La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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sábado, 4 de noviembre de 2017

He escrito la letra de un réquiem










Y la última vez que la vi a ella
estaba viviendo con un chico
que le da a su alma una habitación vacía
y a su cuerpo alegría.

L.Cohen



He escrito la letra de un réquiem
sin nombrar a dios ni a ciertas plañideras.
Asumo que mi vida es un error,
la tuya tiene los mismos signos de decadencia,
y sin embargo sabes bien que vale la pena
estar prendido a ella, gozarla al máximo,
ser peón de todos sus instantes.
Traigo recortes de periódico de cuando era alguien importante,
¿sabes?, amarillean ya las fotografías
y en ellas, me parece raro, pero escasea tu figura.
Te veo cercana pero a la vez muy lejos de mi,
te escapas de mis manos ante una mirada inquisitiva
y evitas que ni siquiera rocen mis labios tu piel.
Es cierto que la cama es demasiado pequeña,
el cuarto no es la suite que esperabas,
aunque se vea el mar como te gusta
y puedas escuchar las olas en mitad de la noche.
Es verdad que el hotel ha perdido alguna estrella con el tiempo,
pero es el mismo sitio que siempre me nombras,
tal vez ni tú ni yo sepamos bien quienes somos ahora.



f.



viernes, 27 de octubre de 2017

Vino el cigarrillo del silencio










y es que a pesar del amor de los brazos
y de las piernas abiertas la soledad regresa
con sus dudas.

Pablo García Casado




Vino el cigarrillo del silencio,
las volutas azulaban lentamente al morir en el techo.
Te oía respirar muy bajo,
mientras a unos metros de mí
mirabas a través de la ventana.
Desnuda y con el aroma hurgado en el deseo entre tus piernas,
tu espalda tenía el brillo nacarado que deja el sudor
y las sonrosadas aspiraciones de mi boca
como huella inequívoca de nuestra noche juntos.
Trago a trago deshicimos los últimos besos,
con la pulcritud del cirujano y en mitad de aquel océano
usamos un bisturí para sajar las sombras
y nos dimos con esa victoria un último homenaje.
Espesos y un poco borrachos
nos miramos dentro para olfatear por donde nos rondaba
esa última llamada que trae el amanecer antes del diluvio.



f.




martes, 28 de marzo de 2017

He escrito la letra de un réquiem








Y la última vez que la vi a ella
estaba viviendo con un chico
que le da a su alma una habitación vacía
y a su cuerpo alegría.

L.Cohen



He escrito la letra de un réquiem
sin nombrar a dios ni a ciertas plañideras.
Asumo que mi vida es un error.
La tuya tiene los mismos signos de decadencia
y, sin embargo, sabes bien que vale la pena
estar prendido a ella, gozarla al máximo,
ser peón de todos sus instantes.
Traigo recortes de periódico de cuando era alguien importante,
¿sabes?, amarillean ya las fotografías
y en ellas, me parece raro pero escasea tu figura.
Te veo cercana aunque, a la vez, muy lejos de mí.
Te escapas de mis manos ante una mirada inquisitiva
y evitas que ni siquiera rocen mis labios tu piel.
Es cierto que la cama es demasiado pequeña,
el cuarto no es la suite que esperabas,
aunque se vea el mar como te gusta
y puedas escuchar las olas en mitad de la noche.
Es verdad que el hotel ha perdido alguna estrella con el tiempo,
pero es el mismo sitio que siempre me nombras.
Tal vez ni tú ni yo sepamos bien quienes somos ahora.





f.




sábado, 25 de marzo de 2017

He recogido de tu falda todas las miradas







Algún testigo te ama
mientras atraviesas torpemente
las telarañas de mi durmiente espíritu.

L. Cohen





He recogido de tu falda todas las miradas,
ese aroma reconocible de escarcha y caliente lascivia
cuando te sueño entre las calles de mi soledad.
Te aprisiono los pechos,
apenas dos palomas que palpitan solas
a punto de volar al azul del amanecer
y lamo de cada detalle de tus pezones
la umbría y la oscuridad.
Me hundo en tus ingles,
escucho el sonido inconfundible de tu voz
llamándome de lejos,
desde ese mundo habitado por un pueblo de hombres solitarios.
Al fin puedo dormir con mi cabeza en tu vientre
mientras navego encendiendo las viejas bujías
que siempre me llevan al muelle donde descansa tu silencio.




f.




martes, 10 de enero de 2017

He recogido de tu falda todas las miradas






Algún testigo te ama
mientras atraviesas torpemente
las telarañas de mi durmiente espíritu.

