La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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miércoles, 19 de julio de 2017

Armados










Armados de silencio nos cubre la tormenta.



f.




Renombro las sílabas que matan









Renombro las sílabas que matan,
una voz interior que se anuda a la respiración.
No temo la algarada de los pájaros nocturnos,
una suave pendiente donde desnudos somos parte del pasado.
Hay una eternidad en la distancia,
golpes de mar y umbría de invierno.
Cada rincón nos guarda estremecido una tarde oscura,
el paso de un ángel silencioso que nos reserva su noche.




f.








Hay noches que guardan nombres en tu boca










Hay noches que guardan nombres en tu boca
y son raíces que se alimentan del corazón.
Desnudo y entregado todo tiene un valor simple,
eres sombra y luz de un cuerpo a otro cuerpo,
un lado de muerte y otro más oscuro pero de vida,
esa branza que te une a cierta tierra
y hace que seas un signo de árbol,
un cedro en soledad,
una nube inmóvil o un pájaro silencioso.
Todas tus preguntas hablan de ti,
de la holgura de los días, sus horas,
a veces rehechas con un quehacer de bosque,
otras con una inanición desesperada.
Hablan del movimiento de tus manos en la nieve,
del desorden preciso de los verbos
que ocultas en tu mirada,
la hiedra con que tamizas las grietas del tiempo,
y el jaque que te da de este vacío
en medio del mundo y la desolación,
y como una y otra vez,
te acerca un poco más
a ese instante preciso de la demolición.





f.








Respiro la lluvia mientras contemplo el gris horizonte











Respiro la lluvia mientras contemplo el gris horizonte.
No hay urgencia que dispare mi palabra,
solo tengo el pálpito, la caída silenciosa de un mundo,
mi devoción entre los dedos como la humedad que nunca se acaba.

Me encuentro en lo diminuto,
en cada esquina de mis múltiples muertes,
tengo un costado abierto a la noche
donde siempre penetra la oscuridad.
Caigo de nuevo, una y otra vez,
de bruces sobre la verdad
y me pierdo sin encontrar respuestas,
solo viento, solo humo, solo lluvia...

He descendido los peldaños desde cielo,
vuelvo con mis pasos sobre la agonía.
No temo, aunque sé que no hay más allá que este surco mío,
un regacho de sangre, la certera luz de un corazón
que sigue en cada verso dejándose la vida.




f.















Las seis de la mañana de un sábado







Las seis de la mañana de un sábado, una mujer se acaba de vestir y mira reflejada en el espejo la silueta desnuda que sigue en la cama.
Recoge sus cosas intentando hacer el menor ruido posible...pero él se despierta y le dice "¿Te vas?, ella asiente...él le pide un beso y le pregunta "¿Me llamarás?"
"Claro, corazón, te llamaré no lo dudes" le dice ella, mientras le besa suavemente los labios...
Al rato, ya en la calle, mientras intenta encontrar un taxi,
coge el teléfono móvil y da a borrar su número...




f.

















martes, 18 de julio de 2017

Llego a medir









Llego a medir la longitud de tu hondura
me hundo en el abismo de todo lo que hace callar al mundo...



f.




Hay estancias vacías donde reposa el mundo












Hay estancias vacías donde reposa el mundo.
Un pasillo de nombres en rojo que atesora el corazón.
Se yergue el humo de la vela,
el porvenir oscuro de la noche,
en esos alrededores donde se acalla el viento
revive la lumbre y el ángaro remoto donde sueño.
Llueve mansamente en las calles sin tiempo,
regreso del invierno y ella duerme.
La cama tiene restos del paso de planetas,
la humedad fecunda donde respira el océano.
No han venido los pájaros,
y el silencio tiene la hermosura de las deserciones.





f.





No hurgo













No hurgo en la herida de la noche: Soy la noche.




f.




