La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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martes, 31 de julio de 2018

Recorro los muelles de la noche








Quisiera vivir siempre
como algo olvidado en la mano de un muerto.

A. Pizarnik

Recorro los muelles de la noche,
su silencio sin nubes,
su quehacer de carcoma,
quera de luz y de sílabas sin eco.

Escucho mis pasos,
cada uno, vacilantes,
y sé deshacerme de la ansiedad
aunque nunca se sabe
cuál es el mejor lugar para morir.

Vivir siempre rodeado del invierno
es el mejor deseo del olvido.



f.



Hoy, como un abrir el cielo al viaje sin nombre de un abrazo











Hoy, como un abrir el cielo al viaje sin nombre de un abrazo, me aferré al quehacer de cuatro palabras.
Soy tan anónimo como ayer, pero quizás la oscuridad sea un poco mayor en este día de tormenta, en este lugar abierto al viento y a la humedad.
Se va la vida, pero no es tristeza lo que deja solo, recorro un trecho de camino, unas horas más en que las palabras de otros han ido hollando con su luz mi senda...
Tal vez pueda sonreír, es verano en el Hemisferio Norte, se hacen largas las tardes y los crepúsculos anidan de murmullos el corazón del hombre que sabe contemplarlos...
Hay esa caricia tibia que deja para cada uno en el pecho el último rayo de luz, el último verso de un buen poeta.


f.



Contemplar es derivar hacia dentro el mundo...











Contemplar es derivar hacia dentro el mundo...
me muevo en este silencio que trae el viento
-- soy como una nube o un pájaro --
que me deja la sed de los días fríos,
los que reservamos en el calendario con una cruz roja
y que son una soga tensada donde permaneces exhausto,
agotado pero todavía vivo...


f,



De un viaje y su distancia








De un viaje y su distancia
todavía quedan huellas en mis manos
y un rumor de pájaros
y nubes blancas prendidas en el viento.
He alterado uno a uno el sabor de sus besos,
su boca trae a mi memoria el ardor de la selva
y siento estremecido la diamantina luz
que cortaba la piel como una daga,
la que trae el amanecer a la soledad de los amantes.


f.




lunes, 30 de julio de 2018

La soledad es la humedad que rellena el vacío









La soledad es la humedad que rellena el vacío,
un río interno que puede llegar a ahogarte.
Y sin embargo, también es un pájaro,
el que te hace ver desde otra perspectiva
lo insignificante que eres.


f.



viernes, 27 de julio de 2018

Poco a poco uno aprende









Poco a poco uno aprende
a contar las cosas que se inundan de silencio.
Te vas haciendo a cada extremo de una calle, tu calle,
al lugar donde siempre sopla el viento cuando nada se mueve,
a la sombra de los árboles según cae la tarde
y el rodar continuo de las estaciones,
y al diferente sonido de todos los pájaros
junto al rumor diario de los hombres.
Así pasa, así es como también te haces
a cada una de las pequeñas deserciones que han de habitarte.
No hay tiempo para más,
solo la costumbre anida en la memoria con nombres...
calles, árboles, estaciones,
pájaros y hombres se han de mezclar en tu recuerdo
para crear una infancia o el punto de retorno a la melancolía.


f.



Guardo a fuego la caricia de una noche










Guardo a fuego la caricia de una noche.
Verbos que temblaban en tu boca
y el sabor del café prendido todavía a mi saliva
en medio del fragor de nuestro anonimato,
cuando nadie nos esperaba
y mayo se hacia eco en las alturas,
como pájaros e islas habitadas
por el calor de dos cuerpos
que tenían hambre y sed del otro.


f.



jueves, 26 de julio de 2018

A veces deshacemos lo andando








A veces deshacemos lo andando,
dejamos grietas
como preguntas abiertas que nunca se responden.
De esas carreteras abandonadas,
arena y asfalto roto,
sabe mi corazón y seguramente el tuyo.


f.



