La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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lunes, 24 de abril de 2017

Hay muelles sin palabras








Hay muelles sin palabras:
tu boca, tu mirada,
la certeza de tus pasos,
ese certero centro de mi deseo.



f.


Ahora derramaros en palabras








Ahora derramaros en palabras, abriros a la noche como los jazmines dejan saber de ellos en la oscuridad...¡que tenue es la luz que vive en la sombra! ¡que veraz es el silencio cuando arde en los labios!...frecuento la abundancia de los verbos y el devenir del aire, soy la solana silenciosa que guarda el calor del mediodía, la urdimbre de la luz y su estancia detrás de una ventana acristalada, una esquina donde gira el viento y te hace repensar en el otoño, la idea fecunda del barbecho, el cáliz donde el vino todavía tiene el aroma de la vieja madera...un trozo de olivo cortado con el hacha que sucumbe lentamente ante el poder del fuego...




f. 



 



La noche cubre con su lumbre la oscuridad









La noche cubre con su lumbre la oscuridad.
No hay rastros del mimbre,
no hay rastros del acoso,
solo un deshacer de gajos,
la holgura del frío en el quehacer del silencio,
la costumbre de recogernos como estigmas,
el valor del símbolo del agua,
la urdimbre veladora, su trenza de luces,
el instante que tiene la humedad en las caracolas,
las calcinadas raíces de la araucaria,
el hacha delatora y su herrumbre de bronce,
el sueño, que con sus pies alados persigue el hielo.




f.







He cerrado los ojos un instante









He cerrado los ojos un instante.
El viento azota con voz de mimbre. Hay acero entre las olas encrespadas
mientras el vértigo
trae su pendiente de lunas,
un deshacernos de arena y lumbre.
Hoy te quiero pedir solo silencio,
perdernos en el bosque,
fundirnos
derrumbados sobre la tierra,
y mirar detrás de la sombra,
contemplar sin descanso
arder el mar.




f.



domingo, 23 de abril de 2017

Semana dedicada a Carmen Hernández Rey en Crepusculario
















No tiene regazo la noche









No tiene regazo la noche,
solo es una sombra desmadejada sobre las cosas.
Protegerla es fácil
estando junto a mí,
insomne vigilante de su sueño,
mientras esparce el aroma de su cuerpo,
semilla fértil que me acalla
entre el ir y venir de las mareas.
No quiero que despierte,
no quiero que esta noche desabrigada de palabras
tenga un brusco amanecer...
veo en su silueta un largo trecho recorrido por la luna,
la verdad que en soledad se me revela:
el amor y el deseo me devoran
con sus pautas, sus símbolos
y la cadencia inaprensible de tenerla.




f.







Frecuento ese lado cálido









Frecuento ese lado cálido que deja en el viento un cuerpo, una costumbre de aire, de huellas, de vuelo de pájaros...el aguardiente que trae el silencio envolviendo la luz...



f.




Alargo la mano. Cierro los ojos.







Alargo la mano. Cierro los ojos.
Siento en mi piel la brisa húmeda.
El mar es una costumbre,
un deseo inequívoco.
Certera soledad la que me da sus brazos.
Me acoge como solo él puede hacerlo,
aquí, perdido en medio de la mañana.
Contemplo el bosque de coníferas,
escucho de fondo la algarabía de las gaviotas
buscando incansables el horizonte,
mientras, sinuosa,
la senda de espuma
rompe siempre sobre mis pies.
Desde que el tiempo es tiempo,
el mar hace en la eternidad de la playa
algo parecido al respirar de un corazón.




f.




Sílaba a sílaba te desnudo









Sílaba a sílaba te desnudo,
golpea tu corazón un océano rebelde.
Me dejo caer entre tus pechos.
Lamo del pecado la estructura perfecta de tu cuerpo,
la senda precisa de mi llegada deja lumbre, brasas,
buscando el ardiente calvario de tu vientre.




f.






Acaso este fondo de armario








Tal vez alguien pueda compartir la soledad
pero nadie podrá nunca explicarla.

R. Juarroz


Acaso este fondo de armario
donde conservo las cosas imprecisas,
todas las cosas que me duelen y no sé explicar
tengan su línea azul quebrada,
sean en realidad mis fantasmas,
las grietas de la oscuridad,
lo que siempre da miedo mirar de frente.

