La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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miércoles, 28 de febrero de 2018

En el aeropuerto de Nuuk sólo existe el frío










En el aeropuerto de Nuuk sólo existe el frío,
un horizonte blanco donde reposar la mirada
y alguna silueta de oso paseando en la lejanía.
Es posible que en Groenlandia
el silencio sea parte del continente
y que tenga un perfil contenido,
duro pero sereno
aunque queme como todos los silencios de la Tierra.
En el adviento de las despedidas
podemos embarcarnos,
naufragar entre los abrazos que no nos daremos
y sabernos en esta soledad
que dan los aeropuertos
a los que nadie te viene a despedir,
o a los que llegas y sólo la luz de las farolas te espera,
recordándote que todavía es invierno en el hemisferio Norte.




f.




martes, 27 de febrero de 2018

La noche se dejó parte de la verdad en tu boca









La noche se dejó parte de la verdad en tu boca. Sin aliento y sin más lumbre que la oscuridad andaba por ti, estremecida, preguntándose todavía por el milagro de tus lágrimas...



f.




No hay un después









No hay un después,
cuando las manos ya no sostienen el mundo
solo nos queda caminar por un pasillo de lumbres y sombras.
Quizás tengamos todavía el transcurrir entre los días...
Una vez más levantarnos del suelo.
Respirar en los márgenes del aire.
Buscar la luz de las últimas velas,
las que no ha ahogado la oscuridad.
Seguir siendo un pájaro que vive la noche,
estremecido por la labor del frío,
del silencio y de la soledad.



f.




Trae el viento un aroma de invierno











Trae el viento un aroma de invierno,
ciertas nubes grises, ciertas sombras.
Contemplo la tarde con su desnuda venganza.
Sin urgencia, siento como cada paso derrumba una palabra,
y se hace de mí, con esa luz que enhebra el fuego…
Hay huellas en el día que me nombran al irse.


f.




No hay dialogo del hombre con el hombre











No hay dialogo del hombre con el hombre,
la otra parte de ti
que sigue tus pasos como una sombra fiel,
y es lo sonoro de tu respiración
en el largo tránsito de la noche,
cuando las respuestas andan despacio en la oscuridad
y tú oyes su murmullo moviendo el humo del tabaco,
o cuando el silencio se abre camino
entre los pliegues de las anónimas sílabas,
- ellas, las tuyas -
las que forman lo impreciso:
La verdad del instante voraz que te consume
como esa luz de la vela
a punto de extinguirse.



f.




Soy, después de todo










Soy, después de todo,
lo que más me duele,
porque en soledad
me hundo en la maleza de la noche,
la selva donde el murmullo es parte del aire,
y me siento morir, tan lentamente,
que cada vez que grito
escucho un trueno y llueve,
llueve sin parar,
llueve con la intensidad
que tienen los diluvios.



f.



lunes, 26 de febrero de 2018

Hurgar despacio











Hurgar despacio, con las manos sucias, la tierra humeante todavía de la lluvia y pernoctar como si fuera todo una noche de astros y quejidos de viento en las altas farolas de lumbres amarillas.
Yo diviso el mar desde mi horizonte, siembro de azaleas la ruta de la seda, muerdo el regaliz, su esencia trae desde el fondo la raíz de mi infancia, y ausculto cada brizna de brisa que ilumina este vivo aliento...aunque sé que la risa es una sombra entre dos peces muertos y que el dolor todavía tiene un costado donde encimarse en las horas que se escucha caer la letanía.
Voy a ser sincero, he visto en los ojos de la sombra unas lágrimas y en sus versos, susurrados a mi oído, cierta cadencia de ceniza. Soy como un rubí de los que guarda la granada, solo soy un instante, solo la mirada que abarca desde las semillas del cardamomo a la voracidad del hilo ardiente que incendia la luna.
Escucho murmurar a mis espaldas, mientras desde el tranvía cruzo veloz una ciudad todavía herida por el frío.



f.



Contemplar no es lo mismo que mirar...










