La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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viernes, 30 de junio de 2017

Sentado en silencio sobre el balcón del alba










Sentado en silencio sobre el balcón del alba,
no escucho todavía el crepitar del fuego,
el viento trae hacia mí
la última umbría de la noche,
un golpe de mar,
cierto remo de urgencias y fuego,
la dolorosa sensación del abandono.




f.








No he cubierto la tenacidad con el rumor del viento










No he cubierto la tenacidad con el rumor del viento.
Han crecido los álamos de la distancia,
en los márgenes indefinidos de las palabras
cada sílaba tenía una fronda de luz y de sombras.
He mirado en el río, en el agua,
dentro, donde un sonido agónico hunde el corazón,
y sí, en los recodos ocultos de los puentes
los murmullos seguían siendo de invierno.
Mis manos siempre tienen rastros de besanas,
tierra en las uñas, regazos de urgencias,
casi he visto crecer las últimas semillas del centeno,
el orden oscuro que trae el fuego nocturno.
No me quejo,
estos simples versos deben morir
en el intento de ser libres
y anunciar el verano.




f





¿Qué palabras quedan después de las palabras?











¿Qué palabras quedan después de las palabras?
Un instante de luz, la brisa delatora,
lo quebradizo de la distancia,
cierta cadencia en las nubes cargadas de lluvia.

Contemplar desde el silencio,
derramarse en un llanto sin lágrimas,
una rotura que apenas deja marcas visibles,
solo la urgencia de desaparecer,
caer en el vértigo, su derrota,
y beber en soledad el veneno que mata.




f.




Recorro el fragor del fuego









Recorro el fragor del fuego,
esta estancia de tu cuerpo y de la lluvia
donde mis manos saben condenarse en tus gemidos.

He perdido, siempre pierdo,
aunque los dos sabemos rehacer de entre los escombros
una nueva verdad que nos alcance,
un lugar escondido
donde pueda dejar el viento
la simiente de una nueva caricia.




f.




Marco el suelo y los muros










Marco el suelo y los muros
con sílabas que me hacen enmudecer
mientras escucho una canción
que me recuerda a París,
aunque sin embargo
no logro escribir unos versos
que me traigan Rayuela a la memoria
salvo aquellos que hablan del frío, del tiempo, del cariño...
Algo parecido a morir muy cerca del amanecer,
de un desierto, de un muelle vacío.
Allí, donde la luz se ha vuelto agua,
sin formas, sin valores que tengan un nombre.

Mis manos apenas saben construir
más que una arquitectura de naipes y de sueños,
cuando este verano de viento
trae debajo de sus alas un incendio,
ciertas tormentas,
el deshacerse en aguaceros y silencio,
mucho silencio.

Voy bebiendo la noche, su oscuridad,
me desarmo ante los pasos de la luna,
sus gestos de lumbre, cierta brasa, la ceniza,
nudos que quedan en mi cuerpo,
las huellas de la humedad,
la cadencia de la distancia.

Las sumas y los restos quedan en la sombra,
dibujo un corazón en el vaho de los cristales,
dejo cortados todos los quehaceres innombrables
cuando este sabor a hierro se ahoga en mi saliva
y ha de ser la fuente de las palabras,
lo impreciso que me deja respirar
cuando todo lo que me rodea se derrumba.




f.




jueves, 29 de junio de 2017

Este incendio que a veces se desata con un viento incontenible












¿Por qué recuerdas que la luz se muere
y en cambio olvidas que también muere la sombra?

Roberto Juarroz

Este incendio que a veces se desata con un viento incontenible
trae desde el fondo del bosque el último silencio,
la última palabra herida por el rayo.

Cerca de los dos cae siempre la sombra,
nos trae una secuencia de trenes y de lluvia.
Nada nos salvará de morir en el otro
y sin embargo me inundan tus mareas
mientras yo cierro los ojos y cedo
al hilo de la luna que vive en tu cuerpo,
a la cadencia que me encadena de tu boca...
a este vaivén demoledor en que nos desangramos.

Mis manos saladas guardan tus caricias,
el resurgir de todo lo que mata,
un veneno que bebo entregado
cuando me nombras, me llamas, me condenas.




f.







