La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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jueves, 31 de mayo de 2018

De los presagios y de lo que no poseo hice un mundo









De los presagios y de lo que no poseo hice un mundo.
Viajo detrás de esos símbolos sin tiempo,
esas marcas de pasos en el agua,
las nubes rotas con rastros de pájaros,
la vocación del viento
de erizar las copas frondosas de los árboles,
de sentirme solo, como solos se sienten los caminos,
los inviernos que amanecen en la lluvia,
la sabara confusa que me abriga
cuando todo lo que queda, al final,
cabe en los surcos profundos de las manos.



f.




En el aeropuerto de Nuuk sólo existe el frío










En el aeropuerto de Nuuk sólo existe el frío,
un horizonte blanco donde reposar la mirada
y alguna silueta de oso paseando en la lejanía.
Es posible que en Groenlandia
el silencio sea parte del continente
y que tenga un perfil contenido,
duro pero sereno
aunque queme como todos los silencios de la Tierra.

En el adviento de las despedidas
podemos embarcarnos,
naufragar entre los abrazos que no nos daremos
y sabernos en esta soledad
que dan los aeropuertos
a los que nadie te viene a despedir,
o a los que llegas y sólo la luz de las farolas te espera,
recordándote que todavía es invierno en el hemisferio Norte.



f.




miércoles, 30 de mayo de 2018

Reconozco el hueso que enhebra los mimbres









Reconozco el hueso que enhebra los mimbres,
la punzada de hielo, la grieta donde nace el vértigo.
Soy la voz de una sombra,
la cadencia de cierta música,
sílabas que se desvanecen en el vaho,
la humedad que enmarca unas huellas.
Me persigue el humo de un incendio
con aroma a olivo o a cedro,
la esencia calcinada de una mirada,
la distancia de un verso o de un pájaro,
lo azul que queda en el silencio,
un dolor tan simple como tantos otros
que siguen habitando cualquier corazón humano.



f.




No sé qué me hace mirarme tan adentro











No sé qué me hace mirarme tan adentro.
Buscar qué es aquello que se esconde tras la noche.
Saber del silencio la palabra justa.
Ahondar en la ausencia
y en las lágrimas
para arrumbar mis manos a luz de mar.
No sé que arrastra desde la piel una caricia,
algo parecido a un trozo de una hogaza
que parte en dos un relámpago.
Me tiemblan las manos cuando escribo
y hablo de todos los que se han ido,
cuando solo quedan nombres sin frontera
o son lo que duele,
porque al encontrarnos por la calle
volvemos la mirada.
Soy tan solo la cadencia,
el pulso que me habita,
el que abandona la palabra
que se deja caer sobre la tierra.
De nuevo no hay más que caminos,
sendas que marcan otros pasos,
y sin embargo esa sensación que no vas solo,
que miras despacio el horizonte,
tiene un efecto de bálsamo en estas horas
pródigas en sombras y misterios.



f.



martes, 29 de mayo de 2018

Tintinea de luz la mañana







Tintinea de luz la mañana.
Siento un silencio que me respira.
Apenas salen de mí las palabras.
El aliento tiene un aroma oscuro a noche.
Soy parte de mi propio adviento,
la humilde sensación de lo que sueño,
lo árido envuelto por la sabara
cuando en las cimas del amanecer
todos los ángaros
han dejado solo su humo en el cielo.



f.


lunes, 28 de mayo de 2018

Un surco abierto en el silencio












Un surco abierto en el silencio.
La humedad relativa de la carne.
Una senda de agua azul.
El viento erizando las nubes...
Ser el sonido metálico de las drizas
cuando solo nos queda contemplar
el paso inexcusable de la vida.



f.



fotografía de Maria Holguera



domingo, 27 de mayo de 2018

No hay un orden que libere al caos









No hay un orden que libere al caos.

La palabra incertidumbre es arena esparcida al viento,
la siembra cegadora de todos los presagios,
una más de las pequeñas condenas que rodea al hombre.

Contemplo mi perecer, mi seguir muriendo en las horas...
la luz que impera retadora, la brisa que mueve las verdes hojas,
la risa de los niños, la risa, el llanto, los gritos,
una emoción de aromas y silencios...

