sin otro propósito, desnuda todas las palabras.


f.



Derramas la ausencia y eres lluvia








Derramas la ausencia y eres lluvia,
más que lluvia cuando tus ojos miran cerca de la noche
y entre las nubes surge la constancia inmóvil de los astros,
la urdimbre de un universo silencioso,
mientras que en tu corazón late la urgencia,
un lémur alzándose desde tus pies
como si fueras una acacia madura.
Sientes el peso de la soledad,
con sus tambores
es una bala que te estremece,
viajera ardiente de un tren que recorre
en la oscuridad el vaivén de tu cuerpo.
Te quemas detrás de las palabras,
es tan fácil cerrar los ojos,
volver a ser cometa girando en medio de un minuto de silencio,
quebrarse en la lumbre
que con sus ciegas pavesas se arremolinan
y en cada recoveco de tu insistencia
presagian una espesa humedad de selva en tu piel.
En ese instante cierras los ojos
y perdura en ti, en tu vértigo, la labor de las abejas,
el murmullo, la ungida pasión
nacida al albor del néctar salado que emanas,
irremediable telaraña
donde tus dedos cabalgarán
siguiendo el ritmo incesante de tu respiración.



f.




Soy de los que quieren deshacer todo de nuevo









Soy de los que quieren deshacer todo de nuevo,
existir por encima de lo menudo
(lo que está contado minuciosamente en diezmos y onzas)
y acepto lo que mancha y tizna del color rojo de la sangre,
lo que hace de un hombre un ser propicio a todas las cadencias,
sin tasar un sendero de preguntas abiertas a la distancia…

No pongo solo, sobre este hule gastado de tantas sobremesas,
el poso de los cafés y el detenido sorbo dulce de mi boca,
pongo debajo de mi lengua la única pastilla
que todavía sostiene un corazón
al ritmo pausado de las tardes.

Y no es lo desbocado a veces de los sueños,
si no lo que hace del hombre un ser vivo,
extremado, intenso al definir el mundo,
al saber que aún cayendo en el foso,
sílaba a sílaba, palabra a palabra,
cada caída tiene su instante de gloria.



f.






jueves, 5 de abril de 2018

He dejado a las voces de la noche hablando solas












He dejado a las voces de la noche hablando solas.
Tienen el frío interior de lo que duele,
la mancha que deja el aceite cuando se reposa.
Una o dos arañas siguen tejiendo la luz del amanecer.
Voy en busca del mar,
lo recorro, siento su humedad de arena
cuando todavía el viento tiene nombres de invierno,
y sí, miro a lo lejos, intensamente,
lo azul es la distancia que guarda lo inevitable,
todo lo que ha de venir cuando el día se alargue.



f.



Volvemos de la noche sin palabras...










Volvemos de la noche sin palabras...
solo la humedad de nuestros pasos perdidos
nos trae al corazón
la letanía de la mortalidad.


f.



martes, 3 de abril de 2018

Regreso como solo saben regresar los pájaros









Regreso como solo saben regresar los pájaros.
Ahora sé desnudar cada una de las noches
en que me vence el insomnio,
abrir las palabras con la cadencia rítmica de las sílabas,
buscar detrás de cada hora perdida el nudo que me ata a la vida.
No tengo miedo al quehacer de la quera,
y si lo tengo es igual,
he muerto muchas veces solo,
como todos los que guardan la luz
en el costado izquierdo de su cuerpo.



f.



Escribo despacio sobre la tierra herida por mi mano









Escribo despacio sobre la tierra herida por mi mano
y es agua caída en la pasada noche
sobre surcos abiertos siempre a la vida.
Escribo de aquello que más temo,
la oscuridad que tengo muy adentro
sabe ser pantera, pájaro negro
que se alimenta de mí
como si fuera mi hermana o el verdugo
del pendiente quejido de mis sueños.
No hay esperanza...solo sobrevivir,
respirar hondo en cada verso
mientras arde la lumbre de la tarde
y llega en aguacero de nuevo el silencio...


f.



