La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

Contribuyentes

sábado, 31 de marzo de 2018

No hay más allá de este muro








No hay más allá de este muro.
Rodea tu mundo y sí,
puedes pintar de azul el hormigón pero es un muro,
dentro solo los cipreses y los pájaros encienden la tarde.

La distancia entre nosotros solo es distancia.
Unas sílabas han dejado su humedad entre las flores:
tapizan del color de tu cuerpo la senda de tu casa.

Una palabra ha querido ser humo,
ese humo negro que solo tiene un cuerpo cuando arde,
el aroma de la desolación, la cadencia del silencio.

Hoy en el viento se aleja la luz,
siento el golpe de un corazón de piedra,
el quehacer de un día en medio de la muerte.



f.



viernes, 30 de marzo de 2018

No emerge la luz de las tinieblas









No emerge la luz de las tinieblas,
solo es el envés de una hoja de acero.
En un lado se marca el tiempo,
los instantes que se llevan los días,
tu vida traída en los surcos.
En el otro, grabado a fuego,
cada una de la verdades ocultas,
las que sin tu saberlo,
te serán reveladas
cuando con el corte de su filo
llegues a su empuñadura.



f.



Hay demasiada lluvia cayendo dentro










Hay demasiada lluvia cayendo dentro.
Es una mancha de humedad que desnuda todo.
Hay demasiada lluvia y yo guardo silencio
mientras percibo como crece sin remedio sobre mi corazón cansado.


f.



Lo que nos une no tiene una ciudad sin nombre










Lo que nos une no tiene una ciudad sin nombre,
ni un bosque de coníferas,
ni siquiera la orilla izquierda de un río caudaloso.

Todo lo que contemplo tiene de ti lo que me falta,
y esa cadena sigue como un murmullo cadencioso,
una lluvia de infinitos instantes
en que sin esperarlo te echo de menos.


f.



jueves, 29 de marzo de 2018

Un hombre es otro hombre









Un hombre es otro hombre, su sombra,
la que arrastra jirones de vidas,
lo vivido y lo no vivido,
porque en lo que somos
no dejamos de tener raíces y miradas.
A lo lejos, siempre a lo lejos,
el bosque se hace azul
y roja la noche.
Tú sabes que voy hacia a ti,
y sin embargo sigues caminando a lo lejos.
Esta distancia no tiene más allá
de doscientas palabras que nos separan.



f.



Así he dejado los muelles vacíos










...cerrar los ojos pensando
si ha crecido la casa o es el mar que camina más cerca.

Sergio Rodríguez Saavedra


Así he dejado los muelles vacíos,
mis palabras como ramas caídas
después de la tormenta,
mientras el mar es la longitud de todo
y la costa murmura un nombre de mareas.

A pesar de todo soy hombre
de un desierto de tierra roja,
desangrada por el abandono,
donde todo tiene los signos
inequívocos de las desapariciones,
donde el clamor del silencio
es como un ángaro ardiendo
entre los que ya se fueron.

Yo también voy a marcharme,
cerraré los portones
y dejaré libres los pájaros...
mi jardín se sostendrá en mi memoria
y la sombra de mis muertos hablarán de mí...
tal vez ese jeroglífico de símbolos y misterio
quede como único hilo de unión
antes de que suba la marea
y arrase con todos mis recuerdos.



f.



miércoles, 28 de marzo de 2018

He escrito la letra de un réquiem










Y la última vez que la vi a ella
estaba viviendo con un chico
que le da a su alma una habitación vacía
y a su cuerpo alegría.


L.Cohen


He escrito la letra de un réquiem
sin nombrar a dios ni a ciertas plañideras.
Asumo que mi vida es un error.
La tuya tiene los mismos signos de decadencia
y, sin embargo, sabes bien que vale la pena
estar prendido a ella, gozarla al máximo,
ser peón de todos sus instantes.
Traigo recortes de periódico de cuando era alguien importante,
¿sabes?, amarillean ya las fotografías
y en ellas, me parece raro pero escasea tu figura.
Te veo cercana aunque, a la vez, muy lejos de mí.
Te escapas de mis manos ante una mirada inquisitiva
y evitas que ni siquiera rocen mis labios tu piel.
Es cierto que la cama es demasiado pequeña,
el cuarto no es la suite que esperabas,
aunque se vea el mar como te gusta
y puedas escuchar las olas en mitad de la noche.
Es verdad que el hotel ha perdido alguna estrella con el tiempo,
pero es el mismo sitio que siempre me nombras.
Tal vez ni tú ni yo sepamos bien quienes somos ahora.



f.