Mirar a lo lejos, pero mirar solo eso,
allí donde lo azul es todavía lo intenso
y las nubes pasan, se alejan lentamente,
llevándose las palabras que dan sentido a la tarde.




f.




No he doblegado el acoso








No he doblegado el acoso,
este morir por dentro que deshace...
Giro en el viento de la noche,
soy una farola más de papel en medio de la oscuridad...
así surge el quehacer de la palabra,
fuego donde cada sílaba se forja
mientras uno es tan fugaz como la vida..


f.



sábado, 26 de mayo de 2018

Vengo de la luz










Vengo de la luz,
allí donde la rosa es terciopelo enrojecido por el atardecer.
Vivo en la oscuridad,
el quebranto de lágrimas son gotas de azabache
que traen en su alumbre el murmullo del fuego.

Ahora sé que no soy más que un hombre,
el villano de melodías perdidas,
soy parte del tiempo rebosado de la alberca...
Tengo sueño, un sueño de años,
hay humo azul en mi mirada
y mi palabra sabe del avance perpetuo de la serpiente...
acaso pronto solo sea algo oscuro en medio del desierto.



f.



Elijo los guarismos de la verdad: Respirar









Elijo los guarismos de la verdad: Respirar.
Cadencia de islas en el mar,
soledad tras soledad...

Faros, bosques, pájaros,
Un hombre detrás de la luz
se hunde en la oscuridad.

No se es naufrago de lo que apenas se conoce.


f.



viernes, 25 de mayo de 2018

París en mayo es fruto de bosques y silencios








París en mayo es fruto de bosques y silencios,
calles mojadas por la lluvia
y un tránsito de puentes y recuerdos.
Recorremos la ciudad en un delirio húmedo de labios
y sentimos del tiempo la deriva de la música,
el placer de los pequeños cafés en los bulevares,
un sendero de caricias en las manos
que resurgen en los márgenes del Sena.
Puedo esperarte en el amanecer
y resguardarte de nuevo.
Mis brazos serán la eternidad,
ese extremo de la fugacidad que quema,
un pedazo de tiempo donde apenas cambiamos
y nos sostenemos juntos en medio de la urbe
como piedras esculpidas para siempre.




f,





jueves, 24 de mayo de 2018

Solo este rincón del olvido









Solo este rincón del olvido
permanece abierto…
bajo un dintel de mármol
un corazón contempla el mar,
escucha las mareas
y sabe del invierno.
Ahora la soledad
cruza despacio
y se para frente a ti
mirándote en silencio.



f.



Gárgolas de noche









Gárgolas de noche

No tengo el lado del límite ante mí
y recorro la luz buscando su extremo ardiente...
tal vez tus ojos sepan de que hablo.
---

Callaron los pájaros. Se hizo la noche.
Me recorre un viento oscuro
susurrando enigmas y jeroglíficos.
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Pregona el viento un rumor de sombras...
la certeza se abalanza sobre la tarde,
lenta como lo hace la distancia entre nosotros.
---

Vuelvo a la nada, el espacio entre la palabra y el silencio.


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Deshace el viento las palabras,
queda la monotonía entre dos cuerpos
que contemplan en silencio el atardecer.
---

Detrás de ese fanal de luz
sigue la muerte oscura y en silencio,
trae una cifra inamovible para cada uno.



f.



miércoles, 23 de mayo de 2018

Casi todo tiene un precio









Casi todo tiene un precio.

Es así la vida...

siempre te da a cambio de lo que te quita.

Escucho en silencio

caer la tarde,

por la calle siento que se escapa

lentamente la luz,

mis ojos perciben la oscuridad.

Tengo la muerte echada al lado en una cama.

Espera medio adormilada.

Busco en sus ojos respuestas,

sé que no hay más remedio que esperar

el momento en que se la va a llevar.

Todo parece ya escrito.

Lo sé pero aún así duele mucho.

Su nombre aparece en su lista

y está a punto de tacharlo

mientras me contempla

desde la oscuridad de su mirada de azabache

y en su silencio proclama su poder mortal.




f.


Gárgolas de la noche









Gárgolas de la noche


Atravieso el silencio como un valle sin luz,
la noche sin descanso, el huir precipitado de los pájaros.