Respiro contemplando mi rostro en los charcos de las calles,
busco lo que no puedo describir con las palabras,
lo inquieto que se remueve en mis pupilas
como si todavía hubiera un tiempo de espera
cuando al fondo del agua
siempre queda el recuerdo del barro,
todo lo que determina tu vida
y que quieras o no
se ha de hacer invisible
para los demás.



f.




sábado, 22 de abril de 2017

Hoy soy de la lluvia









Hoy soy de la lluvia, de aquella que traen los monzones y lo inunda todo,
de la que te persigue hasta ahogar cada palabra en medio de un río profundo, que sin márgenes visibles te rodea la vida. Solo soy de la lluvia, la que cae desde la lejanía del horizonte hasta el otro extremo de la Tierra, y me va empapando por dentro con su laborioso tejer de soledad y silencio.



f.







Soy el movimiento de las sombras







Soy el movimiento de las sombras,
el silencio frente a la luz,
el dolor de la espera,
el beso con los ojos cerrados,
el escalofrío en la espalda...
lo que anuncia los surcos de las manos:
el verbo que trae el Adviento.




f.





Fotografía de Elena Sariñena




Desármame de nuevo










Desármame de nuevo.
Cruza en el pliego soberano de la luz
y cubre de esteras amarillas la cama,
el túmulo de amapolas y surcos de gravilla.
Sé la dueña de la estancia de las horas pérdidas.
Ahora un silencio de alondras vuela entre nosotros,
la humedad de todos los rincones
tiene el aroma de tu cuerpo,
soy tan solo el vencido
cuando tu reinas y la noche se deshace.




f.





Para todo lo que poseemos hay una quera,







Para todo lo que poseemos hay una quera, un descender despacio en la noche a nosotros mismos, engrosar la argamasa de un viejo muro, cavar una zanja donde reposamos, saber de ese hundimiento de todos los sueños…toda la verdad que la desolación sabe dejar al lado mismo del corazón.




f.




Anda con sus menudos pies descalzos sobre la tarima






Anda con sus menudos pies descalzos sobre la tarima.
Deja el breve instante de lo impreciso colgado de mis ojos,
un hueco de sombra y luz, la tibia sensación de su peso.
Los pájaros siempre tienen sus alas preparadas para una nueva caída.



f.




viernes, 21 de abril de 2017

He venido despacio como la primavera se desliza en abril









He venido despacio como la primavera se desliza en abril,
pero no tengo en mi cuerpo el aroma del romero,
ni flores silvestres que recuerden la salvia
o a la roja llamada de las amapolas
que crecen sin medida en las cunetas.
Soy todavía una mirada, un silencio habitado,
mientras un extremo impreciso del invierno me recorre
y se decanta en mis venas como una fría llamada del pasado.
Perduro en ti, porque mis palabras caminan solas por tu anatomía...
ellas saben de ti, lo que sin decirles adivinan cuando gimes mi nombre.




f.




Me siento en el suelo





Me siento en el suelo. Apago la luz.
Noto en el aire la brisa fresca de la noche y miro en la autopista lejana como van y vienen itinerantes las vidas de los que viajan en los automóviles a la velocidad media de ciento veinte kilómetros por hora.
No sé por qué me ha dado una punzada, un golpe de mar hacia adentro, hacia una sima oscura, un salto de agua que me ahoga…
Debe ser en parte la soledad nocturna o esta humedad que sigue trayendo las primeras noches de la primavera cuando el insomnio y yo jugamos una nueva partida.





f.



Hablaba de todo lo que me traía el otoño









Hablaba de todo lo que me traía el otoño,
la lluvia como un quehacer de voces y silencios.
Una humedad que siempre me conmueve
cuando miro al vértigo gris del horizonte.
Así y todo era feliz perdido entre las callejas y plazas de Venecia.
No es lo mismo esta ciudad de laberintos con la lluvia,
te recoge en sus tortuosos caminos de puentes y canales,
un triste silencio de palacios solitarios, dignos ante su decadencia,
donde la herrumbre y la humedad va vaciándolos para solaz de gatos y basura.
Sé que siempre he de volver para morir en Venecia
y en sus "campos" abiertos al cielo
anda todavía la larga espera de mi vuelta.




f.




Cabe en la lentitud de la tarde un cuerpo en las manos










Cabe en la lentitud de la tarde un cuerpo en las manos.
Un abrazo de barro sobre el barro,
de lluvia sobre la tierra mojada.

El aroma de un cuerpo
puede traer el caolín,
la piedra quebrada,
el sílex tallado por invisibles dedos
sobre el crecer armonioso de los girasoles.

Volver sobre el mar,
el caer de las horas,
la voraz ansia del silencio,
los pájaros en el cruce de la noche...
sabed que siempre hay detrás de la sombra
unos gramos más de insospechado destino.





f.




IXº










El valor de una despedida se queda en el poso del tiempo.

