La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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domingo, 18 de febrero de 2018

Detrás de la noche









Detrás de la noche hay noche,
el insomnio de ti
o ese verte ir despacio bajo la lluvia...


f.



Me desborda este viaje










Me desborda este viaje de tu boca hacia mi piel,
navegar entre tus ojos y tu ansia,
sembrar de flores rojas cada beso,
inundarme de ti....


f.



Abro las hendijas de la tarde








Abro las hendijas de la tarde.
Se van en su galope los cirros a lo lejos,
deshechos con su arder de hielo.
Se visten del último añil que ha de traer la noche.
La vida se contempla desde dentro
y recorres las distancias como un albatros cruza los mares.
Una mirada de pájaro que desciende sobre las olas
y se rehace en la concavidad del horizonte...
Me coloco la túnica de lo mortal,
he dejado salmos de eternidad en el aire
como troncos de olivo que echar al fuego.
El ángaro tiene la luz de lo infinito,
yo soy lo quebrado, la tierra,
los surcos de agua que deja una tormenta
reflejando el silencio que la sigue.
Se encima la soledad.
Se traza en mi espalda con sus formas de islas,
un archipiélago de murmullos,
las islas Sarónicas perdidas en el Egeo.
No he muerto tan rápido para tener que abandonar a los míos,
aunque sé que mis muertos han dejado su rastro prendido a mi mirada.



f.




He dejado que me empapen los verbos









He dejado que me empapen los verbos
como si fuera una tormenta de septiembre...
tienen el valor transitivo de las horas,
el quehacer de los amantes,
la anuencia de todos los pronombres...
tú, yo, nosotros,
al final solo somos dos cuerpos,
una arquitectura de deseo
en construcción de actos,
sin embargo cuando encendemos la lumbre
ellos callan, solo pueden dejar que la vida siga adelante.



f.




sábado, 17 de febrero de 2018

Tan parciales como todo son los días









Tan parciales como todo son los días.
Nada es trascendente
pero hoy he escuchado riña de gorriones
entre los árboles desnudos.
El viento mojaba mis ojos con un llanto de duda,
no sé por qué he pensado en la primavera
cuando todavía las huellas del amanecer llevan escarcha.



f.



Era unos trozos de tela tendidos al viento









Era unos trozos de tela tendidos al viento.
En las cuentas de la vida apenas nada,
un hombre más sin esperanza.


f.



Roba la noche el alma a la luz








Roba la noche el alma a la luz
y somos de nuevo unos perdidos en la oscuridad.

Brotan las lágrimas y sabemos del otro,
heridos, andando por un alambre sin límites.

¿Cuánta distancia tienen tus abrazos?
¿Cuántas palabras te deben, cuántas debes tú?

Al fondo de la tarde cae con estrépito un telón negro.
Yo hablo con voz profunda
y la muerte sabe que sin nombrarla
tiene siempre la última baza.




f.




viernes, 16 de febrero de 2018

Cabalgo bajo el signo inequívoco de la noche









Cabalgo bajo el signo inequívoco de la noche.
Soy un hombre,
quizás tan solo el gesto,
la sombra entre los árboles
me distingue de todo lo que se mueve
y deja su pasar en huellas tristes
sobre el suelo de tierra.

No he sembrado lunas en medio de la nieve,
solo he dejado que el invierno me tome en su costado amargo
y traspire en los salmos y en la caída incesante de la lluvia.

Escucho al silencio
como a un pájaro que huye,
el correr del viento,
el vaho prendido al corazón
de los viejos cristales de mi casa.

No hay amanecer, la luz de la lámpara ilumina
el tintineo de las cucharillas golpeando la loza,
esa verdad derramada en la oscuridad de los cafés
que tú buscas para derrumbarte,
una vez más, pensando en el pasado.

No temas, yo solo soy la parte amable de tu soledad,
hablo desde la distancia y no hurgo en esas calles empedradas
donde sueles esconderte para recordar
que los días pasan y que en tus noches de adviento
aceptas al frío como un nuevo elemento que te mantiene vivo.



f.






