Fernando Sarría

La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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domingo, 19 de febrero de 2017

Semana dedicada a Josian Pastor en Crepusculario

















Urde la mano del viento









Urde la mano del viento un ulular de viejas trompetas.
He velado el quehacer de la lumbre en tu fuego nocturno.
No hay nubes en el cielo raso de la noche,
los astros hablan en el agua,
recorren su contorno de isla
y encienden la mirada oculta de los peces.
Ahora sé de ese mundo que en tu interior es una selva,
y de ese río, quebrado y rojo, rodeado de oscuridad,
donde siempre retumba tu corazón.





f.




Frente a la oscuridad de la noche






Frente a la oscuridad de la noche
la luz trajo tu cuerpo
al borde mismo de mi soledad,
un instante preciso en que recuperé tu forma...
Te habías llevado mi corazón a tu sueño
y la laboriosa magnitud de mi ternura,
mientras que yo, desalmado y vigilante de ti,
abría y cerraba las compuertas de la vida...
pidiendo silencio a los pájaros del amanecer
y como en el mar las olas y las mareas,
lo incesante de tu respiración.




f.





Resurgir desde lo oscuro








Resurgir desde lo oscuro con el dolor de los cristales rotos clavados en tus muñecas...ese hilo de luz que cae en gotas rojas al suelo y que descubres que es la línea que en la distancia tiene de ti los únicos mimbres que te sostienen.
No me sirve el perfume de la sangre, solo lo insólito del suicida mantiene lo perdido, raíles de lumbre y de silencio, noches cayendo al abismo, el sonido de las horas que te hacen descifrar los golpes, la voracidad de la serpiente.
No somos el agua, ni el viento en la tempestad, a veces, un pájaro brilla en el amanecer y su canto deshace las preguntas, porque te respondes tu mismo "¿y qué más da si todo es perecedero?" y tu silencio brilla en la primera hora, como lo que hace tibio un cuerpo a otro cuerpo con un roce mínimo pero certero.


f.




viernes, 17 de febrero de 2017

Recorro el azul








Recorro el azul,
una niebla tenue se hace de la piedra,
una humedad sin nombre que duele.
Tengo dos dedos en mitad de la boca: pido silencio.
Tras el atardecer las nubes se tiñen del color de la sangre.
Hay leones fuera que buscan mi cuerpo.
Solo escucho el canto de un pájaro.
Pido silencio.



f.




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