La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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martes, 13 de noviembre de 2018

Llenar de luz de nuevo la alberca polvorienta y seca











Llenar de luz de nuevo la alberca polvorienta y seca.
La holgura de noches que traen las lluvias
prendidas a todo milagro.
Un hombre recorre el tiempo
sin saber
que vuelve una y otra vez a su juego de pelota.
Y se refleja en todo lo que el rumor de las horas
consumidas
ha dejado al borde de sus recuerdos.
Solo entonces comprende
que nunca se va a poder ir del todo,
contempla
como su corazón no ha abandonado
todas las viejas esperanzas.


f.



Hablar y ver como se hacen las palabras









Hablar y ver como se hacen las palabras
humedad en el frío.
Sentir la a incandescencia de un verbo
cayendo en un racimo de lágrimas.
Deshacer la labor de los pronombres
cuando solo enumeran
un poco de tu propia la oscuridad.


f.



lunes, 12 de noviembre de 2018

Se quiebran las pavesas








Se quiebran las pavesas.
Siento el cielo consumado de luces que me asombran.
Yo, ando perdido en el aire, en el silencio,
respirando lo ardiente del frío.
Creo saber los viejos logaritmos de las horas,
el por qué se mueven las mareas,
el deshacer de las borrascas.
Pienso en la nieve que cubre las montañas,
mis manos frías siembran de semillas la avenida...
se va la luz lejos de mis ojos,
la vida se recoge y tiembla en un zafiro azulado...
Guardo silencio.


f.



viernes, 9 de noviembre de 2018

Me he visto pequeño empapado por la lluvia








Me he visto pequeño empapado por la lluvia
en medio de las columnas de un templo griego.
El tiempo del mundo es otro que el de los hombres
y yo soy como una semilla
que se abandona en medio del páramo.
Escribo recordando la soledad,
el murmullo que sostenía esa hora sin rostro.
El viento detenido ante mí
como hablándome un idioma de signos,
traía una película en la que imaginaba
cientos de hombres que oraban
postrados ante la estatua de Poseidón,
esperando esa caricia del azar,
ofreciendo ante mis ojos sus ofrendas,
mientras quieto y ensimismado
sentía el escalofrío de la lluvia
y el aroma de la tierra mojada.


f.



Recorro el filo de la incertidumbre








Recorro el filo de la incertidumbre
como un ciego juega al azar de la ruleta.
Aprendí desde pequeño que la vida iba en serio,
muy en serio...demasiado cuando todo era en blanco y negro
y una caricia ajena te demostraba saberte muy solo.

Volver desde cualquier parte es saber lo que es también irte.

Nunca acabas de cerrar esas heridas sin márgenes...
la hechura de tu piel tiene marcadas las horas difíciles,
las de tu corazón son líneas de fuga hacia ninguna parte.




f.



jueves, 8 de noviembre de 2018

Una y otra vez








Una y otra vez la tarde se hace de una quebrada suma de instantes...siento sus manos frías y ese candor que hiere como una caricia de cuchillo la piel antes de ser una pavesa que me deja marcas indoloras en el remanso del corazón.
Escucho unas notas de música, una canción que habla de París, se vuelca la lluvia y es un río que recorre mi memoria...quizás tenga una medio sonrisa expuesta a la urdimbre de esta noche de otoño.


f.



miércoles, 7 de noviembre de 2018

Ser de la noche









Y corres desolada como el único pájaro en el viento.
A. Pizarnik



Ser de la noche,
y sentir la simple y llana argolla
que con su boca nos sostiene en el viento.
Ata, dirime, muerde, ciega
tiene tasado el dolor para nosotros.
Es la soledad y se conmueve,
se hace un ovillo de lumbre y erizo,
se alimenta en nuestro vientre
y respira con nosotros cuando nos falta el aire.
A veces pienso en desangrarme
y ver como conmigo ella lentamente palidece.


f.




