La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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martes, 26 de septiembre de 2017

Es posible que ciertas noches de insomnio...











Es posible que ciertas noches de insomnio tenga rodeando mi cama oscuros hurones que demandan su astrolabio.

Es posible que la sed de la noche, el desmembrado signo de la vida que me oprime no sea más que la voz de un oráculo sin futuro.

Que mi boca calle y sea solo un vaivén de fiebre y sueños mientras los dioses, esos dioses vuestros, y sus espíritus juegan a derribar el mundo.


Respiro el vaho de lo imposible mientras escucho pasar cerca los últimos trenes de la noche, tan tristes y anónimos como los besos dados en la boca de la ausencia, tristes amores de neón, de música, de alcohol y con precios tasados de mercado.

No hay inviernos que pasen por mi, son todos ese lugar que se habita de sierpes y desiertos, los que dejan en la boca el sabor de las acacias, lo áspero, lo ruin, lo transitorio.

No me doy lastima, ni quiero que esta quera que me deshace tenga más trabajo nocturno, aunque siga derramándome en silencio...quizás sea la calidad de la sangre, lo espeso de cada pensamiento, la variedad del virus que me habita o este dolor en el costado que abierto a las antiguas ciudades de mi vida tiene nombres de islas y canciones tristes.




f.





Voy a desnudar el verso












Voy a desnudar el verso,
los verbos que se hacen de jirones de viento
y son en realidad caricias rotas,
silencios vertidos como el agua de lluvia,
en mis manos
labores de labranza en días aciagos,
cuando cae el otoño
y los pájaros ya partieron al Sur
donde la luz crece despacio
en lejanas estaciones de trenes nocturnos.




f.




Fotografía de Patricia Gil





He recogido entre mis cosas preciadas












He recogido entre mis cosas preciadas
las horas del amor y de la guerra,
esos días donde uno no deja de ser la serpiente
mientras afuera la avenida se tizna de otoño
y se ilumina de relámpagos y del silencio de la lluvia.




f.




El amor son todos los finales
















El amor son todos los finales,
las sendas del monte que se pierden en la niebla,
las dunas que mueve la tormenta,
los blancos acantilados de Dover,
las simas sin retorno,
el silencio perpetuo donde lloran los mares,
las islas donde te piensan,
los claros que se abren en medio de los bosques
para hacer fuego y ser el único ángaro
que quemará tu noche.



f.



Caía el agua azul con su aroma de olvido










Caía el agua azul con su aroma de olvido
mientras era parte del bosque,
la vereda sin nombre.
Manos abiertas,
húmedas de cielo y nubes veloces.
Lo salvaje eran los verbos de la tierra
cuando la dulzura desnuda de silencios
ardía en sus ojos, rojos, como sarmientos.
Traía demasiada hambre, demasiada esperanza.
Llegó la noche y creció despacio la luna,
y el perfil de la tarde
se empezó a perder en la umbría de su boca.
Lo opaco de la sarga la escondía del mundo,
bandera blanca tendida al viento cálido,
de su cuerpo tenso
solo se escuchaba guturales nombres de dioses
y las pequeñas frases que trae el vértigo.



f.




Deshacer es un verbo









Deshacer es un verbo que crece en los dedos del hacedor,
con ellos el alfarero construye una parte de ti,
la que suena en el dulce llegar de la brisa,
la ocarina que me diluye cuando me respiras.




f.




Las viejas estaciones tienen silencio










Las viejas estaciones tienen silencio
y un viento ocre que guarda el rumor de las vías.
Las huellas que siento
son siempre marcas de olvido.
En los sucios cristales pavonados
quedan, agarrados con un celo amarillo,
un horario que hace tiempo no se cumple.
Yo percibo sin esperarlo, de repente,
las últimas miradas de aquellos que se fueron
cuando no sabían que nunca iban a volver.




f.




lunes, 25 de septiembre de 2017

Hoy escribo desde el no escribir









Hoy escribo desde el no escribir, siento mis palabras inundarse y turbias ir desapareciendo ante mis ojos como si fueran arena de una playa de silencio, esas huellas que nos abandonan con las olas cuando sube la marea.
Así, no sé cómo he llegado aquí, me rodea cierta soledad y mis pasos se han perdido, la senda de vuelta solo la reconoceré con el viaje nocturno de los astros, esa carta de estelas silenciosas que marca el universo, o quizás vuelva a estar perdido una noche más de otoño.




f.







