Fernando Sarría

La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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viernes, 23 de junio de 2017

Las luces en la noche arden alrededor de nosotros










Las luces en la noche arden alrededor de nosotros,
la lluvia de septiembre
se ha dejado media vida entre mis manos.
Todo parece azul detrás de las palabras,
se agrieta el tiempo cuando me contestas
y miras adelante, fijamente,
parece que tienes
en la oscuridad de la carretera
un extraño confidente,
alguien anónimo a quien confiarle tus secretos.
El mar solo se escucha cuando golpea las rocas,
respira entablando su decálogo de obviedades
mientras la sombra de los pinos
apenas deja ver lejanos barcos,
que tiritando en la penumbra
son como nosotros,
pequeños mundos navegando en soledad.




f.




En esta estancia de voces y de sombras









En esta estancia de voces y de sombras,
la soledad no es más que una de las verdades expuestas en los libros.
El anaquel donde se guardan las especias
tienen todo los silencios recogidos,
el almizcle de los sueños
y el sabor de cada durazno que se comió mi boca.
Casi he urdido un plan de suicidio,
el que trae la muerte entre unos muslos
como una cruel y deliciosa serpiente que me anilla a su victoria.
Casi he escrito diez o doce epitafios,
ninguno hace sombra a los árboles que me guardan
y son solo el humus hecho de sílabas y recuerdos.
Hay muelles vacíos, sin barcos,
andenes por los que dejaron de pasar expresos de la noche
y aeropuertos sin destino donde espera sin saber por qué mi juventud.
Tranquilos, escucho un sonido de campanas,
es todavía mediodía,
su tintineo no es a difunto,
llaman a alabar a un dios
que no sabe que tiene entre sus manos.
Un dios vacío como su esfuerzo de recogernos en un aprisco
mientras nos bendicen con su liturgia.




f.










Bajo el palio de la oscuridad nunca me redimo








Bajo el palio de la oscuridad nunca me redimo.

Un ángel llega a veces de noche a hablarme de los mares perdidos
como si fuera un pájaro marino que hubiera cruzado el océano.
Yo tiemblo entre sus manos,
queman a la vez que dan el frío existencial de lo puro.

Nunca me acostumbro a que se vaya
y sin embargo odio todo lo que deja,
porque me impregno de ese aroma extraño
que siempre deja la nostalgia.



f.




He perdido la unión de ciertas cosas...








He perdido la unión de ciertas cosas...
el quehacer de raíces profundas,
istmos, bosques, voces antiguas,
cantos de pájaros al amanecer
que me daban el reposo de la luz.
Tengo un hueco inundado,
un mar de tiempos de silencio,
un costado abierto, sin costuras,
por donde se escapa,
sin remedio, todo lo perdurable.




f.




Responderás despacio











Responderás despacio
pero seré el viento,
la brisa caliente que te meza.
Sentirás en la piel mis labios ebrios
dibujando canciones en la lluvia,
y un fuego de surcos
nacerá de mis dedos...
tu cuerpo, alzado del silencio,
crecerá como campo abonado de centeno.




f.




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