Llovía con la densa sabiduría de la eternidad









Llovía con la densa sabiduría de la eternidad.
Tú mirabas por la ventana como era el invierno
y esas gotas se hacían ríos insalvables.
Yo frecuentaba la luz de la lámpara y leía sobre viajes.
Nunca fue suficiente para deshacernos
saber que el tiempo, inagotable,
nos cubría con su tenue color gris,
mientras los días eran solitarias ciudades en silencio.



f.




Mejor quedarme varado en mitad de una calle









¿no llego siempre al mismo sitio
ese abismo sin fin donde los hombres vacían sus maletas?

Laura Yasan



Mejor quedarme varado en mitad de una calle,
una plaza, un puente que cruza el río.
Hay arena blanca en mis zapatos,
la humedad de la tierra que siempre va conmigo.
Traigo un despertar tardío en la boca de otro,
como un verso que se queda tarareando insumiso en la memoria.
Nunca he abierto mi corazón al viento del amanecer,
seguro que los nudos corredizos ahogarían mi voz.
Es infatigable esta sensación de muerte
cuando abandonas la ausencia
en la cama de un hotel.
Entonces repaso las horas
como si fueran estandartes de guerra,
recorro rutas nuevas
por calles impropias de mi carácter,
volteo mis bolsillos
y caen al suelo los nombres que duelen...
Soy un hombre sencillo con amarres a un muelle vacío.
Veo el sol sobre la lejanía,
la distancia es otro dolor insoluble
que se levanta al trote de un caballo negro pecero,
asemejo entonces ser la sombra de un árbol
perdido en mi silencio.


f.




jueves, 15 de febrero de 2018

Yo hurgo en todos los silencios









Yo hurgo en todos los silencios,
esos murmullos que tienen las palabras
y es la melodía que nunca reconoces
pero que va contigo, te desborda como una sombra.
Y se han ido con ellas en sus manos,
como yo tarareo lo desconocido,
traen mi infancia, mi juventud, ciertos miedos,
mujeres que tuvieron en su poder mi corazón,
otras que sostuvieron en la noche el precio del deseo.
Canto y no sé distinguir que trae ese fuego de nieve,
un invierno tras otro que se desmenuza,
las primaveras al amanecer
o los veranos perdidos
en ciudades en las que siempre me reconozco.
Ya no fumo y más allá
el fuego solo tiene recorrido de sombra,
lo tibio de una ginebra aguada
cuando solo queda pendiente
recoger mis pedazos.
Escribo sobre el desamor y la pasión,
la caída de los astros
y el silencio continuo de los planetas.
El amor, para quien me ama,
no refleja más allá de lo oscuro que soy,
viento y lluvia, ternura entre mis dedos,
tan simple como un muro en medio del otoño
cuando la parra que crece sobre él cambia su color.
Sé que algo de mí se va quedando en los pliegues de mis palabras,
que todo lo que escribo me deshace...
como si ahora, al escuchar esa llamada lejana de campana,
tuviera la sensación de que en el fondo
sigue buscando que me entregue.



f.




Hay sobre la noche luces de ángaro










Hay sobre la noche luces de ángaro,
encendidas torres albarranas,
una fatiga de mimbres que con el viento suenan como un látigo.

Es la noche devorada,
la urgencia sobre el hacer de los cuerpos.
Ceniza que nos quema
mientras las máscaras
siguen prendidas al fuego de la palabra.

Hoy he renacido en la madrugada del invierno.
Soy de nuevo la mano que remueve el agua,
la mirada que contempla y dibuja sobre el pecho
la huella de sangre que deja un corazón.

Maldigo mis horas de salmos,
la lluvia de lágrimas en silencio,
el milagro de cada verso que se hace hombre,
la ausencia de verdad,
todos los epílogos
que traen en sus manos inertes
los poetas muertos.