Tejados rojos y las calles vacías









Tejados rojos y las calles vacías.
Hay domingos de julio que se cruzan en las aceras conmigo
y no me hablan, pero me miran con ojos de anciano.
Tesela a tesela construyo un mosaico
- será parte del estigma de mi cultura occidental -
donde desnudo dibujo mi interior con las palabras.

Todavía siento el olor del mar en las islas,
la algarabía de los pájaros,
el viento verdeando en las ramas sombreadas de los árboles,
la arena en las dunas,
las conchas semienterradas
esperando ser rescatadas del anonimato.

Giran las sombras y olfatean la soledad,
susurra la umbría el crepúsculo,
la avenida se llena de preguntas,
unos pocos hombres salen con sus parejas, con sus niños
y con los pacientes y dóciles perros que lo husmean todo.
Los veladores cobran vida al ritmo exigente de las monedas.

“Remar desde dentro del alma por un río de márgenes difusas,
desandar una a una las pérdidas de la vida,
llenar de realidad el resto de las noches”
No sé que insomnio provocó esto,
pero aparecen apuntadas en un post-it
y cada vez que abro el frigorífico puedo leerlo
( burlándose de mi ),
entre las figuras diminutas,
imantadas, de faros azules y torres Eiffel que lo llenan todo.



f.



martes, 24 de julio de 2018

La oscuridad de la media tarde








La oscuridad de la media tarde, las nubes metálicas con herrumbre de sal, las calles desiertas pobladas de preguntas, las miradas perdidas en lejanos puentes, la mesa como un jardín abandonado después de la tormenta, el aroma del café y su silencio, cierta dulzura todavía en la boca, los peldaños que conducen al cielo, la urdimbre del laberinto, la ceniza de la juventud, una vez y otra el principio donde unido a la tierra esta branza de signos y letras sujeta mis manos...



f.




Escribo sobre el aire












Escribo sobre el aire.
Deshago un poco de humo.
Prendo a la noche con mis sílabas.
Dejo crecer los verbos para mis manos desnudas.
Hay un silencio habitado de nubes para mi voz.
Yo escucho mis palabras,
son las huellas del paso de serpientes
que queman mi corazón.
Es posible el error, la punción ciega,
el quehacer del escalpelo...
la rotura del cristal, su sonido inagotable,
este diminuto y lento hundimiento bajo la oscuridad.



f.



domingo, 22 de julio de 2018

El azogue crece en la tarde








El azogue crece en la tarde,
se hace lumbre en los aleros,
hiedra ahogada por la luz en las últimas tejas rojas.
La sangre, mi sangre...esgrime en sus gotas caídas
una verdad sin esperanza, un grito sin nombre,
y yo la siento, la palpo en mis dedos
y sé que está urdida en el vértigo del miedo.

Escucho reír a los niños,
juegan con el agua,
dan vueltas sin parar,
golpean un balón o tiran piedras al río...
gritan de nuevo nombres confusos,
y los cantan, aunque sus voces sean un lamento estridente
que va muriendo como se aleja una tormenta,
allá a lo lejos, donde mi mirada ya no llega.

Cruzo está umbría de susurros
mientras contemplo deshacerse las cosas.
Cada persona no deja de ser un sueño,
una raíz que apenas sabe donde se alimenta
pero que sigue detrás de una señal,
una estela invisible que le marca el corazón.

Hay hojas traídas por el viento en los rincones de las plazas,
son un anuncio para mañana
de nubes blancas y de pájaros que cantan,
y sin embargo hay cierta cadencia de silencio
en medio de las calles,
un crecer de selva y soledad…

y es cierto, soy un hombre y su sombra
caminando inseguros entre mucha gente.



f.