En el viento nocturno vino el acoso










En el viento nocturno vino el acoso,
la holgura de la noche,
la humedad prevista de la hierba.

Llegó como siempre lo hace ella,
en medio de la oscuridad,
con su ansia de sal y de vainilla,
dejando sus uvas dulces reposando en mi boca,
calando cada estrecho sendero de mi cuerpo
con una larga marea
y el caer continuo en el abismo del otro.

Ella sigue siendo de la sombra el resquicio de las sílabas,
la hogaza que da al silencio su rémora de hambre,
un revoloteo de pájaros,
el cantar de esa vieja melodía que tararea sin saberlo
cuando siente que el bosque se deshace,
que la niebla dejó de ser susurro
y que todas las argucias de la noche tienen su final...
mis manos hundidas en la tierra,
esponjosa, plena de agua y de semillas,
viva como solo deja la mandrágora abierta la espera.

Luego volvió el silencio, el verdadero,
el que solo mantiene la luz de una vela
en medio de la otra oscuridad,
la que anida entregada a sostener,
sin miedo, la duda y la incertidumbre.




f.




Venimos de un extremo y vamos a otro









Venimos de un extremo y vamos a otro,
sin embargo,
nadie sabe que lugar ocupa
a cada instante.
Aunque tampoco creo
que eso sea
lo importante
de esta secuencia,
de este lado de la vida.




f.




Demasiada nieve, demasiado azul…









Demasiada nieve, demasiado azul…
¿Qué hacer con este tiempo mortal,
esta marea que asola las palabras?
No nos ha dejado más que heridas,
marcas con nombres de ciudades
y tatuajes de tinta oscura…
yo porto el infinito en mi cadera,
tú mi lengua cerca de la tuya.
No vengas más me dices,
mientras me muerdes la boca
clavando tus uñas en mi espalda…
allí, donde siempre has creído
que escondía mis alas.





f.



miércoles, 28 de junio de 2017

Entonces supimos










Entonces supimos
que el amor no era aquella sombra
que urdía en la palabra,
ni la ventura de no saber caernos
de frente junto al otro.
Habría sido hermoso desenredar la vida,
la eternidad de lazos y jirones
que viene con el viento y se desnuda
cuando la noche en calma
presume de atalayas.
Crecer como la hiedra
que a impulsos de la luz
se inquieta en las paredes,
sentir junto a su mano
el roce inaccesible de un vértigo caliente,
y en la soledad preciada del amanecer,
recoger junto a los sueños
ese ciego tesón
donde siempre queda pendiente
un dolor de nudillos,
un breviario de horas,
un nuevo recomienzo.




f.




Recojo las hebras de la noche










Recojo las hebras de la noche, el insomnio que deshace los sueños, formo un tapiz de espera y siento el desgarro que deja la distancia...afuera, el viento deja escapar nombres inteligibles y susurra el deseo a la vida que trae el amanecer.




f.




Bajo lentamente los peldaños de tu anatomía













Bajo lentamente los peldaños de tu anatomía
como una gota caliente
que desde tu cuello se desborda
recorriendo tu piel
buscando un rincón abierto al deseo.
La lengua se desliza con ella,
trae un ir y venir de lluvia,
de viaje en la distancia,
un tren que no sabe parar
y que se pierde contigo
cuando gimes sin piedad mi nombre...





f.




Así y todo el amanecer












Así y todo el amanecer
dejará la transparencia,
la labor de su andadura,
la realidad en las cosas,
y en nuestros ojos
los rastros del fuego.




f.



Los signos que estremecen la piel después de una caricia











Los signos que estremecen la piel después de una caricia,
el movimiento en el aire del gesto de unas manos,
los rastros intensos de una mirada en otros ojos,
el miedo, el llanto, el dolor,
la ausencia, el recuerdo,
el silencio tatuado en el corazón...

La poesía es un alambique de emociones
donde todas tienen el valor de un verso.




f.





No he escuchado tañer al bronce llamando a la noche










No he escuchado tañer al bronce llamando a la noche.

Yo soy demasiada lluvia,
demasiado viento,
demasiada niebla,
demasiado fuego...
un bosque de coníferas,
una isla rocosa.
unas humildes huellas en un desierto,
lo límpido del silencio.