Todo poema posee el estigma de ser hecho








Todo poema posee el estigma de ser hecho
por una mano humana,
no es un amanecer, ni un día de sol,
ni una borrasca dejada pasar por el anticiclón de las Azores.
No es una marea oceánica,
ni un bosque de hayas bajo la niebla y en silencio.
No es una calle donde bulle la oscuridad,
ni un cielo estrellado de verano.
No es viento, ni aullido de un lobo,
ni la mirada inquietante de una hiena,
ni el sonido inaudito de las ballenas...
Ni siquiera tiene la luz lechosa de una luna llena...

Solo se sostiene por una débil voz humana,
un balbuceo que se pierde en el aire
como todo lo que pronuncia el hombre,
para ser solo el reflejo del humo,
el vaho inconsistente de respirar frente al frío.




f.

Siempre he sido mortal












Siempre he sido mortal,
hasta cuando en mi juventud
creía que los héroes eran como yo,
moría si ella me besaba
y me dejaba en mis labios
la tibia humedad de su boca.
Ahora, que contemplo lo más descarnado de la lluvia,
que ya no existen muelles ni estaciones,
que me he desembarazado de la banalidad de los impostores,
de mi propio y sagrado egoísmo,
sigo muriendo, lentamente,
como si mi corazón y mi carne
fueran un viejo palacio veneciano
hundiéndose en los limos del océano,
la belleza de la realidad.


f.



Miro desde la soledad









Miro desde la soledad.
El universo se sacia de líneas inconclusas.
Sumo al despertar el dolor de la brisa,
el viento no conoce más allá de ciertas sílabas
que enarbola como una bandera tendida a la luz.



f.




Borro estas horas de la tarde







Borro estas horas de la tarde.
Esta lluvia, su viento...la holgura triste de la borrasca.
Hay álamos silenciosos de ojos cerrados,
ciegos, sin hojas que mirar al cielo,
al largo deshacer del infinito.
Pájaros en silencio...
mientras en mis labios rojos hay un hilo de sangre.
Muerdo la piel de este día de oscuridad
y su dureza de granito rompe mi boca.


f.



lunes, 2 de abril de 2018

No hay luz en este extremo de la cuerda









No hay luz en este extremo de la cuerda.
Un dintel rojo donde reposar el instante,
beber de la lumbre su cadencia,
densas gotas de mercurio
que buscan ahogar el corazón.


f.



Me vuelco en el abismo como las hiedras caen por los balcones









Me vuelco en el abismo como las hiedras caen por los balcones.
He sembrado de sílabas tu cuerpo, el aire, la noche.
Canto salmos, la luz vuelve detrás de los montes,
yo siento el paso, el roce de la serpiente.

Tengo una llaga abierta que recuerda todo lo que he vivido.
Escucho la voz germinal de los ancestros.
Los pájaros, el paso de las nubes...
Suena el timbal y el aroma del incienso impregna las calles.

Yo amo este inciso de silencio,
este morir transido de pequeñas emociones.

Sé que llega el aviso, el adviento, la urgencia de la palabra,
mientras abril se despereza como un gato hambriento
hurgando donde sabe que dejó su última huella.



f.



domingo, 1 de abril de 2018

Algo de esa luz arde en tu mirada










Algo de esa luz arde en tu mirada.
Es de noche pero tú sigues siendo una ventana abierta al mar.

Quiébrame como a un junco seco,
aunque tenga en mi corazón
gotas del mercurio que te nombran.
Urdido el temple entre tus dedos fríos,
que tibia es tu boca cuando irrumpes
prendiendo un fuego húmedo en mitad del bosque.
No tengo el buril que me condena
soy de arcilla que tu cuerpo moldea a golpes de cadera,
ciego timón que me lleva tan lejos como tu horizonte quiere.



f.

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