La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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lunes, 26 de octubre de 2020

sábado, 12 de septiembre de 2020

Abro la ventana y entra la brisa


 


Abro la ventana y entra la brisa.
Sin nombre apenas que darte
poseo ahora el rescoldo de la lumbre nocturna
y esta hora ausente de nosotros,
cuando tú duermes y yo oteo el mar.
Las islas son como tu espalda,
se ven en la bruma del horizonte,
y sé que guardan siempre los pájaros y el frío de la mañana,
mientras que a ti, a centímetros de mis dedos,
respirando en silencio,
te cubren una lejanía de sábanas
y todos los pretéritos viajes
que hicimos en la noche.
Guardo este instante.
Lo grabo como he hecho otras veces.
Ya eres igual en mi memoria
que algunas cosas hermosas que me habitan:
el friso del Partenón en el Museo Británico,
el puente de Alejandro III en París sobre el Sena,
el jardín de Csepel rodeado por el Danubio,
el templo de Júpiter en Paestum…
Eubea en medio del Egeo.


f,



Dentro de uno siempre hay música

 



Dentro de uno siempre hay música, un derviche danzando, una muñeca de ballet girando, una sombra que si la contemplas baila sobre lo que más duele, la vieja melodía que te nombra.



f.







miércoles, 2 de septiembre de 2020

No sé cómo hacer de mí otro hombre








No sé cómo hacer de mí otro hombre,
uno que sepa dar el color necesario a cada verbo,
que limite los pronombres posesivos,
que haga pájaros de todos los adverbios,
que abra surcos, a modo de besana,
en la tierra fértil de los adjetivos.
No busco ser más, solo sentir como cierta
la oscuridad interior de la palabra,
ese desfiladero donde la tormenta
marca sendas y crea escalofrío en cada verso.


f.



martes, 1 de septiembre de 2020

Viene septiembre








Viene septiembre y una fronda de lluvia crece
en los aleros enrojecidos del amanecer,
mis pasos son ahora por largas y lejanas avenidas.
Camino revisando todos los mensajes,
evito la sensación de frío porque todavía creo en ti.
Dices que naciste al otro lado del mundo,
no sé si Buenos Aires es un lugar o es el sueño de todos.
Me hablas de una ciudad envuelta por la luna,
de una tristeza que te guardas dentro.
Hoy traes un recodo de ausencias
y yo no soy parte de ellas.
Ahora en tu móvil los sms no son míos,
tal vez tengan la música de antaño,
un viejo tango con su bandoneón.
Quiero retener este recuerdo,
la parte del sur que tú atesoras,
el viaje que nunca hicimos,
este irte despacio de mi lado.


f.



lunes, 31 de agosto de 2020

Solo, sometido al desarraigo del relámpago









Solo, sometido al desarraigo del relámpago.

Un hombre, un verbo, una sola imagen de la lluvia.

La verdad nunca tiene poros,
es una argamasa de nostalgia y melancolía.


Sin cruzar las estaciones caen los años,
mientras un ramal de silencio nos reserva su regazo.

He venido desde las azoteas hasta el suelo
como un pájaro desciende a la tierra.
No voy a romperme la camisa,
ni siquiera mis palabras van a tener significado.
Si queréis miraros las manos, preguntaros qué os deben...



f.



Y dormirme en la bañera...









…puedes arrancar un corazón sobre este párrafo.

L.Cohen


Y dormirme en la bañera, bajo la espuma,
junto a un vaso de whisky de malta escocés,
mientras suena en la radio una vieja sonata romántica
a la luz de las velas. Sabes que me gustan esos instantes.
Sé que echaré de menos tus manos en mi espalda,
rebuscando en ella preguntas indoloras
o pensando cuánto tiempo nos quedaba por vivir juntos,
mientras yo canturreaba canciones de Dylan
o me ponía a decirte lo hermosa que estabas así:
medio desnuda, medio mojada, medio borracha.


f.




domingo, 30 de agosto de 2020

Del poemario Las Horas








Del poemario Caídas








sábado, 29 de agosto de 2020

De los días contados








No es urgencia este deshacernos
La vida pasa tan deprisa que no me reconozco de un día a otro
Solo veo nubes encendidas en medio de la tarde
Sin hojas, soy el final de un viejo calendario


¿Dónde van a quedar nuestros días?
¿Dónde enterraremos nuestras noches?

