La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

Contribuyentes

jueves, 17 de agosto de 2017

No hay miedo al resguardarte en medio de la noche








No hay miedo al resguardarte en medio de la noche
en estos días ardientes de verano
llenos de la melancolía del aguacero.
No tengo en mis manos
más allá de los surcos conocidos por todos,
y quizás, a estas horas últimas y nocturnas,
el aroma húmedo de tu saciado deseo.
Y es interminable este buscar
en mi interior para perderte
y pregonar el alboroto de los pájaros,
el devenir del viento,
las voces, la herrumbre de las hojas,
la muerte que me rodea en las palabras.
Hurgo en el vaivén de tu cuerpo
mientras andas despacio sobre mí
y en cada pecho tuyo sostienes una sílaba,
el rehacer de un verso que te busca,
un quererte desde mi boca
mientras mis dedos estremecen tu piel
como a un bosque en llamas,
dejando señales del fuego en tu espalda.
No hay miedo, aunque sepas
que tengo que guardarte
donde guardo la vida.
Viejo rincón al que no llegan los trenes,
y en los que en silencio fumamos cigarrillos
y nos bebemos el amanecer
mientras las horas pasan…
tan lentas, tan nuestras.



f..




Caigo una y otra vez como las hojas caducas del otoño









Caigo una y otra vez como las hojas caducas del otoño,
y en esta muerte que arrastro en las noches,
respiro, soy el vuelo de un pájaro,
una urdimbre de signos en el aire,
la certeza de la duda como una línea interminable.



f.




Escribo en el viento









Escribo en el viento,
son palabras sin rencor...
No me queda nada que desdecir,
nada que me acuse de ser otro,
ni siquiera las sílabas
que andan cercando mi piel
han dejado hoy un poso sobre el aire,
es la arena incontenible que vive en el corazón.


No estoy sólo,
pero camino sin nombrar a nadie
por este lado de la soledad,
aquí, donde todo tiene un pasado,
raíces y silencio...
la quera hace de mí un árbol seco,
penetra en la noche con su hambre voraz,
se anuda a mi garganta y va asfixiando mi verdad.




f.






miércoles, 16 de agosto de 2017

Un hombre es su tiempo











Un hombre es su tiempo, el camino, la palabra,
el lugar donde habita su silencio.

Recojes los verbos,
la transición del adviento y de las mieses,
el instante de eternidad,
cuando sabes que las violetas
te esperan en las manos de la tarde,
y hay un caer de agua, límpida, sobre el lienzo de tus palabras.


Respiras sin más convicción que desgranar la noche,
esta noche de puentes rotos
con aromas de alcohol y de tabaco,
cuando todo solo ha quedado en una melodía al alba.

Sientes que lo mortal es algo que vive en tus venas,
te rehaces en el recogimiento
que encuentras en la parte de atrás de un taxi
cruzando solitario la ciudad ahora infinita...
seguro que sabes que nada ni nadie
podrá deshacer el límite de tu corazón.




f.





Enhebradas y salvajes...












Enhebradas y salvajes...
prendidas al punto de no retorno,
cada palabra busca la sed y el abismo.




f.





Abres la mano y vuelan pájaros










Abres la mano y vuelan pájaros.
Anudados a ti tienen el color del amanecer
aunque en su pico todavía haya vestigios de la noche:
unas minúsculas gotas de sangre.




f.




Todavía hay entre nosotros ciertas verdades










Todavía hay entre nosotros ciertas verdades,
caminos de alamedas,
senderos de bosque,
el aroma húmedo de las sílabas,
aquellas que nos nombran casi sin saberlo,
las que tienen el escalofrío pendiente de una voz,
la inagotable y ciega vereda del verano,
todo lo que sujeta nuestro sueño al mundo...
y lo calla mientras escuchamos caer la lluvia.




f.




Abrir las manos










Tal vez alguien pueda compartir la soledad
pero nadie podrá nunca explicarla.