Habré muerto varias veces








Habré muerto varias veces
mientras tú tendrás las manos rotas de caídas.
No hay después,
solo el intervalo entre silencio y silencio,
un latido entre las sombras,
cierta luz, una palabra certera,
algo que solo sirve para respirar.


f.



Dejar la noche con sus trenes de lluvia








Dejar la noche con sus trenes de lluvia
y el dolor del adviento, lo prófugo, lo silencioso.
El hombre, quizás, sepa descifrar los signos,
la oscuridad como un susurro,
lo azul perenne de los astros
moviéndose en la eternidad de las horas…
Ahora, solo escucho el viento,
lo que tiene de simiente la luz herida
de una mortalidad conocida.



f.




martes, 27 de marzo de 2018

Tengo el quehacer de lo que no se habita










Tengo el quehacer de lo que no se habita.
La longitud mínima de una mano,
su caricia frágil
como un vendaval de arena.
Lo que no somos
se agrieta y pregunta,
es un pájaro que marca en su vuelo
un sendero de pérdidas…
lo que nunca seremos.


f.



Caer sobre la nieve y ser nieve










Caer sobre la nieve y ser nieve,
el ciego aguacero,
como un ángel que al partir
deja sus alas iluminando la oscuridad,
marcando con el rojo vaho de su respiración
las sábanas calientes y húmedas de la noche.


f.



La voz de un hombre tiene silencios










La voz de un hombre tiene silencios,
palabras heridas con matices y lugares propios.
No sabe la mano del que escribe
que hondura se esconde tras cada sílaba,
y sin embargo trenza con ellas
una urdimbre de amor, dolor o misterio.



f.




Es certera la espera










Es certera la espera,
contemplar el desierto o el mar
y murmurarnos en voz baja
mientras caen los astros del cielo
sobre nuestros ojos ciegos,
y no son ya estrellas fugaces como lágrimas
sino el resto del universo incendiado y moribundo.

Acontece que somos arena,
arena, limo de meandro y polvo de camino,
nada más incierto que esa realidad,
no somos más que un cuerpo sometido al vaivén del aire,
como una camisa blanca tendida en el alambre del viento
y sin saber por qué de este descenso al frío,
sentimos lo inagotable de sabernos invierno.

He escuchado crujir al olvido,
dolerme que somos agua y sed,
la vigilia y el adviento,
una vez acabada la mascarada
nos contemplamos
y sabemos de nuevo nuestros nombres de pila,
los ancestros, las raíces,
de silencio y hambre,
las palabras que durante años sostienen las lápidas
y el último aliento frente a los cipreses y sus pájaros...
nada más aprendemos que a morir,
desde pequeños
vamos aprendiendo el miedo
a esperar amanecer.



f.



lunes, 26 de marzo de 2018

Solo perdura el esfuerzo de encontrarnos









Solo perdura el esfuerzo de encontrarnos,
el caer de un hombre sobre el hombre,
la piedra quebrada sobre el jirón del viento.
Aire y condena.
Respirarnos.
Someter el tiempo al tiempo
mientras paso a paso
la sombra nos acaricia despacio,
como un silencio
deja su huella
sobre un cuerpo.


f.



Hay luz detrás de la luz









Hay luz detrás de la luz,
es una lluvia que empapa todo.
He dejado el aguacero inundando mis palabras,
sostienen la mortalidad de cada gesto,
un arrebol de incertidumbre,
la previa caída de la tarde sobre mis hombros,
la parte de humanidad que se prende en mis sílabas.
He escrito un poema que hablaba de la muerte:
versos rotos, barbitúricos, carne cortada con cuchillas,
un quehacer de tambores
que solo sostenían el aroma de las rosas.
¿Qué trae de nuevo la nieve en su regazo?
¿Qué son estos campos tiznados de la pureza ebria de sus copos?
Este frío sin hogar habita el corazón,
muchos somos hijos de la noche,
canta el frío a nuestras melodías tristes,
un vaho que nubla los cristales
y se enreda en las yemas de los dedos al dibujar en ellos,
un brote de honestidad que acalla de nuevo el canto de los pájaros.



f.



Andar sobre el filo de lo inolvidable









Andar sobre el filo de lo inolvidable,

un quehacer de hojas que cortan el aliento.

Rehacer después de la lluvia todas las preguntas.