Se abrió el caudal escarlata del anochecer









Se abrió el caudal escarlata del anochecer.
Que larga era la tarde cuando se posaba en el verano.
Traía esa harina oscura que enmarca el asombro,
un bullir de peces en la caliente orilla de una playa celeste.
Nuestros cuerpos se daban certeras caricias
que enarbolaban banderas de entrega,
suave condena la de amarnos cuando nadie nos esperaba.
Aquella lluvia de astros, el reflejo marino del universo,
el silencio roto por el abismo de una luna nueva,
tú y yo solos, sin palabras, cuando el tiempo
se hacía todavía del flujo del agua y de la arena.



f.





Pregunto sn esperar respuesta









Pregunto sn esperar respuesta.
Cada sílaba tiene su humedad profunda,
la certidumbre donde se oculta una sombra.
Exploro los signos de los caminos,
ciertas islas sin tiempo,
luces que parpadean en la noche,
verdades que nunca fueron mías
aunque en mis manos contuvieran su agua.
No hay márgenes que puedan señalar otro sendero.
Una silueta humana recorre mi corazón,
a veces tiene pasado
y sin saberlo yo da nombre a la pérdida.



f.



No nos deshace la noche por ser noche









No nos deshace la noche por ser noche
si acaso por esa otra noche que la habita,
un hilo de fuego que puede tener alas de ángel
o el silencio húmedo de murmullos de un bosque.
Nos queda abrir los ojos y contemplar la oscuridad,
y será como mirar dentro de tu miedo
mientras tu corazón pregunta angustiado,
una y otra vez, por el amanecer.


f.



Hay debajo de la piel otra piel que es un río










Hay debajo de la piel otra piel que es un río,
un bosque indefinido, habitado por desconocidos pájaros.
Cada sendero de la carne tiene su melodía,
marcas invisibles que señalan lo preciso,
y un cuerpo sabe de otro cuerpo
y anida en esos sitios
donde siempre espera la vida.


f.



No sostengo ninguna verdad









No sostengo ninguna verdad, solo este cuerpo de mimbre y agua que contempla la vida desde cualquier calle del mundo, todas en el fondo son iguales, todo es distancia, metros de silencio, cuerpos que en vano recorren la vida, el día a día buscando encontrar otros motivos, otras ausencias que partieron de tus manos cuando los viejos trenes de la noche eran lo que nos ayudaba a resistir el abatimiento.


f.



No sé dónde adquirí esta distancia








No sé dónde adquirí esta distancia, este deshacerme como un husillo de hilo negro en medio de la oscuridad. No sé por qué entre mis dedos queda el azul y el rojo impregnándome de todo lo que la vida rechaza como mío mientras sigue siendo corriente de aire, nube, cerro, surco de agua, rayo de luz, quejido en el viento, un lamento tras otro que me murmura.
Algo tan cierto como mi silencio, porque estas palabras son silencio, el azabache que saco al hurgar adentro, ciertos amuletos que debo dejar en este muro para que rompan los hechizos, para que me perdone el alba.
Yo quisiera que la argucia de un verso se hiciera isla en medio del atardecer, un archipiélago de sirenas y faros que en su morse natural nos dieran calma, pero no puedo, solo escribo para que salga a borbotones mi sangre, que se cautericen las heridas, que al mirarme no vea los despojos y que algo de lo que siento tenga la semilla de un rosal leñoso de montaña, que deje sus flores rojas aromatizar la primavera.


f.






sábado, 21 de julio de 2018

Escucho el réquiem de la noche







Escucho el réquiem de la noche, un sonido gutural de sombras y silencios. He abandonado el sueño y me he dejado llevar por la soledad de las avenidas, cuando nadie es nadie y solo se pronuncia el viento en las frondas de los árboles armados de hojas todavía por el largo y cálido verano.
De vez en cuando pasa un automóvil, se sostiene en algún portal un desnudo goteo de sensualidad o la irreverente melancolía de un borracho.
El cielo se ilumina una luna casi llena y los restos de una tormenta que se aleja dando tumbos por los cerros que sigue el contorno Norte de la ciudad. Soy tan solo un habitante más de estas horas sin nombre, recojo en soledad los simples trazos y estertores de la ciudad adormecida.