He sumado mis deudas,
lo que duele.
En cada lágrima
he escrito lo anónimo del viaje,
lo que nadie sabe de mí,
porque soy sombra y soy luz,
todo lo que escribo en el aire
y se va entre las nubes
hacia el este
buscando el mar.





f.





El ritmo de las cosas necesita su propio corazón










El ritmo de las cosas necesita su propio corazón.
Moverse lentamente como lo hace un tornillo
para aflojarse sin motivo aparente
e incluso soltarse de su sitio seguro
tras arduos días de incertidumbre
o dejarse llevar en un instante por el viento,
como lo hace una bolsa vacía
a la que remueven siempre hacia un imaginario remolino.




f.





Sobre lo que no escribo y callo también dejo palabras








Sobre lo que no escribo y callo también dejo palabras,
son huellas de pájaro que se deshacen en la tarde.

Paseo por las plazas vacías donde las palomas naufragan.
Ese lugar donde el silencio es de un mes entero
y los bancos se reservan las horas solitarias para morir al sol.

No me preguntéis por las razones que marcan la vida,
el destino de los astros es envilecer nuestros sueños,
hacernos diminutos ante el significado de su eternidad.

Yo sigo contemplando los crepúsculos,
en ellos se quedan olvidadas mis palabras más sinceras,
tendidas ante el último y encendido rayo que ya enmarca la noche.

Que fácil nos es morir en los arrabales de las cosas profundas.




f.






martes, 27 de junio de 2017

Amaneces...











Amaneces...húmeda
por el arroyo de la noche





f.






Ha girado el viento










Ha girado el viento, escucho en silencio su recodo en el tiempo...puedo ser agua en un pozo reflejando el cielo o ese pequeño charco que deja en un surco, en el barro, la rueda de un carro.
No pregono la verdad...me basta este silencio y el dolor del viento.




f.








"No olvides"









"No olvides", es un fraseado que quiero intuir en el primer canto que trae un pájaro solitario en la mañana..."no olvides" y yo me pregunto quién olvida?...el tiempo es en realidad una permanente vigilia, un caer continuamente de hojas al humus de la tierra y un volver a brotar. Sí, somos pasado y nuestros actos, hasta los más impulsivos, tienen el ADN de los pasos dados, huellas invisibles, cicatrices perennes...y no es ni bueno ni malo, es solo el vital aprendizaje que nos señalará el camino y nos irá llevando al final.




f.







No nos cabe más en el entorno de lo que somos












No nos cabe más en el entorno de lo que somos,
una tilde en medio del silencio,
agua erizada por el viento.
Ven ahora y pregunta sobre el amanecer,
por el entorno azulado de la noche
o por ese dolor que todavía te consume...
tengo tiempo, tiempo para ti,
te lo envuelvo en papel de plata
para dártelo entero y fresco,
recién salido a la vida.




f.






Contemplar es derivar hacia dentro el mundo...











Contemplar es derivar hacia dentro el mundo...
me muevo en este silencio que trae el viento
-- soy como una nube o un pájaro --
que me deja la sed de los días fríos,
los que reservamos en el calendario con una cruz roja
y que son una soga tensada donde permaneces exhausto,
agotado pero todavía vivo...




f.




lunes, 26 de junio de 2017

Escucho los aspersores reclinar sobre el césped










Escucho los aspersores reclinar sobre el césped.
Germina una larga noche sin descanso
y son sus cóncavos senderos de lluvia
como alargados pumas que muerden el aire.
Es un bálsamo saber de los muelles dormidos,
barcos fondeados en el amanecer,
mientras tu cuerpo, solo tu cuerpo,
sostiene junto al mío una batalla perdida de antemano.
¿Qué verdad no saben nuestros labios de la piel del otro?
¿Qué urgencia no ha sido sajada
con esa ansia de filo metálico
que nos deja ahogados, sin respiración?
Vuelvo a ti, siempre regreso sin nombrarte,
y me derrumbo silencioso ante el lecho vacío,
sin miedo a los demonios de la sangre.
No puedo vivir sin habitar tus sueños,
y sin descanso preparo esta muerte pequeña,
esta branza sin rostro,
este vínculo secreto con tu rendición.




f.




