La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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sábado, 30 de diciembre de 2017

Soy después de todo la argucia del barro









Soy después de todo la argucia del barro, la laguna lacustre, lo salino.
Casi nunca se alimenta el hombre de palabras,
necesita caer, desbordarse en la herida,
saber que no hay márgenes de olvido,
que solo tenemos asegurado
un millar de gusanos que han de vivir entregados a deshacernos.
Me vence el peso de las deserciones,
lo abrupto de los adioses,
la calima abandonada de un cuerpo,
el vaho de una boca que solo habla de silencio,
el quebrado paso de las estaciones y su regreso,
la obsolescencia programada de todos los sentidos,
los sueños rotos en diminutos cristales,
la cicuta que ha de envenenarme,
el fuego, que al fin, ha de ser mi último compañero.



f.






Vengo de la ciudad de la noche










Vengo de la ciudad de la noche,
un ahogado más en ese mar interior que abruma
cuando reconoces la longitud exacta de una caricia sin límites.
Tengo demasiadas dudas, miedos, mortalidad,
ser tan humano no deja de tener su lado de carcoma,
una enfermedad crónica e infatigable.
Desde la altura de una torre todo se hace muy pequeño,
la ciudad arde en sus llamas, yo soy el habitante del silencio,
¿qué más puede pedir un hombre que contemplar el mundo?.
Recorro esta luz y su sombra maldita,
un paisaje de túneles y largos pasillos
con un murmullo devastador.
Frente a mi una cadena,
una secuencia de todo lo que quema,
la caída continua, el golpe en el costado,
ya sé que no hay verdad más absoluta
que esta cuerda tensada
que sostiene a un hombre ahorcado.


f.



Trae el viento un aroma de invierno









Trae el viento un aroma de invierno,
ciertas nubes grises, ciertas sombras.
Contemplo la tarde con su desnuda venganza.
Sin urgencia, siento como cada paso derrumba una palabra,
y se hace de mí, con esa luz que enhebra el fuego…
Hay huellas en el día que me nombran al irse.



f.



Murmuro despacio ciertas cosas









Murmuro despacio ciertas cosas
como hace un viejo a sus muertos.
El agua de la lluvia me recorre,
me empapo de esas calles mías,
soy los restos de mi memoria, los restos de mi vida.
Vuelve a ser la tarde débil regazo donde esconderme.
Hay ciertas sombras que acarician mi espalda
mientras se va yendo el invierno susurrando venganza.
Escucho al viento golpear los cristales,
abatir las banderas y silbar en los cables,
zarandea los desnudos árboles de hojas y de pájaros
y dibuja en la avenida un tiempo de ausencia,
un ir y venir de papeles sin nombre,
la incierta medida anónima donde tributa la soledad.



f.




Fulgor y fuego en el atardecer









Fulgor y fuego en el atardecer.
Una coraza de lumbre
que enciende lo que queda desnudo.

Mi corazón no olvida.


f.



viernes, 29 de diciembre de 2017

En esta hora templada por la tarde cruza un pájaro









En esta hora templada por la tarde cruza un pájaro.
El cielo, como un desvanecido abrazo azul,
es la fuente de claridad que ilumina el aire.
Por el horizonte se pierde alguna nube
mientras desde la sombra surge el hálito,
la urdimbre que germina como un escalofrío,
que sopla y que irá creciendo,
tan lento e inexorable como yo siento
irme despacio a este tiempo de silencio.



f.



jueves, 28 de diciembre de 2017

Prescindo de la felicidad









Prescindo de la felicidad.
Prefiero dirimir mi querencia contra las tablas de la ley
que ser el fiel reflejo, la sombra cálida de un poste de madera
que sostiene un alambre de espino metálico.
Este dolor sin nombre que siento al respirar
no me deja vivir en paz,
solo me permite conservar mi silencio,
contemplar las horas,
ahogar la quera de la noche
con lo agotador de ser mi propio vigilante.



f.