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Late mi corazón pero sé
que también tendré un caer despacio en la nada.

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Miro la otra orilla,
sembrada de bruma guarda mi otro yo,
apenas recuerdo cuando desapareció el último puente.

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Aunque sea palabra y me tienda al viento no puedo volar,
quizás deba aceptarlo hasta que vuelva a ser un pájaro,
disperso en el aire al ser humo.

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Me inunda el olvido, una parte de arena cubre mi corazón…
tal vez solo sea el valor de las palabras lo que me sostiene.

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Escucho los pájaros, el viento, me duele el paso del tiempo,
las nubes que pasan y se pierden en el horizonte…
tanto deshacerme en golpes y en silencio.

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La tarde guarda la espesura de la sed,
cierta decadencia que busca tu contorno
y se enmudece al recorrerte despacio.


f.



La nieve todavía está en el balcón










La nieve todavía está en el balcón. Mi mirada ha seguido perdida. El frío húmedo se quiebra en oleadas, en una niebla de hojas que se encienden. Abro toda la largura de mi brazo acogiendo esta bruma...
Así he sentido esta mañana el precipicio, la montaña y su silencio al fondo de mi mirada, contemplando las desapariciones, deshaciendo todo lo que se queda dentro cuando los trenes han partido y uno sueña con ser el niño que nunca jugaba más que con su propia muerte, la que dejaba enmarcada en cada instante sin saberlo...toda mi fragilidad me hace ser un libro, tengo en la piel certeros poemas de márgenes difusos, lecturas y vida, acaso el desamor de las noches en vela mientras fumaba esos cigarrillos sin filtro que me dejaban un reguero de luz en mitad de tanta oscuridad.
Mi corazón dice sí, mi corazón dice no, sístole y diástole de cada día. Enarbolo la respiración como un hilo de luz que me hace ser más libre, pero no penséis más...solo estoy dibujando en medio del sábado un nuevo unicornio, un mito que sepa deshacerse cuando no convenga que nadie lo vea.



f.



Soy presagio en tus manos...










Soy presagio en tus manos...
la verdad derrotada por la distancia,
un ramo de flores del campo cortadas por la mañana.
Casi podría cantarte despacio tu melodía,
junto a tu oído, cuando nadie sabe que existimos,
cuando el hilo de la luz mantiene sus ojos abiertos solo para los dos.
Sin embargo, esta vez he dejado caer la nieve sobre mi cuerpo exhausto.
Todo lo que poseo ha quedado en tus manos,
son esas cosas menudas que no arrastran nada
pero que mantienen vivas las pequeñas raíces de lo cotidiano.
Hay nubes de lluvia sobre mi cabeza,
la tarde se ha ensanchado en un juego meticuloso con el viento...
Miro a lo lejos, me contemplo reflejado en los cristales,
el tiempo sigue demorándose en mi corazón
como si fuera una presa en un río del bosque,
un trabajo perfecto de castores.




f.



Y en el vaivén de las cuerdas tensadas del violín









Todas las noches son la misma noche.

Eduardo García



Y en el vaivén de las cuerdas tensadas del violín
surge una música envolviendo la oscuridad.

En ese pasillo mis huellas cansadas dejan su humedad,
el letargo de los días, la umbría del anochecer.

Detrás de los signos crece el silencio,
como el eco de una quera insaciable.

Llego hasta el extremo de la nieve.
Se hacen mis manos de su frialdad,
mientras sostienen
unas flores blancas
que trae la primavera
con su aroma profundo.
y que aguantan estremecidas
por el último aliento del invierno,
casi parecen fluorescentes las azucenas de mi jardín
en esta noche vestida de intensa noche.



f.



martes, 22 de mayo de 2018

La longitud de la espera









La longitud de la espera
frente a las sílabas que en el viento
anuncia la noche y la soledad.


f.