R. Juarroz


Abrir las manos. Soltar el peso
y sentir como quedan los dedos entumecidos
con el hormigueo normal por la falta de sangre.
Así se deshacen las verdades
entre las grietas profundas de cada uno,
y que forman un desierto o un río que cubre el pecho.
La verdad, poco importa que sea uno u otro,
cuando las manos ya no pueden sujetar más peso
que el de los pájaros que vuelan de ellas al cielo,
esos gramos de humanidad que algunos llaman alma.




f.




martes, 15 de agosto de 2017

Presiento este silencio









Presiento este silencio,
entra en mi cuerpo
y se vuelve un pájaro en mi sangre.
Bajo los peldaños que me llevan a ti,
una cama donde se desnudan los astros
y me humedece el aguacero de una lluvia interminable.




f.





Abro las manos que me sujetan al viento de la noche











Abro las manos que me sujetan al viento de la noche.
El amanecer ha traído junto a mí el valor del silencio,
una lumbre hueca que murmura su canción.
¿Cómo contaros el peso de esta hora oscura sobre mis brazos?
Un mundo enmudece, otro abre sus compuertas y deja escapar la luz.




f.





Reflexión















Si coges un pájaro silvestre en la mano sentirás su pequeño latido,
su escaso peso casi parecido al de una rosa...
ambos habitados por lo que llamamos fragilidad
sin embargo nos otorgan un gran abanico de emociones.
El valor de las cosas y los seres
apenas tiene que ver con su peso especifico.
Así, todo lo que nos rodea, puede tener esta doble lectura.




f.





Voy a tener que dejar de mirarme en los espejos del silencio









Voy a tener que dejar de mirarme en los espejos del silencio.
Cada vez encuentro más sombras en mí.
La certeza de un abismo donde me ahoga la sinceridad.




f.





Vengo de lejos










Vengo de lejos,
como las lunas quebradas
que se ahogan en el océano.
He llegado al centro del páramo,
a esta soledad de silencio y viento,
y contemplo, naufrago, el batir de las olas...


Respiro hondo, miro en la distancia,
tapo, en el lado izquierdo de mi cuerpo,
la grieta por donde se escapa todavía mi palabra.




f.


Nada tiene mi silencio que no sea como el tuyo










Nada tiene mi silencio que no sea como el tuyo,
es una llama que ilumina la distancia.
Hay detrás de una voz un limbo de rosas,
las cosas más pequeñas que guardamos,
lo inagotable de una larga tarde de verano,
el caer sobre el otro al ritmo pausado de la lluvia,
este viento terrible que nos inunda con su fulgor de escarcha.




f.




Cae el sol en su viaje al Oeste...














Cae el sol en su viaje al Oeste...
y navego contemplando el deshacer de las cosas.
Podría tener ese último rescoldo de fuego en las manos
e iluminar con él este invierno interior frío y oscuro.



f.




La hora hincada en la palabra










La hora hincada en la palabra
sujeta el cadalso del amanecer.

Se dibujan sin matices las frases que son calles, avenidas,
arbolado, edificios públicos cerrados, hoteles e iglesias
donde todavía duerme el vertebrado mundo.
Solo siento el gorgoteo cansino de las palomas en las plazas,
y los hombres que con sus mangueras limpian
el resto sucio y acumulado de la humanidad.

Volvemos de la noche...




f.




lunes, 14 de agosto de 2017

Camina descalza











Camina descalza sobre mi tierra.
Mete tus manos.
Anida despacio
en mi piel.
Escucha el viento,
sus hélices precisas sobre tus caderas,
anhelantes, se dejan llevar
por las consignas de la tarde,
y quieren el vaivén,
la lumbre que hace que cierres los ojos,
crezcan en dureza tus pechos
y el valor de la sal gane en tu cuerpo la partida…
afloras como un almendro en invierno.




f.