f.



viernes, 20 de julio de 2018

Me detengo en medio de una calle









Me detengo en medio de una calle
y es solo un poco de eternidad que se me escapa,
la sombra de un instante que tiene huella y silencio.
Contemplo las cosas sin reconocerlas,
aunque sé que son tan sencillas
como las preguntas que guardan dentro.
Hay noches que hurgan en mis palabras
y dejan marcas de cantero en ellas,
otras se diluyen en mis labios sin apenas pronunciarlas,
entonces cuesta acabar un verso
que no tenga el valor de la lluvia.
Me recorre la sangre unos gramos de muerte,
y afloran en mis manos
como hojas secas con su tiempo tasado.
Es cierto que todo me conmueve,
pero en medio de esas noches
apenas soy un poco de vida
esperando el amanecer.



f.



Vuelco la razón de los verbos








Vuelco la razón de los verbos,
mis sílabas adquieren vértigo y altura,
ganan fuerza en el cuerpo a cuerpo
y desnudan las noches
para que susurrando
se escuche muy lejos
la voz de los abismos.


f.



No sé de qué materia están hechas las palabras








No sé de qué materia están hechas las palabras.
Sé que crecen lentamente como un árbol milenario,
que van ahondando en las raíces
y en círculos concéntricos se ensanchan,
haciendo de ellas un mundo propio
donde se ejercitan las emociones humanas.


f.



jueves, 19 de julio de 2018

Caigo de bruces sobre el mundo,











Estoy vivo en la noche

Pere Gimferrer



Caigo de bruces sobre el mundo,
su silencio es una herida que no cura.
Voy a derramar las últimas lágrimas en la oscuridad
mientras escucho los pasos de las horas,
la ausencia, la distancia medida en el vuelo de los pájaros.

Cada palabra busca su envés,
su hondura, su larga vereda de murmullos.
En el cristal, con mis dedos, dibujo aves,
barcos en el viento, nubes del color de la bruma...
tú no sabes distinguir en mi sonrisa el color de la noche,
no es negro azabache,
ni azulado como el vértigo de tu deseo,
sí que tiene la ofrenda de todo lo que sueñas,
en los bordes de tus ojos, mirando al horizonte,
siempre descubres en el espejo de tu mirada
ese color intenso e indefinido que tiene la soledad.



f.




miércoles, 18 de julio de 2018

Un hombre puede ser también lo que no es








Un hombre puede ser también lo que no es,
el vacío donde pudo estar,
las palabras que nunca dijo,
la vida que no ha vivido.
Tal vez somos la sombra,
la huella en el silencio,
todo lo que imaginamos...
porque lo que soñamos
ha pasado a ser la verdadera realidad.


f.



lunes, 16 de julio de 2018

De una senda que se abre en mi boca surge la palabra







"Esta espectral textura de la oscuridad, esta melodía en los huesos, este soplo de silencios diversos, este ir abajo por abajo, esta galería oscura, oscura, este hundirse sin hundirse. "

Alejandra Pizarnik



De una senda que se abre en mi boca surge la palabra: un pájaro que se hace estela en la distancia.
De esa noche tengo un ramillete de flores azules...y todas las preguntas que se caen de mis manos como redondos crisoles de candente hierro.
La oscuridad se deshace cuando cierro los párpados y escucho en el viento el grito del auriga llamándome con mi nombre para que me pierda en el bosque.
La distancia tiene todo el atardecer para matarme.


f.

domingo, 15 de julio de 2018

Me vence el púrpura







Me vence el púrpura, su veneno,
el afán de frontera de mi costado,
la tela de araña del silencio,
un murmullo inédito, cierta belleza del océano...

Me abruman las grisallas que hay detrás de la luz,
su dolor pausado, continuo, su voz inevitable,
son como las hélices del anochecer
que traen siempre veredas del invierno.