lunes, 21 de mayo de 2018

Siempre acabo en la distancia










Siempre acabo en la distancia,
en la línea que marca el no retorno.
Sin puentes, sin muelles, sin andenes...
Me recojo en la música,
con su sonido me arrastra
por las estrechas carreteras de la costa.
Viajo prisionero de la lluvia,
como solo yo sé sentirme
en estos días plenos de efervescencia,
sujeto por las manos abiertas del silencio.
Fumo tranquilo, varado en un amplio remolino de viento
que murmura sílabas metálicas en las agujas de los pinos.
El mar es una hondonada gris azulada, oscura,
como todos los desiertos cuando anochece,
aunque este brama contra las rocas,
enfurecido por no saber respirar
su soledad en medio de la nada.
Sigo el orden previsto,
bebo la ginebra tibia,
contemplo el anochecer,
siento la vida latente esperando
como un animal que se complace en saberse triste.


f.




fotografía de Maria Holguera




No me derrumbo









No me derrumbo,
tan solo respiro en silencio
leyendo en el viento los últimos versos.

Llega la noche y tiene el aroma de la oscuridad.


f.



sábado, 19 de mayo de 2018

He sentido madurar la luz sobre la pared desnuda












He sentido madurar la luz sobre la pared desnuda.
Deshacerse el sonido imperceptible de mi respiración
mientras el vaho de la madrugada templaba el aire.
Mi cuerpo, desnudo,
temblaba como una hoja al viento del otoño.
Tal vez era el frío de la primavera
lo que todavía quedaba en mí
ante la ausencia de su cuerpo tibio...
la pérdida de todas las palabras,
el silencio armándose de nuevo
cuando me derrumba el amanecer.


f.




Es cierta la dura apariencia de la sombra








Es cierta la dura apariencia de la sombra

como siento mío el crujido inquebrantable del silencio...

Nada es nunca suficiente para dirimir esta batalla:

dos golpes, dos versos enfrentados a la sangre.

Suenan el batir de alas de las palomas,

la plaza queda vacía...

un hombre mira caer el sol

y se desnuda el alma

desbordado por el tiempo y por la lluvia.



f.


viernes, 18 de mayo de 2018

Desplazo la urgencia de las cosas










Desplazo la urgencia de las cosas.
Rehúyo mirar de lejos el abanico de las sombras.
Hoy estoy aquí,
me enfrento al lento deshacer de las palabras
y nombro con sílabas de selva,
uno a uno, los misterios que encierran mis manos.
Todo es tan pequeño como mi corazón,
un pájaro sin alas que sostiene con su breve canto
el jeroglífico de cada amanecer.



f.



jueves, 17 de mayo de 2018

Esperé al silencio









Esperé al silencio, su mirada cómplice,
para que el latido de la noche trajera solo su nombre.



f.




La flecha busca siempre la distancia










La flecha busca siempre la distancia,
el horizonte donde todavía es noche.
Las manos, mis manos,
presentes ante todas las desolaciones,
guardan unos hilos de inmortalidad.
Es larga la tarde como un suspiro sin retorno
y trae entre sus dedos la herrumbre de la voracidad.
No sujetan las sílabas los versos,
se vuelven agua en el agua,
la hondura herida dentro del silencio.
Lo previo a la costumbre es la raíz y el murmullo,
la calle donde siempre es otoño.
Ciertos aromas nos guardan la luz,
pasajes donde se crea la horma y pueden caber los recuerdos.




f.



miércoles, 16 de mayo de 2018

Delata el mundo lo que es una rosa: habla de ella









Mi corazón yacía como una rosa en el Támesis.

Pere Gimferrer



Delata el mundo lo que es una rosa: habla de ella.
Una rosa roja caída al agua
como un corazón perdido en la corriente.
La poesía se hace de imágenes
que se derraman sobre nuestros párpados,
metáforas que abren caminos en nuestra piel...
el rojo es un hilo que restaña la luz.
Estremecido contemplo en silencio el crepúsculo.
Cae la tarde con su manto de ternura gastado en mis pupilas.
La vida es solo un soplo, el vaho caliente del instante.
La muerte es el topacio que aguarda con sus manos abiertas
recoger nuestro corazón y apretarlo hasta que ya no lata.
Todo puede pasar ante la incertidumbre.



f.