Me disuelvo despacio









Me disuelvo despacio para ser gota de humedad entre las palabras, las que reservan, como las hojas al viento, su lado oscuro.
Envés de sílabas y grietas en los muros. Pájaros y hiedra ascendiendo a la luz... siempre ascendiendo.
Casi tanto como lo que doy me he guardado dentro, un reguero de agua donde ahogo las promesas y las verdades a medias.
Sin saber por qué tengo un rincón lleno de versos perdidos, traen de lejos músicas y viajes...unas manos frías, unos labios ardientes, una espalda desnuda, la lumbre de una vela en mitad de las noches, la cera caliente acumulada en una mesa...




f.




Lo sabemos bien










Lo sabemos bien,
aunque no pronunciemos las sílabas que duelen
caemos en el otro como solo se cae en el abismo.

Este vértigo tiene algo de insondable e inesperado,
tiene un sabor a moras y a vainilla,
pero también deja un sudor frío
de pasos de noche y humedad de lluvia.

No hay ventanas que nos abran el mañana.
Estas paredes donde nos dibujamos
tienen las sombras de tu cuerpo y del mío,
porque sabemos que el lugar de la lumbre
siempre empieza y acaba en el otro...

Sin embargo, también nos agota la rueda de las estaciones,
los largos amaneceres del insomnio,
la llegada de la noche
con su albedrío y su braille de yemas y de labios.

No voy a beber este veneno,
ni deshacer estos nudos que nos atan...
pasa el tiempo, quizás sea mañana
un buen día para consumirnos,
o solo sea de nuevo un buen momento
de hacer de la contemplación del otro un río de murmullos.




f.




El amanecer trae la luz y la voz del viento que se agita







El amanecer trae la luz y la voz del viento que se agita,
hélices que giran junto a las nubes blancas,
orvalla el sonido impreciso de los afiladores,
la largura y la distancia de las calles solitarias.



f.




domingo, 25 de junio de 2017

Hurgar en lo perenne bajo el manto de la noche






Hurgar en lo perenne bajo el manto de la noche.
Derribarnos con el silbido del fuego,
callar y sentir como cae lo azul de la barbarie.

Levanto mi copa, bebo el vino oscuro,
un ritual de siembra y de silencio,
algo de este quehacer inunda mi cuerpo
mientras soy hijo del laberinto.

Hay ciertas melodías que crecen en mi corazón,
la soledad se hace raíz con su sombra de pétalos,
me relamo los labios con la miel de la tristeza
en su feudo de voces y de viento.

Vuelvo a mí...solo soy la marea que inunda las playas,
el que contempla y escucha lejanos rezos
en la oscuridad de las laúdes.



f.



Lo sabemos bien










Lo sabemos bien,
aunque no pronunciemos las sílabas que duelen
caemos en el otro como solo se cae en el abismo.

Este vértigo tiene algo de insondable e inesperado,
tiene un sabor a moras y a vainilla,
pero también deja un sudor frío
de pasos de noche y humedad de lluvia.

No hay ventanas que nos abran el mañana.
Estas paredes donde nos dibujamos
tienen las sombras de tu cuerpo y del mío,
porque sabemos que el lugar de la lumbre
siempre empieza y acaba en el otro...

Sin embargo, también nos agota la rueda de las estaciones,
los largos amaneceres del insomnio,
la llegada de la noche
con su albedrío y su braille de yemas y de labios.

No voy a beber este veneno,
ni deshacer estos nudos que nos atan...
pasa el tiempo, quizás sea mañana
un buen día para consumirnos,
o solo sea de nuevo un buen momento
de hacer de la contemplación del otro un río de murmullos.




f.




Dejo mis huellas en el silencio










Dejo mis huellas en el silencio,
a veces son las alas de un pájaro en el aire,
otras los pasos húmedos y nocturnos del invierno.

Hay dulzura en mi boca cuando callo.
Renuevo mis sílabas con el alumbre del amanecer,
de dos en dos nombran el misterio,
solo entonces percibo un dolor intenso
y siento mi humanidad entregada a la carcoma...
tan mortal, tan cercana a ti y a la muerte.