Que sencilla es la muerte












Que sencilla es la muerte
cuando abarca todo:
dos manos y un abrazo,
una mirada perdida,
un olvido pausado,
un silencio eterno.




f.



He recogido el vaho del amanecer









He recogido el vaho del amanecer,
luz triste que vaga sin sentido por el aire
y que por un instante se hace dueña de todas las miradas.
Sabes que no me reservo
ninguna palabra para estas horas de cuchillo,
solo tengo que respirar hondo y escuchar el silencio
como un mar incontenible que se apodera de mi cuerpo
y deja sus marcas de lumbre en mi piel
cuando mi corazón vuelve a ser una isla entre la bruma.




f.




¿Cuánta inmensidad nos reserva el otoño?











¿Cuánta inmensidad nos reserva el otoño?
Esta lluvia sin rostro, anónima,
el quejido anhelante, el derrumbarse en otro,
el saber que caen sobre nosotros
las luces de los astros inundando la noche.


Muero así, sin más palabras que la estación vacía,
un muelle en medio de un desierto de sílabas y signos
donde cabe deshacer el Breviario de las Horas,
letanía de salmos y lágrimas,
y sentir sobre uno mismo
las huellas perennes que dejan
el paso de la serpiente.

No sabes decirme dónde estoy,
mientras ando despacio por tus islas,
dibujo los jeroglíficos que marcan tu contorno,
soy apenas lo que desconoces y temes
sin esperar nada más,
cuando la verdad,
no tiene otras sendas que tu cuerpo.



f.




domingo, 24 de septiembre de 2017

Puedo perder mi identidad y ser solo viento











Puedo perder mi identidad y ser solo viento,
el rumor del aire entre las drizas,
el dolor de la tierra,
los juncos partidos en el agua.


Dentro, me habita un pozo oscuro
donde sigue hablando la lluvia...
ahora los senderos tienen nombres
cuyo sonido es inteligible
y mis manos sostienen viejas armas de batallas perdidas.

Nadie encontrará mi nombre entre sus recuerdos,
aunque cuando cierren los ojos
y sientan batir el viento
sabrán que vivo en su memoria.




f.




Vendrá despacio el invierno










Vendrá despacio el invierno.
Detrás de la luz del alumbrado
se esconde su silueta.
Descalza andará por la hierba mojada
y tocará de nuevo su violín incendiado.
Nunca se para, ni atiende a las llamadas,
solo en la noche se puede saber de su ardiente música.




f.





Entonces no hay matices en su voz











Entonces no hay matices en su voz,
es un temblor que se yergue desde dentro
y cruje, y quema, y arde, se hace,
en medio de la oscura densidad de nuestros cuerpos,
luz diáfana que se disuelve sobre nosotros.
Luego su boca me devora
y muero varias veces condenado entre sus ingles.




f.





Arrastraba restos de silencios









Arrastraba restos de silencios.
Mi boca sabía a tabaco y ginebra.
Solo guardé de aquella noche
esquirlas de astros y sombras de planetas.
Nadie diría que fue un naufragio
el que trajo a mis brazos
su cuerpo exhausto.
Sin saber cómo acabamos desnudos
enlazados como dos serpientes.
Al amanecer,
mirándome a los ojos,
marcó con sus manos
en toda mi piel
las señales del cielo...
siempre había soñado que me amase un ángel.




f.




Derrumbarse











Derrumbarse,
caer despacio sobre uno mismo.

Hundirse en la maleza sin encontrar los pasos.