No me quedan más palabras,
solo poseo un viejo huso
donde se devanan mis emociones,
así, debo dejar constancia tanto del sonido del trueno
como de la ceguera que produce el amanecer.


f.



sábado, 14 de julio de 2018

Entre mis palabras quedan restos de caricias y marchitas rosas









Entre mis palabras quedan restos de caricias y marchitas rosas.
No es posible andar en la maleza y recordar todos los caminos.
Las grietas perduran,
el silencio deja huellas que no vuelan como los pájaros,
son surcos que nombran el laberinto.
La verdad no existe,
porque siempre le queda una duda a quien la conoce.
Quizás la poesía sea un reguero de luz y de sombras
aunque a veces solo tenga el valor de una lectura,
el de unos ojos que buscan más allá,
donde las palabras te guardan los secretos del corazón.


f.



viernes, 13 de julio de 2018

Abro los lamentos como una nueva biblia








Abro los lamentos como una nueva biblia que guarda misterios consumados. No tengo otro poder que crear desde la ausencia la sombra que sabe de las lágrimas. Un hombre llora y otro ríe, ese bagaje de poso tienes dentro y son como las rosas que has visto abrirse en tu jardín, trepando por el muro en su espinoso tallo...ahora el incendio ha quemado los rastrojos, parte del bosque hasta llegar al río...hay ese aroma que deja lo devastado por el fuego y yo contemplo todo resguardado en mi silencio...este lugar me recuerda ciertas noches de insomnio, cuando las horas se detienen y te hablan despacio al oído avisándote que va a ser larga la oscuridad del invierno.



f.



jueves, 12 de julio de 2018

Algunas palabras son del fuego








Algunas palabras son del fuego,
cantos abiertos en la noche con fondo de guitarra y humo,
otras huelen a incienso y al ruido de las velas al arder despacio.
Yo pronuncio en alto sílabas de luz
y mis hojas tiemblan al sentir el acero...
¿Has visto crecer la hiedra desde tu ventana?
¿Has escuchado al mirlo del amanecer pronunciar tu nombre?
¿Has sentido la primera nube, la primera ola,
la primera lágrima que han dejado caer por ti?
Nunca sé por dónde se cortaron los puentes,
por dónde pasaban los trenes de la lluvia,
qué hacer después de tener sangre en las manos
y una herida abierta en el costado...
Hay alumbre en mi boca y una melodía de otoño
que nunca me abandona...
pero es cierto que hoy es un día luminoso,
ha bajado el calor con el mover del viento
y el crepúsculo será largo
como todos los silencios que abundan en mi tierra.



f.



No dormíamos







No dormíamos.
Cogíamos las veredas del mar,
donde el océano labra sus promesas.
Viejas carreteras
llenas de arena donde desembarcar.
Árboles de sombra
que en la noche riñen con la luna.
¡Que gigantes eran las palabras
que llenaban su pecho!
El aguacero de la madrugada
nos traía lámparas amarillas
y escarcha de hielo en los labios.
Sonaba la sirena, los muelles desnudos
se sometían al pequeño vaivén del agua.
Echaba de menos la lluvia y sembraba de flores
el lecho de arena donde tiritábamos,
húmedos y solitarios,
con la única esperanza puesta en el otro.


f.



miércoles, 11 de julio de 2018

Luego fue verano









Luego fue verano, fue verano durante mucho tiempo,
duraban las horas largas de la tarde y amanecía muy temprano.
El tiempo se detenía cuando en el silencio del atardecer
huíamos del mundo, lejos, distantes del resto,
entregados a hablarnos muy cerca el uno del otro,
con un racimo de cosas que aguardaban pacientes
a que primero nuestros labios se reconciliaran.
Nunca el silencio se desgajaba de nosotros tomándonos distancia,
más bien era un cómplice, una lluvia azul que lo empapaba todo.



f.




martes, 10 de julio de 2018

No quisiera sentir este azogue de pérdida y de oscuridad









No quisiera sentir este azogue de pérdida y de oscuridad.
Hay un viento que me arrastra lejos sin reposo.
Escucho sus motivos forjando remolinos en mis pies.