Sé que la ciudad cabe en mis manos,
sus suburbios donde el neón apenas titila en la oscuridad.
Bajo mis sábanas blancas con grecas azules
guardo la arena de las playas,
la caída de los ángeles, los naufragios,
la virtud de seguir siendo la raíz de un cedro antiguo, milenario.




f.




Simple como mis manos en su espalda










(...)Vuelvo de un continente a medias ciego
donde también estabas tú pero eras otra,(...)

J. Cortázar




Simple como mis manos en su espalda
aunque en mis letras tenga recuerdos de azabache.
Sencilla, pero mi boca le nombró en los muelles del atardecer
y creí en ella como un perro lo hace con su dueño,
ciego y penitente, siendo entonces su cuerpo mi tierra y mi mundo.
París, Nueva York, Buenos Aires o Istambul...
¿qué más da en que lugar tenga su cama?
perdí su rastro un amanecer
cuando el otoño tenía demasiada lluvia
y el silencio poseía la convicción de las tormentas
y le era demasiado aburrido esperarme en las noches.



f.




Volver a ser el mercurio dentro de tu pecho










Volver a ser el mercurio dentro de tu pecho.
La hogaza de pan recién hecha
donde meter los dedos e inundarse
con la crecida masa de lumbre y levadura.
Entonces sí que fuimos la respuesta que nadie conocía,
unos gramos de viento, un puñado de sal,
la luz encendida en mitad de las noches.




f.




No me urge el verbo











No me urge el verbo
- aunque de mi boca sea tirano -
ni siquiera esta forma de deslizarse la vida,
entrometida en cada gesto,
viniendo a mí a cada instante para inundarlo todo.

Frecuento la soledad,
sí, su lado más oscuro me habla al oído...
debe ser mi estado melancólico,
una enfermedad que heredé de mi madre,
viejas raíces con ese punto de ira
que sin saber por qué deshace toda comprensión,
genera un río de locura...
ensalza, sin yo querer, lo peor de mi mismo.




f.




Escucho el ventilador del techo










Escucho el ventilador del techo
romper el silencio
en constantes coordenadas de sus hélices.

Leo y escucho.
El verano tiene un lugar común
donde van a parar estas horas solitarias...

El mar abandonado al sol.

La tarde se ensancha
como la avenida intemporal de un río.




f.







Semana dedicada a Marcelo Díaz en Crepusculario












Ahora que la luz tiene tus ojos









Ahora que la luz tiene tus ojos,
la noche es un muelle sin barcos.

Mi destino cabalga en tus labios.
Nombras cada ciudad en que soy pasos y huella,
ese instante de muerte,
y rehaces las calles, las avenidas,
ciertas plazas con entradas de metro,
algunos parques abiertos al amanecer...


Vuelves a ser el viento,
fugaz, caliente, húmedo,
que se ensortija
como un bucanero de sombras
en la oscuridad de tu cuerpo.

Sé que ha de llegar el momento
en que tu sueño sea voraz como el océano,
que el insomnio de tus manos recorra mi cuerpo.

Urdes nudos de urgencias
y vienes con el sudor,
con la incasable fatiga de la mar...
Así eres hoy, mañana, siempre,
un verbo indeterminado,
desconocido para el resto de los humanos,
que tienen la sed y el hambre del deseo
y se sacian solo con lo que les trae cada día la tormenta.



f.




Es la hora del incienso y de la mirra









Mi sueño vive debajo de tus parpados

A. Gamoneda




Es la hora del incienso y de la mirra,
de pájaros y melodías de silencio en el caer del sol,
la hora en que todo lo trae el rojo envuelto en las yemas
mientras nadie escribe en la tierra los registros del corazón.

Hurgo en las palabras,
una a una se derraman sobre mí,
ya no son la cera caliente
ni la mano que busca el relámpago,
llevan los signos de la serpiente,
el vestigio del caos y de la luz,
lo que ha de dejar marcas y dolor
con el paso inconfundible de los bárbaros.




f.




He buscado las sílabas que tiene la palabra nube











He buscado las sílabas que tiene la palabra nube,
sin saber por qué se me han mojado las manos de recuerdos.
Al intentar escribir la palabra corazón,
no tenía más que trozos de cristal
y un extraño sonido a pisadas de hojas secas.




f.




