Tengo el sabor de tu piel y de tu boca en la mía, no es extraño que al nombrar a los pájaros salgas volando de mis labios y me recorras habitando cada parte diminuta de mi vida.
En estos días la lluvia trae los pájaros. Secuencia de tiempo, una mirada tuya se reposa en los cristales y desborda el miedo. Se encienden las calles, huellas amarillas en las aceras y un fulgor de ocaso me tienta cuando el silencio es una habitación más de la casa.
Me he perdido en ti. Un pájaro me trae tu llamada o el ansía de ser tuyo. Vivo en el río, oscuro y denso, en un margen de silencios y de lágrimas. Noches sin huidas al lado de ese alcohol y de la música. ¿Qué me traes en la sangre que me empapa? Algo me dice que tienes un fondo azul entre tus labios, algo para recordar en las cenizas. Quizás mañana el río sea menos duro y tu voz sólo sea el horizonte, sin márgenes de silencios y de lágrimas.