Olvidar los signos








Olvidar los signos.
Lo quebrado de la piedra tallada.
Rememorar los pasos,
los lugares que traen simiente a la memoria
aunque ahora sea todo tan pequeño, tan usado, tan viejo.
Yo fui un niño triste que oculto su miedo,
las lágrimas tenían nombres, mis huellas tierra,
mis manos abiertas lo intenso que deja tener el puño cerrado...

¿Cuándo se puede llegar a olvidar esos oscuros pasillos?


f.



martes, 30 de octubre de 2018

Incertidumbre









Incertidumbre

No urge la voz, tan solo es palabra.
No hay, después de todo, nada de lo que arrepentirse,
aunque eso sí, sigue habiendo demasiadas formas de morir.
Sin creer en dioses, el hombre se hace de granito,
pero no deja de ser poroso
en la salmuera de sus días y sus noches,
las que van creando sus llagas de incertidumbre.
Es veraz el silencio cuando recorre la oscuridad
y se inyecta de lo salvaje de la lluvia,
se oye un trueno que solo te nombra a ti
y te elige como a un pájaro
le designa el tiempo su existencia.
No urge la voz, ni su cadencia de estribo ante las cosas,
solo sembramos con la mano derecha
y sujetamos la línea de duelo con la izquierda,
lo que es un rojo resentimiento
que nos hace dudar de adónde vamos.
Es cierto que siempre miramos atrás
y que allí encontramos las ausencias
todavía sentadas en los andenes del olvido...
pero no hay milagros que cercenen la muerte,
la memoria solo es el reflejo interesado de la historia,
la nuestra, en realidad la única que nos importa.
No hay brujos que tengan algo más que sus bolas de naftalina
para impedir que nos derrumbemos en medio de la oscuridad.
Traer de casa vuestras propias provisiones,
la comida, la labor hecha, la ropa limpia,
todo lo que sin saber lleváis siempre.
No es el amor el cauce de este fuego,
ni la ira, ni este deseo de venganza,
solo somos una parte del juego
y no conocemos nada más
que una palabra: incertidumbre.


f.



domingo, 28 de octubre de 2018

No rezo









No rezo. Nunca he vuelto a rezar desde la infancia.
He perdido la incertidumbre del más allá
y de unos dioses creadores llenos de bondad y de paciencia.
Todo lo que nos rodea para vivir
necesita nuestra labor diaria en las pequeñas cosas,
lo que debemos hacer para no tener que mirar al cielo
y esperar que su peso vacío no se nos haga insoportable.


f.



Un reguero








Un reguero, una besana, un pequeño mundo de lluvia sobre la piel de la tierra, la soledad, el viento, los caminos, la argucia de comprender, el instante de sentir, lo pequeño que acaricia sin saberlo,una mirada rompiendo las lágrimas, lo que callas tras los pasos perdidos, la oscuridad entre las manos vacías, el enebro hiriendo el páramo, respirar, solo respirar y saber contar cada golpe de mar sobre tu piel cansada, ciertas carreteras abandonadas que nunca acaban, el logaritmo de una boca húmeda, la ecuación como un desierto donde solo quedan los recuerdos, vivir y dejar vivir como premisa, escribir en el aire y en el sueño sin perdón de tus pecados, el trabajo propio de tejer un mundo nuevo y tuyo, la inquina del día a día, la decepción como un bosque sin retorno, la ira sin banderas, el compromiso sin premisas, la tarde que se va yendo deprisa en el cierzo y el silencio que duele como un beso de hielo en tu corazón.


f.



sábado, 27 de octubre de 2018

He dejado de creer en desafíos










He dejado de creer en desafíos.
La vida se me va viviendo
esparcida en emociones que me asaltan.
No hay mayor desafío que alumbrar el pasado,
seguir rellenando la alacena de todos los aromas de la tierra
y guardar en la memoria el día a día.


f.



viernes, 26 de octubre de 2018

A veces mis palabras son hijas de la tormenta










A veces mis palabras son hijas de la tormenta
como yo suelo ser parte del silencio en mitad de la noche.
Traigo la sed envuelta en los versos,
me acompaña un desierto que lame con sus rojas arenas
el despertar luminoso de un relámpago.

