La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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sábado, 29 de septiembre de 2018

Sigo borrando las palabras








Sigo borrando las palabras como si ellas tuvieran la culpa de mis deserciones.
Uno no es nada, acaso una hoja escrita en morse temblando todavía en un árbol,
lo fugaz de una sombra, el arqueo de la luz delante de una mirada,
aquella que contempla en silencio el horizonte.
Sabes que todo es relativo y un poco cruel.
Ahora hay fuego en las manos de un hombre
mientras otro conserva la nieve y piensa en el invierno...
Me gusta contemplar las nubes reflejadas en el agua,
en medio de las tormentas,
ese instante de silencio en que nos devora la ansiedad,
y los cirro limbo sortean las isobaras
sin saber el lugar en que han de dejarse morir,
volviendo a ser la parte más genuina,
la realidad que todo lo transforma,
cuando cae la lluvia y se empapa la tierra
dejando atrás todos los sonidos, todos los relámpagos,
y solo quedo yo perdido en mi silencio.


f.






viernes, 28 de septiembre de 2018

Ha pasado la lluvia y ha dejado en el aire lo oscuro del silencio









Ha pasado la lluvia y ha dejado en el aire lo oscuro del silencio.
He borrado los poemas escritos esta tarde,
se me pierden las palabras en busca del horizonte,
ya son huellas en el viento, pájaros oscuros, lo irremediable.
Todo tiene su distancia, lo delgado de las horas,
el quebranto de los signos, las verdades que aniquilan.
Soy cobarde, lo confieso,
a veces mis propias sentencias no tienen respuestas.
El filo de una navaja también posee el frío y la soledad del invierno.


f.



jueves, 27 de septiembre de 2018

Y me hablaba quedo de semillas y líquenes










Y me hablaba quedo de semillas y líquenes
cuando sus manos me sostenían en la luz.
Todo el otoño venía en su boca,
un reguero de agua silenciosa...
sus pasos dejaban hojas caídas
y enrojecía de rojo los serbales.
Bebía su cáliz después de la letanía de la noche.
Escuchaba sus salmos de hiedra
mientras recogía su llanto en mi pecho.
Es cierto que nunca pensé que fuera un ángel,
aunque tuve que dirimir si era el adviento
o mi muerte lo que me anunciaba.


f.



Uno respira en la línea de poniente que cruza su cuerpo









Uno respira en la línea de poniente que cruza su cuerpo,
un atlas que siempre desconoce.
¿Sabemos acaso discernir la geometría de nuestro corazón?
Frente al Norte mi brújula siempre marca el lado del viento.
Escucho el desembarco de los bárbaros
y como la noche es música en los arrabales de su cuerpo.
Voy despacio...la ebriedad de ser hombre me aniquila.
Todo lo que tengo de mortal me nombra
y sus palabras son adviento del otoño
Llueve y hay silencio
Que pena me da el triste aullido de los lobos.


f.



miércoles, 26 de septiembre de 2018

No resisten los crepúsculos el avance del año










No resisten los crepúsculos el avance del año
y con los últimos meses caen con estrépito ante cualquier mirada.
Sigo sintiendo frío
y sé de la tristeza de la lluvia de principios de otoño.
Mi cuerpo sigue recordando estremecido tus labios,
y con el calor de tu boca tengo, todavía,
las pequeñas señales de tus uñas en mi espalda.
Rasgo los atardeceres como las hojas de un periódico leído,
hay en este café demasiadas cosas que tienen las huellas de tu paso
y sí, es cierto, es de los pocos sitios donde sirven un buen oporto.
Algo se me escapa, la vida suele plantearme incertidumbres,
pero no logro percibir
todo lo que un día de lluvia puede arrastrar con su silencio.
Hay un gran escaparate a la calle peatonal,
se dejan ver los primeros paraguas y afloran las gabardinas,
con ellas viene esa sensación tan particular
que acumulas hasta los alrededores del invierno,
donde todos somos un poco más introvertidos
y las ausencias calan y crean una pertinaz alarma en la piel.


f.


lunes, 24 de septiembre de 2018

Arrastraba restos de silencios









Arrastraba restos de silencios.
Mi boca sabía a tabaco y ginebra.
Solo guardé de aquella noche
esquirlas de astros y sombras de planetas.
Nadie diría que fue un naufragio
el que trajo a mis brazos
su cuerpo exhausto.
Sin saber cómo acabamos desnudos
enlazados como dos serpientes.
Al amanecer,
mirándome a los ojos,
marcó con sus manos
en toda mi piel
las señales del cielo...
siempre había soñado que me amase un ángel.


f.



sábado, 22 de septiembre de 2018

Un hombre debe ser un hombre por su gesto...