Me derribo despacio como un viejo edificio








Me derribo despacio como un viejo edificio,
y siento cada golpe del mazo
desgarrando los muros,
las antiguas ventanas sin cristales,
los vacíos pasillos y las estancias sin alma
donde solo el polvo siembra su simiente de olvido.



f.



Cada día la palabra me trae nuevas enseñanzas









Cada día la palabra me trae nuevas enseñanzas,
raíces ocultas que nunca me esperaba.
Intento combatir lo zafio,
algo tan usado como el drama,
aunque soy apresurado en la escritura
y mi espíritu contiene demasiados verbos,
muchos sitios comunes,
que sostengo en el aire
cerrando los ojos y guardando silencio.
Quisiera dejarme un tiempo entre verso y verso,
no pronunciar lo impronunciable
aunque la muerte sea tan fecunda
como lo suele ser la vida.
Siembro mi soledad de luz y de sombras,
nunca olvido aquello que me duele
y aunque la felicidad, dicen,
es un caballo que galopa en el cielo,
yo solo veo nubes,
que traen, cuando menos te lo esperas, días de lluvia.



f.




Me asombro ante el cuchillo de la tregua









Me asombro ante el cuchillo de la tregua,
lo perpetuo que se abandona en la largura de la bruma,
en la constante y húmeda llegada del invierno.

Recojo los vestigios de lo que no fue y los restos probables de los sueños,
hay demasiada verdad entre mis manos,
en los signos inequívocos de vida que dejaste en ellas.

Fuiste sembrando la noche con tus dedos.
Recuerdo la línea de pasos,
el sonido de los dos en la avenida,
la soledad andando tras el eco de nuestras huellas,
la laboriosa cuenta de pecados
que tú y yo queríamos cometer
en el primer zaguán a oscuras que encontramos,
cuando tu boca era un semillero de promesas
y mi lengua buscaba a ciegas tu corazón.




f.




Tuve el amor junto al mar









Tuve el amor junto al mar,
era un ángaro encendido día y noche,
donde se agitaban siempre las gaviotas,
me quemaba con su fuego de isla
y dejaba reposar,
junto a su sombra, mi corazón.

El agora de mis palabras
se perdió en la nieve,
la luz del invierno creció en su mirada...
pero es justo saber de esas huellas invisibles
que horadarán siempre mi memoria.



f.



Escucho atento los leves latidos del alba









Escucho atento los leves latidos del alba.
Que diversa es la soledad de un día de invierno
cuando se van desnudando todas las preguntas
y entre los dedos queda difuso el calor autentico de la noche.
Veo deshilacharse lentamente las sombras
y siento el revuelo nervioso de unos pocos gorriones.
Uno de ellos se anuncia con su canto encima de un semáforo,
es tan pequeño como cualquier esperanza
pero sostiene un pulso, un adviento,
que por segundos se hace dueño del amanecer.



f.




Ya no hay cabinas que nos guarden el rumor de las voces








Ya no hay cabinas que nos guarden el rumor de las voces.
Sin monedas para descubrirnos
la noche esta tasada por la perdición.
Quiébrame ahora con el cuero de tu cuerpo.
Asciende por mí,
escribe con las uñas en mi piel
tu nuevo número de móvil.



f.




Creo en la certeza de la espada









Creo en la certeza de la espada,
un oráculo que saja toda melodía.
Ahora que la noche trae el invierno hasta mi boca,
voy a encender las lámparas que deshacen las sombras,
aunque el sonido del silencio se haga ensordecedor...

voy a seguir soportando todos los golpes.



f.



miércoles, 27 de diciembre de 2017

¡Qué lejos nos deja el silencio!









¡Qué lejos nos deja el silencio!
La branza de la noche cruza el aire...
escucha...ahondar en nosotros
los pasos húmedos del atardecer.

Morir así, en tus brazos,
con un abandono de todos los principios,
sosteniendo en mi voz tu nombre,
un gemido profundo de aguardiente,
y siempre viviendo en el viento,
como una veleta,
temiendo tu olvido



f.