Volver atrás, sumar de dos en dos las cosas pequeñas.

Contemplar el silencio, el viento, las sombras,

tu imagen en el agua, las nubes redimidas por el azar.

Hay días que solo saben posarse sobre tu espalda,

susurrarte al oído las viejas canciones,

blandir una espada y a golpes deshacer la maleza.




f.


Es otra forma de viajar







Es otra forma de viajar

hundirse en la noche

siguiendo el silencio de los gin tonics,

apurando las horas,

mezclando en su boca

el aroma de su cuerpo y del tabaco,

cuando quedan las conversaciones

tendidas en el abismo,

son miradas de un falso depredador

que solo busca

anclarse en su belleza,

un puerto de descanso

donde cerrar los ojos,

y darse a ella

sin más branza que su palabra.




f.


domingo, 25 de marzo de 2018

No hay palabras...









No hay palabras...

solo viento,

un sonido que recuerda al látigo

cuando te golpea

con su ira,

y sientes

indescifrable

un odio ciego

sobre tu piel desnuda.




f.


¿Qué variedad de noche trae la noche?









¿Qué variedad de noche trae la noche?

Siento el murmullo de una letanía de rezos,

la besana de la oscuridad del miedo,

el barbecho en que guardan tu corazón.

A veces, lo que queda es la piel de tus manos,

surcos que enmudecen ante el tiempo

pero que tienen como las caracolas el mar

todavía el susurro cálido de otros días.




f.


He buscado las palabras precisas










He buscado las palabras precisas
que dejasen en medio del silencio la luz que me consume.
Pero no encuentro la senda de su música,
no encuentro la lumbre que las haga rebosar
y brillen en la oscuridad de la noche...
a veces no bastan mis simples palabras
para que al cerrar mis ojos encuentre el reposo.


f.



Lo incierto es la medida









Lo incierto es la medida,
el laúd que suena en el viento
mientras se proclama vencedor el invierno,
la larga longitud del silencio.

Puedo recordar las avenidas desiertas,
las luces verdes de los taxis,
la avidez de la incertidumbre
o el paso por mí, febril, de la soledad,
un poema de lugares conocidos,
barras de viejos cafés
y la oscuridad de los pubs
donde sonaba la música
y el dolor intenso se adormecía con el alcohol
hasta que su boca derramaba otro verso
inundándome con su humedad del aroma de las especias.



f.



sábado, 24 de marzo de 2018

Voy a diluirme en las palabras









Voy a diluirme en las palabras,
solo en aquellas que conmueven la mirada,
atraen el silencio - la sombra inerte -
y deshacen sin tocarte los nudos que te ahogan...
He perdido los verbos transitivos
y todo queda en manos del azar,
una rueda, de la que nunca sabes
quien le dio el impulso o si solo fue el viento...
el viento, un soplo ciego que a veces aniquila,
y otras, inexplicablemente, te da la vida.


f.



Vuelve a ser la lluvia







Vuelve a ser la lluvia y el silencio la longitud exacta y la distancia.
Se sostiene la vida en ese instante en que da igual nombrar al mundo o ser solo un murmullo que respira ante el gris metálico de la tarde.
No hay después de todo más humo en el aire que el tuyo propio anclado en cada lugar en que tu mirada ha contemplado dormirse el día...el misterio sigue habitándote a ti, porque sentir algo en cada momento no es otra cosa que como ocurría de niño con tus juegos de química todo te deslumbraba o como lo hacías con aquellos otros juegos reunidos de cartón con dados y fichas de colores.


f.



Se demoran los planetas en el cielo nocturno








Se demoran los planetas en el cielo nocturno.
Los astros murmuran su eternidad con su reflejo.
Contemplo el silencio y me adueño de la noche.
Hay viento, trae rescoldos del invierno.
La lúcida presencia de la luna,
solo arbitra un eje de luz y de sueño.
Rodeado del aroma húmedo de la tierra,
podría resistir un instante
la desnudez de mi corazón ante el universo...


f.



Nunca pude saciarme de tu maldita soledad








Nunca pude saciarme de tu maldita soledad
aunque tuvieras nombre de tango
y me envolvieras rozando mi cuerpo
con esa letanía de tus labios
que sabían cubrir la senda de mi silencio
y quebrar toda resistencia a tu deseo.



f.



