Fernando Sarría

La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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martes, 16 de enero de 2018

No...









No existe el olvido...sólo la renuncia.


f.



Contemplo la línea del horizonte








Contemplo la línea del horizonte.
La distancia se hace una herida interminable.
No hay en el cielo ningún pájaro que sepa de la lluvia
mientras se estremecen con el frío las primeras flores.
Duerme la eternidad en el mármol,
el sueño del invierno tiene ese poso de desgaste
que antecede a todos los recuerdos.
Cada huella tiene una sombra con su melodía
y van viniendo con la tarde para escucharme cantarla.



f.



Duermo sobre el sueño








Duermo sobre el sueño
como una paloma de la noche zurea a la oscuridad,
embriagado por el aroma y el almizcle
que queda en la boca con la cadencia del deseo.

Ahora estoy solo en medio de la Tierra
mientras el mundo calla,
los planetas siguen en su viaje de misterio
y laboriosos los astros dejan sus ráfagas de luz
en ese mapa que llaman Universo.

Por nada siento un escalofrío,
cae sobre mí la mano latente del invierno,
su andar despacio, parsimonioso,
sobre cada una de las regiones habitadas de mi memoria.

Sé que traerá nieve al amanecer en sus nubes grises,
en su simulacro de día,
cuando todos guardemos un pulcro silencio
apenas roto por el débil murmullo
que dejan al caer los copos de nieve.



f.



Algo de muerte tiene siempre la espera











Algo de muerte tiene siempre la espera,
esa espera de parada de autobús o de sala de hospital.
Tranquila, el corazón apenas sabe distinguir
dónde o cuándo debe de pararse.
Solo es invierno y las palabras
tienen ceniza de la noche.
Este frío no mata
pero te hace mirar a lo lejos
cuando sabes bien que la distancia
es lo que se pierde en el horizonte.



f.



Quiero derrumbarme sobre el mundo










Quiero derrumbarme sobre el mundo.
Ser un pesado metal,
mercurio entregado a la lluvia,
y deshacer mi veneno en el agua de un río.
Quiero volver a tener alas de pájaro,
contemplar al hombre siendo un siervo,
al modo solo que lo ven sus dioses…
tan pequeño e insignificante
como son nuestros sueños.
Me urge una tormenta en el desierto,
cambiar la roja geografía de mi cuerpo,
ascender por una chimenea caliente
y ser el humo oscuro
que huele a leña de olivo
quemada por el fuego
y se deshace como un rumor,
una ligera sabara,
entre los verdes pinos de un bosque.
Quiero ser frío viento,
el que estremece en las noches
cuando el invierno severo
me agota y acierta como una bala
de pleno en mi corazón.



f.



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