Un hombre debe ser un hombre por su gesto...
no es un árbol, abarcable en la mirada
pero siempre difuso en sus raíces,
aunque quizás es como un árbol,
hundido en todo lo que arrastra,
lo continuo de estar vivo y respirando.
Sé de ese tiempo donde la luz es una espada,
una emoción rota a jirones
como una vela tendida al viento...
solo de ese quehacer doloroso de la lumbre
brota la palabra, nace el verso.


f.



miércoles, 19 de septiembre de 2018

He dejado para otro día







He dejado para otro día
esta vieja costumbre que tengo de morirme,
tan lejos de todo lo que tizna mis dedos,
quizás, porque los andenes del atardecer
han traído viejas historias con que quebrarme
y he abrazado al tiempo
como si fuera parte de la lluvia.
Debo retener esos instantes de silencio
que llenan mis manos y cercan el corazón
para no salir de nuevo,
maltrecho, de esta bruma oscura.


f.






martes, 18 de septiembre de 2018

No hay un lugar seguro donde caer rendido








No hay un lugar seguro donde caer rendido, sin fuerzas, sin palabras, sin sonidos más allá de los que hace uno al respirar y el viento hurgando en las esquinas y en los árboles o el que produce el agua al pasar veloz por los ojos de un puente...Me alivia el sonido de las caracolas marinas cuando miro el horizonte. Vivo rodeado de tierras de arcilla y viento...son páramos con señales del tiempo...quizás son como yo, un muro de adobe y piedra con hendijas por donde la luz y las sombras dejan pasar su esencia.


f.



Desembalo el valor de la herida








Desembalo el valor de la herida.
Una caída más sobre mi mismo,
el ágora donde hundirme sobre la luz de la palabra.
No hay señales que equilibren el silencio,
si acaso lunas derramadas en el cielo...
la lluvia y el viaje de los pájaros.
Pueblo de preguntas indoloras mi cuerpo.
No me reconozco del todo en él
ahora que en cada lugar que habito
tengo un poco de mí ya muerto.
Caer sin más es la medida,
cuando nadie te va a responder
y eres tú el agua y la orilla,
un puente sin final,
la melodía que desde siempre
cantas en voz baja.


f.



Vuelvo despacio al invierno









Vuelvo despacio al invierno.
Gira el Norte con su sombra de auriga
y suena el galope inconfundible de los caballos blancos.
Que fácil es morir(se).
Dejarse ir llevado por un hilo de sangre sobre el mármol.
Mientras ellos pronuncian la palabra nieve
yo siento caer sobre mí la noche blanca.
Esfera de nosotros.
Cierro los ojos y veo otro mundo de pequeñas cosas.
Me cubre el aroma perpetuo del membrillo y la lavanda.
¿Soy un anciano con ropas de niño?...
Este caer no tiene límites
pero no hay más verdad que la oscura sombra de la nostalgia.


f.



lunes, 17 de septiembre de 2018

Vengo despacio







Vengo despacio, como si mis pasos no tuvieran sonido,
solo el quehacer del tiempo, la eternidad como tasa,
el silencio y la noche habitando mi vida.



f.




He reclinado la luz de la lámpara









He reclinado la luz de la lámpara para que en la sombra quede tu figura como una rama de árbol del pan, siendo luz evanescente en la oscuridad derramada por tu piel. Podría seguir mirándote la eternidad de todo el paquete de cigarrillos, beber a sorbos pequeños lo que queda de ginebra en la botella mientras en silencio guardas la esfera del mundo y siembras lunas cuando respiras...En estas horas de septiembre llega ya tarde el amanecer, la lumbre sigue en mí y en tu sueño. Yo navego en versos cortos de viajes por mar. Tú, seguramente me alzas en tus manos preguntándote que tengo para ti guardado para que sigas queriendo brotar en las sílabas de mis palabras más oscuras y a la vez más luminosas...pasa la noche...yo te guardo en tu sueño de esperarme.



f.



