Fernando Sarría

La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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martes, 18 de septiembre de 2018

No hay un lugar seguro donde caer rendido








No hay un lugar seguro donde caer rendido, sin fuerzas, sin palabras, sin sonidos más allá de los que hace uno al respirar y el viento hurgando en las esquinas y en los árboles o el que produce el agua al pasar veloz por los ojos de un puente...Me alivia el sonido de las caracolas marinas cuando miro el horizonte. Vivo rodeado de tierras de arcilla y viento...son páramos con señales del tiempo...quizás son como yo, un muro de adobe y piedra con hendijas por donde la luz y las sombras dejan pasar su esencia.


f.



Desembalo el valor de la herida








Desembalo el valor de la herida.
Una caída más sobre mi mismo,
el ágora donde hundirme sobre la luz de la palabra.
No hay señales que equilibren el silencio,
si acaso lunas derramadas en el cielo...
la lluvia y el viaje de los pájaros.
Pueblo de preguntas indoloras mi cuerpo.
No me reconozco del todo en él
ahora que en cada lugar que habito
tengo un poco de mí ya muerto.
Caer sin más es la medida,
cuando nadie te va a responder
y eres tú el agua y la orilla,
un puente sin final,
la melodía que desde siempre
cantas en voz baja.


f.



Vuelvo despacio al invierno









Vuelvo despacio al invierno.
Gira el Norte con su sombra de auriga
y suena el galope inconfundible de los caballos blancos.
Que fácil es morir(se).
Dejarse ir llevado por un hilo de sangre sobre el mármol.
Mientras ellos pronuncian la palabra nieve
yo siento caer sobre mí la noche blanca.
Esfera de nosotros.
Cierro los ojos y veo otro mundo de pequeñas cosas.
Me cubre el aroma perpetuo del membrillo y la lavanda.
¿Soy un anciano con ropas de niño?...
Este caer no tiene límites
pero no hay más verdad que la oscura sombra de la nostalgia.


f.



lunes, 17 de septiembre de 2018

Vengo despacio







Vengo despacio, como si mis pasos no tuvieran sonido,
solo el quehacer del tiempo, la eternidad como tasa,
el silencio y la noche habitando mi vida.



f.




He reclinado la luz de la lámpara









He reclinado la luz de la lámpara para que en la sombra quede tu figura como una rama de árbol del pan, siendo luz evanescente en la oscuridad derramada por tu piel. Podría seguir mirándote la eternidad de todo el paquete de cigarrillos, beber a sorbos pequeños lo que queda de ginebra en la botella mientras en silencio guardas la esfera del mundo y siembras lunas cuando respiras...En estas horas de septiembre llega ya tarde el amanecer, la lumbre sigue en mí y en tu sueño. Yo navego en versos cortos de viajes por mar. Tú, seguramente me alzas en tus manos preguntándote que tengo para ti guardado para que sigas queriendo brotar en las sílabas de mis palabras más oscuras y a la vez más luminosas...pasa la noche...yo te guardo en tu sueño de esperarme.



f.



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