Fernando Sarría

La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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sábado, 21 de julio de 2018

Escucho el réquiem de la noche







Escucho el réquiem de la noche, un sonido gutural de sombras y silencios. He abandonado el sueño y me he dejado llevar por la soledad de las avenidas, cuando nadie es nadie y solo se pronuncia el viento en las frondas de los árboles armados de hojas todavía por el largo y cálido verano.
De vez en cuando pasa un automóvil, se sostiene en algún portal un desnudo goteo de sensualidad o la irreverente melancolía de un borracho.
El cielo se ilumina una luna casi llena y los restos de una tormenta que se aleja dando tumbos por los cerros que sigue el contorno Norte de la ciudad. Soy tan solo un habitante más de estas horas sin nombre, recojo en soledad los simples trazos y estertores de la ciudad adormecida.



f.



viernes, 20 de julio de 2018

Me detengo en medio de una calle









Me detengo en medio de una calle
y es solo un poco de eternidad que se me escapa,
la sombra de un instante que tiene huella y silencio.
Contemplo las cosas sin reconocerlas,
aunque sé que son tan sencillas
como las preguntas que guardan dentro.
Hay noches que hurgan en mis palabras
y dejan marcas de cantero en ellas,
otras se diluyen en mis labios sin apenas pronunciarlas,
entonces cuesta acabar un verso
que no tenga el valor de la lluvia.
Me recorre la sangre unos gramos de muerte,
y afloran en mis manos
como hojas secas con su tiempo tasado.
Es cierto que todo me conmueve,
pero en medio de esas noches
apenas soy un poco de vida
esperando el amanecer.



f.



Vuelco la razón de los verbos








Vuelco la razón de los verbos,
mis sílabas adquieren vértigo y altura,
ganan fuerza en el cuerpo a cuerpo
y desnudan las noches
para que susurrando
se escuche muy lejos
la voz de los abismos.


f.



No sé de qué materia están hechas las palabras








No sé de qué materia están hechas las palabras.
Sé que crecen lentamente como un árbol milenario,
que van ahondando en las raíces
y en círculos concéntricos se ensanchan,
haciendo de ellas un mundo propio
donde se ejercitan las emociones humanas.


f.



jueves, 19 de julio de 2018

Caigo de bruces sobre el mundo,











Estoy vivo en la noche

Pere Gimferrer



Caigo de bruces sobre el mundo,
su silencio es una herida que no cura.
Voy a derramar las últimas lágrimas en la oscuridad
mientras escucho los pasos de las horas,
la ausencia, la distancia medida en el vuelo de los pájaros.

Cada palabra busca su envés,
su hondura, su larga vereda de murmullos.
En el cristal, con mis dedos, dibujo aves,
barcos en el viento, nubes del color de la bruma...
tú no sabes distinguir en mi sonrisa el color de la noche,
no es negro azabache,
ni azulado como el vértigo de tu deseo,
sí que tiene la ofrenda de todo lo que sueñas,
en los bordes de tus ojos, mirando al horizonte,
siempre descubres en el espejo de tu mirada
ese color intenso e indefinido que tiene la soledad.



f.




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