La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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miércoles, 31 de enero de 2018

¿Cómo tocar la vida con las manos?








¿Cómo tocar la vida con las manos?
¿Cómo abrazar despacio
el aliento del mediodía,
y ser parte de la brisa caliente
que se mueve en el carasol de un invierno?
Los viejos, sentados sobre el tiempo,
miran con ojos acuosos y en silencio
mientras tiembla a su alrededor
la creciente oscuridad.
Miro mis manos de nuevo,
las cierro con tristeza,
callo y contemplo desnuda la luz,
un filo de fuego que avanza,
lentamente, hacia mí.



f.



Una sombra












Una sombra y otra sombra separadas por la luz del día
son apenas dos puntos oscuros
que solo en la noche y sin márgenes se dan su pureza.



f.



Vigilo la sombra que preludia la tarde









Vigilo la sombra que preludia la tarde.
¿Qué ausencia ha puesto a silbar al viento?
Ven despacio, la noche va a ser de astros caídos
y el fulgor de la luna se derrumbó
reservado para otros ojos.
Hay demasiado rencor,
perdidas palabras entre los labios.
Un fuego ha traído el olor de tu cuerpo,
ciertos recuerdos, ciertos silencios.



f.




Arde el fuego sobre el fuego









Arde el fuego sobre el fuego
como la sombra se hace más sombra en sus horas de silencio.

Es del invierno la voz que clama,
el auriga que trae bajo su manto el aroma del incienso,
la señal elevada al cielo, lo gris y lo ebúrneo,
el acíbar que nos hace murmurar para adentro.

Llegamos solos del laberinto, sin nada entre las manos,
con las calles adormecidas por la fiebre
de una ciudad que se derrumba bajo la caída de la noche.

Suena voraz la campana, su votivo fértil,
mientras yo me remonto
a los viajes de la niñez en que me he perdido.
Horas de oscuridad entregadas al recuerdo
y al valor doble del sonido inequívoco del bronce.



f.



Voy a abrir un surco donde quepa todo lo que callo









Voy a abrir un surco donde quepa todo lo que callo.
Profundo, sin raíces, que reciba el agua de la lluvia
y las palabras se disuelvan en si mismas,
les nazcan alas de pájaro
y busquen un lugar donde volar ligeras...
sé que conmigo solo tienen el duro quehacer del silencio.



f.



Vengo de la noche con mi luz crepuscular








Vengo de la noche con mi luz crepuscular,
nada en realidad salvo un adagio de hebras y respiración.

Casi sin saberlo mis pasos tienen el eco del páramo,
un horizonte plano, un fondo oscuro de luna nueva
y el latido de lo que guarda un verso tan simple como la hierba,
la humedad del atardecer prendida a mis viejos zapatos.


Veo en las esquinas la tristeza, ese amago de ternura,
tibio rostro de la juventud cortada con un cuchillo de monte,
sexo vendido a precio de rebajas cuando el amor es lo imposible,
lo incierto, lo que te acostumbra a doler sin saber por qué.

No sé dibujar esa tristeza, tampoco lo pretendo,
ahora me habita como siempre que recorro esas calles
y siento el pudor humano de lo que cuesta sobrevivir cada día.



f.



martes, 30 de enero de 2018

Miro mis manos teñirse del color de la ausencia









Miro mis manos teñirse del color de la ausencia,
un azul doblegado por el uso
como un hule antiguo con lirios de agua.
Todo sabe a oscuridad.
Pruebo el fiel veneno,
la lumbre de la serpiente,
su boca, ardiente todavía,
deja rastros visibles
que inundan mi cuerpo,
mientras sigo perdido en el amanecer
por las calles y la ciudad.



f.



He(mos) llegado tarde al reparto de sueños...










He(mos) llegado tarde al reparto de sueños...quizás fue la esperanza un particular búcaro donde a veces solo nos valía cuando las flores eran rojas.

Leo la vida en los rastros que en mi piel deja al mordisquearme el silencio. Apenas nos quedan hilos que manejen el mañana y siento en mi cuerpo el tiempo, el dolor del invierno, la duda razonable y existencial, la sensación de quebranto de todo, el desencanto...

No voy a esgrimir un viaje de palomas, ni siquiera esas tardes de sombra tendidas al verano, lo que cubre la nieve cuando somos silencio, el rojo de las hojas trayéndome el otoño...el mar legislando leyes, los bosques urdiendo la usura del fuego...