Ser la gavilla que une los dolorosos verbos,
la voz que en la oscuridad nombra lo innombrable
y se hace agua de lluvia,
cuando en medio del silencio
un hombre apenas vale nada,
solo el aire que respira.




f.




sábado, 23 de septiembre de 2017

Tizna de nuevo mi piel con tu sudor












Tizna de nuevo mi piel con tu sudor.
Moja mi cuerpo con la dulce esencia de tu miel.
Hay demasiadas noches de abandono,
de soledades prendidas al silencio,
y yo, desde esté desierto que es tu ausencia,
sueño con sentir entre mis brazos,
cabalgando, el pálpito de tu respiración.




f.




Me miro dentro










Me miro dentro, con miedo meto las manos en la ciénaga.
Duele, duele mucho cada vez que me arranco ciertas verdades
y perturbado me estremezco y grito con un hilo de voz.
Algún día cortaré todas las cuerdas,
desharé los nudos que me oprimen,
tal vez deje de escribir y sea solo,
a partir de entonces,
un ser contemplativo y silencioso.




f.




Voy a cerrar la fuente de la que mana el agua













Voy a cerrar la fuente de la que mana el agua
e incendiar el bosque de coníferas
donde se guarece mi silencio los días de calma.
Hay demasiadas voces que no escucho.
Mi ira se abastece de fuego,
sangre que se derrama entre mis dedos,
y su sed tiene en el viento nombres de muertos,
anónimos como son todos los muertos cuando duelen.
Sin sombra ni cobijo dejaré entrar a los bárbaros.

Tiznado de vacío,
tendré en mis pobres versos
hambre de vísceras,
haré un viaje sin soles ni planetas,
y con mi corazón en una mano
atravesaré los muros.




f.




Recorrer el silencio










Recorrer el silencio
es andar por la noche
con los pies descalzos.
Guiarnos a ciegas.
Las manos abiertas:
tanteando,
respirando,
desertando.




f.




La holgura de los dos










La holgura de los dos
era un sueño sin recuerdos.
Con los ojos cerrados
pusimos las caricias en el debe,
empezó la cuenta atrás de la deuda,
y el humo de los cigarrillos,
denso como sus labios rojos,
rodeándonos,
era nuestro salvoconducto
contra el mundo,
cuando la sombra
solo buscaba deshacernos en ella.




f.




Algo más despacio, sin prisa










Algo más despacio, sin prisa,
como todo lo que trae un dolor que se hace esquirla.
Un poco más adentro,
donde la carne solo es un regazo de sangre,
ese lugar cubierto con la quemadura de la nieve,
restos de la lumbre que deja una huella de ceniza
en un trayecto sin márgenes...
Soy ahora un campo a través,
lleno de signos en medio del invierno.




f.





viernes, 22 de septiembre de 2017

No recuerdo cuantos peldaños conducían a tu cuerpo










No recuerdo cuantos peldaños conducían a tu cuerpo.
Hay noches escritas del olvido,
en ellas dibujo tu nombre
y me parece saber que detrás de esas letras
todavía hay cierta muerte conmigo.



f.





jueves, 21 de septiembre de 2017

Si todo fuera tan fácil como besarnos nada sería imposible











Si todo fuera tan fácil como besarnos nada sería imposible,
pero no, todo tiene su zaguán y su mano izquierda abierta.
He recordado el aroma de las rosas,
las que en mi jardín abren un surco de color
o se descuelgan desde el precipicio de mis ojos miopes,
mientras vienen y van
los pájaros de la primavera cantando
en el quehacer de nubes blancas y silencio.
Así y todo viene el otoño, todos lo sabemos,
su reguero de inevitable complicidad y lluvia
me trae siempre de nuevo el vaho de mi boca,
con mis labios respirando el amanecer,
y es entonces, en soledad,
cuando el valor de lo quemado,
su ceniza, adquiere otro matiz,
uno muy cercano a las palabras que uso
y que tienen el sentido de la identidad,
la autentica mirada de uno a si mismo.




f.