Cada paso del día tiene su propia voz








Cada paso del día tiene su propia voz, su propio morir.
Deja sus huellas en la inconsistencia de las cosas,
en lo poco que vale una palabra en medio del azar
deshaciéndose entre las pequeñas cucharillas del café,
cuando la batalla es en medio de un triste mantel,
donde ya solo se mantiene el peso de una mirada
esperando caer de nuevo en el salvador silencio.



f.



La oscuridad nos ahoga en los márgenes









La oscuridad nos ahoga en los márgenes.
Parezco saber de ti,
de nosotros,
como se sabe de alguien
que camina por el fuego.
No es la noche un sendero fácil,
la humedad del mundo
deja rastros invisibles,
cicatrices que duelen
en la memoria,
una larga pausa,
la rama del olivo,
el vuelo en la penumbra,
la mano que sabe del erizo.
Solo somos contornos y sombras
que palpitan en silencio.
Mueren en silencio.
Se ausentan en silencio.
No traemos
de la nueva Siberia
más que el frío del páramo
y un vaho/verso inabarcable.



f.



Como una ciudad vacía








Como una ciudad vacía:

las calles, los puentes, las plazas...

mi corazón abierto en un canal de lluvia...

los párpados cerrados,

las manos laxas,

sin respiración.



f.


Duerme el costado izquierdo de mi cuerpo








Duerme el costado izquierdo de mi cuerpo.
Ahora soy la noche envuelto en la oscuridad
bajo la araña azul que dormita en el cielo.
Soy de pasos que suenan en el agua,
un chasquido tras otro, un perderme tras otro.
Mis dedos de alhaquín crean un universo,
un latido que tiene el eco de mi cuerpo,
una lejana palabra, un nombre,
la fuerza de la luz que abarca un relámpago.
Abro la ventana,
en el frío de la noche
se escucha caer la lluvia.


f.



viernes, 23 de marzo de 2018

Roba la noche el alma a la luz








Roba la noche el alma a la luz
y somos de nuevo unos perdidos en la oscuridad.

Brotan las lágrimas y sabemos del otro,
heridos, andando por un alambre sin límites.

¿Cuánta distancia tienen tus abrazos?
¿Cuántas palabras te deben, cuántas debes tú?

Al fondo de la tarde cae con estrépito un telón negro.
Yo hablo con voz profunda
y la muerte sabe que sin nombrarla
tiene siempre la última baza.



f.



La altura en milímetros de un hombre lo sostiene en el mundo










La altura en milímetros de un hombre lo sostiene en el mundo.
Tiene un nombre, un color, un gesto, una voz,
también una sombra que siempre está latente.

Yo recorro la noche sujetando mi sombra como lo haría a un perro,
ella busca detenerse en la frontera de la luz,
donde duele,
me urge, ahonda, murmura,
susurra en el vértice los nombres
que sabe bien que me destruyen.

Nunca sé por qué estas heridas nocturnas,
renglones de lumbre en mi interior,
me recuerdan todas las ausencias.



f.



Me abro a la sed y es de noche








Me abro a la sed y es de noche
con mis párpados heridos de la luz de soñar.
Vierto la oscuridad como un líquido
que trae el eco de las tormentas,
salmos de adviento,
el renglón escrito en la piel del olvido.
Hay un látigo del infinito,
laboriosa región de astros silenciosos,
luna llena para empaparme
del blanco lechoso de lo alegórico.
Casi puedo tocar las nubes,
sentir su humedad de tránsito sobre mi piel,
cruzarme en los versos
que nacen en la boca de los ángeles,
caerme sobre mi mismo,
y en el ábaco de las cuentas pendientes,
ir descontando, lentamente,
la mortalidad que me acecha.


f.



jueves, 22 de marzo de 2018

Permíteme volver sin más reproches








Permíteme volver sin más reproches,
sabes que tu cuerpo solo será,
de nuevo, la luz de una noche.
Ahora, detrás de mis pasos solo hay sombra,
un lugar común donde ausentarnos,
un verbo roto, una vela a punto de extinguirse,
cierto rescoldo, un poco de ceniza.
Nada que tenga al amanecer ningún valor reseñable.


f.



He prendido un fuego en mitad de la nada









He prendido un fuego en mitad de la nada.
Sin verbos, el páramo tiene solo la voluntad del lobo.
Guardo mi silencio para mis adentros
mientras me pierdo
en la oscuridad de cualquier nombre.


f.