Hoy los pájaros eran gaviotas,
traían en sus picos el sonido del mar
y en la madrugada sus voces resonaban en mi insomnio,
un presagio de un día derrumbado
como una vieja casa de adobe y piedra.

De nuevo siembro en el atardecer lirios...
algunas rosas se han quebrado
y sus pétalos rojos quedan en la tierra
prendiendo un devoto y silencioso desconsuelo.



f.



lunes, 9 de julio de 2018

Un hombre solo es un hombre









Un hombre solo es un hombre
aunque en su cuerpo lleve escrita una historia.
Alguien que te piensa te da vida
porque tú, sin quererlo,
vas dejando ausencia en todo lo que piensas.


f.



No sé cuánto es el valor de un beso







No sé cuánto es el valor de un beso, una caricia, una noche de amor, ciertas palabras que marcan un adiós, una música, un abrazo, el color de una tarde de verano, una luna llena, las lágrimas, un grito, una nevada, una sonrisa, una carta, unas rosas recién cortadas, la algarabía de una estación, los sueños, el canto de los pájaros, un verso que eriza, un cuadro, una ciudad, el nacimiento de un hijo, la última vez que viste a alguien...podéis poner tantas cosas como penséis... los seres humanos con este bagaje construimos la pequeña historia de nuestra vida y sin embargo, a veces, su valor intrínseco se nos diluye con el tiempo...dejamos que la monotonía y que el olvido nos vaya minando.


f.



domingo, 8 de julio de 2018

Debo hablar de Dios y no sé









Debo hablar de Dios y no sé,
porque Dios tiene su calma y su sueño
y todas las palabras que yo diga
en el fondo se sostienen por Él.
Por eso, cualquier cosa que nombre,
tiene algo de Dios en sus sílabas,
sea un clavo, un cuchillo, un abrigo,
una escalera, una ventana, una rama de olivo.
Todo se sostiene con sus hilos,
porque en el fondo, al nombrar estas cosas,
sin saberlo, hablamos de Dios.
Desde siempre,
el hombre se crea su propio miedo,
todo lo que hace después,
es buscar una excusa curativa,
un ente que le de sombra a sus espaldas,
que le marque el camino
para llegar a un lugar - inexistente -
al otro lado de su miedo.


f.


PD. Yo guardo mi pequeña moneda para Caronte.



jueves, 5 de julio de 2018

Sostengo el quehacer de los verbos








Sostengo el quehacer de los verbos mientras contemplo el mar.
Sé que todo tiene un plazo, un grado de derrota en las sílabas,
que yo soy débil e incapaz de vencer mis propias traiciones.
Ahora mi silencio suena quebrado en la armonía de las olas...
en el dolor de las mareas.


f.



Las últimas promesas









Las últimas promesas. la verdad de la noche, la urdimbre de los dedos, la voraz oscuridad, la perdición, el lado fecundo del vértigo, la caída, el derramarte en luz y en niebla, el canto de un pájaro enjaulado, el sentido del tacto, la ciega absolución, el café caliente, todo el quehacer devorador del tiempo, un silencio después del desvarío como los signos ilegibles de un pergamino donde han escrito el día y la hora en que hemos sido el fuego y el humo.



f.




miércoles, 4 de julio de 2018

Asolada tarde de arrabales







Asolada tarde de arrabales.
Cae la holgura sobre mi cuerpo cansado
por la mano ardiente del verano.
Hoy me contemplo
como una sombra que habita las calles.
Veo las rebajas en los escaparates
y noto mi reflejo en ellos,
donde todo está como yo:
vendido al cincuenta por ciento.



f.



martes, 3 de julio de 2018

No ha caído aún sobre el mundo la noche









No ha caído aún sobre el mundo la noche
pero hay entre nosotros un salto de agua,
una lluvia encendida,
el descender sobre el otro
empapados de oscuridad.