Quebrarse ante lo impreciso, sin márgenes











Quebrarse ante lo impreciso, sin márgenes,
como un nuevo delta desbordado.
Abrir los senderos,
todos los que conducen a mí y en mí se pierden
cuando las palabras maldicen o dan fruto,
cuando el silencio tiene llaves de infinitas puertas que dan a tu corazón
o a eso que otros llaman islas de pájaros y fronda de lluvia y de tormentas.

He vivido encima de las nubes y debajo de las piedras,
voy a seguir haciéndolo porque ya no sé vivir de otra manera...
palabras y silencios,
como un veneno que al respirar inhalo,
y voy dejando, moribundo,
en las noches sin astros y sin luna
por los viejos caminos de tierra.



f.



Escribir sobre el abismo cuando tus pies apenas tocan tierra...











Escribir sobre el abismo cuando tus pies apenas tocan tierra...

Dejar de caminar,
sentarte sobre la niebla que guardan tus palabras
como un desconocido de ti mismo...

Eso me trae el otoño,
no solo el silencio de la lluvia,
hay un crujido interior,
apenas perceptible ante un espejo cuando te miras,
pero que crece como un aullido interminable
desde la oscuridad de uno mismo.




f.




21 de septiembre










Tenemos la leve eternidad de un iceberg

y todo lo que con el tiempo hemos logrado ser

se va diluyendo lentamente en el silencio.




f.



miércoles, 20 de septiembre de 2017

A veces, rotas mis manos en el esfuerzo de salvarme del mundo











A veces, rotas mis manos en el esfuerzo de salvarme del mundo, las palabras quedan prendidas al viento y solo salen embriagadas, dispersas, a falta de ritmo, lumbre y altura.
Esta línea roja que me traspasa y hiere con su luz me tiene prisionero, y con sus nudos hace y deshace de mí, dejándome atado a la branza de sus condenados, y me lanza sus dardos asesinos, crea el caos ante mis actos, se hace fuerte ante el cúmulo de sucesos con que cada día uno debe resistir los golpes.
No me quejo, apenas puedo decir nada que sea un reproche a la vida, aunque es verdad que mi egoísmo es de tal calibre que pediría tener el valor de los héroes o ser un simple semidiós, a los que su mortalidad solo dependiera de sus propios actos, no de la batalla siempre perdida contra el tiempo y la jodida eternidad.



f.




Arrastra el verano tras su paso cierta nostalgia











Arrastra el verano tras su paso cierta nostalgia.
La lluvia, en su silencio,
devuelve preguntas que nunca supimos contestar.
Y la humedad nos trae del recuerdo viejas carreteras,
mares de fondo y siluetas de playas, con nombres que nos habitan para siempre
y que han dejado en nuestro pecho sus gotas de mercurio.



f.



Fotografía de María Holguera




Guardado entre las manos soy lo inverso











Guardado entre las manos soy lo inverso,
el quehacer desnudo de una palabra vacía.
La oquedad trae demasiadas aristas cuando el sueño se acaba.
Hay un preludio de lluvia que me espera
y todo el otoño derramado en las hojas de los álamos.
No hay huellas, ni siquiera el silencio sopla sobre el viento.
He traído de lejos flores frescas,
mirad, oled, todavía respiran en mi pecho,
tienen el aroma del mar, la fuerza del océano,
las sílabas precisas de un verso
y la vigencia exclusiva que da cantar a la vida.



f.




Después vino la luz...sin esperarla










Después vino la luz...sin esperarla,
como llegan siempre las cosas
que han de dejarte marcado el corazón.

Escucho ensimismado la caída de la lluvia
como si fueran las notas de una romanza de otoño,
mientras todo lo que me habita descansa de mí,
y ya no sé si escribir sobre esta agua,
con mis dedos mojados en ella,
porque engloba con sus nubes el finito espacio en que vivo,
y dejar allí, sobre sus gotas,
con mi tinta indeleble, unos versos muertos.
o abrir un hilo de sangre
para diluirme en el ciego y oscuro transcurrir del amanecer.