Sigo buscando










Sigo buscando entre las sílabas de un verso
el tren nocturno que te alcance,
la luz que sacie la sed que te guía,
una gota de seda caliente,
húmeda saliva de mi boca,
que al pronunciar tu nombre te humedezca.
Tu cuerpo sabrá en ese instante
que en tu sangre navega una bala
que al alcanzar tu corazón
y sin saber por qué te deshará.




f.




Al otro lado de la nada sigue la nada









Al otro lado de la nada sigue la nada,
un silencio que tiene la humedad de las sílabas
que nunca pronunciaremos.
No hay vuelta hacia atrás,
solo la falsedad del déjà vu
que sirve de engaño a la memoria,
aunque en los surcos de las manos
se marque el principio de nuestra existencia,
todo tiene el aroma del recuerdo
y la verdad se limita a esperarnos detrás de cualquier recodo.




f.




Me demoro en ti












Me demoro en ti, recorro tus meandros,
mi boca no tiene más pretextos
que encender todas las lunas de tu cuerpo.



f.




Me dejas siempre













Me dejas siempre el sabor a aguardiente de tu boca,
los rastros de una noche escarlata,
el nítido sonido en el silencio de un salto de agua.
Escucho el rumor de tu cuerpo,
una marea golpeando las rocas,
siento la voracidad del instante
y permanezco envuelto por esa eternidad que es nuestra,
una gasa que recuerda todos los caminos recorridos juntos.



f.







Respiro la lluvia mientras contemplo el gris horizonte














Respiro la lluvia mientras contemplo el gris horizonte.
No hay urgencia que dispare mi palabra,
solo tengo el pálpito, la caída silenciosa de un mundo,
mi devoción entre los dedos como la humedad que nunca se acaba.


Me encuentro en lo diminuto,
en cada esquina de mis múltiples muertes,
tengo un costado abierto a la noche
donde siempre penetra la oscuridad.
Caigo de nuevo, una y otra vez,
de bruces sobre la verdad
y me pierdo sin encontrar respuestas,
solo viento, solo humo, solo lluvia...

He descendido los peldaños desde cielo,
vuelvo con mis pasos sobre la agonía.
No temo, aunque sé que no hay más allá que este surco mío,
un regacho de sangre, la certera luz de un corazón
que sigue en cada verso dejándose la vida.




f.





No recuerdo cuándo dejé de ser romántico...












No recuerdo cuándo dejé de ser romántico...
aunque sostenga entre mis palabras
el aroma de una flor fragante,
mis sílabas tienen huellas de vertebrado,
los poemas marcados con mis dedos de noche,
la oscuridad entre las piedras
con que mi corazón se golpea.


Nunca sabré dónde enterré al hombre de las rimas,
quizás tenga a mis espaldas
demasiadas voces
nombrando la oscuridad del alba.




f.




Sí, después del mar vino la sombra










Sí, después del mar vino la sombra,
un océano interior que se desarma.
Sin lugar para la ausencia, solo la muerte lenta,
así quedan los barcos tendidos en la arena,
oxidados como todas las viejas medallas del régimen soviético.


No hay muelles que nos guarden de la estela de las olas,
porque ya no llegan mareas
y solo nos sometemos al cauce impredecible de la arena...

Muere en nosotros un océano interior
y es como todo lo que deshace el hombre
cuando nada tiene el valor un sueño,
y él se sabe derrotado y seco
como si el Caspio fuera una metáfora de su vida.




f.




domingo, 13 de agosto de 2017

Reflexión I












Es cierto que la duda es el mañana,

una palabra cargada de sueños

pero que siempre arrastra un recodo de sombras.

No hay más allá de la mirada,

el hoy, concentrado en cada respiración que ejecutamos,

porque somos hojas caducas al vaivén del viento,

polvo respirando,

apenas nada más

que unos gramos de humanidad,

ansiedad y preguntas,

aquellas que nunca sabremos a quién van dirigidas

salvo a nuestro propio miedo a extinguirnos.






f.



Me miro a mí mismo









Me miro a mí mismo
como si nadie supiera de mi existencia.
Así respiro,
solo soy una sombra
en mitad del día,
una sombra contemplando su reflejo,
silencio húmedo en medio del asfalto.



f.