Ha venido la lluvia y ese fuego que late en mi corazón
me ha hablado de todo lo que se ha llevado el tiempo...

Tengo que saber que la urgencia es contemplar el amanecer
( una parte del día habitado de presagios
y en el que a veces cantan pájaros )



f.



miércoles, 24 de octubre de 2018

Escribir sobre la nieve con huellas de paso






Escribir sobre la nieve con huellas de paso, venir de lo furtivo, deshacer la suma de los verbos, quebrar todas las voces, quemar la última palabra, la que duele o enhebra un corazón a la noche, ser lágrima y dejar rastros que nunca pensaste, saber de todas las esquinas del tiempo, crecer desde lo pequeño y enaltecer una caricia al rango de lo más sencillo y más amado, cubrimos de calima, sabara que desnuda los silencios, contemplar amanecer mirando al oeste, donde huye furtiva la oscuridad latente...todos los presagios vienen hacia mí, se caen los nudos y veo brotar desde la noche el lucero del alba.


f.






martes, 23 de octubre de 2018

Frente a la luz un pájaro es el silencio







Frente a la luz un pájaro es el silencio. Sostenido en la gasa del aire cruza de sombra el quehacer del día o lo traspasa como lo haría una palabra, cae sobre nosotros y nos golpea, aunque solo sea cierta inquietud en medio del aire, una punzada de repente en el corazón.

Ser pájaro en medio de una frase, quizás eso deba ser un verso, lo que calla o trae desde lo desconocido una eterna pregunta de fragilidad...

somos tan mortales, tan prosaicos, tan dioses de la razón, que no concebimos la vida cuando solo se respira en el sueño de ella, sin saber que la vida juega con nosotros, nos pasa a diario por el tamiz del miedo para hacernos sentir el desconcierto y la incertidumbre...
no queremos damos cuenta que un verso puede atravesar nuestra piel y ser tan sutil en sus preguntas a nuestra imaginación como un pájaro lo es al horizonte.




f.


El caer de las hojas









El caer de las hojas, la herrumbre de un semillero de preguntas que rebosan a mi paso, la noche hecha mañana sin abrir sus manos, todas las sombras mirando ciegas a los ojos, un murmullo doloroso ante la herida de la luz abierta, el frío que no es frío y es solo otra holgura del otoño, clepsidra de lluvia donde mis zapatos cortan la humedad de la hierba, un fondo donde se yergue en salmo la melancolía sobre las nubes del horizonte, susurra el roce del sonido de serpiente de los aspersores, los semáforos parpadeando en ámbar, el mordisco del hierro de la argolla donde ser vencido, la voz callada, profunda, mientras gotas de sangre tiemblan manchando la camisa...uno tras otro mis pasos pidiendo no existir, no hundirse en ese barro, no gastar mi respiración en ir y venir a ninguna parte.



f.



lunes, 22 de octubre de 2018

El tañido del bronce







El tañido del bronce, una suma lenta de las horas del viento, ver crecer en tus párpados el último rayo enrojecido del crepúsculo, sentir el frío temblor de las manos, el oscuro devenir del agobio en las nubes, un silencio y su aguardiente de huellas sobre un corazón herido, ciertas palabras que se abren en diluvio, la vereda del mal con sus flores marchitas y sus pasos perdidos, níscalos de otoño con el aroma del bosque, un páramo sin pájaros ardiendo en las salinas, lo quebrado de una caricia ciega, raíces prendidas de olvido en la piel de la tarde, sombra tras sombra y un aroma de humo llenando las calles, venir deprisa, ser un grito, escuchar cantar ebrios una música de difuntos, saber de las lágrimas, la pasión derrumbada, el látigo cayendo sobre ti y en la cadencia del golpe nombrar tu miedo...lo que permanece.


f.



sábado, 20 de octubre de 2018

Hay lobos en el cielo








Hay lobos en el cielo que en silencio aúllan.