El rojo color de la ausencia








El rojo color de la ausencia
no es del que se va...
es del que se queda.



f.



martes, 15 de mayo de 2018

Quizás de a entender










Quizás de a entender, que la redondez de mis manos
tiene que ver con sostener en ellas la vida y el mundo,
y que al parecer más que tibias, están calientes,
porque nunca se han helado con la nieve del invierno.
Todavía hay veces que nieva en primavera,
que el cielo no se deja sujetar por las palabras,
que puede ser que yo sea solo una huella,
la sombra de un gesto amable
o el fiel heredero de un silencio hostil y taciturno.
Tal vez nunca comprenderé
que mi vida no tiene más futuro
que los que da una estancia viajera y fugaz,
unos días perdidos en las viejas ciudades de Europa,
que mi memoria tiene esa parte de asombro,
de alegre y presuroso saldo, de recuerdo...
de cierta enfermiza nostalgia de lo ya vivido.


f.



lunes, 14 de mayo de 2018

De nada sirve volcarse en los silencios












De nada sirve volcarse en los silencios
cuando solo tú los sobrevives.
Hay una hilera de cipreses
que sostienen en su vuelo
los primeros pájaros de la mañana.
No nos vamos,
solo sujetamos una vela al viento
temprano del amanecer.
Luz de mayo y viento de febrero.
La nieve ardiendo todavía
en el costado izquierdo de la noche,
mientras nos creemos nuestros
y somos de otros
lo que nos deja calles vacías
y restos de una lluvia
de todo lo que siempre abandonamos.


f.



Detrás de las caracolas venía el mar









Detrás de las caracolas venía el mar,
un océano azul simiente de mareas.
Nunca he soportado ese vacío lleno de silencio
que se forja en el corazón
y fluye para escucharse
respirar despacio
recogiendo caracolas
como los restos habitados
por un naufragio.



f.



No son solo las manos








No son solo las manos, sus dedos, sus uñas, mis muñecas rotas...
No es solo el viento, el cierzo frío o la humedad del alba...
cierto sueño que en la noche trajina la lluvia,
ciertas sílabas que son parte de la ceniza y el humo.
Tal vez tenga demasiadas cosas dentro de mí,
un hondo pozo donde han caído disolviéndose en mi sangre,
y me habitan y recorren mi cuerpo en el insomnio,
son un ejercito transeúnte y cruel,
que busca mi corazón para anidar
y hacer en él, la última hoguera antes de acabar conmigo.


f.



domingo, 13 de mayo de 2018

Registro








Registro,
un día tras otro,
lo inacabado:
sigo siendo un fiel escribano.
Grabo mi voz en el viento
porque sé del vacío y sus lágrimas,
un lugar de muelles y barcos dormidos
donde las mareas dejan su humedad,
forman la sal que va deshaciendo los cuarteles de madera,
dibujando en la teka algo que nunca sé descifrar.
Vengo del silencio y escucho como suena despacio
el metal que arrumba mi pensamiento...
trae una melodía sin nombres,
solo se hace de urgencia
y golpe de drizas sobre los mástiles
tendidos a la incipiente oscuridad del cielo.



f.



A golpe de acero se hacen los surcos









A golpe de acero se hacen los surcos,
luego viene la nieve y respirar.

No hay mano que cubra la verdad
ni sepa tanto de la impaciencia humana.

Un hombre tras otro
ha desollado al animal totémico que asola su silencio...
ahora solo hay frases hechas, varas de medir,
renglones con nudos corredizos.

He vuelto a ser viento,
ese viento que anula las palabras y gime, solo gime.

Morir así, envuelto en la oscuridad, tiznado de ella,
escuchando la lluvia y el quehacer de las horas con sus arañas laboriosas.

Volveremos con la luz y el esquivo latido de una promesa.



f.



sábado, 12 de mayo de 2018

Escribo de la rémora de los días que nos engullen










Escribo de la rémora de los días que nos engullen
como estaciones abandonadas
que nos preceden en el tiempo,
mientras deshojamos los sueños abiertos en nuestras manos
y surge el silencio que se erige entre dos que se contemplan,
la araña azul que tiene en sus ojos nuestros recuerdos,
la lluvia que nos sobrevive como un lamento,
nos empapa de tristeza con su recodo de noviembre
y nos deshace con esa perenne melancolía
que habita en las palabras al nombrarnos...
un lento e inexorable relámpago que alumbra la noche
para maldecir con su veneno nuestro corazón desnudo.



f.