Yo, solo, contemplando el atardecer. Yo solo, expiando mis culpas, las que sé de mi mismo y pago con viejos intereses a la vida.



f.




lunes, 29 de enero de 2018

Salvarnos de la nada










Tal vez sea por esto
que pensar en un hombre
sea salvarlo

Roberto Juarroz



Salvarnos de la nada
en el espacio de un aliento,
pensando en el otro yo
o en el dolor solitario
que se derrama
como una fría humedad
sobre nosotros.
salvarnos,
aunque sigamos muriendo
lentamente…
tan solos
como al principio.




f.




Es posible que ciertas noches de insomnio









Es posible que ciertas noches de insomnio tenga rodeando mi cama oscuros hurones que demandan su astrolabio.
Es posible que la sed de la noche, el desmembrado signo de la vida que me oprime no sea más que la voz de un oráculo sin futuro.
Que mi boca calle y sea solo un vaivén de fiebre y sueños mientras los dioses, esos dioses vuestros, y sus espíritus juegan a derribar el mundo.
Respiro el vaho de lo imposible mientras escucho pasar cerca los últimos trenes de la noche, tan tristes y anónimos como los besos dados en la boca de la ausencia, tristes amores de neón, de música, de alcohol y con precios tasados de mercado.
No hay inviernos que pasen por mi, son todos ese lugar que se habita de sierpes y desiertos, los que dejan en la boca el sabor de las acacias, lo áspero, lo ruin, lo transitorio.
No me doy lastima, ni quiero que esta quera que me deshace tenga más trabajo nocturno, aunque siga derramándome en silencio...quizás sea la calidad de la sangre, lo espeso de cada pensamiento, la variedad del virus que me habita o este dolor en el costado que abierto a las antiguas ciudades de mi vida tiene nombres de islas y canciones tristes.



f.



¡Qué dolor trae la nieve cuando ahoga!












...como si lo mordiera la costumbre
(esa forma taimada de la muerte)

Piedad Bonett



¡Qué dolor trae la nieve cuando ahoga!
Se siembra el cuerpo de los pretéritos imperfectos de todos los verbos...
Hundirse en otro
es sentirse dentro de una ciénaga
donde nada tiene eco,
caer sobre lo vivido, lo que duele,
y saber que todo trae
en su lado izquierdo un poco de muerte,
ciertos pétalos de sangre
puestos al azar en las hojas de un libro.
Debajo del silencio mío,
siguen las labores de escarda que alumbra el tiempo.



f.



domingo, 28 de enero de 2018

Podría tenerte entre los muros derrumbados de mi exilio










Podría tenerte entre los muros derrumbados de mi exilio.
Las horas tempranas de la noche
guardan todavía la humedad de la palabra,
y aunque tan solo soy los restos de un hombre,
la sombra caída que se habita del rumor del viento,
tengo en la memoria páginas de libros inolvidables.
Un ejercito invertebrado se adueña insaciable de todas las voces...
La bruma del bosque, la luz de la atalaya,
ciertos sonidos de pájaros y mares,
la cadencia, el golpe quebrado de la distancia.
Es cierto que ahora que te miro me descubro en tus manos,
el lienzo de tu piel tiene rastros de mi sangre,
la luz se irá perdiendo al amanecer...
podrías pensar que soy un ángel derrotado
aunque me veas incapaz de volar
y de mí solo quede junto a tu lado
un mineral corroído por el tiempo.


f.



Cada soledad tiene su abismo










Cada soledad tiene su abismo,
un acantilado donde el vértigo es nuestro,
único y exclusivo,
y ella sabe descender sobre nosotros,
no como un animal salvaje,
tal vez, como una muerte conocida,
y en lo quebradizo del dolor
quedarse en los descarnados huesos,
rompiéndolos uno a uno,
poco a poco,
musitando una oración,
cierta música,
que en las noches, trae el viento.



f.



Fue sincera la oscuridad









Fue sincera la oscuridad,
sin objetos que nombrar
mantenía su orden milenario.
Abría la madeja del nosotros
y sus hebras ya no eran nuestras.
Solo la casualidad de una tormenta
en mitad de la noche,
o el devenir del frío en una nueva nevada,
dejó junto al silencio
la luz que deslumbraba nuestros cuerpos.



f.




sábado, 27 de enero de 2018

Mirar adentro









Mirar adentro como si nada tuviera valor más allá de ese abismo,
y lentamente descender los peldaños, sin miedo,
hasta que nuestros pies descalzos pisen las aguas,
mantengan el fiel contacto con tu vida interior.


f.