Es certera la flecha en su discurso









Es certera la flecha en su discurso,
recorre precisa el medido ovalo,
se erige en sutileza del instante,
el cántico de fuego enarbolado
que llena el corazón y lo desangra.
Sin llama, sin destino, ciego final
que llega hasta ti desde tan lejos
a ese lugar íntimo y doliente
y, sin tu saberlo, su voz es queja,
es siempre una llamada a tu recuerdo,
última golondrina, primer rayo,
primavera inaudita en el otoño.


f.



domingo, 16 de septiembre de 2018

He borrado un poema sobre la vida...









He borrado un poema sobre la vida...

lo que tenía de verdad era demasiado doloroso
para dejarlo aquí,
expuesto a la vista y al murmullo de todos.

La vida no deja de ser, en parte,
un camino de oscuridad interior,
que a veces, merece la pena
recorrerse en silencio.



f.



viernes, 14 de septiembre de 2018

Tan solo unas huellas húmedas








...En la noche se tiende un ala sin pasado...
J. Á. Valente



Tan solo unas huellas húmedas,
la respiración,
el paso a paso de la soledad
enhebrando a nuestro costado todas las preguntas.
Tú lo sabes, lo sabes bien,
pero nada cambia y solo quieres dormir,
encaramarte al pretil donde tus ojos solo verán la oscuridad
y el océano no tendrá más que nombres y paisajes anónimos...
El frío es intenso cuando te abate,
la nieve tiene su propia densidad cuando te abraza,
sabes que no puedes controlarte
y viene a tu memoria tu infancia y la blancura de tu corazón,
y te recuerdas a ti mismo en la risa,
en el eco de las melodías infantiles que te hacen sonreír.
Nada más alejado a lo que lo que eres ahora,
una sombra alimentada por la ira contra tus propias desilusiones.


f.


Si fuera mar








Si fuera mar existiría entre dos surcos de preguntas salinas.
Si lo fuera, quizás el blanco de la sal tendría el color de la luz que inunda el mundo un verdadero día de verano, cuando nadie sabe a ciencia cierta la temperatura que puede aguantar el cuerpo humano.


f.



jueves, 13 de septiembre de 2018

Sobre la bruma levanto mi voz








Sobre la bruma levanto mi voz,
su eco es una campana que tañe despacio
y se pierde difuso su sonido por las azoteas de mi ciudad.
Nada tiene valor cuando nos acecha el silencio
y lo inquebrantable no deja de ser más que una letanía,
ciertas palabras rimbombantes escritas en el viento,
humo que se pierde en el aire,
aunque para ti sea
el sonido que deja en el corazón
un último violín.


f.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Morir en las tardes de septiembre










Morir en las tardes de septiembre,
cuando hurga la lluvia con sus raíces y sarmientos.
No sostengo más allá que una vela blanca al viento...
las palabras, una luz, cierto aroma a caolín,
el olor que en silencio deja la tormenta.


f.



Abro la ventana y entra la brisa








Abro la ventana y entra la brisa.
Sin nombre apenas que darte
poseo ahora el rescoldo de la lumbre nocturna
y esta hora ausente de nosotros,
cuando tú duermes y yo oteo el mar.
Las islas son como tu espalda,
se ven en la bruma del horizonte,
y sé que guardan siempre los pájaros y el frío de la mañana,
mientras que a ti, a centímetros de mis dedos,
respirando en silencio,
te cubren una lejanía de sábanas
y todos los pretéritos viajes
que hicimos en la noche.
Guardo este instante.
Lo grabo como he hecho otras veces.
Ya eres igual en mi memoria
que algunas cosas hermosas que me habitan:
el friso del Partenón en el Museo Británico,
el puente de Alejandro III en París sobre el Sena,
el jardín de Csepel rodeado por el Danubio,
el templo de Júpiter en Paestum…
Eubea en medio del Egeo.