Apenas salgo de una estancia donde culmina la noche















Ahora escribo pájaros

J. Cortázar



Apenas salgo de una estancia donde culmina la noche
cuando todas mis palabras se desnudan de mí
y traen nombres y sombras que se abren con sus alas.
Tengo islas donde habitarla y demorar ese instante de la ausencia,
la calma de un océano que escoge las calles
y que al cerrar los párpados me inunda, me ahoga, me deshace.
Sé de su boca sedienta y del armado vuelo de los pájaros.
En mis manos casi noto la frágil esencia de su cuerpo
y esa gota de sangre enlazada a las sílabas
ante la que me admiro al saber que es mía,
cuando al amanecer gira el viento a favor del sur
y la lluvia, sin otro propósito, desnuda todas las palabras.




f.












Las pocas cosas que sé tienen la importancia de lo simple...











Las pocas cosas que sé tienen la importancia de lo simple...
el dolor de una piedra,
la holgura interior de un árbol.
la densidad de una nube,
las huellas del silencio en el amanecer,
las calidez de las manos
que sostienen en el aire a los pájaros...
lo sencillo del mar, las montañas, los ríos.
Todo lo que contemplo y es ajeno al quehacer del ser humano.





f.









Mis labios ...













Mis labios te abren como a un libro de murmullos y gemidos.



f.











Admito mis carencias como algo definido









Admito mis carencias como algo definido,
ese lado de sombra que me hace ser más que débil, ocioso,
amar la incoherencia, perderme entre las nubes,
silbar, comer deprisa,
ser irascible y usar en demasía la burla y la ironía.
Entre otras muchas cosas
mi ego me asombra cada día,
aunque es verdad que he aprendido con el tiempo
a guardar en silencio parte de mis mentiras.
Aún así, hablar de mí, aunque sea mal,
no deja de ser un pequeño juego
para olvidarme de mi melancolía.




f.











Se nos iban despacio las tardes del verano










Se nos iban despacio las tardes del verano.
Sentados en los veladores,
debajo de los parasoles,
mirábamos partir los barcos pesqueros.
Lentamente abandonaban el puerto
dejando atrás un vacío inconfesable,
una triste sensación de desamparo
que también nos inundaba.
Junto al mar lo azul era lo preciso,
abarcaba los extremos del horizonte y del cielo
y se reflejaba en nuestros cuerpos
como un aceite invisible que todo lo impregnaba.
A esas horas
hablábamos de cosas intrascendentes
pero a la vez muy nuestras,
dejando preguntas en el aire,
mientras la complicidad nos relajaba,
con caricias y juegos de las manos,
suaves y diminutas expresiones de cariño
que nos erizaban como la brisa.
Subía entonces la marea
y el mar nos acallaba
rompiendo con fuerza,
frente a nosotros,
las olas en las rocas.




f.




lunes, 17 de julio de 2017

A veces se desprende de mí una sombra










A veces se desprende de mí una sombra,
un silencio de árbol y hojas al viento.
Se queda quieta,
esperando, contemplando, en silencio,
mientras me alejo
y siento adentro el desmán de la pérdida,
una brisa nocturna que me estremece,
cierta lejanía que pronto olvido,
como esas distancias entre tú y el mar
o con las ciudades que uno ama.
De la misma manera y sin saber por qué,
cuando al tiempo
vuelvo a pasar por algún sitio
de otro instante olvidado de mi vida,
cierta calle, cierto puente, cierta esquina…
como una gata mimosa,
se encima a mí la sombra que perdura.
Ronroneando en mi corazón
me cuenta despacio todo lo que perdí al irme.





f.





Yo ando por la línea de fuego








Yo ando por la línea de fuego, la hoja de acero del sí y del no, el lado oscuro del silencio.
Soy la huella húmeda que queda en la piel cuando te besa la noche…
alargo mis dedos y toco lo que el miedo ha dejado escrito en el vaho de los cristales del amanecer...
ese ungüento de alumbre que quema y que es el veneno de saberte solo en medio de la vida.




f.