No hay signos que delaten la urgencia,
solo la costumbre de vivir me alberga en medio de este silencio.
No hay deudas...todo lo que me aísla es mío,
por ello he pagado un alto precio.




f.




Quiero ver despacio el mundo










Quiero ver despacio el mundo,
la luz inquebrantable de las tardes de verano,
un renglón tras otro de signos
que son los que respiro.
A veces, nadie ve nada cuando mira,
y sin embargo, sientes un golpe de agua dentro,
que igual que se lleva junto a tu silencio algo de ti,
te deja parte de lo que ha de ser,
desde ese instante y para siempre tu recuerdo.




f.




martes, 19 de septiembre de 2017

En el reverso de un nombre cabe un mundo










En el reverso de un nombre cabe un mundo,
un viaje nocturno por un cuerpo,
el universo de la noche
transitando por raíles de lluvia
y preguntas sin palabras.



f.




En el atlas de un cuerpo no caben más islas










En el atlas de un cuerpo no caben más islas,
si acaso lo que deja el mar después de la noche,
una marea de huellas y silencio.
Detrás de mí o a mi lado,
no hay sueño que desgarre más
que el del dolor de la lumbre,
la tibia enseñanza de la ausencia,
el aroma de lo que ciertamente no se olvida.



f.




lunes, 18 de septiembre de 2017

El viento se descansa en medio del atardecer









El viento se descansa en medio del atardecer.
Nos deja la lluvia,
un acantilado al silencio
donde se envuelve el corazón.
Hace frío y tus manos caben en el nido de la mía.
Vemos el Támesis
disuelto en el rojo púrpura del otoño.
Nuestros pasos suenan en la humedad del crepúsculo,
tienen cierto desamparo y esa ternura que dará el recuerdo,
cuando solo recordemos del otro una parte del viaje.




f.




Voy a romper las normas de tu corazón










Voy a romper las normas de tu corazón,
voy a decirte al oído como resisten los planetas el silencio,
el titilar de los astros en el cielo,
la cavidad profunda y sus abismos
cuando el océano se insinúa entre las olas,
ciertas verdades del viento que deja su anhelo
entre las agujas de los pinos,
mis manos, mis labios, cuanto en mi cuerpo puede tocarte
y en su murmullo darte algo de calor, algo de vida.



f.





Otras muertes











Leo de lejos un verso sin historia
como si sus palabras
fueran parte de un árbol seco
con sus hojas marchitas,
su tronco tornado ya en madera.
No pretendo dejarme llevar por su desolación,
es terrible cada día que pasa,
la urgencia y su poso de humus que tirita en mis manos,
el largo beso de la sombra,
esta lluvia que trae huellas sin nombre,
la parte del dolor, lo anónimo,
el frío que también tiene el silencio.




f.




A veces debería seguir esa voz interior













A veces debería seguir esa voz interior que me dice "no escribas más"..."sé del silencio"..." contempla como se deshace el mundo desde tu atalaya donde solo llegan los pájaros".



f.




Fotografía de Patricia Gil





Un ejercito de bárbaros deshará con sus manos la certeza...









Un ejercito de bárbaros deshará con sus manos la certeza..

En sus botas cabe el barro de todos los caminos,
el rastro del fuego, la ciénaga llena de limos
mezclada con las cenizas de todas las pérdidas...

No me preguntéis por el vuelo de las aves,
por la larga estación de flores marchitas,
no hay más que el silencio del bosque,
la humedad de la bruma,
cuando el corazón se inunda del otoño y sus lluvias.




f.




domingo, 17 de septiembre de 2017

Semana dedicada a Cristina Liso en Crepusculario















Y en medio del amanecer










Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Jaime Gil de Biedma




Y en medio del amanecer,
cuando todavía nada es lo que será después,
no acabo de encontrarle,
junto a mi corazón,
una razón de peso
que me haga levantarme...
tan solo este misterio
que traen las palabras escondido,
como un doble fondo
donde la vida se reposa,
me deja una senda,
un juego de naipes,
una melodía acústica,
donde encontrar
todo lo que en la vida
he ido perdiendo.



f.