* * *

Esgrime la soledad el color amaranto de la incertidumbre
El fuego tiene un humo de brasa, un quehacer de hojas secas
Ciega la noche, es imposible revisar el contorno del viento
No urge el silencio, lo habita todo

Se ahoga la esperanza: tenía los días contados.

* * *

Beber de la luz y en la boca notar cómo cuaja la nieve
Escuchar la voz que gime entre los álamos desnudos
Tocar el fuego con las manos quemadas por las brasas
Ser zahorí del vértigo aunque sea un ciego quien te lleve

Cada verso es una nueva arquitectura de la desolación.

f.






viernes, 28 de agosto de 2020

Yo anduve por Venecia







Yo anduve por Venecia cuando tú la soñabas
y sentías lejano el dolor de la ausencia.
En las encrucijadas,
quedaron mis pasos, esperándote
tras las viejas canciones
y espiando la mirada inquietante de un nuevo silencio
que iba creciendo como la mansedumbre de los gatos.
Pisé el mármol blanco desgastado y húmedo,
contra las olas de los que partían
se mojaban sin piedad mis zapatos,
y debajo de los oscuros porches de las tiendas del vidrio,
o en cualquier plaza tranquila con sabor de amaranto,
ardía, en el aire del verano,
el sendero abierto por un violín estremecido.


f.



miércoles, 26 de agosto de 2020

Entonces Borges dormía con los ojos abiertos








Entonces Borges dormía con los ojos abiertos
y alimentaba su melancolía respirando la noche.
Era verano en el Hemisferio Sur,
él soñaba con el frío de Ginebra
o con la humedad implacable de Dakar.
Era verano en Buenos Aires
y el mundo le parecía un Atlas propio
donde podía dibujar sus viejas pasiones y sus viajes.
Sus dedos pasaban
lentamente
sobre los mapas,
se detenían en un lugar señalado en rojo,
una punzada,
un río de palabras y de imágenes,
el hombre ciego recordaba,
hurgaba en su memoria el tiempo,
deshacía una a una las páginas escritas de su vida.


f.




martes, 25 de agosto de 2020

No hay reposo en la tentación del siervo








No hay reposo en la tentación del siervo
y respira hondo el cuerpo junto al cuerpo,
allí por donde se desborda la lluvia
y crece un reguero de contenido silencio.


f.



Oí hablar de miradas de pájaro







Oí hablar de miradas de pájaro,
las que cruzan los océanos embarcadas en el viento.
Siento la lejanía, el vértigo que traen los cartabones,
los que pueden medir los milímetros entre dos puntos del mapa
pero que no hablan de distancias de un cuerpo a otro cuerpo,
las que sólo se sustentan en el eco de la última caricia.
Hay demasiadas preguntas esperándome
y todas conocen lo que ocultan,
pueden ser unos billetes en tránsito donde establecer el olvido,
una plaza, una sombra esperando la noche,
una ciudad sin nombre donde abandonarme.


f.




sábado, 22 de agosto de 2020

Entonces llegaron los pájaros







Entonces llegaron los pájaros,
se hizo el aire de la densidad blanca de la luz,
se recostó el silencio
dormido como el mármol en su tiempo de espera,
y el volumen de todas las cosas
caminó hacia mí.


f.



viernes, 21 de agosto de 2020

Cerré los ojos mientras tu boca recorría los alrededores de la dicha.








Cerré los ojos mientras tu boca recorría los alrededores de la dicha.

Líbrame de este viaje por la oscuridad de Europa.
Tráeme cerca del Sena,
quiero volver a desembarcar de un tren del sur
y andar por las calles donde las hojas del otoño nos esperan.
Hay un alarde de viento que viene con la lluvia,
esa tormenta bajo la que somos un aguacero de dudas y preguntas.
La rue des Rossiers hierve en el vacío de tu nombre,
aquellos pasos nuestros retuvieron un eco de besos y caricias.
Arde todavía el verano,
la soledad se ha dejado media vida arrimada a la mía.
Sueño entregado a escuchar tu respiración recorriendo mi cuerpo.
Cada gota de sudor se hace de los dos,
se disuelve en la piel,
cubre de semillas cada poro del otro.
Ven de nuevo y que tus labios se pronuncien en amapolas,
me reconozco en tus uñas y en el sabio desafío de tu lucha…
Hoy, como todos los días,
mi ejército desperdigado y confuso ha sucumbido a tu boca.