Recupero este sabor a sidra de tu cuerpo









Recupero este sabor a sidra de tu cuerpo.
La nieve, el fulgor último del día,
un quehacer de invierno
entre las nubes altas
y las desnudas sombras de los árboles.
Te reconozco en la lluvia,
erguida sobre el suelo,
quieta en mi corazón
como un suave quejido que no cesa,
mientras la tarde palidece
encendida en el balcón de la noche
por un rayo de luna que me abriga.



f.




No me reconozco ya en estas paredes












No me reconozco ya en estas paredes
ungidas con la humedad del tiempo.
Este cuarto que guarda mi voz
y esa mirada pretérita y marina
que esconde lo impreciso,
lo que todavía palpita en algún viejo corazón.
Tenías como yo el ansia en tu boca
y en tu cuerpo solo se dibujaba como un sueño el deseo,
una huella de luz, una lumbre de viento,
pavesas de eternidad prensadas entre tus pechos,
palomas que viajaban sin miedo hasta mis labios,
y el dulce sabor de la quimera fluyendo en tus ingles,
tantas mareas de un océano nuestro.
Todo un verano en los dedos como agua que nunca sacia.
Crecimos tan deprisa y olvidamos lo que nunca se olvida,
aunque ahora yo no sea aquel que te hizo estremecer
y tú recorras la vida sentada sobre el humo y la mentira.




f.




viernes, 23 de junio de 2017

Las luces en la noche arden alrededor de nosotros










Las luces en la noche arden alrededor de nosotros,
la lluvia de septiembre
se ha dejado media vida entre mis manos.
Todo parece azul detrás de las palabras,
se agrieta el tiempo cuando me contestas
y miras adelante, fijamente,
parece que tienes
en la oscuridad de la carretera
un extraño confidente,
alguien anónimo a quien confiarle tus secretos.
El mar solo se escucha cuando golpea las rocas,
respira entablando su decálogo de obviedades
mientras la sombra de los pinos
apenas deja ver lejanos barcos,
que tiritando en la penumbra
son como nosotros,
pequeños mundos navegando en soledad.




f.




En esta estancia de voces y de sombras









En esta estancia de voces y de sombras,
la soledad no es más que una de las verdades expuestas en los libros.
El anaquel donde se guardan las especias
tienen todo los silencios recogidos,
el almizcle de los sueños
y el sabor de cada durazno que se comió mi boca.
Casi he urdido un plan de suicidio,
el que trae la muerte entre unos muslos
como una cruel y deliciosa serpiente que me anilla a su victoria.
Casi he escrito diez o doce epitafios,
ninguno hace sombra a los árboles que me guardan
y son solo el humus hecho de sílabas y recuerdos.
Hay muelles vacíos, sin barcos,
andenes por los que dejaron de pasar expresos de la noche
y aeropuertos sin destino donde espera sin saber por qué mi juventud.
Tranquilos, escucho un sonido de campanas,
es todavía mediodía,
su tintineo no es a difunto,
llaman a alabar a un dios
que no sabe que tiene entre sus manos.
Un dios vacío como su esfuerzo de recogernos en un aprisco
mientras nos bendicen con su liturgia.




f.










Bajo el palio de la oscuridad nunca me redimo








Bajo el palio de la oscuridad nunca me redimo.

Un ángel llega a veces de noche a hablarme de los mares perdidos
como si fuera un pájaro marino que hubiera cruzado el océano.
Yo tiemblo entre sus manos,
queman a la vez que dan el frío existencial de lo puro.

Nunca me acostumbro a que se vaya
y sin embargo odio todo lo que deja,
porque me impregno de ese aroma extraño
que siempre deja la nostalgia.



f.




He perdido la unión de ciertas cosas...








He perdido la unión de ciertas cosas...
el quehacer de raíces profundas,
istmos, bosques, voces antiguas,
cantos de pájaros al amanecer
que me daban el reposo de la luz.
Tengo un hueco inundado,
un mar de tiempos de silencio,
un costado abierto, sin costuras,
por donde se escapa,
sin remedio, todo lo perdurable.




f.