Y ahora pronúnciame









Y ahora pronúnciame, como solo se pronuncia lo oscuro,
lo que maneja el otro lado de las cosas imposibles,
aunque seamos tú y yo nada más que un logo,
un nombre anónimo en mitad de la nada.



f.




Abres la ventana










Abres la ventana, escuchas la lluvia, esperas callada,
en el silencio también de tu mirada cabe el azar del infinito.
El dolor sabe guarecerse entre las lágrimas,
ser una punzada,
pero también sabe inundarse
de una ráfaga de olvido que estremece
y que te puede hacer volver a un tiempo lejano,
una casa antigua de aquel viejo barrio,
tan lejos del mundo que ahora habitas.
Entonces, todavía reconstruías tus días para él,
le preparabas el café de la mañana
o aguardabas ese instante en que a su vuelta
la casa se llenaba de luz,
de risas, de música y de ciertas palabras mágicas
que acercaban tu cuerpo al calor de sus manos.



f.



Después de todo










En el papel de la pared siempre era primavera.

Gabriela Wiener



Después de todo, nunca las palabras son del viento,
son barro que moldea el día con su hiriente quehacer de invierno.
Ahora contemplar cada rincón de una casa vacía es mirarte adentro,
buscar entre los gestos todos los motivos,
todo un baile de silencios que habita cada estancia,
escuchar los últimos gemidos,
lo impronunciable.

Siento cada golpe. Lo recibo. Callo.
Tal vez soy lo ausente, lo lejano,
lo que quizás no tiene la menor importancia.



f.




Hay un llanto










Hay un llanto, un gemido, lo milenario de sabernos solos,
mientras el mundo gira solitario entre astros lejanos y silenciosos.

Igual que son tus pasos son los míos,
aunque yo sienta esta dureza del aire,
la caída sobre mí de todo lo que temo,
esquirlas diminutas de sílex que lentamente me quiebran.


Uno apenas sabe nada de este virus,
una enfermedad que solo te tiene para darte parte de su soledad.
No se extirpa el corazón que respira en silencio,
ni se trasplanta por otro...
sigues viviendo con la extraña sensación
de que nada de lo que te rodea es ajeno a ti,
aunque en verdad todo tenga la distancia de lo imposible.




f.




A veces las palabras toman su camino









A veces las palabras toman su camino, se te escapan de las manos cuando están viviendo en el aire y solo son pavesas de un pensamiento herido por el rayo...

Se me fue el poema engarzado a los pájaros que vuelan desde el corazón...solo yo pude sentirlo y quedó su aroma de flores cortadas, su voz queda de carcoma, su corte de escalpelo, su huida desvanecida entre la bruma.



f.



martes, 26 de diciembre de 2017

Rehacen las hélices de la noche









Rehacen las hélices de la noche los signos inequívocos del deseo.
La premura de los pasos, la mirada intensa, el precio tasado en el hule de unos billetes, todas las respuestas en el sabor de una boca y en las pocas palabras que conservan la dignidad...pero nadie debe tachar de indigna a la soledad.



f.


Fotografía de Eugenio Recuenco




Crece la sombra y todos la llamamos noche








Crece la sombra y todos la llamamos noche
como si la tarde no tuviera un cuerpo donde desperezarse.
No perdonamos, nunca dejamos que el viento se haga solo de aire,
ha de llevar la simiente roja de cada pensamiento,
el quehacer de la ira, el deseo,
la muerte como una mano sin lumbre.
Desaparece el fulgor y la tormenta,
deja solo, como la nieve entre las flores,
el perdón sin nombre,
unas copas de aguardiente de más,
la dulce esperanza del sueño.
Cogeré un taxi al anochecer,
escucharé las pocas frases que me unen con la vida,
las que forman raíces que cada hombre trae de su niñez,
agua removida por la palabra y el recuerdo,
pero nada tan trascendente que me haga deshacer los nudos del tiempo,
aunque ya no tenga grandes cosas que decir
y sea tan oscuro como lo va a ser una noche de luna nueva,
mi silencio tiene el mismo precio que cada uno de mis poemas.




f.