Crece la lejanía











Crece la lejanía, el eco de las estancias vacías y de las palabras que se forman con la humedad de la tierra, con las pasiones y con las huellas inequívocas del lobo y la serpiente...
Duermo en medio del desierto rojo de viejas arcillas y sendas secas de lluvia, mientras siento caer los astros en pequeñas gotas de luz y fuego.
Nunca tengo un invierno fácil, me agota la oscuridad con su promesa de selva ignota y los meandros del río, paciente, con sus susurros de lumbre y su llamada suicida cuando se esparce en remolino debajo de los puentes de piedra.
Es cierto que ahora, cuando la noche es el reclamo perfecto para morir, yo tengo tantas cosas en las manos, tantas hojas de enebro y de sabina, que solo puedo escribir bajo la luz cenital de una lámpara, recitando a la soledad con voz profunda...sé que todo lo que me espera es siempre un nuevo nudo en la soga que ahoga en silencio cualquier salmo, todos los que broten en esos instantes en los que nadie es nadie salvo una respiración que busca el alba.



f.




Solo somos viento






Solo somos viento, palabras que se quedan dormidas en el aire,
ecos de la noche, el miedo a derrumbarnos frente a la soledad.
Escribo sobre el quehacer de las sombras,
el devenir de las cosas pequeñas,
el peso de respirar, el galope de la ira,
la urgencia de ser alguien frente a mis huellas indecisas.
Nada me salva de mi mismo,
aunque me rodee de todos los salmos
y los pequeños dioses del azar
me dejaran en las manos un pliego de mágicas palabras.


f.

Mis manos saben construir un bosque










Mis manos saben construir un bosque
donde cantan los pájaros.
A veces, en medio de la noche,
escucho el silencio
y echo de menos mis propias palabras,
ellas se han quedado atrapadas en la bruma
o se han desnudado
junto a una playa en una isla solitaria.
A veces, ausente de palabras,
mis manos recogen de mi cuerpo el barro
y azarosas crean sin saber por qué
las formas más diversas del silencio.


f.



Nadie vendrá para salvarme









Nadie vendrá para salvarme,
ahora que es de noche y todo lo que tengo
son las manos frías y los bolsillos vacíos.

Han escrito en mi corazón de hielo
y han vertido de él un liquido rojo sobre la acera
como si abrieran las vísceras de un animal
y quisieran ver la longitud de la existencia.

No es exacto el augurio,
pero vivirás más que yo,
aunque sea solo sombra mi palabra
recordarás mi nombre
cuando veas un humo oscuro en el cielo
abarcando cúmulo nimbos sobre el horizonte.

Entonces tendrás la corazonada
de que soy ya solo ceniza
después de arder
dentro de una caja de conglomerado color caoba
en un decrépito y lejano crematorio.



f.



viernes, 26 de enero de 2018

¿Cómo puede caber el cielo en la humedad de un cántaro roto?









¿Cómo puede caber el cielo en la humedad de un cántaro roto?
Miro mis manos mientras siento irse la lluvia hacía el Este.
Vuelven los pájaros de su silencio
y las flores tempranas de los almendros
se estremecen ante la brisa húmeda y fría del invierno.
Puedo acallar tu voz colocando mi dedo índice en tus labios,
mientras el sol se desliza fragante por tu vestido
buscando habitarte de su mundo de luces y sombras.
Ahora, de nuevo juntos en la soledad,
quiero que escuches en este instante
el imperceptible murmullo de las nubes al pasar.



f.




Rehago la suma de las dudas









Rehago la suma de las dudas,
frente al ocaso es fácil anillarse al viento
y escuchar al murmullo del aire
batirse contra mí.
Me pierdo en el horizonte,
en su línea cóncava esgrimo un morse de silencios y gritos.
La luz que desembarca y trae la noche
tiene siempre un poco de eternidad,
de lo que nunca se olvida.


f.



He girado despacio sobre la sombra azul









He girado despacio sobre la sombra azul.
Llevo en mis manos el hilo que deshace la gasa del atardecer.
Corre el agua en el río,
trae el tiempo perdido en sus quehaceres de nube.
Yo afronto este crepúsculo holgado de silencio.
Sin matices se prende a mí,
ahora tengo sobre mi cuerpo un ejercito de sombras,
el cárdeno recuerdo y el azur que se derrama...
es como la heráldica túnica que viste al horizonte.



f.