Hay un lugar perdido para el adviento,
unos axiomas de perdón donde quedarnos dormidos...
tal vez entre los surcos de mi corazón
quepa un pequeño dios que me consuele
por mi voraz memoria y su eternidad.



f.



No saben engañar ya mis palabras











No saben engañar ya mis palabras.
Solo sostienen junto a mí
un fuego, una mirada, una bandera.



f.



miércoles, 14 de febrero de 2018

Me habría rodeado de tu ansia










Me habría rodeado de tu ansia,
un viaje por el fulgor de la noche
y la animal ebriedad de tu cuerpo.
Casi la distancia trae las palabras,
se enredan entre los cabellos
y gimen entregadas al viento,
aquel que cerca ciego rodeando las plazas
y levanta al vuelo bandadas de palomas.



f.




Pretérito perfecto









Pretérito perfecto, tu cuerpo,
una sola palabra,
y el aroma impregna
las escasas sílabas que te nombran...


f.



No desisto










No desisto,
aunque haya puesto
unas pequeñas monedas en mi boca,
y cerrando los ojos,
me he dado desnudo al vuelo de los pájaros.


f.



Recorro el azul










Recorro el azul,
una niebla tenue se hace de la piedra,
una humedad sin nombre que duele.
Tengo dos dedos en mitad de la boca: pido silencio.
Tras el atardecer las nubes se tiñen del color de la sangre.
Hay leones fuera que buscan mi cuerpo.
Solo escucho el canto de un pájaro.
Pido silencio.



f.




Lo previo a nosotros nunca fue la esperanza










Lo previo a nosotros nunca fue la esperanza,
todas mis palabras se deshacían
cuando el aguardiente caía de tu boca
y me dejabas siempre el dolor del amanecer,
el rasgo sucio de la luz
que nunca nos abandonó.
Después tuvimos voces de pasillo,
sábanas que cubrían las noches
con el paladar de la umbría
y el calor del cuerpo a cuerpo.
El ir y venir de las estaciones,
las rosas sin dueño,
el vértigo de las despedidas,
la sensación que te deja un viaje en barco
tras una larga travesía.



f.




martes, 13 de febrero de 2018

Tras los bárbaros no hubo incendio










Tras los bárbaros no hubo incendio.
Ni un solo ángel vino a rescatarnos del silencio último.
Puede que el andén estuviera vacío,
ni siquiera nuestras valijas
tenían la tristeza del relámpago.
Detrás de las dunas, tras el mar,
paralelo a la orilla,
un tren vacío venía
a pasarnos cuentas por nuestra soledad.




f.





Regreso del lugar del corazón









Regreso del lugar del corazón.
Respiro hondo el vaho del amanecer
como si un hilo invisible de sangre me diera más oxigeno
y el dolor del costado fuera lentamente apaciguándose.
No hay detrás de las iluminadas palabras
más que caricias que se pronuncian en la piel,
pedazos de dignidad que han sido pagados al contado.
Uno a uno, pequeños trofeos
que embolsan tu cuenta de méritos
o el anaquel de tu biblioteca.
Una buena cena, aplausos,
una buena cama
y la soledad esperándote
donde siempre sabe que vuelves a buscarla.



f.




lunes, 12 de febrero de 2018

No he llamado nunca al quehacer de la serpiente











No he llamado nunca al quehacer de la serpiente,
ni siquiera he querido sentir su paso húmedo y frío por mi cuerpo,
aunque sé que desde niño,
una de ellas buscaba beberse la leche de mi madre
y dejarme morir de inanición.

Todo cobra sentido
cuando escucho su cascabel en la noche
recordando con su sonido que sigue buscando aniquilarme.



f.



Donde vierte la lluvia









Donde vierte la lluvia
converge la espada,
clama el viento
y se escucha, en la lejanía,
el caer del rayo.

Sin lugar a dudas,
dos cuerpos,
tienen el derecho de cruzarse
y embriagar el aire
del almizcle de su piel.