No he encontrado el silencio









"Entre pedazos de palabras
y caricias en ruinas,
encontré algunas formas que volvían de la muerte".

R. Juarroz



No he encontrado el silencio, solo su huella,
un murmullo que viaja en el viento oscuro y negro de la noche.
Mis manos se pierden en rincones de hambre,
no vivo más allá de estas horas anónimas.

¡Qué difícil se vuelve respirar en medio del páramo!

Hay en mi costado izquierdo un ábaco con cuentas moradas,
unas rosas caídas ante mis pies descalzos,
cierta verdad en lo que contemplo.

Me he desnudado en la noche,
me impregno de ese tinte de lumbre
en el que la distancia te disuelve...

Es cierto que toda muerte deja sus secuelas,
hasta para los que volvemos desde su lejanía
y nos ha rozado su guadaña...
dejándonos para siempre
el aroma metálico de su presencia.



f.



Abro las esquinas de esta sombra predicada en verbos subjuntivos...








Abro las esquinas de esta sombra predicada en verbos subjuntivos...es invierno y vivo en él sujeto a las mareas de la niebla y al devenir perpetuo de la oscuridad.
Hace frío, no es extraño en el roce continuo del paso invernal del año hacia enero, ese transito de todo lo acabado, cuando en las avenidas han dejado los árboles indolentes su desnudez y dormitan con sus troncos expectantes hacia el cielo gris, y las pocas personas que pasean, se les ve prisioneras por una somnolencia insoportable.
Sé que vendrán las lluvias, el viento, el renacer de la luz y el crecer diario y monótono del sonido imperturbable de los tambores...pero mientras tanto hay que seguir reflexionando sobre esa verdad oculta del final de las cosas...yo soy el derrotado, no temáis, vosotros tenéis la complacencia y la amabilidad de leerme no de sentir lo que yo siento, sin embargo, aunque lo pongáis en duda, crédulos solo de lo que se ve, siempre en mis manos germinan semillas, sílabas que han de renacer con la luz que llega lentamente a mí, y tal vez, solo tal vez, alguna esperanza que sea útil para que vuelva lo tenue de una sonrisa o lo sutil de una caricia...nunca pierdo eso que siempre decimos que es el tótem del ser humano, esperar la felicidad ..



f.



lunes, 25 de diciembre de 2017

Marco el suelo y los muros









Marco el suelo y los muros
con sílabas que me hacen enmudecer
mientras escucho una canción
que me recuerda a París,
aunque sin embargo
no logro escribir unos versos
que me traigan Rayuela a la memoria
salvo aquellos que hablan del frío, del tiempo, del cariño...
Algo parecido a morir muy cerca del amanecer,
de un desierto, de un muelle vacío.
Allí, donde la luz se ha vuelto agua,
sin formas, sin valores que tengan un nombre.


Mis manos apenas saben construir
más que una arquitectura de naipes y de sueños,
cuando este verano de viento
trae debajo de sus alas un incendio,
ciertas tormentas,
el deshacerse en aguaceros y silencio,
mucho silencio.

Voy bebiendo la noche, su oscuridad,
me desarmo ante los pasos de la luna,
sus gestos de lumbre, cierta brasa, la ceniza,
nudos que quedan en mi cuerpo,
las huellas de la humedad,
la cadencia de la distancia.

Las sumas y los restos quedan en la sombra,
dibujo un corazón en el vaho de los cristales,
dejo cortados todos los quehaceres innombrables
cuando este sabor a hierro se ahoga en mi saliva
y ha de ser la fuente de las palabras,
lo impreciso que me deja respirar
cuando todo lo que me rodea se derrumba.



f.