La umbría de la tarde me hace contemplar la oscuridad.
Hay voces de otoño y llamadas de lobos...
siempre descubro en el amanecer sus pisadas en la nieve de la soledad.
¿Que nos guarda el corazón de la noche?
A veces, en mitad del sueño me desvelan,
vienen a buscarme para recorrer con ellos el páramo...
pero yo sé que en su andar nómada se alejan hacia el Norte
y tengo el frío en mis huesos de todas las preguntas que nunca me responden.


f.



viernes, 19 de octubre de 2018

Hay un hilo de acero








Hay un hilo de acero que me corta la respiración.
Tiene un nombre de agua y cae sobre mi cuerpo como la lluvia.
Sobrevivo empapado en su sangre y en esa maleza de signos busco la luz.


f.






La herida








La herida
quizás una palabra
muda
surgida entre los labios
Simiente
en el viento húmedo
Luz
entregada a ser
levadura
para crecer
el trigo
blanco y perpetuo del laberinto
Hogaza
que ha de desgarrarse
caliente
para recién hecho
el poema
tenga vivos los versos
las brasas
todavía de un corazón.


f.



jueves, 18 de octubre de 2018

Yo era un niño muerto








Yo era un niño muerto
pero aún recuerdo
el tañido del bronce en las campanas,
el ruido de la lluvia,
el golpeo del viento en los cristales,
el humo del hogar,
el color calabaza de la sopa,
el astral de mano en la despensa,
la luz amarilla y mortecina,
la radio de lámparas,
el pájaro atado por un hilo,
el banco frente al fuego,
la quera de los muebles en la noche,
el llanto silencioso, el miedo,
un largo camino sin fin hacia la soledad.


f.



martes, 16 de octubre de 2018

No dormíamos









No dormíamos.
Cogíamos las veredas del mar,
donde el océano labra sus promesas.
Viejas carreteras
llenas de arena donde desembarcar.
Árboles de sombra
que en la noche riñen con la luna.
¡Que gigantes eran las palabras
que llenaban su pecho!
El aguacero de la madrugada
nos traía lámparas amarillas
y escarcha de hielo en los labios.
Sonaba la sirena, los muelles desnudos
se sometían al pequeño vaivén del agua.
Echaba de menos la lluvia y sembraba de flores
el lecho de arena donde tiritábamos,
húmedos y solitarios,
con la única esperanza puesta en el otro.


f.






domingo, 14 de octubre de 2018

Qué hacer







¿Qué hacer con todas estas flores
que en mis manos crecen frescas,
humildes, aromáticas, dolorosas?


f.



sábado, 13 de octubre de 2018

He vuelto a borrar un poema








He vuelto a borrar un poema, casi era como un nuevo armisticio conmigo mismo, siempre elimino esa parte de piedad que queda cuando tú sientes la caída y tu voz solo es un eco en la distancia.
Nada tendrá este otoño que resguardar de la lluvia. Se han derrumbado ciertos palacios en la maleza, la belleza que fue construida con las manos de un ciego, un alhaquín que tejía lo inaccesible...es cierto que los corazones se dejan llevar por melodías, escuchaba en el viento un canto de pájaros, que lejanos me quedan esos altos vuelos.


f.


jueves, 11 de octubre de 2018

No encontramos la luz junto al silencio...