Me alzo sobre las sombras y camino











Me alzo sobre las sombras y camino.
Soy viento, pájaro, nube,
la lluvia a veces huidiza,
la luz que nos consume
y el imposible afán de conseguirlo todo.




f.




Una palabra u otra











Una palabra u otra
no deja de ser más que la certeza de lo reconocible.
Una pared desnuda donde dibujamos el significado.
La pequeña lámpara que ilumina
desde lo más diminuto a lo más inmenso,
de lo real y tangible
a aquello que sin palabras es casi inexplicable.




f.




En el afán del atardecer la sombra cruje

















En el afán del atardecer la sombra cruje,
el viento se demora variando su quejido.
Veo árboles callados
y la tierra llena de raíces de silencio,
aunque yo escuche tambores y lamentos
naciendo desde el suelo
Mis huellas son solo el eco de mi paso,
mi peso desgaja la arena y deja la hondura,
soy otra vida que se va sin pronunciarse.


Pájaros, ellos apenas saben
que las horas se llevarán todo.
Lo sublime es verlos volando
y temblar al sentir su inconsciencia,
su enorme fragilidad.
No quiero saber de soledades,
pero sé dónde está el anhelo,
porque más allá no hay nada,
si acaso la oscuridad renaciendo del fuego,
el vacío boscoso de la penumbra
y sus hilos rotos por la sed.

Algunas veces cruzo los puentes
y me quedo en mitad de la nada
mirando la espesura silenciosa del agua…
en su profundo misterio
siguen murmurando los ahogados,
a veces ellos me preguntan, pero yo callo,
nunca he sabido como animar a un muerto.





f.





Contemplo desde el silencio el mundo










Contemplo desde el silencio el mundo.
Quieto y solo, respiro,
mi murmullo es el que me delata.
Sé que todos los muelles están vacíos,
abandonados en medio de la oscuridad;
que los andenes dejaron pasar los últimos trenes,
las noches solo traen sonido en el viento;
que la vida es como es,
certera en su claridad,
una esquina que siempre va a dar a otra esquina.
Sus avatares, como las palabras,
tienen su lado oscuro,
pero dan de sí lo suficiente
para recordar siempre el dolor que causan...




f.




Hay una luz que nace de la sombra pero es sombra











Hay una luz que nace de la sombra pero es sombra.
No ilumina al resto del mundo pero a ti te ciega.

Un silencio se abre en círculos
y guarda raíces profundas en el aire,
en ellos se siguen escribiendo
a golpes de viento
susurros que nos nombran.




f.




sábado, 12 de agosto de 2017

Se rebosan mis manos









Se rebosan mis manos,
la soledad es una humedad fría.
Transito por un pasillo
- ciertas palabras me recuerdan la infancia -
e inmóviles en su vuelo las golondrinas tiemblan.
Algunas noches tienen su recuerdo.




f.




Bajo la lluvia el mar se amansa










Bajo la lluvia el mar se amansa
y tú recorres la distancia con tus pies descalzos.
Mantengo la mirada en la línea que abarco,
sé que siempre debo tender puentes a tu cuerpo
y alcanzarte como solo se puede hacer siendo la noche.
Cantas y yo escucho latir tu corazón
mientras subes lentamente tu falda
para enseñarme el principio del mundo.




f.






Perdura sin respuesta en mitad del corazón








Perdura sin respuesta en mitad del corazón,
palpita y es de la noche su luz,
la que hace dejarse olvidados los lamentos,
acudir a los brazos del silencio,
verterse con los ojos cerrados en los labios de un beso,
seca la boca de la sed del otro,
susurrar en la caliente tormenta del “ahogarnos”
cuando todo se acaba y es comienzo
y no hay dioses ni sendas
pero sí unas manos que circulan por tu vientre
o te cuentan en un escalofrío todas las vértebras,
otro cuerpo enhebrado a la vorágine del tuyo,
deshaciendo las dudas
- las que ya no importan -
trayendo de lejos,
junto a ese afán del recuerdo,
el aroma que estremece,
y que vuelve a ser un pan caliente
que entre dos se come
despacio o con hambre,
y que deshace la nostalgia,
olvida el miedo,
creciendo en las ingles
como un río sin nombre
que fluye al ritmo de la sangre.



f.




