Fernando Sarría

La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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miércoles, 23 de agosto de 2017

Me pierdo en los muelles











Me pierdo en los muelles donde quedaron varadas mis palabras,
la branza que me ata al amanecer,
mientras mis manos guardan los verdaderos secretos de la noche,
la bitácora de un recorrido sin horas.



f.




Dejo mis huellas en el silencio









Dejo mis huellas en el silencio,
a veces son las alas de un pájaro en el aire,
otras los pasos húmedos y nocturnos del invierno.
Hay dulzura en mi boca cuando callo.
Renuevo mis sílabas con el alumbre del amanecer,
de dos en dos nombran el misterio,
solo entonces percibo un dolor intenso
y siento mi humanidad entregada a la carcoma...
tan mortal, tan cercana a ti y a la muerte.
Sé que la ciudad cabe en mis manos,
sus suburbios donde el neón apenas titila en la oscuridad.
Bajo mis sábanas blancas con grecas azules
guardo la arena de las playas,
la caída de los ángeles, los naufragios,
la virtud de seguir siendo la raíz de un cedro antiguo, milenario.



f.




La luz detrás de la luz














La luz detrás de la luz,
una sombra que ulula en el viento del mediodía.
Una caricia que prende en el aire
y trae a la piel la humedad del mar.
¡Qué recuerdos de su boca!
Sus labios dando el cáliz donde beber la sed.

Vendrá la tarde,
tendremos los peldaños de las horas,
un silencio envuelto en la marea...
el derrumbarse tras el otro.




f.




De nuevo el silencio llena el cáliz donde beben los bárbaros











De nuevo el silencio llena el cáliz donde beben los bárbaros.

Morirás entre las islas y el fluir del tiempo,
lo sabes me digo a mi mismo,
y cruzo mis manos desnudas
junto al quehacer de la vieja soledad.

Un ejército de sombras me murmura dentro,
raíces que sujetan mis pasos a la tierra,
lo sabes repito varias veces,
dándome valor en medio de la oscuridad,
mientras siento un escalofrío ahora,
cuando llega la noche.




f.




martes, 22 de agosto de 2017

Es el recuerdo un hilo blanco que teje el tiempo









Es el recuerdo un hilo blanco que teje el tiempo,
una extensión de tus manos hacia la noche,
aunque ni siquiera la sed, tu sed,
se alimenta de las gotas del amanecer.
Contemplo mis manos,
traen restos azules y lágrimas sin nombre,
todas las cosas que consumí en las sombras.
A veces no sirven las palabras
para deshacerse de la oscuridad,
ni puede el silencio
dejar más huellas en la maleza de tu vida.
Sumas y restas todas las pasiones,
en cada signo de debilidad
que logras identificar en ti puedes reconocerte
y saber donde te llevaron tus falsos pasos.
Ahora, después de mirarme dentro,
encuentro más complicado
describir la mera razón de la verdad.




f.




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