f.

miércoles, 19 de agosto de 2020

Será cierto que somos la sombra de una mirada





El día de los hombres no es un juego.
El día de los hombres está hecho
de algo que solo empieza con la luz.
Roberto Juarroz


Será cierto que somos la sombra de una mirada, el lado que se acuesta frente a la noche y contempla el mundo cayendo sobre el otro lado y, sin saber por qué, se renueva la lumbre de un fuego interior y de una vida sin nombre, solo atada a nosotros como un ancla en el agua, una branza en el tiempo que sostiene los recuerdos y el miedo.
Un pájaro trae con su voz de nuevo el asombro, lo veraz, la distancia entre las cosas, el eco consensuado de los puentes, la urgencia de respirar, esa intensa cuenta atrás hasta la noche que nos causa saber que todo vuelve a comenzar.


f.



martes, 18 de agosto de 2020

Sinceramente
















VIENE SEPTIEMBRE







Viene septiembre y una fronda de lluvia crece

en los aleros enrojecidos del amanecer,

mis pasos son ahora por largas y lejanas avenidas.

Camino revisando todos los mensajes,

evito la sensación de frío porque todavía creo en ti.

Dices que naciste al otro lado del mundo,

no sé si Buenos Aires es un lugar o es el sueño de todos.

Me hablas de una ciudad envuelta por la luna,

de una tristeza que te guardas dentro.

Hoy traes un recodo de ausencias

y yo no soy parte de ellas.

Ahora en tu móvil los sms no son míos,

tal vez tengan la música de antaño,

un viejo tango con su bandoneón.

Quiero retener este recuerdo,

la parte del sur que tú atesoras,

el viaje que nunca hicimos,

este irte despacio de mi lado.







f.









viernes, 14 de agosto de 2020

El amor de la luz











Después llegaron las lluvias









Después llegaron las lluvias:
lo interminable.
Nada trae este viento, salvo el recurso a la lejanía,
un silencio rebosado, recóndito,
o entre mis manos sólo la austera sabiduría de perderte.
Suzanne lo llena de enredaderas moradas.
Su voz se lleva todo,
crece en el muro donde todavía se conserva el calor,
algo debe tener el amor cuando lo buscan,
algo debe sujetar esta bendita lluvia y su torrente.
Despiertas en medio de la oscuridad y te olvidas del verano,
todas las sensaciones son dúctiles por naturaleza,
el armiño es gris y en las nubes crecen frondas de espera.
Suena la llamada para el Orient Express,
evoca viajes de Venecia a Praga,
ese rail de sueños que será como el mapa de Europa
mientras nada separe nuestros labios.
Crece un fuego de astros silenciosos,
Suzanne, Suzanne,
¿dónde hemos perdido el anhelo de querernos?
Tomemos un barco desde ese muelle sin futuro,
partamos a Istambul, sin mirar atrás,
¡que lejos queda esa noche de S.Juan,
esa fuga ardiente junto al mar!...
No me importa el dolor de tus ausencias,
sé que tu amor vale dinero,
toma de mi cartera los últimos billetes,
he emprendido este viaje sólo para amarte.


f.




jueves, 13 de agosto de 2020

Poemas de Los días contados




Epilogo





Epílogo


Rasgo los matices que envuelven cada acto. En cada palabra hay una sombra, en cada mirada un puente o un abismo, en una mano la tibia respuesta o ese calor decoroso que da saberse el uno al otro.
Busco en los silencios el vértice perfecto, en la luz la herida sin tacha, el filo caliente de un cuchillo, el dolor suave de la ausencia y el murmullo del aire al sentirse vivo.
Hay en el viento restos de nosotros, de otros, de todos lo que a veces te dejan emociones que nunca conociste o que nunca esperabas a esas horas invadiendo tu cuerpo o deshojando en tu cabeza todas las preguntas.
Llueve y cada gota culmina un viaje, se hace en tu piel un suspiro frío y sucumbe dormida, exhausta, aunque sea sólo eso, el resto mínimo de una nube.
Fuera de mí, en el mundo que me rodea a pocos metros, la vida me da tanto para elegir que ya, en ese proceso de desgaste que es el amanecer, debo sentirme lo suficientemente receptivo para no sólo escuchar lo que dentro se ha hecho huella o solamente el sedimento de un nueva decepción…Cada día me reserva una tarde expuesta al agotado sentimiento de la desaparición y al renacer constante del milagro de la noche, la umbría penetrando hasta el tuétano de cada uno de nosotros, cuando el universo nos coloca enfrente de un montón de pequeñas cosas llenas de preguntas y silencios.



f.



miércoles, 12 de agosto de 2020

Yo anduve por Venecia...