f,




martes, 11 de septiembre de 2018

Yo no surjo de la noche








Yo no surjo de la noche, yo soy la noche, el viento oscuro que nombra las cosas perdidas, las razones oscuras, la verdad de lo que es la lluvia, la tempestad, lo errático de una emoción, la herida de la ausencia.
Traigo el humus de la tierra en mis huellas, mis zapatos tienen briznas de hierba y rastros de hojas muertas, son de un corazón que envuelve, un hilo de sangre que tizna todo lo que contempla, el abanico del dolor de vivir.
La certeza siempre es parcial, es una senda de luz y oscuridad, porque todo lo que nos define está en nuestra historia, esos viejos detalles que tienen los signos de lo nuestro...un aroma que trae desde el olor a membrillo y lavanda de los armarios de nuestra infancia, hasta el último objeto tecnológico con el que recorremos el mundo.
Sigo siendo el viento, incesante, oscuro, iluminado cuando aúllo en medio de la tierra o del bosque, al lado justo de tu respiración.


f.



lunes, 10 de septiembre de 2018

Lo sabemos bien









Lo sabemos bien,
aunque no pronunciemos las sílabas que duelen
caemos en el otro como solo se cae en el abismo.

Este vértigo tiene algo de insondable e inesperado,
tiene un sabor a moras y a vainilla,
pero también deja un sudor frío
de pasos de noche y humedad de lluvia.

No hay ventanas que nos abran el mañana.
Estas paredes donde nos dibujamos
tienen las sombras de tu cuerpo y del mío,
porque sabemos que el lugar de la lumbre
siempre empieza y acaba en el otro...

Sin embargo, también nos agota la rueda de las estaciones,
los largos amaneceres del insomnio,
la llegada de la noche
con su albedrío y su braille de yemas y de labios.

No voy a beber este veneno,
ni deshacer estos nudos que nos atan...
pasa el tiempo, quizás sea mañana
un buen día para consumirnos,
o solo sea de nuevo un buen momento
de hacer de la contemplación del otro un río de murmullos.



f.



Hay un pulso inagotable con los márgenes de las palabras










Hay un pulso inagotable con los márgenes de las palabras, lo que abren y cierran en su sendero de bosque, su caer de acantilado, su estar como duna en cualquier desierto.
Anclado al viento escribo en las paredes de la ciudad, releo lo ilegible, el instante del borrador de un relámpago de melancolía, su lluvia como un otoño de borrascas y calcinados besos y caricias.
Argamasa de símbolos y quiebros donde buscar las preguntas como en el fondo de unos posos de café o en las bolsas de té...aunque sea música, arias de ópera donde se desmiembra el amor en sus dosis de piélago y en la armonía de las lágrimas.
Así crecen mis ciudades, lo inolvidable, el paso intranquilo de los sentidos por lugares habitados de luces, sombras, murmullos de la noche y puentes sobre ríos literarios que dejan la humedad en el amanecer como una sabara imposible de olvidar.


f.



Soy la ciudad que habito






Soy la ciudad que habito. Soy el viento que azota.

El río que pasa: su silencio desbordado de mortalidad.

Así y todo me resguardo de mi mismo

contemplando la soledad del mundo.




f.


Caer y levantarse








Vinimos hasta aquí para beber la luz...
Ada Salas




Caer y levantarse.
En manos del silencio
solo la esquirla de la luz
deja heridas las sílabas.
Hay distancia,
una línea de asfalto,
un horizonte de lumbre,
tanta soledad como cabe en horas de insomnio,
pájaros y árboles que guardan sus misterios,
un dolor a lluvia y resina,
como a un cántaro roto
así lo nombro.


f.



sábado, 8 de septiembre de 2018

Es veraz la idea de que el otoño quiere acabar conmigo








Es veraz la idea de que el otoño quiere acabar conmigo.
Cae la lluvia y toda la ropa tendida se ha vuelto a humedecer.
El viento la mueve como queriendo dejarme un mensaje
pero no entiendo el caos simbólico del cierzo.
Ya ha decaído el vigor de las buganvillas,
su luz enrojecía el atardecer.
Tengo la vista cansada y ante el avance de la noche
mi hábitat pasa a ser el diminuto mundo de las lámparas.
Cierro los ojos con nostalgia,
sin saber por qué sigo viendo el mar...



f.