Ahora sé
que se muere en el instante,
siempre se muere,
aún sin saberlo, una y otra vez,
somos dos muertos para siempre.

Toda la memoria del mundo
no sabe como salvarnos.
Aunque nunca es demasiado el tiempo,
el mundo en silencio nos contempla...
sabe que morirse es el final de los suicidas.



f.




Cruje el amanecer










Cruje el amanecer.
La escarcha se ha hecho de la luz,
la que derramaron
las últimas palabras de mi boca.
Lo inolvidable es la distancia.
Las veredas del horizonte
tiemblan ante el silencio
en un azul de nubes sin límites.
Me digo "es tarde"
y vuelvo a contemplar el infinito,
ciertas lumbres
que siguen prendidas a la tierra,
las raíces que germinan en la sed...
mientras, mis dedos tejen
un nuevo tapiz con hilos de plata...
varias veces
me repito a mí mismo "es tarde",
aunque incesante,
sigo anudando a la seda
las voces de la noche...
resuenan en mi interior
con su aroma de aguardiente.



f.



domingo, 11 de febrero de 2018

Contemplo las huellas de tu silencio










Contemplo las huellas de tu silencio,
guardan todavía la tibia desnudez de tu mirada
y ese estremecimiento que sin palabras
tenías cada vez que morías en mis brazos.



f.



Se abrió el caudal escarlata del anochecer









Se abrió el caudal escarlata del anochecer.
Que larga era la tarde cuando se posaba en el verano.
Traía esa harina oscura que enmarca el asombro,
un bullir de peces en la caliente orilla de una playa celeste.
Nuestros cuerpos se daban certeras caricias
que enarbolaban banderas de entrega,
suave condena la de amarnos cuando nadie nos esperaba.
Aquella lluvia de astros, el reflejo marino del universo,
el silencio roto por el abismo de una luna nueva,
tú y yo solos, sin palabras, cuando el tiempo
se hacía todavía del flujo del agua y de la arena.



f.




Duerme el costado izquierdo de mi cuerpo









Duerme el costado izquierdo de mi cuerpo.
Ahora soy la noche envuelto en la oscuridad
bajo la araña azul que dormita en el cielo.
Soy de pasos que suenan en el agua,
un chasquido tras otro, un perderme tras otro.

Mis dedos de alhaquín crean un universo,
un latido que tiene el eco de mi cuerpo,
una lejana palabra, un nombre,
la fuerza de la luz que abarca un relámpago.

Abro la ventana,
en el frío de la noche
se escucha caer la lluvia.




f.




El silencio no tiene tus labios










El silencio no tiene tus labios,
guarece la hondura de un sueño lejano,
se yergue como una losa invisible
donde un buril va grabando las palabras
que nunca pronunciamos.


f.



No sé si cruzamos










No sé si cruzamos
demasiado pronto el Mississippi
y desembarcamos en islas
que nunca fueron nuestras:
Demasiado lujo para nosotros,
demasiado abismo para nuestros cuerpos.



f.



Me erijo en lo oscuro










Me erijo en lo oscuro,
en lo anónimo.
Crujen bajo mis pasos
las últimas hojas secas del otoño,
mientras las pequeñas piedras
suenan a golpe de martillo al pisarlas.
Es así la soledad de la palabra,
un bálsamo de lunas rotas.
Yo soy la unidad de un bosque inanimado,
la línea de dunas que forma un desierto,
lo rojo, lo azul, la umbría de la sombra.
No tengo, todavía,
los símbolos que marcan los cipreses en el cielo,
si acaso soy la región deshabitada
donde dormitan algunos cúmulo limbos,
esperando esas largas horas del atardecer.
Me hablas de los barcos y los puertos
pero yo miro las estaciones vacías
donde ya no llegan los trenes de la noche,
pienso en los viejos aeropuertos del invierno,
allí, donde la nieve derrama su murmullo,
y continua esta dolorosa desaparición,
con los mimbres clavados en las manos,
con la sangre coagulada en los verbos...
tanto morirnos sin el otro.



f.




sábado, 10 de febrero de 2018

“Tenía el gesto liquido de las celebraciones”












“Tenía el gesto liquido de las celebraciones”


Para ser la noche no hace falta recorrer esta ciudad
envuelta en las llamas que la acosan.
Algo de lo que tuvimos
fue más que una plaza porticada,
un barrio sucio de bares cerrados,
calles donde se respira soledad
o el recuerdo de un estanque rodeado de viejos bancos.