¿Cuánto dolor cabe en ese instante?

¿Cuántas veces vamos a rememorar ese último momento?

La urgencia del momento en un andén o en un aeropuerto

no la tiene cuando es por ejemplo en un café,

donde todavía hay un trecho para preguntarnos,

sin ambages ni artificios, él uno al otro por el mañana.




f.




Escribiré









Escribiré sobre tu espalda mi bitácora de viajes.
En tus pechos dibujaré una senda para mi boca.
Tu vientre será un rincón de luz y de tormenta...




f.



jueves, 20 de abril de 2017

Siento el esfuerzo de los álamos








Siento el esfuerzo de los álamos
encendidos por la nieve
cayendo hacia el abismo,
tiznados por la noche
y abriendo sus copas a la naciente luz.
Escucho detrás de las palabras respirar al silencio,
me seduce la umbría imprecisa, su lluvia,
húmeda letanía que como una espada
clavada en las entrañas, mata,
hasta que el oscuro pájaro del amanecer,
de nuevo, abre la vida a mis ojos y canta.




f.




Te respiro








Te respiro.
Eres la noche y la humedad secreta.
Inabarcable
como el humo azulado de tus cigarrillos,
valoro en poco el precio que me cuestas,
y busco encimarme a tu espalda,
mordisquear tu nuca,
aferrarme a tu cuerpo,
anidar en ti
la branza de mi deseo.




f.




Circulan despacio por el recodo oculto de tu cuerpo










Circulan despacio por el recodo oculto de tu cuerpo
las gotas de sangre que tienes mías,
siente mi saliva cubriéndote
en su recorrido de silencio:
gimes con tu piel estremecida
al pronunciar mi nombre.



f.




Semejante a un sueño crece la hiedra desde abajo









Semejante a un sueño crece la hiedra desde abajo. Enraizada a la tierra se hace dueña de tus pies, tus muslos, tu senda de lumbre, tu vientre, tu pecho, tu cabeza… así y todo dudas de que ese quebrado tumulto de pájaros haya anidado en tu cuerpo… aunque tu corazón te hable quedo y murmure con voz gutural y de aguardiente las razones que te da ahora la hiedra para vivir.




f.





Arde el fuego sobre el fuego









Arde el fuego sobre el fuego
como la sombra se hace más sombra en sus horas de silencio.
Es del invierno la voz que clama,
el auriga que trae bajo su manto el aroma del incienso,
la señal elevada al cielo, lo gris y lo ebúrneo,
el acíbar que nos hace murmurar para adentro.
Llegamos solos del laberinto, sin nada entre las manos,
con las calles adormecidas por la fiebre
de una ciudad que se derrumba bajo la caída de la noche.
Suena voraz la campana, su votivo fértil,
mientras yo me remonto
a los viajes de la niñez en que me he perdido.
Horas de oscuridad entregadas al recuerdo
y al valor doble del sonido inequívoco del bronce.




f.



fotografía de Roberto Vivas




miércoles, 19 de abril de 2017

VIIIº








No sé dónde perdí aquel vuelo de pájaros.
Sentí junto a mi piel un frío desolador,
el verbo y su silencio,
la palabra quedó yerma al saberme solo
cuando uno a uno se deshicieron con la lluvia todos los mitos.



f.



No debo descifrarte








No debo descifrarte.
El azogue quema desde dentro.



f.




No encontré en sus manos el valor









Cuando llegó a casa ella prendió una cinta azul
al interior de mi chubasquero,
cerca de donde estaría el corazón.

L.Cohen




No encontré en sus manos el valor,
casi podía sentir el pálpito de un pájaro al acogerla
y secar su cuerpo con las mías después de la tormenta.
Desnuda, después de amarla,
cuando todavía nuestro aroma cubría las sábanas,
siempre me inquietó,
porque su belleza en esos momentos la iluminaba
y desbarataba todas las defensas de mi sarcasmo.
Tendía cintas azules sobre mi corazón
y cada silaba de mi nombre en su boca
era una nueva cadena
hilvanando mi incertidumbre a su cintura.




f.







Morir en la palabra







Morir en la palabra como lo hace la noche en el canto del mirlo...ahora que no somos nada, dos preguntas que se buscan entregadas a las mareas, dos voces que no reconocen el impulso del océano...ahora que todo lo que tenemos es el aroma que dejaron ciertas sílabas en la carne estremecida y el fragor de una batalla entre un ovillo de sábanas y gemidos.




f.




martes, 18 de abril de 2017

Cierro los ojos









Cierro los ojos y sin saber cómo
soy un muelle abandonado en mitad del océano,
un refugio entre las nieves,
una posada en medio del desierto.
Voy en la oscuridad, paso a paso, a ciegas,
con mis dedos toco la textura del mundo,
nunca sé de mí más allá del atardecer,
cuando susurro a la noche todas sus palabras prohibidas.




f.