Después del silencio









Después del silencio,
y aunque escrito con el color de tu sangre
en la margen izquierda de tu cuerpo,
vendrá más silencio.
Tal vez siempre te vas a preguntar,
por qué tu corazón
conserva este recuerdo
como si estuviera guardándolo para la eternidad.



f.




domingo, 24 de diciembre de 2017

Desgloso esta quimera










Desgloso esta quimera
que ha llenado mi ábaco de puntos suspensivos.
Desarmo cada verso,
cada palabra hincada en la carne,
las sílabas que forman la geografía de mi vida.
No tengo más poder que una mirada, un silencio,
la soledad que es posible a estas horas de la noche.
Cada caricia que doy sustenta todo el miedo del mundo,
el mío se hace inmenso cuando te toco.
Enarbolo una bandera
y siento al viento de la noche
pronunciarse en ella,
simiente de un árbol del cielo, arce o álamo
aferrado profundamente a la tierra,
y que ahora, en mitad del invierno, está vacío y dormido.
Dirás que estoy borracho porque parece que te grito,
quizás sí, he bebido tanta ginebra como he podido
antes de bendecir las mesas,
de disparar con fuego cruzado de cuchillos sobre un hule gastado.
Me das tu cuerpo como el que entrega una canción,
silbo tu nombre desgarrado en mis manos y te hago salmo,
beso tu espalda y cautiva te hago mía,
afuera, mientras tanto,
se escucha un mirlo despertar el amanecer.



f.




Hoy ha venido un pájaro con la luz y el silencio









Hoy ha venido un pájaro con la luz y el silencio.
Ha encendido la lumbre
y tras posarse ha dejado sus ocultas verdades.
Yo solo he abierto la ventana,
he mirado al cielo y he dejado pasar al invierno.


f.



sábado, 23 de diciembre de 2017

No pregunto al cielo por los ángeles muertos









No pregunto al cielo por los ángeles muertos
aunque en mi jardín haya restos de sus caídas plumas.
Me enfrento a la soledad con mi corazón callado.
Poseo un tambor roto
y un viejo violín ardiendo entre las manos.
Mientras, en silencio, contemplo la noche,
sus luces lejanas, su distancia…
Viene el viento con golpes del océano,
las llamadas que se pierden en el eco nocturno.
Presiento como arena creciendo entre los dedos,
húmeda y salina me descubre un misterio,
el tiempo implacable me murmura una verdad.



f.



Foto de Eugenio Recuenco




Qué hacer con la distancia










¿Qué hacer con la distancia,
la que separa la flecha que lanzamos con su objetivo final?
Nunca sabemos medir las emociones...
solo abrimos el círculo,
buscamos ciegos un horizonte de promesas,
la línea cóncava que recorre una flecha imaginaria
en la que a veces va lo mejor y otras lo peor de nosotros.



f.




En el silencio interior









En el silencio interior
las huellas tienen el eco de la humedad.
Respiramos y es leve el sutil movimiento creado en el espacio,
pero sin embargo, en el acto de vivir,
espiramos dióxido de carbono,
una molécula lineal, invisible ante nosotros,
que solo ante el frío dibuja el vaho que creamos,
y que se diluye, húmedo, como un parpadeo en el aire.



f.




Toda emoción tiene dos caras










Toda emoción tiene dos caras,
es imposible sustraerse a la sombra
que trae en sus manos la luz.



f.



Los párpados entornados








Los párpados entornados, las lágrimas del frío, la nieve incandescente en el corazón del invierno, una voz que llama lejana, la distancia como vuelo y como sueño, la tristeza de los árboles desnudos, casi todas las palabras que se enraízan en la tierra, el bálsamo del silencio, los pasos huecos de la madrugada, el sonido sordo de las piedras al entrar en el agua, las sombras de sombras que anidan en la noche, un violín roto, un hombre en una esquina pidiendo con su mano vendada mientras el vaho de su cuerpo forma un aura...la terrible verdad del azar y los ángeles caídos en medio de cualquier ciudad, en medio de cualquier selva.



f.




El hombre, si solo fuera un fértil valle de luz y de sombra









El hombre, si solo fuera un fértil valle de luz y de sombra,
y no una cadencia de lumbre y de humo,
podría contemplarse en todos los espejos del agua,
desde un pequeño reguero dejado por la lluvia,
hasta el más profundo de los océanos...
en todas las nubes,
en la urgencia de las lágrimas,
en el filo azulado y oscuro de todas las tormentas.



f.