Yo anduve por Venecia cuando tú la soñabas
y sentías lejano el dolor de la ausencia.
En las encrucijadas,
quedaron mis pasos, esperándote
tras las viejas canciones
y espiando la mirada inquietante de un nuevo silencio
que iba creciendo como la mansedumbre de los gatos.
Pisé el mármol blanco desgastado y húmedo,
contra las olas de los que partían
se mojaban sin piedad mis zapatos,
y debajo de los oscuros porches de las tiendas del vidrio,
o en cualquier plaza tranquila con sabor de amaranto,
ardía, en el aire del verano,
el sendero abierto por un violín estremecido.


f.






Tenía razón quien hablando de Leonard Cohen







Tenía razón quien hablando de Leonard Cohen
dijo que sus palabras eran de alquitrán,
aunque no nombrase para nada el límite de los silencios de su voz,
los que desbordan incesantes entre el resto oscuro de la noche.
Escucho. Me estremezco. Te pienso,
quiero estar de nuevo en esa habitación
a donde tantas veces me llevas,
aunque no sea el Chelsea Hotel
ni tu pelo deslumbre por ser crepuscular.
Me queda de tu calor la humedad pendiente,
un naufragio entre los dos
si nos despojamos de toda trascendencia.
Arde la tarde y es certera la línea cóncava de la flecha,
roja y dolorosa, se diluye entre los puntos cardinales.
La soledad es lo último que me espera,
quizás esas canciones traigan algo de luz
o me hagan, sencillamente, volver a dibujarte
en el vaho de los cristales,
en los que siempre dejas tus labios rojos.


f.



domingo, 9 de agosto de 2020

Hablar y que tu voz se confunda








Hablar y que tu voz se confunda
con la lenta forma en que arde un olivo.
Quebrar las ramas que forman la luz
y entonces ser de nuevo un pájaro silvestre.
Ser, dentro del silencio,
el borde que tañe y la huella que se quema.
Caer sobre la noche: ser la noche.


f.



sábado, 8 de agosto de 2020

Vigilar la distancia




No sé qué tienen estas horas del amanecer







No sé qué tienen estas horas del amanecer,
cuando es posible que ya te hayas ido
deslumbrada por la noche y el silencio,
y cuando todavía la luz
no ha empezado aún a deshacer las sombras.
Y, sin embargo, siento como mío el lento recorrido de la soledad,
la innata y fría sensación que deja un naufragio.
No te preocupes, es un dolor que solo me mata poco a poco,
me obliga a enumerar todas las mentiras que te guardo,
una pequeña letanía de contradicciones que viven conmigo.
Solo tienen el valor de un aguacero en mitad del desierto,
pero me empapan sin remedio hasta los huesos
sin poder refugiarme en mi renombrada y pertinaz ironía.




f.



jueves, 6 de agosto de 2020

Abrir los ojos sin más destierro que tu propio miedo.






Abrir los ojos sin más destierro que tu propio miedo.
Caer despacio sobre los cristales,
húmedo del sudor y de la cadencia de la sangre.
Verter el agua de la lluvia como un sudario sobre tu cuerpo.
Sajar la raíz, el mimbre de la tierra,
allí donde la savia penetra y da luz.
Tal vez nunca serás nadie,
es más, ya lo eres: sombra de sombra...
pero sabes reflexionar sobre el viento,
el movimiento de la luz,
la veracidad de las estaciones.
Tu silencio se habita de semillas
que saben siempre florecer en palabras.



f.



viernes, 31 de julio de 2020

Tanto andar en los infiernos y sigo siendo carne







Tanto andar en los infiernos y sigo siendo carne,
ni Dante tuvo este innombrable retorno.
Me encuentro en las huellas que habité,
en los resquicios de hurgar adentro,
en la luz invisible donde me ahogo,
en las noches sin lumbre respirando en la boca del lobo.
Vuelvo a beber y exprimo un limón en mis labios,
el ácido despeja las entrañas y deshace los nidos de nostalgia.
Hay lágrimas y viento en mi mirada,
un colirio benéfico para sentirme vivo.
Mis manos saben de sostener la incertidumbre
o de ahogar en su puño el pálpito de un pájaro.
Cada cierto tiempo se agrupan los astros para mí,
silenciosos dibujan sus mapas,
bitácoras de viajes, difusas islas interiores,
ardientes desiertos donde solo existe la sed.
En esas noches Beatriz se deshilacha en el fuego.
Sus labios no saben pronunciar una verdad,
solo escribe temblorosa con tiza roja
las palabras que ya nunca volverán a nosotros
y me obliga a pronunciarme al amanecer,
como si los años cayeran de golpe y fuera ya un anciano.