Hoy escribo detrás








Hoy escribo detrás, en lo oscuro del silencio,
donde las huellas tienen marcas salobres
y las palabras apenas valen nada.
Son gestos en el aire,
puntos de luz,
lo apenas perceptible,
lo único que llega a una mirada
que contempla sin márgenes la noche.


f.



viernes, 7 de septiembre de 2018

Me vence esta armonía de actos predecibles








Me vence esta armonía de actos predecibles.
Hay un poso de luz en cada huella,
un deshacer de urdimbre entre mis manos...
Como albatros que vuelan en mitad de una nube,
miro el mundo, lo contemplo,
y veo, pequeña, diminuta,
esa figura oscura que parece ser mi sombra.
Hay un hilo de luz recorriendo mis vértebras...
Quisiera sentir nacer
entre mis humildes palabras
un amanal, afluente de un río más grande,
que pueda recorrer la soledad,
la mía, expuesta en los margenes del silencio,
eco sin tacha en la voz del viento,
sin más razón que desdibujar
la grisalla nocturna que derrama el alumbre,
un acónito que lentamente va acabando con mi vida.


f.



jueves, 6 de septiembre de 2018

Salgo de ti y me abandono a la noche










Salgo de ti y me abandono a la noche
aunque los verbos más íntimos
guarden la resonancia de tu cuerpo,
se anuden a la piel y a cada paso nocturno
me traigan el calor de tu boca y el logaritmo inesperado,
de nuevo, de echarte de menos.


f.



Dice el poeta que el tiempo lo posee todo








Dice el poeta que el tiempo lo posee todo,
pero que cuando consigue descansar,
abrigado a la luz de algún silencio,
puede enunciar un mundo de telúricas imágenes,
ese término en que invierte las emociones
y se deja llevar por todos los arrabales de la memoria.
A pesar del aire, respirar no es sencillo.
Arder entre las sílabas que forman las cosas, al nombrarlas
en este bosque de fronda interminable,
se hace demasiado difícil en las largas tardes de invierno.
Me debe la humedad la lluvia,
su temporal devastador,
la tormenta ciega, el fuego del relámpago.
Pero soy agreste cuando solitario me habita un lobo,
camino por la senda invertebrada de la mentira
o me dejo seducir por el deseo imperturbable de mi piel.
Trae la noche ásperas estrellas,
astros calcinados hace miles de años,
y sin embargo sentirlos, suaves
como quebradas preguntas sin respuesta humana,
deja en el viento,
que me acalla, el dolor del misterio.
En la urdimbre de las rosas,
en su aroma prendido al pecho,
en esa quimera de dragón que cruza la luz
y se hace dueña del jardín
enumerando el sueño de las últimas arañas,
en su tela ya rota y apenas reconocible,
entre los pájaros ahora de silentes vuelos
o en la desarbolada rendija de frutos y guirnaldas
de las cuales se apodera el humus,
hay todavía exenta la caricia de un verano pródigo y candente,
todo lo que rezuma la sed de los días perdidos.
Desde este rincón del cielo,
o tal vez de un infierno interior y posesivo,
absorto en la ciudad y en sus arterias,
un río sin puentes se deshace en mí
y me llama a hurgar en todas las cosas que pueblan mi sangre…
tal vez sea mi poética un cúmulo de símbolos
o únicamente la manera más sencilla de pedir que me quieran,
que me escuchen y me deban algo por lo que recordarme.


f.



Sí, murió sin dolor








Sí, murió sin dolor,
mientras yo almorzaba un sándwich en la terraza de los Ufficci,
debajo de una sombrilla y bebiendo una cerveza belga.
Nadie está ya vivo en este panteón de óleos
y sin embargo hemos hecho una novela de cada cuadro,
buscando en la sonrisa discreta e imposible de la Gioconda
o en ese rostro, a punto de darnos una respuesta
a la infinidad de dudas y preguntas
que solemos tener los que admiramos a Miguel Ángel.
Dormité después con el sabor amargo de la cerveza en mi boca
y el café con hielo todavía aguándose en un vaso de plástico.
La luz de agosto traía a mis ojos lágrimas innecesarias
y anhelaba la sombra del Arno,
lento y silencioso en sus oscuros limos,
con esos pocos árboles que sajan de umbría sus riberas
mientras los hombres descansaban caídos sobre la hierba.
Arriba, seguro que una red de vendedores ambulantes
deambulaban pidiendo atención con sus souvenirs innecesarios,
y tú y yo, detrás de unas gafas oscuras, mirábamos el tiempo
como un descenso a una parte de la historia de nuestra vida.


f.



miércoles, 5 de septiembre de 2018

No temo despertar










No temo despertar,
si acaso no puedo sentir
el poso desvalido del amanecer,
cuando nada de todo lo que poseo
tiene una vida perenne.
Me puede matar el canto de un pájaro,
el dolor del viento,
la herrumbre del silencio,
la luz como revalida,
una ausencia sin nombre,
porque lo anónimo,
con su propio sonido,
tiene desbordadas las palabras,
y el mar y las luces de los muelles
apenas guardan ciertas cosas
que nunca se fueron.


f.