Contemplar no es lo mismo que mirar...
Hay una certeza inequívoca en el reguero de las horas muertas,
trasladamos las preguntas y las dejamos sobrevolarnos
como nubes blancas en el viento o pájaros tendidos en el cielo.
Descubrir, descubrirnos, tiene en si mismo un paso más,
a veces, es un símbolo de madurez insoportable.


f.



Murmuro despacio ciertas cosas











Murmuro despacio ciertas cosas
como hace un viejo a sus muertos.
El agua de la lluvia me recorre,
me empapo de esas calles mías,
soy los restos de mi memoria, los restos de mi vida.
Vuelve a ser la tarde débil regazo donde esconderme.
Hay ciertas sombras que acarician mi espalda
mientras se va yendo el invierno susurrando venganza.
Escucho al viento golpear los cristales,
abatir las banderas y silbar en los cables,
zarandea los desnudos árboles de hojas y de pájaros
y dibuja en la avenida un tiempo de ausencia,
un ir y venir de papeles sin nombre,
la incierta medida anónima donde tributa la soledad.



f.




Escucho el mar en caracolas de invierno











Escucho el mar en caracolas de invierno.
La largura de la nieve
trae silencios en los que descansa el dolor.
Huellas de todos los muertos que me habitan.
La melodía, la cadencia del frío,
los verbos arrancados de raíz,
la luz oscura de las telas de araña.
Yo navego por la vieja Europa
y vuelvo a sentir su mano entre las mías
como un temblor de mayo que nunca se olvida.
He retornado desde el fuego y las heridas,
empapado por el agua de la lluvia
cuando el amanecer
tiene su grisalla con mi cuerpo rendido
y mis manos están sucias
con los restos de tierra y sangre
por todo lo que vivo y todo lo que no vivo.
Escucho el mar...
Me he mordido la lengua. Callo...
mientras caen los primeros copos
y todo es tan triste como mi mirada.



f.




Anotar en el agua







Anotar en el agua
una quebrada onda de signos efímeros.
Dibujar en el aire,
cuando la bruma se hace blanca,
casi trasparente línea movediza y nómada,
antes de no ser nada más que humedad en el viento.
Si acaso, pronunciar los verbos
con voz queda,
y escribir en la piel desnuda de la noche,
febril y estremecida por tus dedos,
palpitando por ti,
cuando todo lo que le queda a tu boca
por descubrir es un mundo fecundo,
y a tus manos un largo poema por escribir.



f.



domingo, 25 de febrero de 2018

Hay un fuego sin nombre que acucia











Hay un fuego sin nombre que acucia
y deja dentro voces y palabras,
signos inequívocos de emociones
que queman y acarician...
anudan las manos,
atan los sentidos,
navegan en el cuerpo,
inundan la piel
y manan como la sed,
un lamento de luz
que te llega...te vence...te da vida...


f.



Ella escribe con signos de fuego










Ella escribe con signos de fuego
la noche sobre tu cuerpo,
te tizna de oscuridad,
te abrasa y te abandona.
En medio del silencio,
tus cenizas,
tienen todavía una voz
que murmura un nombre.


f.




sábado, 24 de febrero de 2018

Lo transitorio nos resulta estético











Lo transitorio nos resulta estético pero se derrumba al primer soplo de viento. Tan solo cabe el esfuerzo en desgastarnos en esas horas muertas que nos preceden y que transitan por la sangre, las que se hacen dueñas del corazón y muchas veces residen como desconocidos habitantes en el tuétano de los huesos, en la médula espinal de las contradicciones.

No temo fallar, parece que el ser humano está hecho de innumerables fallos y nuestra personalidad, la más intima, no se dibuja en unos planos previos donde todas las soluciones son empíricas, se ha ido formando sobre todo en la niñez, aunque es cierto que hay componentes que nos hacen señalar que nuestro ingente saco de contradicciones se vislumbra ya en nuestros ancestros…ahora mismo, desde hace tiempo, me creo parte de un esquema de respuestas erróneas, aunque eso no me obliga a reconocer que no es el aroma y el jugo de un durazno suficiente sacrilegio como para desperdiciarlo, ni un amanecer no tiene la suficiente personalidad como para desestimarlo, y que el hombre, camina tan deprisa que al mirar atrás pocas veces se reconoce en su propia vergüenza personal. Ser un hombre y no fallarle a la vida, eso es quizás el juego al que nos han mandado aquí y la verdad creo que hay pocos que lo cumplen…deben ser esos que llamamos locos.




f.

