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domingo, 6 de diciembre de 2009

Postales amarillas IV






De mi infancia casi no tengo fotografías.

La ciudad se conserva en mi memoria como el polvo detenido. Como las páginas de un libro en el que yo soy muy pequeño y ella guarda aún el rumor de los pueblos.

Estrechas calles de adoquines, isocarros, tranvías, destartaladas camionetas, coches innombrables y todavía algún carro tirado por caballos. Rehago mi calle, mi casa de amplias escaleras, sus vecinos de vidas oscuras y monótonas, como fotografías.

Aquel piso que compró mi madre cuando llegó del pueblo era grande, espacioso. Como podíamos, ella, mis hermanos y yo sujetábamos el vínculo familiar, a pesar de todas las adversidades que se empeñaban en separarnos. Nada era demasiado grave para impedir la risa. Y teníamos muchas cosas.

Teníamos una nevera de hielo. Había que bajar a la calle, con el cubo de zinc, a comprar los pedazos de aquellas barras blancas chorreantes que traían cada día unos camiones colorados. Las esquirlas que se quedaban en el fondo del pozal las chupábamos como un helado mientras subíamos las escaleras. Hasta que pudimos comprar a cómodos plazos el Kelvinator. Aquella joya diminuta nos llenó de satisfacción y llegó a la vez que una estufa Agnis de butano (¡adiós al petróleo y al humo!). Aún retengo la imagen de mi madre apuntando con un lapicero en las panzas de las botellas naranjas cuántos días duraban.

Después vino la Inter, en blanco y negro, que trajo para siempre a mis recuerdos todos los telefilmes y concursos de los años sesenta y setenta. Y, sobre todo: ya no tuvimos que subir más a casa de la vecina del cuarto.

La radio también me hacía feliz, y sigue haciéndolo. En ella oía a la hora de comer las canciones dedicadas, algunos seriales por la tarde y no me perdía los programas deportivos. Pero siempre me acordaré, ya en las noches, de “Ustedes son formidables” cuando sonaba la “Sinfonía del Nuevo Mundo” y sobre todo la inolvidable voz de Alberto Oliveras.



Del poemario inedito "Islas"






F


8 comentarios:

merche dijo...

Hola Fernando una amiga me ha hablado de tu blog, ya con más calma le echaré un vistazo, por lo pronto la música me gusta.
Un besazo.

Maria Varu dijo...

cuántas de esas fotografías que nos cuentas, compartimos muchos españoles de esos tiempos... la barra de hielo, las estufas, la nevera... esa tele en blanco y negro, las canciones dedicadas... toda una época... y años de infancia y adolescencia para muchos... a pesar de la escasez y precariedad... fue bonito.

besos

ybris dijo...

Excelente poemario ese de Islas.
Recuerdos brumosos que gusta uno de conformar.
Qué me vas a contar que yo no sepa.

Abrazos.

carlota dijo...

Una joya estas postales amarillas. Me reconozco en algunas cosas.
Besos, muchos.

fgiucich dijo...

Que notable!!! Hicimos casi el mismo camino desde las barras de hielo hasta la TV, pasado por el aparato de radio. Tengo una pequeña lágrima resbalando por el corazón. Abrazos.

*E_lys_a* dijo...

Una postal evocadora, que encierra trazos de melancolía.

Un abrazo amarillo!

Miguel Ángel Y. dijo...

"Qué me vas a contar que yo no sepa" (Ybris)...Y cómo lo sentimos en el recuerdo,querido Fernando. Bravo por ese magnífico retrato de una época que vivimos-sufrimos, pero que es nuestra "marca de fábrica". Abrazos.

Tesa dijo...

No te digo lo que yo he llorado escuchando a Alberto Oliveras. Podía tener un día malo, pero aquellas historias siempre me parecían más terribles que mi propia soledad.

Mi primer trabajo serio fue en Inter como delineante, con 17 años, aunque yo no vi la tele hasta los 12. Ya ves.

Una foto con muchas texturas; Fernado.

Un beso,

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