¿No hay retorno detrás de la lluvia?










¿No hay retorno detrás de la lluvia?
Esa pregunta cruza la noche
cuando en la oscuridad soy sombra y silencio.
Y abro las manos, mis manos casi siempre cálidas,
ellas que tienen el esfuerzo de darse,
de dibujar mapas y escribir bitácoras en el viento,
como si fueran las únicas armas de un desconocido alhaquín
que teje incesante un tapiz siempre inacabado.



f.




Descalzo de envites atraviesas la ronda










Descalzo de envites atraviesas la ronda
y escuchas el deletreo de tu nombre en el viento.
Casi podrías llorar contra el frío
y decir: "es el invierno,
mis ojos tienen una mirada
que busca en la distancia".
Escuchas pasar un tren,
piensas en la orilla,
en los márgenes del cielo,
¡como olvidar los canales,
el agua inundando tu corazón!
Podrás recoger tus lágrimas
y despertar en la puerta de tu casa,
al entrar sabrás que descansar
también puede tener un descenso a los infiernos.



f.




jueves, 25 de enero de 2018

De esta muerte









De esta muerte, pequeña y a veces tan simple como un latido o una flor de almendro helada con la rosada del amanecer, apenas queda la sensación del vértigo, la huella del borde del acantilado que en la noche has hollado en silencio.
No recorro más espacio de vida, me pertrecho como haría contra el frío y deshago los nudos, la angustia, una especie de calima que va impregnándote hasta calarte a fondo y dejarte naufrago en medio de la nada.


f.






Voy a agotar los tiempos del suicida.












Voy a agotar los tiempos del suicida.
La vida es un golpe de mar
que siempre nos abandona.
Exhausto pero tiznado de la noche,
queda siempre lo mejor para la próxima baza.


f.



Contemplar es derivar hacia dentro el mundo...










Contemplar es derivar hacia dentro el mundo...
me muevo en este silencio que trae el viento
-- soy como una nube o un pájaro --
que me deja la sed de los días fríos,
los que reservamos en el calendario con una cruz roja
y que son una soga tensada donde permaneces exhausto,
agotado pero todavía vivo...



f.




miércoles, 24 de enero de 2018

Está bien saber que a veces escribir es morir un poco










Está bien saber que a veces escribir es morir un poco, porque todas las palabras tienen su lado de sombra, su rincón devastador donde se puede mezclar ira y dolor, cuando los versos se aferran a la tierra, te reescriben tu historia y echan raíces dejando parte de tu vida en la boca hambrienta y ciega de los gusanos de las emociones.
Mis manos se abren en surcos, noto la distancia entre ellas y las razones últimas que han medido los días y las noches.
Hay demasiada lluvia, demasiada nieve en este invierno sin fronteras, sin límites, sin márgenes...hundidos en la agonía, en la maleza, donde solo me cabe cerrar los ojos, verter las sílabas que descerrajan el corazón y en ese instante, sin saber que mis palabras son un poema, maldecir de verdad esta ansia, esta fiebre que no te deja casi reposar, y que te va minando, lentamente, como si una planta nocturna y carnívora respirase tu oxigeno
y comiera tus entrañas.



f.




Mis dedos en el agua solo saben crear ondas










Mis dedos en el agua solo saben crear ondas,
deshacer la calma de la alberca,
crear un verso que dura lo que un temblor anónimo...

A veces es así el aire,
conserva el instante del vuelo de la voz,
un eco que se pierde en la distancia
y que sin saber por qué
deja estelas de luz que murmuran en el viento.



f.



Andar en medio de las avenidas en la noche









Andar en medio de las avenidas en la noche, estar siguiendo pasos de oscuridad, habitar la lluvia y mirar las otras orillas, la que dejas atrás y la que contemplas dubitativo ante cuál de los tonos de azul es el que esperas encontrar. Saber que fuimos uno, acaso dos y ahora somos nosotros y la sombra que hace la noche con nuestros cuerpos entregados...la ciudad, sus calles, sus cafés, tu juego de rayuela o de pelota, tu nombre todavía escrito en algún muro...Nada dejamos cuando nos vamos, solo una parte de palabras gastadas y el eco que traen las caracolas como un zumbido siempre al lado de tu corazón...



f.