Responderás despacio











Responderás despacio
pero seré el viento,
la brisa caliente que te meza.
Sentirás en la piel mis labios ebrios
dibujando canciones en la lluvia,
y un fuego de surcos
nacerá de mis dedos...
tu cuerpo, alzado del silencio,
crecerá como campo abonado de centeno.




f.




jueves, 22 de junio de 2017

Que difícil es empezar a retomar el día tras la noche y su ausencia











Que difícil es empezar a retomar el día tras la noche y su ausencia.
La distancia es una nube que se alarga oscura en el horizonte,
una línea escrita en rojo que paraliza el corazón.
Cogimos el ferrocarril del atardecer
con su humo gris y sus vías de acero,
el gusto metálico del desamor
se fundía en los ojos del que ya no esperaba.
Brindamos silenciosos con un champán francés
como si nunca más fuéramos a pisar Burdeos,
esa estación de brisa con un río hundido en el océano.
Todo tu cuerpo temblaba de otoño,
las hojas secas cubrían el jardín del hotel
y un antiguo cementerio gótico
sembraba de inquietud los sueños.
Bonjour mon amour me decías,
mientras tus ojos miraban hechizados
deslizarse mis dedos por un mantel azul.
Respirabas despacio,
inmóvil sobre una sílaba de orgullo.
Detrás de las palabras
y un número de actos imprecisos,
hurgaron tus labios en mi piel,
rebuscabas en el atlas de mi anatomía
donde sin saberlo seguías siendo única.




f.




Ahora que somos desnudos una sombra del otro












Ahora que somos desnudos una sombra del otro,
enraizados en la tierra y en la carne,
mira en la lejanía del amanecer
este esfuerzo de las horas por bendecir con su luz el alba.
Escucha al invierno, el fuego lo delata,
alumbrando la nieve con su manto púrpura,
y sin embargo, que gris trae el humo para nosotros
desde el horizonte el viento.
Fuimos una tarde sin vencedores,
talados como árboles de un bosque espeso.
Laboriosas abejas libaron en la sangre,
tu cuerpo se diluyó derramado en el mío
su néctar dulce y caliente
para calmar mi sed
y esta espera sin márgenes
de un nuevo aguacero.





f.





Los días me recorren como yo a ellos













Los días me recorren como yo a ellos, con la precisión cartesiana que puede tener un reloj de arena. En el ángulo de una palabra, en su dintel de sílabas, se queda una puerta abierta al silencio, el mirar y contemplar al mundo que te rodea, callado, deshaciendo con tus dedos cada pequeña cosa que pasa a tu lado, desde el vuelo imperceptible de un solitario pájaro al atardecer, al movimiento de las sombras movidas y alteradas por el viento, tan cerca de tu corazón que los puedes escuchar respirar ese instante como si fuera otro ser humano.





f.




Uno nunca sabe










Uno nunca sabe si su universo literario y su vida real andan juntas, ni siquiera si las percepciones más nítidas que te asaltan cuando escribes tienen que ver con las que sienten los demás...uno, yo, maldigo a veces no ser de verdad un personaje como Swan en busca del tiempo perdido o no ser Bloom recorriendo las tabernas de Dublín y Fausto o el mismísimo Príncipe Valiente.
Nunca sé dónde está el límite, la línea donde dejo de ser yo y me convierto en el hacedor de las sílabas imprecisas que a modo de fiebre me transforma y me hace pasar las horas entre las negras teclas de un ordenador.




f.







Vivir con plenitud ese instante









Vivir con plenitud ese instante
en que tu densidad de isla
es abatida por mi lengua.



f.




Llueve aunque sea verano










Llueve aunque sea verano,
llueve como si fuera otra caída más de la eternidad sobre mis hombros.
No sé dónde ha ido el anticiclón de las Azores,
ni siquiera sé si estas borrascas que se hacen de yodo y níquel
tienen el simbolismo de lo irremediable.
Escribo en la oscuridad del atardecer,
soy un hijo fratricida de mi tiempo,
todavía arde la última vela con un aroma especiado
y las lámparas amarillas recortan mi figura como una sombra
en el estertor de la penumbra que me invade.
Mis párpados se cierran y buscan otro paisaje,
un muelle donde esperarla,
una distancia corta para que mis palabras no sean viento ni agua,
solo sílabas expuestas a sus oídos,
ella que sabe trepar como las hiedras
y descolgarse en pétalos de rosa sobre mi boca.





f.




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