De nada sirve abril encerrado en tus labios rotos









De nada sirve abril encerrado en tus labios rotos,
ni un poema de lluvia, ni ciertos pájaros,
cuando detrás de nosotros sigue cantando el viento.
Derramo el vino:
He llegado de lejos con la simiente del verano entre los dedos.
Sé del albedrío de tu cuerpo,
de esas pausas, de ese fuego
una tras otra he roto las líneas rojas
que marcan la urdimbre donde morimos.




f.






Solo es un poco más adentro donde se siente








El dolor siempre acude en singular

Chantal Maillard




Solo es un poco más adentro donde se siente.
Ya no es la piel que tiene sus marcas,
sus dedos, los que han bajado por su cuerpo
como sierpes reconociendo la selva
o el fragor de una boca sumida en el amparo de la noche,
mientras solo se escucha caer la lluvia
y el eco gutural de una marea.

El dolor tiene su propia senda en cada uno,
su estilete de lumbre.
Se hace de luces de neón que parpadean
y hélices que meten simientes de ortigas en la sangre.

Puedo distinguir cada latido,
saber de esas gotas que se abren paso
para irremediablemente derrumbarte
en medio de un próximo amanecer,
cuando ni tú ni yo sepamos dónde nos llevó el ocaso.



f.




lunes, 17 de abril de 2017

Trae el viento la noche








Trae el viento la noche,
certera en su lumbre,
y mis pasos
descienden lentamente,
desde las nubes,
en busca del bosque.
No voy a rehacer
cada huella de tu cuerpo,
ni mirar las islas que te habito,
esos recodos del corazón
que tienen el jeroglífico perfecto
donde mi anhelo sabe perderse.




f.







Vengo desde el fondo de la noche





Vengo desde el fondo de la noche,
esa maleza de lumbre
que tizna por dentro con su oscuridad.
Percibo una urdimbre en el viento,
me mata su silencio,
me conmueve su murmullo,
la branza que enarbola nombres y paisajes,
lo que trae mapas y bitácoras de viajes,
lo húmedo, lo sencillo, lo que suma...
Ahora en mitad de la nieve,las flores de abril se abren paso,
hay demasiada vida esperando.




f.




Alguna vez la mortalidad








Alguna vez la mortalidad
tuvo que ver con el amanecer y el crepúsculo.
Ese instante de respiración
en que apenas somos sombras que se iluminan
o diáfanas preguntas que se ocultan.

El filo de una navaja es la senda por donde siempre camina una emoción.

Ahora todo lo que el silencio nos ofrece es su simiente,
lo que va dejando la vida en las cunetas...
para unos es la cizaña de la Biblia,
para otros son rojas amapolas
que se enraízan sin saber por qué
en el lado más oculto del corazón.



f.

Después de la lluvia también vino la lluvia








Después de la lluvia también vino la lluvia,
incesante, como si fuera la borrasca perfecta
y el anticiclón de las Azores
se hubiera abandonado en el desierto.
Ese invierno tenía el hambre de los perros,
un silencio aullando en el viento,
los pájaros ausentes,
la agonía, como un abanico de sombras.




f.



VIIº










Me has de olvidar.

Será una noche

cuando al pasar tus manos

por las sábanas de la solitaria cama

no recuerdes por qué el frío es allí azul

y por qué en tu anhelo templado con el fuego

quedan una o dos rosas inundando el silencio.





f.















Vino la lluvia como una rama de olivo








Vino la lluvia como una rama de olivo
y se hizo dueña de mí cuerpo.
Ahogado por ella,
en la espera del atardecer,
deje de ser yo
y empapaba todas las palabras de humedad.




f.




Ahora, cuando ya no me preguntas por el dolor









Ahora, cuando ya no me preguntas por el dolor,
como si el tiempo fuera un río que se lleva todo
y no tuviera más márgenes
que las húmedas huellas de mis pies en el barro,
puedo hablarte desde el silencio,
el que trae con su arrebato
la última luz del día.
Puedo abrir mis manos,
y mirándote a los ojos,
darte mi última caricia.



f.




Nunca ha llegado la nieve a habitar mis venas.








Siempre que nieva es 1962..