No encontramos la luz junto al silencio...
A veces creo que traigo en mí, dentro, una tristeza recogida de mis ancestros que se abre como un pájaro nocturno buscando el frío de la noche.
Quien teme las palabras anda por un vórtice que no le deja más que moverse en círculos, una noria de palabras consumadas, temeroso de las huellas de los lobos dejadas en su puerta y en la nieve.
Amo la vida aunque en ella encuentre siempre sendas de lunas rotas y escuche la ira que trae desde mi infancia el gemido del viento...
Tú, ¿sabes descifrar los jeroglíficos y los misterios de tu corazón?
Creo que nunca acabamos de vernos frente a nosotros descubriendo lo insignificante que pueden llegar a ser nuestros silencios.


f.



miércoles, 10 de octubre de 2018

Me pierdo en el quehacer de levantarme









Me pierdo en el quehacer de levantarme,
recoger los golpes fajados en el día
y ajustar mi instinto a lo que asumo,
todo lo que me duele y me silencia.
Podría ser, después de todo, feliz,
si mi consciencia, ciega y subjetiva,
no tuviera esta batalla interminable con la vida.
Pierdo, es cierto, lo sé y así todas las noches
resto de lo que soy todo lo que debo,
las cosas zanjadas, los días en falso,
lo que nunca digo y callo,
porque dentro de mí hay un contable loco,
un echador de cartas,
un zahorí que busca la luz
y quiere medir la distancia,
la verdad de la palabra,
la longitud de cada extremo de un alambre
por el que mi corazón camina.


f.


martes, 9 de octubre de 2018

He sentido...








He sentido la llama asombrada en mitad de tu cuerpo,
un hilo de plata sangrando,
el devenir de la lluvia, los tambores,
un buril de fuego en esta noche insomne.



f.



sábado, 6 de octubre de 2018

Deshacer, un verbo que suma los restos







Deshacer, un verbo que suma los restos.
Así y todo la verdad del otoño tiene aromas de fuego y humo,
la brasa del olivo, la llegada perfecta de la niebla.
Tengo la humedad como un recuerdo,
un largo silencio que se tiende y vertebra los días.
De nuevo estamos en medio de la eternidad,
los instantes se suceden como una película francesa
en la que solo sirve mirarse y contemplar a lo lejos
como nos vamos diluyendo en lo oscuro del adiós.


f.



Esfera de luces









Esfera de luces.
Atardece.
La hora
se hace agua
en las manos:
pureza enhebrada
en cada surco.

Yo sé de este morir temprano,
lo único que abre la oscuridad
es este devenir de las palabras.

En este momento,
he hundido mi voz
en la holgura del dolor.

Escucho respirar la plenitud...
es una sierpe
que hurga en todo
lo que por miedo desconozco.



f.



jueves, 4 de octubre de 2018

No me he ido en septiembre









No me he ido en septiembre
con las lluvias al Sur de los pájaros,
ni siquiera he escuchado
los signos guturales que me nombran,
si acaso he abierto mi corazón
al viento del amanecer
para que ese frío tibio y húmedo
me arrebate lo que amo,
me haga sentir en la herida
lo mortal y perecedero.
Solo sostengo una lámpara en la noche,
unos versos con aroma de salmos
y este silencio que respira de mí,
y me hunde en su humus
trayendo a mi memoria
lo que olvido y duele
con su precisión de cirujano.

Viene la escarcha,
el quehacer de la bruma.
El temblor del amanecer
trae de nuevo hasta mi piel
el fulgor de la tormenta,
los sarmientos ardiendo,
la ceniza del fuego…
el otoño sanguinario.



f.



martes, 2 de octubre de 2018

Entonces borré unos versos







Entonces borré unos versos,
reduje el número de las palabras
como si un viento agraz
surgiera en mi costado
y se llevase todo lo que me dolía contar...
quién sabe, pienso a veces,
cuando tendré de nuevo el ánimo
para escribir ese duro y perenne poema.



f.