Me traes tu aroma a lirios y distancia










Me traes tu aroma a lirios y distancia,
el que te cubre la piel como una gasa
mientras te hundes en el vacío de unos pasos perdidos,
y te estremeces en silencio buscando resquicios de luz,
ese lugar de reposo en que puedes descifrar los jeroglíficos,
los que te humedecen como la lluvia sin final,
el sitio donde tu cuerpo se entrega
para recoger del polvo
las huellas incesantes de tu paso por mis sílabas...
es entonces cuando ves el abismo como un viaje sin retorno,
perdida en una esquina de la tierra,
lejos del mar, rodeada de desiertos,
sabes que no hay más salida que la propia destrucción,
aunque ella, la vida, se toma su tiempo para deshacernos.





f.








Estoy renunciando a la palabra









Estoy renunciando a la palabra.

Miro lejos...siento la distancia,
contemplo como viene sin perdón
sobre mí la tormenta.

Yo callo, no digo nada,
todo es como abrir en canal un cordero y leer dentro...
quiero saber que guarda para siempre mi silencio.




f.








No hay lunas que te nombren








No hay lunas que te nombren
aunque en la oscuridad nocturna
todos los nombres tengan vestigios de sombra.
Los bosques se arman de luces antiguas
y cantan mirlos que nunca se ven.
Amanecerás sin mí,
sin estar entre mis brazos,
y serás azul junto a otros cuerpos,
con tanta luz en tus ojos
como silencio en tus labios.
Amanecerá,
pero no sabré dónde dejaste la noche.




f.








domingo, 16 de julio de 2017

Me reencuentro en el dolor










Me reencuentro en el dolor
y miro mis sajadas venas abiertas,
fluyendo con su hilillo de muerte.
Detrás de las palabras hay otras escondidas,
se desprenden de mí cayendo en cascada de sílabas silenciosas
como los últimos rayos de sol que difuminan una figura
antes de que la noche nos iguale en la nada.
Desprendo los verbos, algunos adjetivos,
cierta monotonía de los pronombres
y el verso es un cuenco vacío
que tiene el aroma de la distancia,
un lugar en los vientos,
un pie en el abismo
donde todos somos parte de lo anónimo,
diluyéndonos, lentamente, uno en el otro.




f.









Semana dedicada a Ibon Zubiela de Crepusculario



















Recobrar la luz










Recobrar la luz,
los pies descalzos andando entre cristales rotos…
pero recobrar la luz,
la parte olvidada por la sombra
en su incontenible avance hacia la nada.




f.




De un extremo a otro siempre hay soledad










De un extremo a otro siempre hay soledad.
Desde mis manos a las suyas, el abismo,
una mirada mirando a la otra,
una frontera de sílabas ardientes,
un esperar que la nieve nos cubra.
Desde mi soledad construyo un yo
que escribe nombres y signos
como nudos y pasos que dejan el eco y la huella,
ciertos deshechos de una obra inacabada.
A veces, cruzar las líneas y rendirte al enemigo
puede ser la única manera de vencer.




f.





En esos días no se fueron los pájaros








En esos días no se fueron los pájaros,
no había pájaros a las horas taciturnas de aquel invierno.
Sembrado de azules los copos de nieve
semejaban miradas de ángeles olvidadas en la tierra,
nubes derramadas,
lágrimas de lumbre en el amanecer.
Todo su silencio abrigaba un unicornio.
Los mirlos que abandonaron el bosque
traerían meses después
las pequeñas respuestas que ella buscaba.




f.




Hay una línea roja que cruzamos en medio del atardecer










Hay una línea roja que cruzamos en medio del atardecer.

Ardemos a ese lado del último rayo de la tarde y mi boca sabe todavía a la tuya...bebo de tus labios un trago de Blavod, sonríes voluptuosa mientras el wodka negro me quema la garganta y veo como te alejas deslizándote hacia la noche.




f.




Ella









Ella, mientras se ajustaba el liguero y se ponía el vestido, le decía:
"Lo bueno de este amor nuestro es que siempre me lo pagas al contado"




f.




A veces quedamos varados entre una noche y otra noche










A veces quedamos varados entre una noche y otra noche,
todo lo que poseemos es distancia,
el sonido imperturbable del bronce,
raíces y holgura entre la tierra y el hilo blanco de las nubes.

Vienen las sílabas sin verbos,
una tras otra las torres del cielo,
cierta lumbre, el ángaro impreciso de los sueños.