No se repite este acto nuestro de morirnos









No se repite este acto nuestro de morirnos,
despacio, bajo el límite del último trayecto.
Despojados de todo,
como si la enfermedad fuera el vicio de amarnos
en el extremo opuesto del mundo.
Veo albatros volando sobre el mar,
he cortado la nieve con tu nombre
en la esquina imprecisa donde el corazón revienta.
Hay eso que llaman ternura y soledad.
Solo rozarnos, tocarnos con los ojos,
mientras desaparecen astros diminutos en el cielo azul.



f.




Viene el día alzado sobre las manos y la humedad










Viene el día alzado sobre las manos y la humedad,
sin aves que pregonen lo azul del cielo,
con la cadencia de la bruma
y lo indeterminado de mis vacilantes pasos.

Caemos siempre en la ausencia,
un silencio de invierno con miradas huidizas
y sombras que se adhieren a uno y te estremecen
mientras tararean las melodías que nunca se llevó el olvido.



f.



viernes, 22 de diciembre de 2017

No suena el bronce









No suena el bronce,
no palidece el amanecer
cuando es invierno
y la noche solo se va yendo despacio,
con demasiado sabor a tu cuerpo
entre las comisuras de sus labios
y el olor de tu piel envolviendo sus alas.



f.




Escucho mi corazón








Escucho mi corazón
mientras tiembla la tarde
en el borde del crepúsculo.
Un pájaro naranja se para en mi balcón,
en su pequeño cuerpo cabe la luz
que todavía queda al día.



f.



La salida del sol










La salida del sol, las olas del mar, las raíces en que se sustentan los días, los nombres imposibles, la secuencia de la noche, los verbos encima de la mesa, un corte en la mano que sangra lentamente, el aroma del pan tostado, una pregunta que queda en el aire, la luna nueva, las nubes grises, los ojos amarillos del gato, la penumbra en el corazón, el morse y la bocina de un faro, la parsimonia del camaleón, el traje de domingo con el olor a umbría del armario, la vieja alacena vacía, el café con leche, señales de duelo, el viento que deshace la niebla, la ropa planchada, el carasol donde reina el silencio, la hiedra que tapiza el paso del tiempo mientras suena Chet Baker y quizás tenga un dolor casi inapreciable como la quera de viejo mueble en que me voy convirtiendo.



f.



Todo lo que tengo apenas cabe en una mano









Todo lo que tengo apenas cabe en una mano,
en un puño cerrado, algo tan valioso
como las briznas de hierba
que se pegan a las suelas húmedas de mis viejos zapatos.


No es melancolía este devenir de sombras,
solo veo lo candente de la luz
recorriendo esclava un camino trazado
de surcos invisibles...
Quizás sea parte de la distancia,
un poco de locura como remedio
a la pura sencillez de derrumbarme.



f.




jueves, 21 de diciembre de 2017

No hurgo en el sentido de las cosas








No hurgo en el sentido de las cosas
son ellas las que me asaltan
con su susurro de llamada.

Busco descubrir el fondo sin nombre,
la humedad de la tierra y su palabra,
la labor ciega de cada sílaba
al ritmo pausado de un zahorí
con sus manos de barro y su rama de olivo.



f.




No voy a hablarte de hacer las cosas fáciles








No voy a hablarte de hacer las cosas fáciles,
eso queda para los que detrás de un reloj ven horas que pasan,
yo solo sé alargar las líneas que queman hasta acercarlas a tu boca
o dejar que las nubes sean las primeras palabras que te aniden.
Nada de lo que te ha de conmover tiene márgenes,
son las verdaderas mareas de un mar oscuro
que azota una playa habitada por gaviotas...
de ese ir y venir del viento,
de contemplar tus manos vacías y húmedas
mientras caes en la cuenta del valor que tiene respirar en el silencio.




f.




Han caído las horas












Han caído las horas
con la respiración intensa que arrastran los silencios.
Yo he abierto las manos,
he dejado en el aire el vuelo de unos pájaros,
toda la intensa lluvia
con que la luz ha vestido al resto de la tarde...