Y cruzo los puentes que traen la bruma










Y cruzo los puentes que traen la bruma,
escancio el alumbre, el acíbar ...las lágrimas de oscuridad
Sé que he perdido la batalla,
tengo un hilo de sangre en el costado,
el hombre que soy escribe en la arena su pasado,
surgen todos los nombres que nunca se ha de llevar el olvido.


f.



viernes, 11 de mayo de 2018

De todo deducimos la distancia










De todo deducimos la distancia,
el hilo de una palabra que se escapa,
la longitud exacta de una caricia,
el color oscuro de una mirada,
el resto de una tarde
como un pasillo abierto a los silencios.
Sé separar la humedad del viento,
la levedad de respirar sobre la noche,
resquebrajada vasija entre los dedos
cuando el corazón siembra luciérnagas,
las últimas y fugaces pavesas
que han de registrar un abandono.
La holgura tiene demasiadas hechuras de naufragio.



f.




La simiente sigue esperando la humedad...












La simiente sigue esperando la humedad...

He abierto las ventanas y la noche solo tenía murmullos
¿qué hace que el hombre en la oscuridad sea parte de un enigma?
Detrás de mí se sostiene un fuego.
Escribo en el aire nombres,
melodías que nunca me abandonan.

Vengo desde el mar y en tus costas
las rocas me sucumben.
En lo alto dos montañas con lumbre:
dos ángaros esperándome.



f.



miércoles, 9 de mayo de 2018

No abro los brazos










No abro los brazos.
No sonrío en este día de mayo.
Hay nubes de aguacero,
borrascas que trae el viento desde el Oeste
mientras esgrimo las palabras sin acentos,
el modo verbal en subjuntivo,
el pronombre más lejano a mis manos.
Callar y contemplar
es demostrar un estado de ánimo,
un paisaje interior que se diluye,
un río sin márgenes,
la voz como lluvia
en esos días sin lugares comunes,
viviendo en distancia,
donde todos somos otro,
uno que ya no suma
en el largo deshacer de la tarde.



f.



No hay más soledad








No hay más soledad
que la que esconden mis verbos
cuando son simiente de la noche.
Sombra de abandono por viejos raíles
que traen a mi boca
la herrumbre de todo lo muerto,
las huellas presentes de la devastación.


f.



martes, 8 de mayo de 2018

Aún así llegó la primavera









Aún así llegó la primavera, con su látigo desgrana la simiente de lo perecedero, lo fatuo de la fruta madura, lo que hace que tu cuerpo esté entregado a caer una y otra vez, y sin saberlo, al lado del morir, porque cada día va cayendo de ti una vida, esa pequeña muestra de la química que no sabe como hacer para en silencio rescatarte de tu mortalidad.



f.



Aprender a morir es aprender a amar










Aprender a morir es aprender a amar,
sacar de las raíces de tu tierra todas las palabras,
sílaba a sílaba,
dejar que la costumbre sea el tiempo
que acoplado a tu espalda te desangra,
que el silencio tenga el color violeta
y que en tus manos quepan desde los ecos de la noche
hasta la verdad de cada incertidumbre que te inunda.



f.



De un domingo...









De un domingo...

Cruzo las calles, los puentes, las avenidas desiertas habitadas por la lluvia. Vago entre los sonidos de las iglesias llamando al rezo, una tras otra como un viejo reloj de campanas de bronce suenan sus llamadas metálicas en el eco del viento con el tañido hueco de la borrasca.
Mido la longitud de las cruces, las cúpulas encendidas, el olor de las misas con el humo a incienso y los dedos húmedos del agua bendita...nunca acabas de salir de estos viejos templos con sus estatuas retorcidas por el martirio y los bajorrelieves de alabastro policromado que siguen el largo camino de un retablo hacia el calvario.
No escucho la voz que clama, su palabra gripada por los siglos, y de rodillas percibo la altura, los colores de las vestimentas de los sacerdotes en la liturgia...siempre me gustó verlos con el color de la penitencia entre la fastuosidad del pan de oro que relumbra en la oscuridad y en la tiniebla...y el coro indeterminado de cantores, entonces surge una fila de devotos que se forma para recibir su misterio y acabar tras rezos e hisopazos recibiendo las santas bendiciones...ahora surge la urgencia de ir a comprar, de ir al bar, de correr a casa a hacer la comida.
Diría que esta hora no es de este mundo, es simplemente un descanso en el descanso dominical, en la que creo, humildemente, que casi nadie sabe a qué va.



f.