lunes, 1 de octubre de 2018

No me rebosa la luz









No me rebosa la luz
ni el crepitar del sarmiento que ilumina la noche,
soy un poco de claridad envuelta de silencio,
lo que deja una mano al pasar despacio por la piel,
la cadencia del paso perdido, la huella que delata.
Ahora siento en mí el caer de las tardes,
la umbría que cala, la brisa marina que humedece.
Me horada el ímpetu que desborda cada palabra
y sabe deshacerme al cerrar los ojos y nombrarla,
y aún así temo lo que se olvida,
lo que cae como hoja seca al suelo,
urdido detrás de cada verso,
y que todavía, sin saber por qué,
renace cuando menos se espera.


f.



sábado, 29 de septiembre de 2018

Sigo borrando las palabras








Sigo borrando las palabras como si ellas tuvieran la culpa de mis deserciones.
Uno no es nada, acaso una hoja escrita en morse temblando todavía en un árbol,
lo fugaz de una sombra, el arqueo de la luz delante de una mirada,
aquella que contempla en silencio el horizonte.
Sabes que todo es relativo y un poco cruel.
Ahora hay fuego en las manos de un hombre
mientras otro conserva la nieve y piensa en el invierno...
Me gusta contemplar las nubes reflejadas en el agua,
en medio de las tormentas,
ese instante de silencio en que nos devora la ansiedad,
y los cirro limbo sortean las isobaras
sin saber el lugar en que han de dejarse morir,
volviendo a ser la parte más genuina,
la realidad que todo lo transforma,
cuando cae la lluvia y se empapa la tierra
dejando atrás todos los sonidos, todos los relámpagos,
y solo quedo yo perdido en mi silencio.


f.






viernes, 28 de septiembre de 2018

Ha pasado la lluvia y ha dejado en el aire lo oscuro del silencio









Ha pasado la lluvia y ha dejado en el aire lo oscuro del silencio.
He borrado los poemas escritos esta tarde,
se me pierden las palabras en busca del horizonte,
ya son huellas en el viento, pájaros oscuros, lo irremediable.
Todo tiene su distancia, lo delgado de las horas,
el quebranto de los signos, las verdades que aniquilan.
Soy cobarde, lo confieso,
a veces mis propias sentencias no tienen respuestas.
El filo de una navaja también posee el frío y la soledad del invierno.


f.



jueves, 27 de septiembre de 2018

Y me hablaba quedo de semillas y líquenes










Y me hablaba quedo de semillas y líquenes
cuando sus manos me sostenían en la luz.
Todo el otoño venía en su boca,
un reguero de agua silenciosa...
sus pasos dejaban hojas caídas
y enrojecía de rojo los serbales.
Bebía su cáliz después de la letanía de la noche.
Escuchaba sus salmos de hiedra
mientras recogía su llanto en mi pecho.
Es cierto que nunca pensé que fuera un ángel,
aunque tuve que dirimir si era el adviento
o mi muerte lo que me anunciaba.


f.



Uno respira en la línea de poniente que cruza su cuerpo









Uno respira en la línea de poniente que cruza su cuerpo,
un atlas que siempre desconoce.
¿Sabemos acaso discernir la geometría de nuestro corazón?
Frente al Norte mi brújula siempre marca el lado del viento.
Escucho el desembarco de los bárbaros
y como la noche es música en los arrabales de su cuerpo.
Voy despacio...la ebriedad de ser hombre me aniquila.
Todo lo que tengo de mortal me nombra
y sus palabras son adviento del otoño
Llueve y hay silencio
Que pena me da el triste aullido de los lobos.


f.



miércoles, 26 de septiembre de 2018

No resisten los crepúsculos el avance del año










No resisten los crepúsculos el avance del año
y con los últimos meses caen con estrépito ante cualquier mirada.
Sigo sintiendo frío
y sé de la tristeza de la lluvia de principios de otoño.
Mi cuerpo sigue recordando estremecido tus labios,
y con el calor de tu boca tengo, todavía,
las pequeñas señales de tus uñas en mi espalda.
Rasgo los atardeceres como las hojas de un periódico leído,
hay en este café demasiadas cosas que tienen las huellas de tu paso
y sí, es cierto, es de los pocos sitios donde sirven un buen oporto.
Algo se me escapa, la vida suele plantearme incertidumbres,
pero no logro percibir
todo lo que un día de lluvia puede arrastrar con su silencio.
Hay un gran escaparate a la calle peatonal,
se dejan ver los primeros paraguas y afloran las gabardinas,
con ellas viene esa sensación tan particular
que acumulas hasta los alrededores del invierno,
donde todos somos un poco más introvertidos
y las ausencias calan y crean una pertinaz alarma en la piel.