martes, 23 de enero de 2018

Estoy aprendiendo a contemplar la vida








Estoy aprendiendo a contemplar la vida.
Miro desde el silencio
como un meteorólogo o un geógrafo
el tiempo atmosférico,
las distintas estribaciones de los días.
Alzo la vista y veo pasar lentas nubes,
un volar de pájaros
y las estelas de los aviones,
deshaciéndose camino de ninguna parte.
Si es de noche,
vigilo el movimiento de la luna
o reviso las constelaciones
como un ciego haría con las yemas de sus dedos
en un libro escrito en braille.
No es soledad, ni siquiera tristeza,
es un consciente rumbo interior
que hace que busque,
detrás de cada pregunta,
las respuestas más sencillas.


f.



Ahora me preguntarán por esta nueva manera de morir









Ahora me preguntarán por esta nueva manera de morir, el abandono sin palabras de un cuerpo dejado atrás como los restos que ya no te competen.
Así será como el amor se diluye en huellas, pisadas de ante o quejidos de niebla en mitad del invierno, cuando la escarcha es el último resquicio de la nieve y nadie tiene tiempo para pararse y contar las nubes.
No han de darme más, solo la llave que abra la oscuridad, el quicio de los umbrales de la noche, la humedad de las horas nocturnas o el regocijo del fuego, todo vale para sucumbir metido en esta urna donde solo cabían ciertas palabras, las miradas perdidas en el azar y el devenir constante de la lluvia.



f.



Tendré las manos sucias












Tendré las manos sucias,
ellas que han roto todos los vasos
y se han manchado con la sangre mía y de otros.
No tendré el olvido, eso no se lo lleva el tiempo,
deja rastros como el roce con las zarzas
o el andar en el cuerpo con las espinas de las rosas.
Ahora miro la noche, la oscuridad,
el reflejo de las farolas sobre la avenida,
las huellas que deja el silencio,
poco a poco, sobre la ciudad
y las que días como este de invierno
dejan dentro de mí,
algo parecido a un goteo continuo de la devastación.



f.



Tensa es la línea de la flecha








Tensa es la línea de la flecha,
su silbido rasgando la noche,
sin matices,
el quiebro que horada veloz la oscuridad.



f.




No soy aquel que deja tu cuerpo tendido en la batalla









No soy aquel que deja tu cuerpo tendido en la batalla
ni tus manos solas en el frío de la noche.
Puede que hayas caminado por esas calles oscuras
cuando la noche no tiene nombres, es anónima como tú,
y solo, de vez en cuando, veas pasar algún que otro taxi vacío,
pero no tengas, sin saber por qué, más remedio que seguir andando
pensando en todo lo que te duele del mundo,
esa sensación de nauseas que nunca sabrás discernir,
si es por lo que piensas
o por el elevado cúmulo de alcohol que has ingerido.
No sabes si te han servido esos besos robados a la oscuridad,
ese cuerpo anónimo (no recuerdas ni su nombre)
que ha sido un instante fulgor de neón entre tus manos,
pero nada más lejos de sentirte bien,
has pensado en el vaivén de tu derrumbe
como un viejo edificio en ruinas.
Pero no seré yo el que te consuele,
simplemente te he dado fuego y con calma
te he advertido que hay huelga de autobuses
y que tu espera va a ser muy larga
en ese trozo de invierno que es a estas horas la avenida.



f.



domingo, 21 de enero de 2018

No era solo una canción








No era solo una canción
cuando la tarde se iba diluyendo en la sombra
y Ben Webster dejaba que el saxofón fuera la voz de un ángel,
pereciendo en el agua,
al borde mismo de las olas y la incipiente noche.
Tú eras de luz y arena
y me quemabas
o te metías en mi piel como una herida,
encendiendo de preguntas el malecón
o acallando los últimos pájaros del bosque
mientras dirimías con tus labios una batalla en mi pecho.
Escuchabas mi corazón y sentías como respiraba tu perfume
cerrando los ojos y sonriendo.
Crecía el frío o solo era la labor de la noche,
lumbre de un faro y barcos que navegan
cuando el horizonte es otra orilla de signos y estrofas
que desconocíamos aunque tuviéramos destino en ella.
Venías tarde y te ibas enramando en mi cuerpo
haciendo sándwiches de jamón y queso
y bebiéndote el vino de reserva que guardaba en la bodega,
pero no importaba, te iluminabas como una tea
tras el juego de buscarnos entre los cojines.
Lo que otros sabían de nosotros nos daba igual,
se iba el día, se acababa Ben y ponías sin remedio a Miles,
para que tu cuerpo se moviera al ritmo impenitente de su trompeta.
Morir podría ser un viaje largo, una distancia entre los dos,
pero esas noches no tenían más que el afán de la sangre
y la concupiscencia de dos cuerpos que se reconocían en la oscuridad.




f.