Hurgo en el silencio











Hurgo en el silencio...
libero pájaros marinos que cruzan los mares.
La palabra es la luz que enhebra el vuelo,
un viento altano, húmedo, un humo negro,
la certeza voraz de las horas,
el quejido sin rostro que aniquila,
las sílabas que queman por dentro,
el bálsamo que cura,
la urdimbre que nos ata sin saberlo,
todo el aroma que una simple rosa
puede dejar prendido a un recuerdo.




f. 








Me urgen las sombras












Me urgen las sombras, el descenso hacia la noche abierta como un abismo a mis pies. Soy un hombre que se recompone a diario varias veces, como si todo lo que se me rompe a lo largo del día, tuviera después que hilvanarlo a base de palabras con mis torpes manos y por las costuras que quedan me abandonase parte de la vida. Es cierto que detrás de mí, como otro yo, se yergue mi silencio, a veces es una dura piedra en que esculpo con hondura todo lo que me emociona, que no varían mucho a la de otras personas, porque los seres humanos somos muy parecidos, gotas de agua que tememos siempre ser descubiertos en la desnudez de nuestras emociones...pero esto ya creo que lo sabéis todos.




f.




Deshago nudos











Deshago nudos y hago dúctil el alambre donde silba el viento del atardecer.
Me he perdido entre la bruma de las cosas pequeñas, quizás valoro lo que nadie sopesa en sus manos y en su corazón. Todo lo que hace que mi silencio sea un salmo, un oscuro acero en medio de la luz...caer bajo el imperio de la melancolía, como estar siempre alegre no deja de ser más que un juego que la vida traza en nuestro camino...a veces, echo de menos la risa, reír por nada, sentir que el tiempo no es más que un desgranar de arena y que soy casi inmortal como un héroe de la antigua Grecia...pero esta eternidad de días caídos en desgracia solo tiene el valor de las palabras y tal vez la eternidad del silencio.




f.







viernes, 11 de agosto de 2017

Descifro las pérdidas











Descifro las pérdidas,
el avance de la noche
y el de la arena
a los pies de la cama,
el ir y venir del viento
trayendo en sus recodos
retazos de tiempo,
analogías de la urgencia.
Mientras el deseo duerme,
el amor es el solitario,
el que trae entre sus manos
un ramo de rosas.




f.



Fotografía de Alexander Bergstrom




Contemplo la soledad del cielo azul










Contemplo la soledad del cielo azul: sin pájaros, sin nubes.
El silencio lo invade todo mientras va cayendo muy despacio la tarde.
Siento con intensidad este instante,
algo tan moribundo como un ángel ha susurrado mi nombre.





f.






Desaparecer...











Desaparecer...
no deja de ser más que una palabra
que cruza deprisa las líneas de la noche.
Se yergue como un muro de hormigón,
un río caudaloso tras la tormenta,
una avenida de agua sobre ti...
Cierta, como el eco del silencio y sus pasos muertos,
nos trae a las manos labores de ortigas,
un quehacer de escribano
donde apuntar la hora definitiva del viaje,
deshacer parte de la trama,
cerrar los portillones que guardan las ventanas,
echar la llave a las puertas de todo lo que tienes
y renunciar a mirar atrás,
porque desaparecer es brindar al sol
mientras saboreas el amargo y picante zumo de la cicuta...




f.