f.


lunes, 24 de septiembre de 2018

Arrastraba restos de silencios









Arrastraba restos de silencios.
Mi boca sabía a tabaco y ginebra.
Solo guardé de aquella noche
esquirlas de astros y sombras de planetas.
Nadie diría que fue un naufragio
el que trajo a mis brazos
su cuerpo exhausto.
Sin saber cómo acabamos desnudos
enlazados como dos serpientes.
Al amanecer,
mirándome a los ojos,
marcó con sus manos
en toda mi piel
las señales del cielo...
siempre había soñado que me amase un ángel.


f.



sábado, 22 de septiembre de 2018

Un hombre debe ser un hombre por su gesto...







Un hombre debe ser un hombre por su gesto...
no es un árbol, abarcable en la mirada
pero siempre difuso en sus raíces,
aunque quizás es como un árbol,
hundido en todo lo que arrastra,
lo continuo de estar vivo y respirando.
Sé de ese tiempo donde la luz es una espada,
una emoción rota a jirones
como una vela tendida al viento...
solo de ese quehacer doloroso de la lumbre
brota la palabra, nace el verso.


f.



miércoles, 19 de septiembre de 2018

He dejado para otro día







He dejado para otro día
esta vieja costumbre que tengo de morirme,
tan lejos de todo lo que tizna mis dedos,
quizás, porque los andenes del atardecer
han traído viejas historias con que quebrarme
y he abrazado al tiempo
como si fuera parte de la lluvia.
Debo retener esos instantes de silencio
que llenan mis manos y cercan el corazón
para no salir de nuevo,
maltrecho, de esta bruma oscura.


f.






martes, 18 de septiembre de 2018

No hay un lugar seguro donde caer rendido








No hay un lugar seguro donde caer rendido, sin fuerzas, sin palabras, sin sonidos más allá de los que hace uno al respirar y el viento hurgando en las esquinas y en los árboles o el que produce el agua al pasar veloz por los ojos de un puente...Me alivia el sonido de las caracolas marinas cuando miro el horizonte. Vivo rodeado de tierras de arcilla y viento...son páramos con señales del tiempo...quizás son como yo, un muro de adobe y piedra con hendijas por donde la luz y las sombras dejan pasar su esencia.


f.



Desembalo el valor de la herida








Desembalo el valor de la herida.
Una caída más sobre mi mismo,
el ágora donde hundirme sobre la luz de la palabra.
No hay señales que equilibren el silencio,
si acaso lunas derramadas en el cielo...
la lluvia y el viaje de los pájaros.
Pueblo de preguntas indoloras mi cuerpo.
No me reconozco del todo en él
ahora que en cada lugar que habito
tengo un poco de mí ya muerto.
Caer sin más es la medida,
cuando nadie te va a responder
y eres tú el agua y la orilla,
un puente sin final,
la melodía que desde siempre
cantas en voz baja.


f.



Vuelvo despacio al invierno









Vuelvo despacio al invierno.
Gira el Norte con su sombra de auriga
y suena el galope inconfundible de los caballos blancos.
Que fácil es morir(se).
Dejarse ir llevado por un hilo de sangre sobre el mármol.
Mientras ellos pronuncian la palabra nieve
yo siento caer sobre mí la noche blanca.
Esfera de nosotros.
Cierro los ojos y veo otro mundo de pequeñas cosas.
Me cubre el aroma perpetuo del membrillo y la lavanda.
¿Soy un anciano con ropas de niño?...
Este caer no tiene límites
pero no hay más verdad que la oscura sombra de la nostalgia.


f.



lunes, 17 de septiembre de 2018

Vengo despacio







Vengo despacio, como si mis pasos no tuvieran sonido,
solo el quehacer del tiempo, la eternidad como tasa,
el silencio y la noche habitando mi vida.



f.