Andar en las palabras










Andar en las palabras... como si fueran sendas, caminos, rastros de un animal que nos precede...el instinto que sabe de nosotros lo que no sabremos nunca, un aroma, el almizcle, el sabor predicho por la boca, el fuego que llama sin reconocer lugar, hora, momento...así y todo son palabras, sílabas de mar y de arena, agua salada que fluye o que cae como aguacero sobre el silencio interior...algo como un torrente en medio del desierto...como un aguacero que cae sin avisar…y sí...solo son palabras…pero que hace que te empapes y te quemes, aunque te resistas a sentirlas como algo más que signos caligráficos, un vaivén de viento húmedo, de isla y viaje sin nombre…pero sí, son solo palabras...



f.






Alcanzo a respirar en medio del viento










Alcanzo a respirar en medio del viento.
Llega del bosque la duda húmeda del atardecer
y entre los dos el vértigo de olernos
y tendidos abrazar las nubes.

Mi sendero se cruza a menudo con el tuyo.
El día se acuesta en mi espalda
y tú murmuras con voz de aguardiente
y te haces noche de luna llena,
dejas huellas de laberinto,
caricias derramando sal...
tu forma de amar que deja siempre
un hilo unido a todo lo que nos separa
en el halda del amanecer...



f.




viernes, 23 de febrero de 2018

No sé que me deja este vacío









No sé que me deja este vacío.
Una cadencia de signos en el cielo,
que voy uniendo dibujando pájaros.
Mientras, imperceptibles,
mis manos remueven el agua del estanque,
quiero sentir que mi propia imagen
tiene márgenes difusos.
No me reconozco.
Será verdad, que a veces la palabra
y el silencio que la habita
han tomado partido...
ambos quieren condenarme a ser su envés:
la oscuridad impronunciable.



f.



En medio de la oscuridad que me rodea









En medio de la oscuridad que me rodea
he contemplado las flores estremecidas del almendro.
La luz trae en sus hilos la blanca y sonrosada llama,
el quejido silencioso que se rebela...
la fugaz belleza en armas
contra el acoso incesante del invierno.


f.



Me hubiera ido despacio









Me hubiera ido despacio,
en silencio,
como siempre se van las horas,
dejando en tus manos los restos
todavía ardientes de la noche.


f.



jueves, 22 de febrero de 2018

No voy a hablarte de hacer las cosas fáciles









No voy a hablarte de hacer las cosas fáciles,
eso queda para los que detrás de un reloj ven horas que pasan,
yo solo sé alargar las líneas que queman hasta acercarlas a tu boca
o dejar que las nubes sean las primeras palabras que te aniden.
Nada de lo que te ha de conmover tiene márgenes,
son las verdaderas mareas de un mar oscuro
que azota una playa habitada por gaviotas...
de ese ir y venir del viento,
de contemplar tus manos vacías y húmedas
mientras caes en la cuenta del valor que tiene respirar en el silencio.



f.




Yo ando en las palabras








Yo ando en las palabras que me marcan como si siempre fueran una senda nueva, no acabo de encontrarles su final, su deshacerse entre mis manos como los tormos de una tierra de labor, ni de encontrar el último margen, ese punto y aparte donde ponerles fin.
Si fuera tan sencillo escribir un poema y no volver a rescatarlo desde adentro, desde el sitio exacto donde duele, como duelen los recuerdos tristes, las estaciones antiguas de tu infancia y los trenes con asientos de madera, los parques de tierra donde jugabas a todo, los amores perdidos por los cines...eso era cuando todavía la línea era infinita y no debías elegir, no sabías elegir, solo respirar...pero un poema es como una marea muchas veces, vuelve a dolerte si lo relees y tu única salvación es lanzarlo al mundo, repartir esa carga tuya con otros ojos...y seguir pensando que alguien sabrá como abandonarlo.