A veces somos un camino de cosas manidas,
el hule usado, la sombra de un quiosco, la quimera de un remolino.
Un montón de viejas fotografías, el amarillo de las cartas,
aquellas gomas que unían los secretos...

A veces, solo nos queda el aroma del pan tostado,
el café y el sonido de las cucharillas en la loza,
cuando la mañana tiene entre sus manos,
aprisionada, un poco más de tu vida.




f.




sábado, 15 de julio de 2017

Si no tuviera de ti más que ese momento












Si no tuviera de ti más que ese momento,
una línea cóncava entre dos puntos
donde lo fuiste todo:
un hilo de sangre caliente sobre mi vientre.
Y así como es la vida, despacio,
tuviera que acometer de nuevo la distancia,
rodearte con una bruma tibia donde depositar tu recuerdo
para tejer la urdimbre del olvido,
una habitación con persianas bajadas
en la umbría de una tarde.
Y así, de nuevo, volver a saber del nunca,
ese lado que guarda en silencio la balanza.
El amor y el desamor tienen dos caras,
dos miradas, una caricia abierta en medio de un surco de tierra
y una bala de plomo que puede atravesar un corazón.
Un ramillete de instantes iluminados, casi perfectos
y unos gramos de muerte con esas costumbres que deja el tiempo,
el humo de unos cigarrillos o el sabor de un buen Calvados.





f.













En estas sílabas que dejo sin rastro











En estas sílabas que dejo sin rastro
prescindo del hambre,
no voy a daros más voracidad
que la que os hace estremecer en el bosque...
no dejo más sed que la que agoniza en la tormenta,
certero aguacero que empapa la sangre de palabras.
Hay entre mis manos un aroma antiguo,
flores secas, hojas muertas,
caricias que sajan mis huellas,
las verdades que solo se sostienen en la noche,
cuando morir en silencio es más sencillo.





f.





Todo tu silencio











Todo tu silencio se alimenta de los latidos de mi corazón.




f.









Después de ocultar la luz y apagar los focos










Después de ocultar la luz y apagar los focos,
empaquetaré la sombra
con palabras tiznadas de silencio,
versos que abandonan la humedad del abismo.
Solo el miedo nos da la vuelta a las manos,
las rompe y deshace en vértigo,
forma columnas de humo
que se pierden en la oscuridad.
Sin flores, sin promesas,
solo con pájaros y nubes,
dejaré un camposanto de cruces anónimas,
un volver a existir desde la nada.
La norma será no regresar a la ternura,
la urgencia es la renuncia,
no templar la boca con otra boca
que busque como tú lo inconsciente,
el lado estremecido de tu otro yo.





f.





"No me obligues a pensar...










"No me obligues a pensar...
nunca sé exactamente por qué acabo viniendo".
le decía ella,
mientras se desnudaba
y se metía con él en la cama.




f.




Si todos estos cristales que llevo clavados ahora en las manos









Si todos estos cristales que llevo clavados ahora en las manos, tuvieran otro color que el de mi sangre oscura y roja, elegiría que fueran azules, de ese azul que sin saber por qué hay a veces en el atardecer, cuando el sol ya se ha ido y solo nos queda una brisa que remueve los cabellos y que estremece muy adentro...




f.




La holgura de la tarde trae canciones









La holgura de la tarde trae canciones, ciertas melodías en el viento tarareadas de lejos, en la distancia del tiempo y de otras horas y otras vidas...cómo se nos va escapando por las rendijas ese tiempo, esas vidas.




f.




viernes, 14 de julio de 2017

Mis manos no llegaron nunca tan lejos








Mis manos no llegaron nunca tan lejos
y sin embargo sentía arder el fuego
que hurgaba el horizonte.
Todo el verano lo cubría la sal,
en la piel era veneno y sangre en la boca.
Su cuerpo arrastraba luces en el atardecer,
sombras azuladas
que recorrían su espalda y me hacían palidecer.
Los astros enmudecían cuando ella era la noche,
y desnuda y en la caliente brisa
germinaba la esencia de la lumbre en sus labios,
la que calcina casi todas las palabras
y ahoga como una soga húmeda la respiración.
Era el paso del silencio en esas horas muertas
de humo y alcohol prendidas al amanecer,
cuando cada sílaba se derrumbaba como un latido
en la espera final de un corazón a punto de morir.





f.