Todo lo que valgo cabe en mis manos







Todo lo que valgo cabe en mis manos:
arena, agua, sal...
No puedo valer más que unas monedas de cobre,
el símbolo marcado de la pobreza
y mis palabras son sucias
cuando recorren los arrabales de las viejas ciudades
y se juntan pegajosas a mí
entre prostíbulos y cantinas
esperando que el amanecer las absuelva.
Pregono mi maldición,
escribo detrás de las puertas de los urinarios
las razones que determinan mi ira,
aunque los borrachos piensan que son jeroglíficos
y las putas cuentas atrasadas que les debo.
Que sencillo es a veces disolverse entre tanta gente
que solo intenta sobrevivir a la noche.



f.



lunes, 7 de mayo de 2018

Nunca tuvimos la urgencia de vencernos










Nunca tuvimos la urgencia de vencernos.
Caer sobre el otro
y no saber decir ni el nombre,
como si las palabras
tuvieran demasiado peso
para rumorearlas
entre tu cuerpo y el mío.


f.



Abierta la veda de la lluvia











Abierta la veda de la lluvia el día amanece entre nosotros como un verbo sin tacha. Sabemos todo del silencio, los golpes de su respiración, el quejido de los goznes de su paso...a veces un ángel, a veces el demonio...la espera siempre trae ese quehacer de hormigas sobre todo lo que deseamos.
Contemplo la lejanía, un desierto de luces y candelas inquietantes,
las copas de los árboles de mayo en su verde húmedo, el azul grisáceo del fondo, ciertas colinas de yeso, el olor inconfundible del amanecer sin pájaros cuando la brisa se descansa en ti y deja un amago de conversación que nunca empieza más que siendo un escalofrío...así empieza el día sin más palabras que las que dejan ciertos pronombres y sílabas que mejor no pronuncias por temor al fracaso.



f.



Quedan los versos como surcos en el agua







Quedan los versos como surcos en el agua,
una mano de viento en mitad de la arena,
la voz, su huella en la maleza,
el fuego, ardiendo en el aroma del bosque.
Ahora y siempre una luz cae desde el cielo
y el hombre la condensa,
la hace masa de centeno y levadura
para crecer en el instante...
para ser un pájaro, una alondra, un mirlo negro.



f.




Hay debajo de algunas cosas un guión escrito








Hay debajo de algunas cosas un guión escrito,
la longitud y la medida de los verbos
cuando caen al suelo
y casi muertos
se vuelven hojas secas o pétalos de lumbre;

la horma de madera de los zapatos,
que envueltos en sus cajas
sostienen el silencio y el abandono;

la mesa, con su hule de cuadros,
y los restos sin vergüenza
de migas de pan y vasos medio vacíos...

Yo he hundido mis manos en el barro,
el limo fresco donde el agua se remansa
y he sacado tiznados de oscuridad mis dedos.

Lo impreciso cabalga en nosotros,
hay una levadura nocturna
que a veces nos ahoga
y crece como el rumor
de una manada de caballos al galope
que sabes que va a pasar,
sin perdón, sobre ti.



f.



viernes, 4 de mayo de 2018

Hay algunas palabras que nos han abandonado










Hay algunas palabras que nos han abandonado,
sílabas que ya no sienten nuestras huellas,
el eco de nuestra voz,
el murmullo con que las nombramos,
el sístole y diástole de nuestro corazón.


f.

Me reconozco poco a poco en el amanecer...











Me reconozco poco a poco en el amanecer...mis huesos, mi piel, el boom boom de un corazón cansado. Toco la melodía de la luz, es una vieja canción que recorre en silencio cada extremo de mi mundo, pequeño mundo de un hombre simple e inseguro que solo sabe recoger el fruto de su incomprensión en uno o dos versos... quizás sea lo mejor de mí todo lo que no sé expresar, un deshecho de lo que mi razón obliga a desnudar, la anatomía de todas las pequeñas vicisitudes que arman el miedo de vivir... pero ese camino es todavía el que sigo recorriendo cada día.



f.




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