f.




miércoles, 21 de febrero de 2018

Ahora que hemos abierto las puertas del vacío











Ahora que hemos abierto las puertas del vacío
déjame contemplarte en silencio,
mirando en la distancia,
sabiendo que respiras de mí
las horas de un largo invierno.
Ahora que tus manos se detienen sin tocarme
y como pájaros revolotean en el contorno de mi cuerpo,
has de medir en un instante
todo lo que te guardas de la noche
y de ese esfuerzo que tiene recorrer los muelles,
pisar los andenes, esperar en un aeropuerto
la llegada de un nuevo pasajero.



f.



Vivir es también apretar los ojos y respirar despacio









Vivir es también apretar los ojos y respirar despacio.
Sentir los pulsos de tus sienes, preguntando dónde vamos,
cubrirte hasta la boca con el el abrigo y tus manos,
cruzar avenidas con pasos imprecisos entre la holgura de la lluvia.
Ser del invierno cuando todo lo que te rodea se hace de rastros de nieve.
Ser el muelle vacío, el tren con retraso, la noche oscura,
la palabra que se desnuda ante el silencio,
ser el último trago de ginebra y unas lágrimas,
las que siempre achacas al frío viento del Norte.


f.







Rehago la suma imprecisa de la noche











Rehago la suma imprecisa de la noche.
Nunca vuelven a ser uno y uno un par.
En lo imperfecto de cruzarme contigo
añoro la percepción del amanecer,
el gesto de tu mirada al inundarte la luz,
el sonido primario de tu cuerpo,
la ausencia de un nosotros
cuando todavía respiras otro instante,
lejano y ajeno a este acantilado sin sombras,
mientras que en la avenida
empiezan a cantar los pájaros.


f.



martes, 20 de febrero de 2018

No puedo decir quien soy









No puedo decir quien soy,
solo puedo contemplar las secuelas de mis pasos.
Soy un hombre que apenas se dirime respirando,
una sombra siempre batida por el viento
y también la humedad que acompaña todos nuestros actos.
Una vez que los verbos se deshagan en mis manos,
solo seré la culminación del humo,
un poco de emoción entre las nubes,
algún recuerdo en la distancia.


f.



No he recordado nunca un cuerpo en otros cuerpos









Tan sólo compartimos los bares y las calles
antes de amarnos contra tres espejos:
¿qué más podría darme tu recuerdo?

J. Córtazar


No he recordado nunca un cuerpo en otros cuerpos,
quizás porque siempre dude de recordar el suyo.
Sé que la memoria tiene sus momentos.
Es certera,
cuando la ausencia se cubre con promesas,
esos viajes de distancia
en que todos podemos encontrarnos,
y sin embargo,
oculta la verdad entre las sábanas
cuando quiere olvidar
y solo la sombra de la soledad,
susurrándote al oído, te la nombra.
Ayer recorrí ciertos bares,
anduve por aquellas calles.
Ella no estaba, era lógico,
pero tuve la sensación de que algo de ella
todavía me esperaba en alguna de esas barras.



f.




Arrastras el abandono de los barcos









Arrastras el abandono de los barcos,
el apenas en que eres sólo una mirada,
las lágrimas que habitan en tu olvido,
el dolor quebrado, la ausencia,
el lado devorador de la herrumbre,
el misterio, la secuencia, la penumbra...
todo lo que la noche se permite de ti,
mientras en silencio,
como si nunca fuera a amanecer,
contemplas el ir y venir traicionado
de ese viaje eterno que rehace el faro,
constante y obstinado,
en la herida sinuosa del océano.



f.




Desde el Sur












Desde el Sur viene la tormenta,
la lluvia que trae bajo sus dedos
el vencido declive de la noche.


f.