Tal vez mirarnos en los ojos de todos los borrachos
y saber de lo agrio del peligro
no tenga más valor circunstancial
que el de una nueva caricia,
cuando todavía
queda una senda oscura
de taxis y de olvidos.



f.




Sin saberlo









Sin saberlo,
mis lágrimas no son solo de agua
son las hojas de un árbol milenario
que tiene raíces en mi cuerpo.
No es el mar la urgencia del desierto,
ambos dos son uno
y como el día y la noche
con el crepúsculo, ambos resplandecen.
Ahora tengo en mi corazón un pájaro dormido,
cincuenta gramos de luz,
no quiero despertarlo,
ando de puntillas, sin hacer ruido...
escucho su canto cuando duermo.


f.



Era de arena y por eso forjaba el tiempo con sus manos









Era de arena y por eso forjaba el tiempo con sus manos,
desgranaba el reloj que marcaba las horas de la noche.
Me iba temprano,
cuando nadie se fija en las sombras
y solo son ecos de pasos en la oscuridad.
Tal vez quise escuchar de nuevo su corazón,
una isla que apenas me recordaba,
y puedo decir que aunque nunca la he olvidado,
día a día, ha sido parte de mi olvido.



f.



Temo de la sencillez de las cosas











Temo de la sencillez de las cosas
el tenue escalofrío que me deja su pureza.
Contemplo una línea cóncava que traza el horizonte,
siento el viento que a ráfagas me cierra los ojos,
escucho un salto de agua en un río,
el eco lento de unos pasos en la noche,
un reloj dando las horas,
el maullar de un gato,
un grito, un juramento,
la luz de un faro repitiendo su aviso discontinuo,
el trueno y su relámpago suicida,
una voz sin más en medio del silencio,
la ausencia del tiempo mirando el vuelo de un pájaro,
la tarde sin prisas viendo marcharse el sol,
los muelles vacíos prendidos de tristeza,
ciertas estaciones donde pasa solo un tren,
el abandono de una casa, de un pueblo, un puente roto,
las hojas muertas esperando no sé sabe qué en un rincón,
las sombras que te cubren en el viaje de una nube…
Todas las pequeñas verdades que vuelven al amanecer
después de dormitar al lado templado de la noche.




f.




No sé qué parte de luz y qué parte de sombra tendrán mis días










No sé qué parte de luz y qué parte de sombra tendrán mis días.
No sé cuánto de gozo y cuánto de dolor me cabe aún en mi corazón.
No sé cuántas palabras y cuántos silencios vendrán conmigo.
No sé cuántas verdades y cuántas mentiras tendré de una sola vez.
A veces me sostengo en el viento como un pájaro solitario
y contemplo todo como si yo estuviera filmando una película...
todo permaneciera quieto, desde lo más pequeño, las personas,
hasta lo más grande, el océano, esperando una voz, mi voz,
gritando fuerte: Acción!!.



f.




No hay palabras









No hay palabras
que se dejen escribir en los jeroglíficos de tu cuerpo,
ya que el envés de un recuerdo
se abre paso en lo que guardas,
en lo más tuyo,
allí, donde estremece,
porque sabe grabar a fuego lento
todo lo que hace callar al mundo.



f.