Enlaza la humedad al silencio









Enlaza la humedad al silencio,
palpa en la grieta el sendero sin voz
y deshaz cada nudo en agua...
entre tus labios
se erige un misterio de lumbre y de gemidos.




f.





Cada día se esfuerza el cuerpo en olvidar











Cada día se esfuerza el cuerpo en olvidar.
Las cancelas dejan pasar la luz, el aire se espesa,
caemos en el uso indebido del otro
cuando como palomas nuestras manos zurean el deseo.
La sombra sube perezosa camino de la atalaya,
tendrá en la noche la urgencia definida,
mientras el sueño del otoño camina deprisa,
se mece en las nubes y se derrama en los cerros.
Tal vez no tengamos esperanza,
quizás las luces que nos llaman
siguen solo luciendo a lo lejos.




f.




Mi voz








Mi voz buscaba puentes en la niebla...

Nadie sabe lo que deja escrito un ahogado en el agua.




f.








Me demoro en la ausencia










Me demoro en la ausencia,
un lugar donde un pájaro vuela
y sus alas rasgan el silencio.
No hago nada premeditado
y sin embargo
todos mis actos tienen su costumbre,
una holgura de hojas secas y ecos de pisadas,
cierta puerta entreabierta de madera antigua y luz al fondo,
una calle estrecha de adoquines que empinada nunca acaba,
una melodía con que rasga en silencio un violín,
ciertas fotografías en blanco y negro y el sepia de la infancia,
varios versos dispersos, unas gotas de sangre,
la penumbra entre los árboles de un bosque.
No sé que es ya la poesía...
solo sé del abismo y de los granos de centeno


que en una mano, con mi puño cerrado, palpitan.





f.









jueves, 13 de julio de 2017

Frecuento este lugar del viento









Frecuento este lugar del viento.
La tarde se asemeja a una manada de leones dormidos.
Contemplo en silencio los extremos del mundo.
Ciertas palabras cubren el cielo
y hay distancia,
un hilo de plata que tiene su nombre.





f.










Me recreo en las sílabas que deja el tacto










Me recreo en las sílabas que deja el tacto.
Húmedas, las palabras tientan la tarde y su reguero de sombra
y enardecen el silencio con preguntas de bosque.
La tormenta traerá junto a la cumbre
el palpito y el ansia vencidos en las manos.

Nunca se sabe que hace devorar
con hambre y sed de atardecer
esta espesura de urgencias y de muerte,
que tiene el aroma de todo lo vivido,
y que trae a mis manos la umbría y el desasosiego,
la calcinada verdad que se respira.

Luego nos llega el aliento,
el vaho incisivo,
la holgura a los cuerpos,
un quehacer de abejas y de lumbre,
la dureza extrema
que rompe con espasmos de luz
todo lo que un vientre guarece
para derribarlo en campo de besanas y barbecho,
en campos de otoños y silencio.

Todas las mieses, todas las nieves,
el deshacerse juntos en un aguacero
en que cada palabra nos retumbe como un trueno.
En la que cada sílaba sea la última daga
que se clava en la tierra,
y erguida en el agua
nos de el grano del centeno entre los dedos.
Que nos recorra en la hondura, dándolo todo,
como una fuente en medio de las rocas,
ese lugar donde beber es matar la urgencia,
aunque siempre da más sed
beber entre montañas.




f.







Reboso de sombras











Reboso de sombras
como si cinco años de invierno
se abalanzaran sobre mi.
Escucho el viento,
las hojas de los álamos se inclinan ante él
y dan el envés plateado ante mi mirada silenciosa.
El río, el puente, un siglo de horas cayendo en cascada,
es la eternidad de un ángel moribundo
ahogándose en las aguas…
Siento en mi boca el sabor de sus alas.




f.











No duerme la noche cuando tus ojos la buscan











No duerme la noche cuando tus ojos la buscan,
no ceja el amanecer cuando las horas te delatan...
sembrada de huellas te recorre la vida.





f.