Escribo despacio










Escribo despacio como si el tiempo tuviera una gran aguja de hueso y buscase esconder las horas entre los hilos de la luz. Un hombre solo es un hombre aunque su sombra recoja todas las palabras y cree un mundo en el que todo el tiempo corta las rosas de un jardín de invierno...eso pienso mientras percibo renacer las hojas de los árboles y escucho, al romper el alba, la llamada perdurable de los gorriones, los que duermen juntos en las pocas islas de floresta de la avenida...siento el frío como desenvaina su acero, pero solo me deja lágrimas y el ronco deshacer de todos los signos de la noche...otra noche donde el insomnio me ha regalado una o dos canciones.



f.



lunes, 19 de febrero de 2018

He aprendido que contemplar es un verbo silencioso










He aprendido que contemplar es un verbo silencioso.
Te trae desde lo más íntimo la esencia de las cosas.
Quizás cruzar un puente sea a veces un acto de valentía,
otras traes con tus pasos un miedo ancestral desde tu orilla.
No sé en que punto estoy de este puente en la bruma…
Siento debajo un río caudaloso, suenan voces
y ciertas sombras al pasar junto a mí me rehúyen.
Ahora, desde el instante en que escribo sobre esto,
no tengo más ansia que contemplar el vuelo de algún pájaro,
apoyarme con mis brazos sobre un muro de piedra
para poder escuchar junto al susurro del agua,
cierto rumor que de lejos parece ser un eco de tambores.


f.



Hay heridas que siempre florecen en tus labios









Hay heridas que siempre florecen en tus labios,
un largo despertar entre tus dedos,
lo trémulo, el fuego,
toda la cadencia de tu cuerpo,
un abanico de humedad recorriendo mi piel.
A veces los pájaros hacen sendas de olvido,
las nubes acarrean presagios de simiente
y en la espera, el viejo faro,
un tumulto de luz en la penumbra,
es un muelle abandonado donde la soledad peina
trazos de ternura buscándote en la distancia,
en esa lejanía donde se arrastra lo insondable.


f.



Entonces tuvimos el asombro









Entonces tuvimos el asombro,
cruzamos el vaivén del miedo,
dos cuerpos frente a frente
reconociendo un atlas nuevo...
islas habitadas
por nombres de corsarios,
pájaros del cielo
y el hambre y la sed que da el deseo.



f.



Es la hora del incienso y de la mirra









Mi sueño vive debajo de tus parpados
Antonio Gamoneda


Es la hora del incienso y de la mirra,
de pájaros y melodías de silencio en el caer del sol,
la hora en que todo lo trae el rojo envuelto en las yemas
mientras nadie escribe en la tierra los registros del corazón.
Hurgo en las palabras,
una a una se derraman sobre mí,
ya no son la cera caliente
ni la mano que busca el relámpago,
llevan los signos de la serpiente,
el vestigio del caos y de la luz,
lo que ha de dejar marcas y dolor
con el paso inconfundible de los bárbaros.


f.



Me erijo en la sombra de la tarde








Me erijo en la sombra de la tarde,
en la palabra que desciende desde las azoteas,
la que crece incesante como hiedra
en el corazón del que contempla la vida
desde la umbría húmeda del barro
o la sequedad de la tierra.

No hay un abrazo de Dios sobre nuestras espaldas:
un hombre cruza solo el estero,
la veracidad de la soledad,
los puentes de la noche,
y siente en su carne clavarse la sirga de la sal.

Voy descalzo. Piso la hierba recién cortada.
Creo un mundo de intenciones y preguntas.
Un lugar de islas desiertas habitadas por pájaros.

Reposo en ciertos anocheceres que me estremecen
y en la longitud exacta, su medida en segundos,
en que respiro el alba primera, la luz temprana
antes de que el día sea contorno y distancia.



f.



domingo, 18 de febrero de 2018

Detrás de la noche









Detrás de la noche hay noche,
el insomnio de ti
o ese verte ir despacio bajo la lluvia...


f.



Me desborda este viaje










Me desborda este viaje de tu boca hacia mi piel,
navegar entre tus ojos y tu ansia,
sembrar de flores rojas cada beso,
inundarme de ti....


f.