No guarda rencor mi cuerpo de tu cuerpo









“Haré un espacio entre mis piernas.
Te enseñaré la soledad”

L. Cohen




No guarda rencor mi cuerpo de tu cuerpo.
Ni siquiera ha tenido el valor de olvidarte.
Elijo siempre los días fríos
para cantar tus canciones preferidas,
y en las yemas de mis dedos,
todavía con una extraña tibieza,
emana un suave sudor
que parece recordar
mi húmeda obsesión por ti.
Aún así he recorrido la soledad
y viajado en el deseo oscuro de la noche,
tal vez al fin no fueras tú
la que más me quiso entre sus muslos,
ni atendió entre las sábanas mi doliente agonía,
pero en realidad recordarte
no me cuesta mucho más
que unas monedas de cobre
gastadas en un buen aguardiente.



f.



Quiero derrumbarme sobre el mundo









Quiero derrumbarme sobre el mundo.
Ser un pesado metal,
mercurio entregado a la lluvia,
y deshacer mi veneno en el agua de un río.
Quiero volver a tener alas de pájaro,
contemplar al hombre siendo un siervo,
al modo solo que lo ven sus dioses…
tan pequeño e insignificante
como son nuestros sueños.
Me urge una tormenta en el desierto,
cambiar la roja geografía de mi cuerpo,
ascender por una chimenea caliente
y ser el humo oscuro
que huele a leña de olivo
quemada por el fuego
y se deshace como un rumor,
una ligera sabara,
entre los verdes pinos de un bosque.
Quiero ser frío viento,
el que estremece en las noches,
cuando el invierno severo
me agota y acierta como una bala
de pleno en mi corazón.



f.



¿De dónde nace este silencio










¿De dónde nace este silencio
que abarca la tarde y se posa en tu espalda?
Hay en esa interminable senda de palabras
ciertas luces del ámbar que me alumbran,
un guarismo difuso de brasas ardientes
que se van desprendiendo,
lentas como las horas,
desde tus iluminados hombros
para caer y perderse en el oscuro vértigo de mi deseo.
¿Qué pureza trajo el pájaro del amanecer,
qué despertó al felino instinto de la noche,
que luna vino con la desnudez de tu vientre?
Ahora, alargo el instante en que te miro,
pago y pago bien respirando contigo,
hay en tu boca una canción, cierta melodía
que todavía suena como un misterio entre tus labios,
la esencia que sin tu saberlo
te hace revivir como un ángel eterno
en medio de la mortalidad que habito.



f.




Del invierno y otras secuencias








No poseo más allá que un simple blog donde guardo las pocas cosas en que creo y que lleva el nombre de la desilusión en su portada, todo lo demás es lo diario, palabras que se hacen de las raíces de la noche, hojas secas, un humus formado en la tierra con todas las pérdidas. La contemplación serena de la derrota da un respiro ante el horizonte azul cuando sé que la distancia marca los pasos perdidos ante los puentes rotos por la ira y el silencio.



f.




Hurgo dentro









Hurgo dentro, donde la palabra es todavía fragor de mareas
e islas desnudas que sujetan el tiempo a un páramo de dunas.
Apenas soy la sombra que se habita de la oscuridad del mediodía,
de ese caer dentro de una mano o el sujetarte al mar con la mirada.
Contemplo en las nubes el proceso viajero de los pájaros,
su bitácora de vientos, la longitud mínima del horizonte.
Soy lo cóncavo que ha perdido todas las pequeñas batallas.
Este invierno me ha dejado unos días abiertos al silencio.



f.




sábado, 20 de enero de 2018

Hay un caer de verbos muertos








Hay un caer de verbos muertos
como lluvia antigua que me mece.
Detrás de las palabras, las que duelen,
solo sostengo un ramillete de pronombres,
el miedo ululando en las grietas de los barcos,
ante un paisaje con el viento gris y las nubes enrojecidas
cuando los muelles tienen el sonido de las drizas
y la marea sube sin descanso,
triste, sobre el vacío de la piedra.
Hay un alumbre esperando,
el grueso del veneno transparente,
cierta hondura descalza de nosotros,
unas hojas secas de un otoño baldío,
el silencio de la luz, que sin saberlo,
tiene los pliegues amarillos del invierno.



f.