Mejor así, sosteniendo la débil mano de una anciana
que en medio de una plaza me ha recordado a mi madre.




f.




miércoles, 20 de diciembre de 2017

Reviso el jeroglífico que leo en tu espalda










Reviso el jeroglífico que leo en tu espalda,
esas líneas de branza
que cruzan sin remedio la amplitud de la tierra.
Escucho tu cuerpo, me silencio.
Hay dársenas que crujen y reclaman mi llegada
mientras yo sigo entablando un duelo con tu alma.
Tapas con tu pelo mi oscura mirada
y buscas con tu boca encender mi palabra,
como la bruma rodea el hogar de las horas.
Eres para la noche principio de incendio,
ese paso de dos que tiene el respirarnos.
Oler, huelo de ti, en la hondura tibia de la almohada,
el aroma del sueño, el crujido del alba,
tanta luz brotando por tus ojos,
tanta lumbre encendiendo las yemas de tus dedos,
y tu vientre ensamblado y húmedo
como una serpiente a mi vida.
Todavía en la isla,
todavía de noche,
hurgamos en la dicha,
robamos a la sombra la dulzura y la esencia.
Se enfila un trote de caballos,
se mueve un remo en el agua,
se oye tu voz ronca que rasga el canto de los pájaros
y gime con sílabas de hiedra.
Después, sin remedio,
vendrá el invierno, como solo sabe él,
a acariciar la nada,
y diremos para adentro en un murmullo
esto fue todo lo que nos dejó
una noche y su naufragio.



f.




Contemplo el cielo









Contemplo el cielo,
frondosa oscuridad
donde me pierdo.
Ahora quiero ser la sombra,
el lugar pretérito,
la raíz crecida en la tierra,
el árbol que en silencio
y desnudo espera;
ser la alberca inquieta,
con sus aguas de limo
que se hace
espejo de la noche...
Ahora, que nada tengo
más que este lugar donde respiro,
la holgura de un instante solitario,
sin nombres, sin palabras, sin esperanzas.



f.




Elijo el acto de morir en cada verso









Elijo el acto de morir en cada verso,
sin tajos que dejen rastro,
solo ese instante de llaga sin matices,
un caer dentro de uno mismo
sin más razón que reconocer el frágil equilibrio
entre los diversos mundos que me habitan.



f.




Sin adviento morir un poco en otro












Sin adviento morir un poco en otro,
en la sombra que susurra las coordenadas de los astros,
en el azul de unas gotas de lluvia,
en el quehacer de la lumbre en el fuego,
en el viento y sus pavesas de barro y arena...
nunca somos nosotros solos,
siempre hay alguien que contempla nuestra caída,
nuestro ocaso, nuestro florecer temprano
en mitad de la nieve y los almendros.

Viene el invierno y la verdad absoluta,
solo va a haber pájaros negros
y el silencio recóndito del bosque dormido.




f.




martes, 19 de diciembre de 2017

No sé por qué a veces me abandono










No sé por qué a veces me abandono.
Olvido el cáliz donde depositar mi sed,
rehuyo los giros imprevistos del viento,
no escucho el trueno
ni busco al relámpago,
dejo mi cuerpo seco,
mirando fijamente caer la lluvia
desde la distancia en que nada me conmueve.



f.




Perpetuo anclaje en el fin de los sueños










Perpetuo anclaje en el fin de los sueños.
Abro los ojos e ilumino la inmensidad
allí, donde todavía
un bosque de dudas
me arrebata el corazón.



f.



Foto de Ricardo B. Carissimi




Ella me hablaba que era parte de la tormenta









Ella me hablaba que era parte de la tormenta,
el viento húmedo sin rostro que gemía en mi oído,
el valor de todos los trenes de la oscuridad.
Yo sentía en mi pecho el caer de la lluvia,
el galope incesante de caballos,
sus manos pequeñas y calientes, su boca sabia,
la muerte dulce en medio de la noche.


f.



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