Abro las hendijas de la tarde








Abro las hendijas de la tarde.
Se van en su galope los cirros a lo lejos,
deshechos con su arder de hielo.
Se visten del último añil que ha de traer la noche.
La vida se contempla desde dentro
y recorres las distancias como un albatros cruza los mares.
Una mirada de pájaro que desciende sobre las olas
y se rehace en la concavidad del horizonte...
Me coloco la túnica de lo mortal,
he dejado salmos de eternidad en el aire
como troncos de olivo que echar al fuego.
El ángaro tiene la luz de lo infinito,
yo soy lo quebrado, la tierra,
los surcos de agua que deja una tormenta
reflejando el silencio que la sigue.
Se encima la soledad.
Se traza en mi espalda con sus formas de islas,
un archipiélago de murmullos,
las islas Sarónicas perdidas en el Egeo.
No he muerto tan rápido para tener que abandonar a los míos,
aunque sé que mis muertos han dejado su rastro prendido a mi mirada.



f.




He dejado que me empapen los verbos









He dejado que me empapen los verbos
como si fuera una tormenta de septiembre...
tienen el valor transitivo de las horas,
el quehacer de los amantes,
la anuencia de todos los pronombres...
tú, yo, nosotros,
al final solo somos dos cuerpos,
una arquitectura de deseo
en construcción de actos,
sin embargo cuando encendemos la lumbre
ellos callan, solo pueden dejar que la vida siga adelante.



f.




sábado, 17 de febrero de 2018

Tan parciales como todo son los días









Tan parciales como todo son los días.
Nada es trascendente
pero hoy he escuchado riña de gorriones
entre los árboles desnudos.
El viento mojaba mis ojos con un llanto de duda,
no sé por qué he pensado en la primavera
cuando todavía las huellas del amanecer llevan escarcha.



f.



Era unos trozos de tela tendidos al viento









Era unos trozos de tela tendidos al viento.
En las cuentas de la vida apenas nada,
un hombre más sin esperanza.


f.



Roba la noche el alma a la luz








Roba la noche el alma a la luz
y somos de nuevo unos perdidos en la oscuridad.

Brotan las lágrimas y sabemos del otro,
heridos, andando por un alambre sin límites.

¿Cuánta distancia tienen tus abrazos?
¿Cuántas palabras te deben, cuántas debes tú?

Al fondo de la tarde cae con estrépito un telón negro.
Yo hablo con voz profunda
y la muerte sabe que sin nombrarla
tiene siempre la última baza.




f.




viernes, 16 de febrero de 2018

Cabalgo bajo el signo inequívoco de la noche









Cabalgo bajo el signo inequívoco de la noche.
Soy un hombre,
quizás tan solo el gesto,
la sombra entre los árboles
me distingue de todo lo que se mueve
y deja su pasar en huellas tristes
sobre el suelo de tierra.

No he sembrado lunas en medio de la nieve,
solo he dejado que el invierno me tome en su costado amargo
y traspire en los salmos y en la caída incesante de la lluvia.

Escucho al silencio
como a un pájaro que huye,
el correr del viento,
el vaho prendido al corazón
de los viejos cristales de mi casa.

No hay amanecer, la luz de la lámpara ilumina
el tintineo de las cucharillas golpeando la loza,
esa verdad derramada en la oscuridad de los cafés
que tú buscas para derrumbarte,
una vez más, pensando en el pasado.

No temas, yo solo soy la parte amable de tu soledad,
hablo desde la distancia y no hurgo en esas calles empedradas
donde sueles esconderte para recordar
que los días pasan y que en tus noches de adviento
aceptas al frío como un nuevo elemento que te mantiene vivo.



f.






Llovía con la densa sabiduría de la eternidad









Llovía con la densa sabiduría de la eternidad.
Tú mirabas por la ventana como era el invierno
y esas gotas se hacían ríos insalvables.
Yo frecuentaba la luz de la lámpara y leía sobre viajes.
Nunca fue suficiente para deshacernos
saber que el tiempo, inagotable,
nos cubría con su tenue color gris,
mientras los días eran solitarias ciudades en silencio.



f.




Mejor quedarme varado en mitad de una calle









¿no llego siempre al mismo sitio
ese abismo sin fin donde los hombres vacían sus maletas?