Hay instantes que somos solo un signo en el aire








Hay instantes que somos solo un signo en el aire,
lo que queda de la noche entre los dedos...
Nos cuesta sostenernos,
tan frágiles, tan fugaces, tan mortales,
y en las palabras quedamos detenidos
como esos remansos de río
en que el verano deja cada tarde
la lumbre del silencio.


f.



miércoles, 21 de marzo de 2018

Casi en el miedo









(...)
los caminos soñaban un camino
José Verón



Casi en el miedo, detrás del viacrucis,
cuando la tierra es solo aroma de tomillo y polvo,
y la noche, es la puerta abierta a las sombras,
y las palabras son delgadas y enjutas,
llenas de significado,
y de nuestra boca se derraman por el pecho
recordando a pájaros dormidos
antes de caer a los pies,
sosteniendo, en ese intervalo frágil y fugaz,
lo único que siempre le queda al hombre
cuando abre los ojos y contempla el cielo
lleno de luminosos astros.


f.



martes, 20 de marzo de 2018

Llegó la tarde a medirme con su sombra







Llegó la tarde a medirme con su sombra
como los gatos se hacen dueños del silencio
mientras avanzan con sus pasos quedos.
Escucho el sonido de lo que me rodea,
los pájaros hurgando en el aire con su cadencia de sílaba;
el viento murmurando con un silbido inexistente
sobre las cuerdas vocales del tendido eléctrico;
me llega un lejano redoble de timbales,
lo que me da el sentido humano de lo inexplicable...
Así, siento este día de primavera,
con el curso desbordado de los ríos,
donde me nombra, con un lenguaje turbulento,
lo inagotable y mortal de la vida.


f.



lunes, 19 de marzo de 2018

Quiero dejar los significados abiertos a la noche









Quiero dejar los significados abiertos a la noche.
Un lugar al fuego donde gambetear al frío.
Volver desde tan lejos y contemplar las brasas.
En silencio. Escuchando el bullir de la llama crepitar en el aire.

¡Quien pudiera sembrar de frágiles y fugaces pavesas
mis hondos y oscuros pensamientos!



f.



Reconozco el hueso que enhebra los mimbres











Reconozco el hueso que enhebra los mimbres,
la punzada de hielo, la grieta donde nace el vértigo.
Soy la voz de una sombra,
la cadencia de cierta música,
sílabas que se desvanecen en el vaho,
la humedad que enmarca unas huellas.
Me persigue el humo de un incendio
con aroma a olivo o a cedro,
la esencia calcinada de una mirada,
la distancia de un verso o de un pájaro,
lo azul que queda en el silencio,
un dolor tan simple como tantos otros
que siguen habitando cualquier corazón humano.


f.



Deriva la voz hacia el silencio









Deriva la voz hacia el silencio, la tarde se descompone en trocitos de luz y duele tanto que todo cae al fondo de un abismo...erguida sombra, cáliz del veneno, el invierno sabe desnudar los muros, romper las raíces donde hurga la soledad y ser solo labor de abono en el campo, el surco inundado por la lluvia, el lugar sin rostro donde no se habla porque no se habita, las manos candentes pero vacías, un tronco seco donde se ahorcan al anochecer todos los perros del esfuerzo...ah...las noches vividas de costa a costa con carreteras sin destino y sin márgenes, sin tiempo para cerrar los ojos, solo ir a donde nadie te espere, cruzando uno a uno todos los miedos, las promesas vanas, lo baldío del amor y del deseo...



f.



domingo, 18 de marzo de 2018

Como pasan las nubes








Como pasan las nubes
un día de verano,
morimos en otro...
sin excusas,
casi sin palabras,
anunciando
el bochorno
y la tormenta,
esperando
la llegada
de la luz
y de la lluvia.


f.




Hurgar en lo perenne bajo el manto de la noche








Hurgar en lo perenne bajo el manto de la noche.
Derribarnos con el silbido del fuego,
callar y sentir como cae lo azul de la barbarie.
Levanto mi copa, bebo el vino oscuro,
un ritual de siembra y de silencio,
algo de este quehacer inunda mi cuerpo
mientras soy hijo del laberinto.
Hay ciertas melodías que crecen en mi corazón,
la soledad se hace raíz con su sombra de pétalos,
me relamo los labios con la miel de la tristeza
en su feudo de voces y de viento.
Vuelvo a mí...solo soy la marea que inunda las playas,
el que contempla y escucha lejanos rezos
en la oscuridad de las laúdes



f.



fotografía de Maria Holguera




sábado, 17 de marzo de 2018

¿Cuánta eternidad nos reservan unos labios?