L. Cohen


He recogido de tu falda todas las miradas,
ese aroma reconocible de escarcha y caliente lascivia
cuando te sueño entre las calles de mi soledad.
Te aprisiono los pechos,
apenas dos palomas que palpitan solas
a punto de volar al azul del amanecer
y lamo de cada detalle de tus pezones
la umbría y la oscuridad.
Me hundo en tus ingles,
escucho el sonido inconfundible de tu voz
llamándome de lejos,
desde ese mundo habitado por un pueblo de hombres solitarios.
Al fin puedo dormir con mi cabeza en tu vientre
mientras navego encendiendo las viejas bujías
que siempre me llevan al muelle donde descansa tu silencio.




f.







domingo, 8 de enero de 2017

Desde tu cuerpo





Desde tu cuerpo,
apenas resaltado entre las sábanas,
he podido rehacer lo impreciso,
nada razonable entre el humo y la ginebra
que delatara la pulcritud de mis actos diarios.
He jugado con los naipes marcados
sin intentar vencer
solo buscaba sobrevivir con entereza
a estos días saciados de escepticismo.



f.



sábado, 7 de enero de 2017

Vino el cigarrillo del silencio








y es que a pesar del amor de los brazos
y de las piernas abiertas la soledad regresa
con sus dudas.

Pablo García Casado


Vino el cigarrillo del silencio,
las volutas se azulaban lentamente al morir en el techo.
Te oía respirar muy bajo
mientras a unos metros de mi
mirabas a través de la ventana.
Desnuda y con el aroma hurgado en el deseo entre tus piernas,
tu espalda tenía el brillo nacarado que deja el sudor
y las sonrosadas aspiraciones de mi boca
como huella inequívoca de nuestra noche juntos.
Trago a trago deshicimos los últimos besos,
con la pulcritud del cirujano y en mitad de aquel océano
usamos un bisturí para sajar las sombras
y nos dimos con esa victoria un último homenaje.
Espesos y un poco borrachos
nos miramos dentro para olfatear por donde nos rondaba
esa última llamada que trae el amanecer antes del diluvio.




f.






He escuchado varias veces esas canciones






He escuchado varias veces esas canciones.
Son golpes de mar en mitad de la tarde
mientras se oye el sencillo bullir de las abejas.
Hay una brisa azulada que me entorna los ojos,
amarillea alumbrada por el sol la vieja tapia
y la hiedra tapiza de una manera anárquica la sombra.
Las flores gatean cerca de mis pies
Y hay cierta humedad pegajosa e irritable.

Ella vendrá más tarde.

Despacio subirá las escaleras
y en sus ojos dejará vislumbrar las cuentas
- siempre lleva un ábaco de posibilidades
entorno de su mirada -
enumerará todos los días,
las horas infinitas que trae cada atardecer de julio,
cuando aún ahogada por el calor se siente feliz.




f.












viernes, 6 de enero de 2017

Encierro el mar entre las cuatro paredes del cuarto









…Siempre que sales de la habitación un pájaro naranja viene a la ventana.


L.Cohen



Encierro el mar entre las cuatro paredes del cuarto,
un océano dormido, quebrado, habitado de ti cuando te alejas.
Abro la ventana y un pájaro naranja canta.
Deja con su voz un suave paseo por mi corazón
como el aliento casi imperceptible de la soledad.
La noche tuvo ese momento en que tu cuerpo se deshizo,
gramos de ternura entre mis labios,
los besos que sobre tu piel
fueron un racimo de uvas dulces y oscuras
y temblando en mis dedos quedó la humedad iluminada
con el precioso aroma de tu sexo.
Hay una brisa azulada que trae
engarzados olores de tierra mojada
y del encendido jazmín que crece en el muro.
Tú has dejado escrito en el espejo
un No me olvides con el color rosa de tu pintalabios
y yo tengo la claridad de saber
cuanto de mi se ha ido ciego
con el borde plisado de tu falda.




f.





domingo, 28 de octubre de 2012

Vino el cigarrillo del silencio




y es que a pesar del amor de los brazos

y de las piernas abiertas la soledad regresa

con sus dudas.




Pablo García Casado




Vino el cigarrillo del silencio,
las volutas azulaban lentamente al morir en el techo.
Te oía respirar muy bajo,
mientras a unos metros de mí
mirabas a través de la ventana.
Desnuda y con el aroma hurgado en el deseo entre tus piernas,
tu espalda tenía el brillo nacarado que deja el sudor
y las sonrosadas aspiraciones de mi boca
como huella inequívoca de nuestra noche juntos.
Trago a trago deshicimos los últimos besos,
con la pulcritud del cirujano y en mitad de aquel océano
usamos un bisturí para sajar las sombras
y nos dimos con esa victoria un último homenaje.
Espesos y un poco borrachos
nos miramos dentro para olfatear por donde nos rondaba
esa última llamada que trae el amanecer antes del diluvio.



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