¿Qué hay de amor en un poema...










¿Qué hay de amor en un poema

cuando las palabras son hijas del viento?


Después de ti, vinieron otros, dijiste,

y fue una vez más el fuego y la letanía de los paisajes.

No es solo tu recuerdo,

ni siquiera sentir tu mirada

la que me hace contemplar esta distancia

como algo que mata,

un veneno que sacia mi boca de verbos asesinos.


Traslado mis sílabas al centro de tu cadencia,

eres un bosque, eres un océano,

yo un simple pájaro silvestre que canta en el atardecer

como si solo el mundo se habitara de nosotros...

salmos que se escuchan al borde mismo del desierto

o son también esas gotas de lluvia

que hurgan en la tierra para morir en silencio.



f.




Resumo la noche










Resumo la noche:
mi cuerpo se tizna de azul para tus labios rojos.




f.




sábado, 16 de septiembre de 2017

Contemplar no es lo mismo que mirar










Contemplar no es lo mismo que mirar
aunque lo que fije nuestra mirada sea,
en los dos casos, como dos gotas de agua a simple vista.

Recoger adentro o en la piel lo que no se muestra,
signos, gestos, puntos de luz y sombra,
el color indefinido de lo que te emociona
y llega a ti, vivo, palpitando
en el murmullo silencioso del aire.

En ese quehacer de espera
la vida te da otra página en blanco
para que la describas.




f.




Me habla la distancia









Me habla la distancia
aunque sean centímetros los que nos separan
y tu boca todavía tenga el sabor de la mía...
porque detrás de cada uno de nosotros hay otro,
a veces impreciso y fugaz,
como un pájaro abierto al viento
que se ausenta y vuela tan arriba
que parece que tu mundo sea otro mundo
y el mío solo un lugar desierto.



f.




Parece que el mundo tiene prisa









Parece que el mundo tiene prisa.
Contemplo lejana la luz de Venus
reluciendo casi en el vértice del horizonte.
Callo y respiro tranquilo
esta noche serena de septiembre.



f.




Vuelvo despacio









Vuelvo despacio, cansado, a veces silencioso,
como regresan los labriegos y sus bestias
de los campos al anochecer.
Todavía hay rastros de luz en mi camisa,
ecos de melodías,
la humedad desprendida,
cierta algarabía de palabras gastadas,
un poco de ansiedad, algo de desarraigo,
cierto hilo de sangre, cierta ira,
nada que no tenga que ver
con las pequeñas maldades
que te deja la vida.



f.






viernes, 15 de septiembre de 2017

Hay en la noche una mirada tuya











Hay en la noche una mirada tuya.
Se forja el frío y siento el andar por el páramo del lobo.
Casi la nieve cubrió las huellas
pero no era Florencia donde mi corazón perdió su rumbo.
Nunca has recorrido este camino conmigo
cuando los árboles sustentan un bosque y su silencio.
Cierta nostalgia me traerá el atardecer,
esa luz en declive que como un universo sin astros
entra por la ventana y se adueña de una habitación vacía.



f.




Miro dentro











Miro dentro, como si cada palabra que digo tuviera que tener un corazón, respirar en los bordes de las sílabas, volar como si fuera un pájaro o enmudecer quieta en el aire como una nube blanca que espera el atardecer para iluminar desde tan lejos como pueda su fuerza metafórica...no sé por qué, pero se llevan parte de mi vida las palabras.



f.




Siento tensada la línea entre la palabra y el silencio











Siento tensada la línea entre la palabra y el silencio.
Nudos que atan los dedos a la noche,
que rompen las manos y dejan gotas de sangre en el aire.
La oscuridad, es el lugar donde la sílabas
cogen el color de tus ojos
y muerden o arrullan según el tiempo
en que viva tu corazón.



f.



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