Fernando Sarría

La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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sábado, 25 de marzo de 2017

He recogido de tu falda todas las miradas







Algún testigo te ama
mientras atraviesas torpemente
las telarañas de mi durmiente espíritu.

L. Cohen





He recogido de tu falda todas las miradas,
ese aroma reconocible de escarcha y caliente lascivia
cuando te sueño entre las calles de mi soledad.
Te aprisiono los pechos,
apenas dos palomas que palpitan solas
a punto de volar al azul del amanecer
y lamo de cada detalle de tus pezones
la umbría y la oscuridad.
Me hundo en tus ingles,
escucho el sonido inconfundible de tu voz
llamándome de lejos,
desde ese mundo habitado por un pueblo de hombres solitarios.
Al fin puedo dormir con mi cabeza en tu vientre
mientras navego encendiendo las viejas bujías
que siempre me llevan al muelle donde descansa tu silencio.




f.




Queda la noche







Queda la noche,
la labor derrotada de las manos...
una, dos, varias promesas rotas
junto al corazón callado,
sin más bagaje que un árbol desnudo,
abandonado, con el recuerdo de un pájaro oscuro.
Queda la lumbre en el fuego,
los dedos tiznados del otro,
y una distancia en los labios
de muelles vacíos y caballos al galope.
Rotas las líneas, con la voracidad
que da el silencio de un bebedor solitario,
todos los márgenes se diluyen en la lluvia,
son papel mojado, y sentimos,
siento caer los cuchillos,
uno a uno sobre mí,
clavándose como la verdadera realidad de las sentencias.




f.




Soy demasiadas veces la distancia







Soy demasiadas veces la distancia,
un recorrido que desde una mirada
se llena de brisa y de silencio.
No sé si esta arenisca que me forma va a durar tanto
como para percibir el peso especifico de unos besos ciegos,
la tibieza caliente de una caricia intensa,
el color real que tiene la sangre cuando se da por otro,
el valor, que el sudor compartido entre dos cuerpos,
deja en las manos, en la piel, en el recuerdo.
Soy demasiadas veces distancia y tiempo...



f.




Es difícil sostener el silencio







Es difícil sostener el silencio,
su vaivén en el tiempo,
la rotura de amarras,
la huida que pregona sin retorno.
Tan certero como una mirada ante la noche
gira como el viento sobre nosotros,
mientras su ejercito de sombras
busca saciar su hambre inagotable,
hacer de ti otra dulce victoria.



f.



jueves, 23 de marzo de 2017

No hay verdad escondida en medio del amanecer







No hay verdad escondida en medio del amanecer.
He escuchado al viento como ha hecho enmudecer al mirlo.
Los árboles se han dejado, pacientes, zarandear por su ira.
He visto el mar, la mala mar, sus playas desiertas,
sus olas infatigables rotas en crestas blancas.
He sentido frío como si me mordiera de nuevo la nieve,
o me llamara la inconsciencia de morir entre las sílabas.
¡ohhh! siempre estoy en este punto de deshacerme,
de dejarme arrastrar por el paisaje...
siendo tan mortal como un pájaro
he sido a estas horas sin huella
la mirada perdida,
el paso intrascendente de un hombre solitario.



f.



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