No busco la felicidad








No busco la felicidad,
quizás deba ser algo inmaterial
que deba aprehenderse en la infancia,
no soltarla de las manos aunque queme
y guardarla pacientemente dentro de ti...
pero no todos tuvimos la suerte de encontrarla.


f.




viernes, 19 de enero de 2018

Casi todo lo que me estremece










Casi todo lo que me estremece
se pierde en el horizonte
o vive dentro de mí
como una inagotable desazón
que corre por mi sangre.
Hay detrás de las sombras
un quejido de sílabas y símbolos.
No me desnudo ante las cosas
pero si me deja descubierto un verso nítido,
su nieve cayendo desde la espesura de la tierra,
sus raíces de viento, sus letargos de nube,
su cadencia en mi corazón
retumbando incansable al respirar...
Sé que detrás de los poemas hay algo mío que se va,
nunca vuelvo a recuperar esa sensación,
pero me da un cierto escalofrío verla inquieta,
habitando otros ojos que la piensan y la sienten.



f.



No me guardo la luz que me estremece










No me guardo la luz que me estremece.
Permanezco en el bosque de cifras y sonidos de pájaros,
allí, tengo el ábaco de ebúrneo roce
donde todo son cuentas de derrotas.
Vienen los muertos a murmurar con voz de invierno
y con la mirada de los ciegos sin ojos y sin palabras.
No temo a mis miedos,
ese escalofrío de su tacto
se pierde en las costuras de mi corazón.
Ahora sé simplemente que todo se hace de preguntas,
un mundo de dedos que señalan,
un caer en la noche, la oscuridad de la noche,
con las huellas de mi paso como única meta.




f.




Dejo mis huellas en el silencio,










Dejo mis huellas en el silencio,
a veces son las alas de un pájaro en el aire,
otras los pasos húmedos y nocturnos del invierno.
Hay dulzura en mi boca cuando callo.
Renuevo mis sílabas con el alumbre del amanecer,
de dos en dos nombran el misterio,
solo entonces percibo un dolor intenso
y siento mi humanidad entregada a la carcoma...
tan mortal, tan cercana a ti y a la muerte.
Sé que la ciudad cabe en mis manos,
sus suburbios donde el neón apenas titila en la oscuridad.
Bajo mis sábanas blancas con grecas azules
guardo la arena de las playas,
la caída de los ángeles, los naufragios,
la virtud de seguir siendo la raíz de un cedro antiguo, milenario.



f.



jueves, 18 de enero de 2018

Donde no llega la cartografía humana









Donde no llega la cartografía humana
el hombre asume su paso,
las huellas que deja son de arena, limo en el agua.
Nunca tenemos más allá que un momento para respirar,
darle la vuelta a las preguntas,
escribir en el aire respuestas sin valor,
porque vivir no es juego con cartas marcadas,
somos siempre una pequeña llama en la oscuridad,
la humedad en la incertidumbre.



f.




miércoles, 17 de enero de 2018

La memoria tiene calles










La memoria tiene calles
donde se escucha todavía
el pulso de la lluvia.
Desnudo recorro ese pasaje nocturno,
a veces, sin saber por qué,
traigo desde la lejanía
mis pies mojados.



f.




Escribo en el viento mis palabras más dulces








Escribo en el viento mis palabras más dulces.
Tienen rastros de nieve y del regazo de la oscuridad.
Así poseo el vacío,
el cáliz donde bebo la lluvia,
ardo en un ir y venir por la cornisa de la tarde
mientras el silencio trae bajo su capa
las arras de lo que nos debemos.


f.



No sé por qué hemos llegado del dolor








No sé por qué hemos llegado del dolor
a este lugar donde no hay sueño.
Solo sentimos el rencor del insomnio,
la lluvia cayendo mansamente
sobre un corazón muerto.
Y sí estamos solos,
porque el insomnio es noche,
noche de desiertos y aguaceros,
noche de mar alta, de abrasadas mareas
y luna prendida a la humedad del silencio.
Así nos viene la urgencia de la carcoma,
la melancolía del amanecer,
un respirar en el borde del abismo
cuando un simple cristal roto
puede darte la dulzura de la muerte.



f.



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Los poemarios

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