f.



jueves, 30 de julio de 2020

ENTREGARTE a los silencios del faro








ENTREGARTE a los silencios del faro
y en sus secuencias seguir las estelas
en la noche eterna del océano.
Una, dos, tres ráfagas cortas y una larga
como un minucioso trabajo de arquitectos
donde el agua se enciende
y en un instante se ven las carreteras del mar,
hasta el horizonte que arrastra la penumbra.
Allí los sueños se hacen tangibles
y a ti vuelve con la brisa el sabor de su boca,
la línea sagrada de su cuerpo,
nada más que lo importante,
aquello que te une a la vida.


f.




Sube al Corvette negro del 64










Sube al Corvette negro del 64
y crucemos bajo la noche la larga avenida del verano,
tenemos el poder de hacer de este día
a través del desierto un nuevo milagro.
Ven y deja que el tiempo sea secundario,
abrazados sobre el suelo veremos el cielo demoledor,
la caída intrascendente de otros mundos pequeños
iluminándonos desde tan lejos
como luciérnagas del Universo.
Bésame despacio, sí,
hazlo como saben tus labios demorarse en mí
y rebuscar entre lo oscuro,
en lo denso, allí donde se acumulan los murmullos
y son derribados todos los silencios.
Bésame ahora, cuando todavía me duele.
Cada vez va ser más difícil olvidarte.


f.



Valoro en la distancia el largo aprendizaje









Valoro en la distancia el largo aprendizaje.
Parto de un punto cercano al corazón,
allí, donde un pájaro oscuro bebe de mi sangre
y alza el vuelo cada vez que respiro.
Tú sabes que nunca es nada suficiente para el hombre,
y que esta contemplación de la vida y de la muerte
apenas deja rastros, solo palabras.
Un verso tras otro, que como un buril,
entran sin tú saberlo hasta el fondo de tu alma.


f.



miércoles, 29 de julio de 2020

Epílogo




Epílogo


Rasgo los matices que envuelven cada acto. En cada palabra hay una sombra, en cada mirada un puente o un abismo, en una mano la tibia respuesta o ese calor decoroso que da saberse el uno al otro.
Busco en los silencios el vértice perfecto, en la luz la herida sin tacha, el filo caliente de un cuchillo, el dolor suave de la ausencia y el murmullo del aire al sentirse vivo.
Hay en el viento restos de nosotros, de otros, de todos lo que a veces te dejan emociones que nunca conociste o que nunca esperabas a esas horas invadiendo tu cuerpo o deshojando en tu cabeza todas las preguntas.
Llueve y cada gota culmina un viaje, se hace en tu piel un suspiro frío y sucumbe dormida, exhausta, aunque sea sólo eso, el resto mínimo de una nube.
Fuera de mí, en el mundo que me rodea a pocos metros, la vida me da tanto para elegir que ya, en ese proceso de desgaste que es el amanecer, debo sentirme lo suficientemente receptivo para no sólo escuchar lo que dentro se ha hecho huella o solamente el sedimento de un nueva decepción…Cada día me reserva una tarde expuesta al agotado sentimiento de la desaparición y al renacer constante del milagro de la noche, la umbría penetrando hasta el tuétano de cada uno de nosotros, cuando el universo nos coloca enfrente de un montón de pequeñas cosas llenas de preguntas y silencios.


f.


Poema del poemario LOS DÍAS CONTADOS





Sopla el viento







Sopla el viento de tormenta
y hay cenizas en el bosque.
¿Cómo no arrojarlo todo
al fuego interno que nos invade?

Predigo el calor del amanecer,
todo el verano cayendo sobre la herida,
la luz, como un cristal liquido y ardiente.

Vuelve el silencio y trae en su boca
la sed de la noche.

Deja en los labios semillas sin nombre,
sílabas que solo traen las sombras.



f.


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