¿Cuánta eternidad nos reservan unos labios?
¿Cuánta mortalidad las palabras que nos nombran?
Cruzo la distancia y dejo caer las alas.
Solo queda lo que al desnudarte tiene tu cuerpo de pudor...
Sabes que hemos roto los puentes:
sitiados por el invierno
no me reconozco cuando veo mi reflejo en la lluvia,
ni las voces traen a mis oídos algo más que oscuridad,
ando despacio por el laberinto
aunque sigo sintiendo los latidos de un corazón indomable.


f.



No era solo una canción








No era solo una canción
cuando la tarde se iba diluyendo en la sombra
y Ben Webster dejaba que el saxofón fuera la voz de un ángel,
pereciendo en el agua,
al borde mismo de las olas y la incipiente noche.
Tú eras de luz y arena
y me quemabas
o te metías en mi piel como una herida,
encendiendo de preguntas el malecón
o acallando los últimos pájaros del bosque
mientras dirimías con tus labios una batalla en mi pecho.
Escuchabas mi corazón y sentías como respiraba tu perfume
cerrando los ojos y sonriendo.
Crecía el frío o solo era la labor de la noche,
lumbre de un faro y barcos que navegan
cuando el horizonte es otra orilla de signos y estrofas
que desconocíamos aunque tuviéramos destino en ella.
Venías tarde y te ibas enramando en mi cuerpo
haciendo sándwiches de jamón y queso
y bebiéndote el vino de reserva que guardaba en la bodega,
pero no importaba, te iluminabas como una tea
tras el juego de buscarnos entre los cojines.
Lo que otros sabían de nosotros nos daba igual,
se iba el día, se acababa Ben y ponías sin remedio a Miles,
para que tu cuerpo se moviera al ritmo impenitente de su trompeta.
Morir podría ser un viaje largo, una distancia entre los dos,
pero esas noches no tenían más que el afán de la sangre
y la concupiscencia de dos cuerpos que se reconocían en la oscuridad.



f.




Una suma de dos es apenas un poco de rocío en el amanecer









Una suma de dos es apenas un poco de rocío en el amanecer,
y sin embargo, después del adviento, suenan las campanas.
En mí anidan pájaros,
una sombra de alas que sostiene el viento.
Mi corazón sabe de las aguas y del veneno del mercurio,
y he besado en la boca, una noche de invierno,
junto a la tempestad, a un ángel negro
que me hablaba del fuego
y de la nieve que guarda su pecho.


f.



viernes, 16 de marzo de 2018

Nunca fui










Nunca fui para ti más allá
del hambre que arrastra la soledad.


f.



No he llamado nunca al quehacer de la serpiente









No he llamado nunca al quehacer de la serpiente,
ni siquiera he querido sentir su paso húmedo y frío por mi cuerpo,
aunque sé que desde niño,
una de ellas buscaba beberse la leche de mi madre
y dejarme morir de inanición.
Todo cobra sentido
cuando escucho su cascabel en la noche
recordando con su sonido que sigue buscando aniquilarme.


f.



jueves, 15 de marzo de 2018

Yo era un niño muerto











Yo era un niño muerto
pero aún recuerdo
el tañido del bronce en las campanas,
el ruido de la lluvia,
el golpeo del viento en los cristales,
el humo del hogar,
el color calabaza de la sopa,
el astral de mano en la despensa,
la luz amarilla y mortecina,
la radio de lámparas,
el pájaro atado por un hilo,
el banco frente al fuego,
la quera de los muebles en la noche,
el llanto silencioso, el miedo,
un largo camino sin fin hacia la soledad.



f.



No soy la sílaba










No soy la sílaba
que deja el aguacero,
ni el humo prendido a la piel
que trae un incendio...
apenas puedo pronunciar los nombres
de todos los poetas que me matan...
siquiera puedo ser
una huella en el viento,
un instante de luz,
lo previo a un simple silencio.



f.



Desarmado por tu boca










Desarmado por tu boca
he dejado que mis manos
abarcarán la longitud infinita de tu cuerpo.
Esta tierra fecunda de acogida,
esperándome siempre que la recorra
al ritmo de una marea,
que inagotable,
nunca cesa.



f.



Fotografía de Carlos Manzano




Programa Electroletras

Con versos en la noche

Mi lista de blogs

Seguidores

Vídeos de poesía para perdidos

Ahora en youtube

Los poemarios

Los poemarios
© (Copyright) Fernando Sarría de todos los contenidos originales de este blog, excepto cuando se señale otro autor.

Archivo del blog