Un corazón nómada vive siempre en el abismo










Un corazón nómada vive siempre en el abismo de la línea desde la que no hay regreso, un hábitat de sendas y dunas que te acercan al mar y que te hace rodearte de silencio y ecos de todas las huellas que ha dejado el tiempo en tu cuerpo. Su historia es la historia de todos, nadie es diferente cuando se aleja, siempre la distancia es otra manera de medir la vida y no hay un guión capaz de resguardarnos del pertinaz significado de sus actos...
Un corazón nómada vive siempre en nosotros, y como un animal herido tiene la sensación extraña de temor y a la vez de vértigo que nos suelen dar a todos las tormentas, cuando después de la caída del relámpago sabemos que el eco del trueno nos dará el punto exacto desde donde viene el aguacero...





f.







Dejar una palabra











Dejar una palabra,
rasgada en el viento o en el agua,
como una flor roja, simple,
que se abre al quehacer de la luz...

En ese bullir de signos equívocos
y líneas sin márgenes,
que como un río de infinito
tienen siempre los versos
que nos alcanzan dentro,
ha de girar el verbo,
la lumbre del silencio,
la calidad de una mirada.



f.




Hay que fajarse con la vida










Hay que fajarse con la vida
aunque sea una lucha que siempre tenemos perdida...




f.




Nunca sabe uno ver todo









Nunca sabe uno ver todo lo que de muerte esconde una mirada,
una palabra, un gesto perdido, un largo silencio,
el miedo que nos da la soledad.




f.




jueves, 10 de agosto de 2017

En la bruma de la avenida









En la bruma de la avenida
sostengo un buril que enciende ciertas palabras.
Todas han huido de mí.
Ahora saben de otras bocas.




f.


Tenías azabaches en el pelo












Tenías azabaches en el pelo
que iluminaban el sendero de la noche.
Tus ojos me pedían beber de la sed
y al respirarte y rozar suavemente tus pechos
percibí el aroma a deserción de tu piel.




f.



fotografía de Jiri Ruzek




Hay un quebranto en la sombra










Hay un quebranto en la sombra,
un sendero de silencio en los planetas,
nos inunda el aroma del jazmín,
y la noche, abierta en el verano,
me trae tu cuerpo lleno de meandros.




f.




De nuevo he roto el quiebro del amanecer










De nuevo he roto el quiebro del amanecer,
he viajado por campos desiertos,
he sostenido mi voz y mi voluntad contra el viento.

Quizás tenga ese dolor interno
en esos veinte gramos de esencia,
al que algunos llaman alma
y yo la siento como una invisible celulosa,
en el que siempre se han grabado
todas las raíces y todos los recuerdos.




f.





Me rodea la oscuridad









Me rodea la oscuridad o es solo la ceguera del hombre que contempla el mundo como vería a un desierto donde campa a sus anchas el viento.
Hay una luz, un temblor, un color indefinido, sin márgenes, en cada cosa inerte que nos rodea o en cada ser que respira cerca de ti y notas el vaho impensable del vértigo.
Nunca sabes encontrar el nivel del miedo, el trance que te hace despertar y mantener en vilo tu insomnio ante lo que no ves pero sabes que está...a veces, mis lágrimas son lo que me salvan, como las de niño que en la soledad de una cama sustentaba un cuerpo ínfimo, y se sentía como un perro rodeado de sollozos ajenos y salmos cantados en otros pisos de horas perdidas a un dios que solo se dejaba notar en el tintineo de las campanas...
Nunca acabas de descubrirte, eres parte de una trama en la que todo se sucede y tú solo sostienes tus pies firmes mientras por dentro piensas "ya queda menos, no te derrumbes...ya queda menos".




f.




Voy detrás de mi voz










Voy detrás de mi voz como el eco de un salmo suena en las viejas piedras de un monasterio. Apenas una sombra, unas gotas de agua como huella, el quehacer de las arañas en los muros...siempre es tiempo de volver al silencio.




f.








Programa Electroletras

Con versos en la noche

Mi lista de blogs

Seguidores

Vídeos de poesía para perdidos

Ahora en youtube

Los poemarios

Los poemarios
© (Copyright) Fernando Sarría de todos los contenidos originales de este blog, excepto cuando se señale otro autor.

Archivo del blog