He reclinado la luz de la lámpara









He reclinado la luz de la lámpara para que en la sombra quede tu figura como una rama de árbol del pan, siendo luz evanescente en la oscuridad derramada por tu piel. Podría seguir mirándote la eternidad de todo el paquete de cigarrillos, beber a sorbos pequeños lo que queda de ginebra en la botella mientras en silencio guardas la esfera del mundo y siembras lunas cuando respiras...En estas horas de septiembre llega ya tarde el amanecer, la lumbre sigue en mí y en tu sueño. Yo navego en versos cortos de viajes por mar. Tú, seguramente me alzas en tus manos preguntándote que tengo para ti guardado para que sigas queriendo brotar en las sílabas de mis palabras más oscuras y a la vez más luminosas...pasa la noche...yo te guardo en tu sueño de esperarme.



f.



Es certera la flecha en su discurso









Es certera la flecha en su discurso,
recorre precisa el medido ovalo,
se erige en sutileza del instante,
el cántico de fuego enarbolado
que llena el corazón y lo desangra.
Sin llama, sin destino, ciego final
que llega hasta ti desde tan lejos
a ese lugar íntimo y doliente
y, sin tu saberlo, su voz es queja,
es siempre una llamada a tu recuerdo,
última golondrina, primer rayo,
primavera inaudita en el otoño.


f.



domingo, 16 de septiembre de 2018

He borrado un poema sobre la vida...









He borrado un poema sobre la vida...

lo que tenía de verdad era demasiado doloroso
para dejarlo aquí,
expuesto a la vista y al murmullo de todos.

La vida no deja de ser, en parte,
un camino de oscuridad interior,
que a veces, merece la pena
recorrerse en silencio.



f.



viernes, 14 de septiembre de 2018

Tan solo unas huellas húmedas








...En la noche se tiende un ala sin pasado...
J. Á. Valente



Tan solo unas huellas húmedas,
la respiración,
el paso a paso de la soledad
enhebrando a nuestro costado todas las preguntas.
Tú lo sabes, lo sabes bien,
pero nada cambia y solo quieres dormir,
encaramarte al pretil donde tus ojos solo verán la oscuridad
y el océano no tendrá más que nombres y paisajes anónimos...
El frío es intenso cuando te abate,
la nieve tiene su propia densidad cuando te abraza,
sabes que no puedes controlarte
y viene a tu memoria tu infancia y la blancura de tu corazón,
y te recuerdas a ti mismo en la risa,
en el eco de las melodías infantiles que te hacen sonreír.
Nada más alejado a lo que lo que eres ahora,
una sombra alimentada por la ira contra tus propias desilusiones.


f.


Si fuera mar








Si fuera mar existiría entre dos surcos de preguntas salinas.
Si lo fuera, quizás el blanco de la sal tendría el color de la luz que inunda el mundo un verdadero día de verano, cuando nadie sabe a ciencia cierta la temperatura que puede aguantar el cuerpo humano.


f.



jueves, 13 de septiembre de 2018

Sobre la bruma levanto mi voz








Sobre la bruma levanto mi voz,
su eco es una campana que tañe despacio
y se pierde difuso su sonido por las azoteas de mi ciudad.
Nada tiene valor cuando nos acecha el silencio
y lo inquebrantable no deja de ser más que una letanía,
ciertas palabras rimbombantes escritas en el viento,
humo que se pierde en el aire,
aunque para ti sea
el sonido que deja en el corazón
un último violín.


f.

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