Es así de natural este desaparecer borroso








...la vida
se nos ha ido encharcando
con lluvias de Panonia.

Aurora Luque


Es así de natural este desaparecer borroso,
volviendo a ser grisalla sin nombre,
a perdernos en un lugar habitado
por las brumas del bosque y el silencio.
Este muelle ha perdido el valor de los barcos mercantes,
el olor de las algas muertas y la lluvia sin horizontes.
Veo los montes quebrados sobre el mar
y el cielo y sus nubes grises
reflejadas en el suelo encharcado de las calles.
Mi mirada se desliza con mis pasos...
a veces cruzar un puente o sentir el viento húmedo
trae rincones del corazón donde perdura la ternura
que siempre me deja su bala de plomo
buscando mi próxima caída.



f.



Abro la línea azul que llevo dentro








Abro la línea azul que llevo dentro.
Mi voz es amarilla cuando sueña
y es en la noche una urdimbre de viento y agua.

Será de nuevo la bebida caliente
que a cortos sorbos me quema la boca
o la hogaza de silencio
que desmigo entre mis torpes dedos
mientras siento la frugal esencia
que deja el instante exacto del amanecer.

Yo busco que ese instante se haga cómplice mío
para hacerme sentir esta eternidad que casi nadie valora,
las cosas que tienen un murmullo interno y que sin saber por qué
acuden a mis sentidos para congraciarme con la vida.


f.



martes, 4 de septiembre de 2018

Tiempo de silencio








A veces la vida es un instante,
la voz de una quimera,
cierta ansia por llegar hasta el extremo
más iluminado del amanecer,
y allí, tocar con la punta de los dedos
la línea azul que marca el horizonte...
allí, sin saber cómo,
se dispara la existencia y surge la palabra,
un río que se derrama entre mis dedos
y me abre un camino de selva,
un claro en el bosque
en medio del desierto de las calles y semáforos.
Siento el eco de mis huellas,
la humedad detrás de mí,
el rastro inequívoco
de esta arena enrojecida
que sabe de mi sangre y de mis sueños...
ella posee la verdadera razón de los silencios.


f.



lunes, 3 de septiembre de 2018

No sé que tiene la tristeza










No sé que tiene la tristeza
que sabe caminar
entre la tibieza de tu cuerpo y tu ropa,
hacerse un abrigo de tu piel,
hablarte despacio cerca de tu oído,
con sus manos acariciar tu pelo,
besarte como besan unos labios resecos
o cogerte de la mano, con su pequeña y fría mano,
mientras andas por una ciudad infinita
donde solo escuchas tus pisadas
como si ella andará de puntillas
y solo supiera llevarte al otoño,
al centro de donde sabes
que siempre regresas
con sus uñas clavadas en tu espalda
y tu silencio desnudo,
tiritando ante lo inevitable.


f.



domingo, 2 de septiembre de 2018

No sé que me deja este vacío








No sé que me deja este vacío.
Una cadencia de signos en el cielo,
que voy uniendo dibujando pájaros.
Mientras, imperceptibles,
mis manos remueven el agua del estanque,
quiero sentir que mi propia imagen
tiene márgenes difusos.
No me reconozco.
Será verdad, que a veces la palabra
y el silencio que la habita
han tomado partido...
ambos quieren condenarme a ser su envés:
la oscuridad impronunciable.


f.



Un hombre es a veces una verdad encendida







Un hombre es a veces una verdad encendida,
el ángaro que sostiene un corazón oscuro.

Las semillas de la luz son sílabas,
partes pequeñas de un verso,
luciérnagas sin voz,
el eco que el silencio pone ante tus ojos.

Yo soy el que contempla,
mi mano escribe lo sencillo,
mi valor es casi una huella
que se ha de llevar el viento del alba.

Tú no me conoces,
no importa,
en la maleza no se distingue
la urdimbre de la vida.

Anoche me despertó el relámpago.
Tuve miedo cuando entre trueno y trueno
no escuchaba ningún eco en mi corazón.


f.


fotografía de María Holguera



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