Laura Yasan



Mejor quedarme varado en mitad de una calle,
una plaza, un puente que cruza el río.
Hay arena blanca en mis zapatos,
la humedad de la tierra que siempre va conmigo.
Traigo un despertar tardío en la boca de otro,
como un verso que se queda tarareando insumiso en la memoria.
Nunca he abierto mi corazón al viento del amanecer,
seguro que los nudos corredizos ahogarían mi voz.
Es infatigable esta sensación de muerte
cuando abandonas la ausencia
en la cama de un hotel.
Entonces repaso las horas
como si fueran estandartes de guerra,
recorro rutas nuevas
por calles impropias de mi carácter,
volteo mis bolsillos
y caen al suelo los nombres que duelen...
Soy un hombre sencillo con amarres a un muelle vacío.
Veo el sol sobre la lejanía,
la distancia es otro dolor insoluble
que se levanta al trote de un caballo negro pecero,
asemejo entonces ser la sombra de un árbol
perdido en mi silencio.


f.




jueves, 15 de febrero de 2018

Yo hurgo en todos los silencios









Yo hurgo en todos los silencios,
esos murmullos que tienen las palabras
y es la melodía que nunca reconoces
pero que va contigo, te desborda como una sombra.
Y se han ido con ellas en sus manos,
como yo tarareo lo desconocido,
traen mi infancia, mi juventud, ciertos miedos,
mujeres que tuvieron en su poder mi corazón,
otras que sostuvieron en la noche el precio del deseo.
Canto y no sé distinguir que trae ese fuego de nieve,
un invierno tras otro que se desmenuza,
las primaveras al amanecer
o los veranos perdidos
en ciudades en las que siempre me reconozco.
Ya no fumo y más allá
el fuego solo tiene recorrido de sombra,
lo tibio de una ginebra aguada
cuando solo queda pendiente
recoger mis pedazos.
Escribo sobre el desamor y la pasión,
la caída de los astros
y el silencio continuo de los planetas.
El amor, para quien me ama,
no refleja más allá de lo oscuro que soy,
viento y lluvia, ternura entre mis dedos,
tan simple como un muro en medio del otoño
cuando la parra que crece sobre él cambia su color.
Sé que algo de mí se va quedando en los pliegues de mis palabras,
que todo lo que escribo me deshace...
como si ahora, al escuchar esa llamada lejana de campana,
tuviera la sensación de que en el fondo
sigue buscando que me entregue.



f.




Hay sobre la noche luces de ángaro










Hay sobre la noche luces de ángaro,
encendidas torres albarranas,
una fatiga de mimbres que con el viento suenan como un látigo.

Es la noche devorada,
la urgencia sobre el hacer de los cuerpos.
Ceniza que nos quema
mientras las máscaras
siguen prendidas al fuego de la palabra.

Hoy he renacido en la madrugada del invierno.
Soy de nuevo la mano que remueve el agua,
la mirada que contempla y dibuja sobre el pecho
la huella de sangre que deja un corazón.

Maldigo mis horas de salmos,
la lluvia de lágrimas en silencio,
el milagro de cada verso que se hace hombre,
la ausencia de verdad,
todos los epílogos
que traen en sus manos inertes
los poetas muertos.

Hay un lugar perdido para el adviento,
unos axiomas de perdón donde quedarnos dormidos...
tal vez entre los surcos de mi corazón
quepa un pequeño dios que me consuele
por mi voraz memoria y su eternidad.



f.



No saben engañar ya mis palabras











No saben engañar ya mis palabras.
Solo sostienen junto a mí
un fuego, una mirada, una bandera.



f.



miércoles, 14 de febrero de 2018

Me habría rodeado de tu ansia










Me habría rodeado de tu ansia,
un viaje por el fulgor de la noche
y la animal ebriedad de tu cuerpo.
Casi la distancia trae las palabras,
se enredan entre los cabellos
y gimen entregadas al viento,
aquel que cerca ciego rodeando las plazas
y levanta al vuelo bandadas de palomas.



f.




Pretérito perfecto









Pretérito perfecto, tu cuerpo,
una sola palabra,
y el aroma impregna
las escasas sílabas que te nombran...


f.



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