No voy a hablarte de hacer las cosas fáciles











No voy a hablarte de hacer las cosas fáciles,
eso queda para los que detrás de un reloj ven horas que pasan,
yo solo sé alargar las líneas que queman hasta acercarlas a tu boca
o dejar que las nubes sean las primeras palabras que te aniden.
Nada de lo que te ha de conmover tiene márgenes,
son las verdaderas mareas de un mar oscuro
que azota una playa habitada por gaviotas...
de ese ir y venir del viento,
de contemplar tus manos vacías y húmedas
mientras caes en la cuenta del valor que tiene respirar en el silencio.




f.




Nosotros llegamos para irnos









Nosotros llegamos para irnos,
despacio a veces, deprisa muchas otras.
No sé cuántas cruces tiene un camino,
siquiera hay detrás de cada una,
una sombra que humedece el aire,
un rasguño en el viento
del que adolece el mármol.



f.




La tarde se ha asentado en mi ventana








La tarde se ha asentado en mi ventana,
tiene el aroma de otras tardes
cuando la luz es el vigía
que busca sendas en el horizonte.
Todo conserva su silencio,
y palpita la aventura de saber
que en el aire hay melodías escondidas,
la labor infatigable de un corazón,
una mano que se enfrenta a diario al invierno
dibujando barcos y pájaros
en el vaho del amanecer.



f.




viernes, 9 de febrero de 2018

Puedo dibujar sobre la noche círculos de invierno











Puedo dibujar sobre la noche círculos de invierno,
blancos epitafios que tienen el fulgor de la nieve en los allozos
y la sombra voraz que recorre los páramos estas noches sin luna.
Tal vez sea ya tarde para olvidar, no lo dudo,
nunca el olvido nace con raíces imbricadas en la tierra,
si acaso hay que llenar copas con el acónito brebaje,
brindar bajo el abrigo de las velas
y esperar que el liquido siembre desiertos
donde antes había bosques,
y que sin más herida que el silencio
nos traiga la luz como consuelo.



f.




Vino el amanecer










Vino el amanecer vestido de lluvia.
Sin pájaros que cantasen a la luz
todavía la penumbra sabía a tu boca.



f.




No me reconozco










No me reconozco
en el límite sin márgenes de tu boca.
Soy lo inexacto,
lo que no puedes medir
con tus manos de ánfora
y que sin embargo respiras
entregada a subsistir conmigo
cuando todas las palabras "han perdido píe"
y notas en tu piel la profundidad de la noche.



f.




Fotografía de Igor Drozdowski




He caminado despacio










He caminado despacio
por la gruta oscura de tu pensamiento...
tal vez esta ensenada
donde reposa mi cabeza
me deje escuchar el vaivén de tu corazón.


Sabes que me quedo ensimismado recorriendo tu piel,
centímetro a centímetro
hay entre las sábanas
una senda de tibia irrealidad.

Vivo en silencio en la hondura de tu cuerpo,
todo lo que el mundo me susurra
suena con voz lejana
que dejo sea distancia,
me quedo aquí, perfumado de ti,
me rodea un aroma que me recuerda
la corta longitud de la noche
mientras afuera tiembla el invierno de soledad.



f.



Fotografía de Igor Drozdowski




jueves, 8 de febrero de 2018

No siempre las palabras tienen la cadencia de las olas










No siempre las palabras tienen la cadencia de las olas
y sus huellas son un resumen de pérdidas,
la línea y su distancia
expresada en los restos de un verso
apenas esbozado.
Yo asumo que los poetas maltratan el lenguaje,
deshacen la geometría perfecta de una frase,
clavan su puñal en medio de un escalofrío,
dejan, junto al miedo de vivir,
un hilillo de sangre
apenas perceptible para el ojo humano.
Sabed que odio a los poetas muertos,
aquellos caídos por su desidia en el olvido.
A los poetas suicidas también los odio,
porque su humanidad nos dejó a medias
su posible valor creciente para nosotros.
Así y todo odio el género (dividirnos en hombres y mujeres)
y el número (tantos somos),
odio los poemas de amor, las rimas de ahora,
la banalidad al servicio de una causa...
Estoy deshaciéndome de versos abusivos,
simplones, románticos, del uso deleznable de sofismas,
del pasteleo de decir por decir sin necesidad las cosas...
Quizás, a partir de ahora,
este sea un poema (o no poema)
de los más largos que voy a escribir,
o quizás no, porque después de todo
yo también me odio
cuando asumo este papel idiota de pregonero.



f.