Las hélices del viento no nos nombran,
ni siquiera hemos dejado rastros en la nieve,
solo unas huellas del azogue,
lo púrpura del corazón,
lo confuso que brilla en la hierba mojada.

Esta besana de labriego
tiene tu cuerpo abierto a la luz
esperando el quehacer de las mareas,
el Gólgota que siempre trae la espera,
las cuentas de un rosario de murmullos.



f.



¿Dónde se encuentra la línea divisoria entre la lumbre y el fuego?










¿Dónde se encuentra la línea divisoria entre la lumbre y el fuego?
¿Qué haces cuando las palabras se erizan
como si fuera el agua de un lago arrumbada por el viento?
¿Qué te trae en sus rendijas la tibia costumbre de una caricia?
¿Qué se queda de ti, para siempre, en la boca que te besa?
¿Por qué los pájaros tienen en su mirada
la humedad de nuestras últimas lágrimas?
¿Qué nos guardan los silencios en su armario de sombras?
¡Qué puerta se abre o se cierra,
cada vez que en un verso aparecen ciertas palabras
que tienen el veneno de lo imposible?
Me enfrento ante esta cuchilla que corta mis venas,
me duelen tantas confusas preguntas,
la poesía ya no tiene bastante con sobrevivir al respirarme
y quiere deshacer celosa, una a una,
todas las demás opciones que me otorga la vida.


f.



Cabalgo bajo el signo inequívoco de la noche










Cabalgo bajo el signo inequívoco de la noche.
Soy un hombre,
quizás tan solo el gesto,
la sombra entre los árboles
me distingue de todo lo que se mueve
y deja su pasar en huellas tristes
sobre el suelo de tierra.

No he sembrado lunas en medio de la nieve,
solo he dejado que el invierno me tome en su costado amargo
y traspire en los salmos y en la caída incesante de la lluvia.

Escucho al silencio
como a un pájaro que huye,
el correr del viento,
el vaho prendido al corazón
de los viejos cristales de mi casa.

No hay amanecer, la luz de la lámpara ilumina
el tintineo de las cucharillas golpeando la loza,
esa verdad derramada en la oscuridad de los cafés
que tú buscas para derrumbarte,
una vez más, pensando en el pasado.

No temas, yo solo soy la parte amable de tu soledad,
hablo desde la distancia y no hurgo en esas calles empedradas
donde sueles esconderte para recordar
que los días pasan y que en tus noches de adviento
aceptas al frío como un nuevo elemento que te mantiene vivo.



f.



Me demoro en este epitafio










De ti no quedan más que estos fragmentos rotos...
J. Á. Valente



Me demoro en este epitafio.
Casi podría andar sobre esta bruma
y dejar marcas de ave
sobre lo angosto del duelo.

Peregrino a lugares tristes,
aunque sea el silencio y el canto de los pájaros
lo que anida entre los cipreses.

No creas que soy solo de barro,
en mí, todavía, se ejecuta a diario la vida.

He pregonado la urgencia del incendio,
la importancia de contemplar cada crepúsculo
como un salmo cromático,
luz desbordada y efímera,
que deja en nosotros
el poder de la desolación...
callad y respirad, esa es su máxima,
mientras llega la noche
tiznando con su oscuridad todo lo habitable.



f.



lunes, 2 de julio de 2018

Y florece la noche






Y florece la noche
con el último tañido de lumbre...
a veces, siento ese rojo moribundo
como si algo de mí fuera muriendo.


f.



domingo, 1 de julio de 2018

Vengo despacio huyendo de la noche







Vengo despacio huyendo de la noche.
Traigo entre mis dedos,
tiznadas mis manos,
la luz del azafrán.


f.



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