Jardin sur le toit









No sé cuál era su nombre,
ni siquiera sabía el mío
cuando crucé la noche oscura
mientras la lluvia era una tormenta
que resonaba con su eco en la distancia.
Las cosas se abandonan
como se abandona el verano en los crepúsculos,
y el amor, dulce como arándanos,
sabía a wisky de malta y besos llenos de glacé...
Cuesta siempre reconocerse al alba,
mirándote en los espejos del cielo,
escuchando la soledad de tus pasos por las calles vacías,
y llevando en tu ropa, junto al olor del tabaco,
el aroma del perfume de ella
como único recuerdo para nombrarla.




f.





Tendrás demasiado quehacer cuando me vaya










Tendrás demasiado quehacer cuando me vaya
juntando los pedazos de mis versos,
sílaba a sílaba, todos los que míos te han nombrado.




f.












Y ahora, después de todo










Y ahora, después de todo, como si nada tuviera más valor que la nostalgia, dejo que las palabras se anuden a mis manos, no haya voz, que mi boca no me sorprenda diciendo desde dentro lo que siento...mis manos cabalgan sobre el teclado pronunciando un discurso antiguo, ellas saben desdecir todo, desvirtuar lo que es a un tenue color rojo, dejar que la sangre sea solo un hilillo y no una arteria desbocada...quizás mi voz se mantenga al margen por el resto de los días.




f.








Detrás de la noche hay noche









Detrás de la noche hay noche,
el insomnio de ti
o ese verte ir despacio bajo la lluvia...




f.





Cómo no ser la noche dentro de la noche











Cómo no ser la noche dentro de la noche
cuando la luz se hace de nosotros y se hunde en la piel
buscando en cada poro un punto de apoyo,
un lugar habitado donde reencontrarse.
Cómo no abrir las manos
y templar cada esquina de esta holgura nuestra
que nos deshace en lluvia y en silencio.

Ha vuelto la palabra con su orden de camisa blanca,
la sombra tiene el color azulado de la calma…
tú sabes que nunca hemos construido una torre sobre la arena
pero ahora solo nos queda vivir este instante,
al borde del océano, entre marea y marea.





f.





Las luces en la noche arden alrededor de nosotros










Las luces en la noche arden alrededor de nosotros,
la lluvia de septiembre
se ha dejado media vida entre mis manos.
Todo parece azul detrás de las palabras,
se agrieta el tiempo cuando me contestas
y miras adelante, fijamente,
parece que tienes
en la oscuridad de la carretera
un extraño confidente,
alguien anónimo a quien confiarle tus secretos.
El mar solo se escucha cuando golpea las rocas,
respira entablando su decálogo de obviedades
mientras la sombra de los pinos
apenas deja ver lejanos barcos,
que tiritando en la penumbra
son como nosotros,
pequeños mundos navegando en soledad.




f.




Fotografía de María Holguera




miércoles, 12 de julio de 2017

Moriré despacio









Moriré despacio,

en esa estancia donde las palabras son del agua.

Golpes de mar o brisa nocturna,

la ausencia no deja de ser

una sombra encerrada en el tiempo.

Moriré despacio,

sin tocarle mis labios,

recordará que el tren era la noche,

una herida abierta hirviendo en el horizonte.

Moriré despacio,

el frío traerá la esencia del invierno

cuando en su espalda no sienta ya mis ojos

y solo quedé para su recuerdo el vuelo de algún pájaro.




f.




Llega la muerte desde dentro










Llega la muerte desde dentro,
abierto canal de luz y de humedad.
Arde el aroma en la urgencia de especias y de sal.
Desgrano los verbos con las manos,
con mis dedos rotos,
yemas como salterios encendidos.
Escucho el permeable quejido de la tierra,
raíces y humus que sé que traerán la lluvia y el otoño,
naufragio de olas y de espuma,
esas largas mareas de soledad.
La noche sabe desdecir todas las sílabas,
y en su silencio descreído
la muerte ejecuta lentamente sus pasos.





f.





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