Deja que el deseo sea en la distancia un lado más de la felicidad










Deja que el deseo sea en la distancia un lado más de la felicidad,
un arrullo de mirlo en la noche...
esa verdad que como una gota de saliva
recorre quemando la anatomía más intima, más tierna.



f.




Viajo al centro del laberinto










Viajo al centro del laberinto.
No tengo miedo,
mis huellas son mi voz
dejando en el aire
palabras de luz.


f.



Ando despacio por la avenida










Ando despacio por la avenida
como si buscara la grieta de luz que esconde el mediodía.
No cabe en mí esta ciudad vencida por el viento.
Acaso sea porque en mis manos
sigan creciendo invisibles raíces de enebro,
lugares comunes de tierra sembrada y viejos cañizales
que dejan cierto reposo a la memoria,
un poco de la humedad de las acequias
y un poco del silencio imperturbable del invierno.



f.



Cuadro de Zobel




Escucho las voces pronunciar sus salmos










Escucho las voces pronunciar sus salmos.
Detrás de ellas el vacío trae los murmullos lejanos de los pájaros
y ese rumor del agua cuando susurra debajo de las piedras.
Todos los hombres y sus pequeños dioses
encienden fuego en la noche,
hay junto a mí una sombra que guarda silencio,
varias veces el bosque se pronuncia
y deja la bruma de su hondura
sobre los rincones donde guardamos el miedo.
Todos buscamos la luz
pero el invierno tiene su cáliz donde beber la cicuta
y esos días que tañen las campanas
avisándonos de que podemos ser el próximo invitado.



f.



¿Puedes elegir ser una grieta de luz en la oscuridad?









¿Puedes elegir ser una grieta de luz en la oscuridad?
Un hombre o una mujer apoyados en el centro del silencio,
desbordados por el sabor salado de las lágrimas,
ven el mar, las olas incesantes con su resaca de mareas... y callan.
No, no sé más que cuatro cosas simples de la vida
y todas caen desgranadas por el tiempo,
acabamos en un deshacer de nudos pequeños y firmes.
Queda la sensación, el pálpito doloroso,
de que nos pasamos media vida tejiendo sueños
mientras que la otra mitad, sin saberlo, deshaciendo nudos.



f.




miércoles, 7 de febrero de 2018

Siempre acabo en la distancia









Siempre acabo en la distancia,
en la línea que marca el no retorno.
Sin puentes, sin muelles, sin andenes...
Me recojo en la música,
con su sonido me arrastra
por las estrechas carreteras de la costa.
Viajo prisionero de la lluvia,
como solo yo sé sentirme
en estos días plenos de efervescencia,
sujeto por las manos abiertas del silencio.
Fumo tranquilo, varado en un amplio remolino de viento
que murmura sílabas metálicas en las agujas de los pinos.
El mar es una hondonada gris azulada, oscura,
como todos los desiertos cuando anochece,
aunque este brama contra las rocas,
enfurecido por no saber respirar
su soledad en medio de la nada.
Sigo el orden previsto,
bebo la ginebra tibia,
contemplo el anochecer,
siento la vida latente esperando
como un animal que se complace en saberse triste.



f.




Hay noches que tienen cierta holgura de nosotros










Hay noches que tienen cierta holgura de nosotros,
guardan lo que apenas se nombra,
lo que cabe en una mano sin peso, sin valor...
y tiene una humedad como de lágrimas.
Ese silencio se hace caricia
cuando al cerrar los ojos lo respiras.



f.




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