(Luisa Miñana)



Nunca ha llegado la nieve a habitar mis venas.
Nunca he sentido sus huellas cruzando las veredas de mi espalda,
esas raíces de árbol que me unen a la tierra.
Nunca olvido el silencio de los copos al caer uno sobre el otro
e inundar las voces que me persiguen con su savia de silencio.
Duermo sobre un incendio donde un niño llora a sus muertos.
Tiemblo en la ventana junto a un pájaro solitario y vivo.
Hoy tu cuerpo tiene el dolor del tiempo,
la agría sensación de la urgencia,
aunque la esencia del olvido todavía no ha impregnado mi mirada,
y ni tú, encendida como una antorcha en mitad de la noche,
tengas para mí las palabras ahogadas que deja el invierno
cuando me buscas entre las orillas de tu deseo.




f.




Si sólo fuera la lluvia la que lo empapa todo









Si sólo fuera la lluvia la que lo empapa todo
sería sencillo cerrar los ojos
y que los dedos arrasarán los silencios,
pero es también el fuego interno que encierran las palabras,
las que te han de dar el mortal momento,
el fugaz instante de eternidad.




f.




Sin más signos que la herrumbre del silencio









Sin más signos que la herrumbre del silencio,
el breve sonido del viento sobre las cosas
y la luz quebrada entre las hojas de los árboles
hurgando entre las sombras,
pasa el mediodía...
parece que el tiempo se ausenta en nosotros,
queda prendido a las manos,
anda con nuestros pies,
palpita despacio en nuestro corazón...
nos empapa de su certera melancolía.




f.




Oigo la queja, el llanto,









Oigo la queja, el llanto,
la herrumbre de la tierra…
¿y qué puede hacer la noche
salvo condenarse a si misma?

Siento los pasos,
las huellas húmedas de la mortalidad…
¿Tú, te sientes mortal
o eres lo que queda de un día de lluvia?

Dímelo ahora,
cuando tengo savia en las manos,
y mi vida es solo una respiración diminuta
que sobrevive en el aire de la luz.




f.




domingo, 16 de abril de 2017

sábado, 15 de abril de 2017

El ritmo de las cosas necesita su propio corazón.









El ritmo de las cosas necesita su propio corazón.
Moverse lentamente como lo hace un tornillo
para aflojarse sin motivo aparente
e incluso soltarse de su sitio seguro
tras arduos días de incertidumbre
o dejarse llevar en un instante por el viento,
como lo hace una bolsa vacía
a la que remueven siempre hacia un imaginario remolino.



f.





Reboso de sombras











Reboso de sombras
como si cinco años de invierno
se abalanzaran sobre mi.
Escucho el viento,
las hojas de los álamos se inclinan ante él
y dan el envés plateado ante mi mirada silenciosa.
El río, el puente, un siglo de horas cayendo en cascada,
es la eternidad de un ángel moribundo
ahogándose en las aguas…
Siento en mi boca el sabor de sus alas.


f.







Entonces llegaron los pájaros









Entonces llegaron los pájaros,
se hizo el aire de la densidad blanca de la luz,
se recostó el silencio
dormido como el mármol en su tiempo de espera,
y el volumen de todas las cosas
caminó hacia mí.



f.




Deshago las sumas: lo inabarcable






Deshago las sumas: lo inabarcable.
Regalo todos los símbolos de la noche,
este crujir de las palabras
en los pergaminos de la oscuridad.
Morir?, preguntáis por el morir?
hay esferas azules inmersas en el silencio,
lunas rojas apenas perceptibles por el ojo humano
y este frío intenso como una lengua de hielo que quema,
que borra todos los caminos,
que solo deja un vacío,
el que abre las puertas del abismo.
Morir...,hay abiertas rosas con su fragancia,
el bosque tiene todavía la blanca calima del invierno
y siguen sonando campanas y tambores...
abril sigue siendo el mes más cruel y el más hermoso.



f.




Nunca tendremos el bálsamo del olvido







Nunca tendremos el bálsamo del olvido.
Se abre una grieta de sal sobre el amanecer
donde la garganta deja con calma su voz de aguardiente.

Tienes tus dedos manchados de mí
mientras sabes que te sostengo en el aire frente a las mareas
y sin embargo anudadas al viento respiro todas tus preguntas.

Hay algo en esta pequeña verdad
que he dejado sembrada en tu piel
y que sin tú querer te hace sucumbir.

Sabes cómo morir sin mí,
seguir viva sin parte de tu cuerpo,
porque aunque te he abierto en la noche como a una hogaza,
cierras los ojos ante esa línea roja de ternura y deseo
en la que sin querer,
tus huellas y las mías
dejaron para siempre un instante inolvidable.



f.



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