La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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miércoles, 11 de mayo de 2011

El viernes este jueves poesía...









El próximo viernes, día 13 a las 19.30 y en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza se celebrará la última sesión de este jueves poesía con Chantal Mallard y Antón Castro.

Después sobre las 22.30 seguirá el recital en el Candy Wharhol como hemos hecho en todas las sesiones anteriores.










Chantal Mallard, hija de padres belgas, nació en Bruselas en 1951, nacionalizándose española desde los 17 años.
Es doctora en Filosofía Pura y profesora titular de Estética y Teoría de las Artes en el Departamento de Filosofía
de la Universidad de Málaga, en la que imparte enseñanza desde 1990.Vivió un año en Benarés, India, en cuya
universidad se especializó en Filosofía y Religión India.
Ha colaborado con críticas de filosofía, estética y pensamiento oriental en el Suplemento Cultural de los diarios
ABC
y El País.
Como poeta, ha publicado, entre otros, «Semillas para un cuerpo» 1987, Premio Leonor de poesía «Hainuwele» 1990,
Premio Ricardo Molina
, «La otra orilla» 1990, «Poemas a mi muerte» 1994, Premio Santa Cruz de La Palma,
«Conjuros» 2001, «Lógica borrosa» 2002, «Matar a Platón» 2004, Premio Nacional de Literatura, y "Notas al margen".
Con la obra "Hilos", publicada en 2007, 0btuvo el Premio Nacional de la Crítica.
Ha cultivado la prosa poética en «Filosofía en los días críticos», «Diarios 1996-1998» y «Benarés».
Ha traducido y editado a Henri Michaux y ha colaborado en distintos proyectos y actividades editoriales como
la realizada conjuntamente con Jesús Aguado, de la cual ha resultado una colección de libros (poesía, ensayo y teatro)
de textos clásicos de la tradición india, editados en Benarés.
Entre sus ensayos se destacan los títulos «La creación por la metáfora» 1992, «El crimen perfecto», «Aproximación
a la estética india» 1993, «Confucionismo, taoísmo y budismo» 1995 «La razón estética» 1999.







Poemas:







La otra orilla



Algún día, cuando el aire pese como tierra sedienta sobre los cuerpos desnudos,

tal vez alcance a ser la voz de aquel peregrino que enmudeció o el agua que,

gota a gota, resbala por su pecho. Él nunca estuvo en la otra orilla pues sabe

que allí los dioses duermen en el polvo. Y sabe que cuando un hombre por azar

se duerme en la otra orilla -ese lugar que siempre ocupó la mirada-

ellos se despiertan y se contemplan en él. Si ese hombre, entonces, se despierta,

se convierte en espejo y estalla con el sol.





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Heme aquí raíz,
savia de impulsos ascendentes,
madre aún,
posible siempre,
anticipada gestación
de un porvenir intruso,
intrusa de un presente
que desestima
el valor de nacer
a sí mismo de nuevo.
Heme aquí clavando
mis ojos
de savia encarcelada
en los troncos vacíos de los árboles
muertos,
heme aquí creyendo,
queriendo creer
en la impostura de las ruinas,
en el candor del desastre,
el valor de lo opaco,
la calidez del humo en los rescoldos.
Heme aquí,
heme aquí,
he aquí que me atrevo
a creer en las ruinas.

¡Me atrevo a creer en las ruinas!



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Deseé alguna vez que un poeta me amase

Ahora duelen sus poemas en mi cuerpo‚
algo de mí que en él se reconoce hasta quebrar la imagen
de todo lo que fui.
Ahora deseo que me amase tanto que dejara de amarme
y sus palabras fuesen nieve
que el sol de junio fundiese entre mis pechos‚
allí donde su aliento insiste en acallar
esta tristeza antigua que siempre me acompaña.


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Antón Castro (nacido Antonio Rodríguez Castro en Arteijo, La Coruña 25 de agosto de 1959-) es un escritor, dramaturgo y periodista español reside en Zaragoza desde 1978 cuando emigro en busca de empleo, escribe en castellano y gallego su lengua nativa,pero se considera tan maño como el que más, dirige desde 2001 el suplemento Artes y Letras del periódico Heraldo de Aragón. Anteriormente coordinó los suplementos culturales "Imán", en "El Día de Aragón", y "Rayuela" y "La Cultura" en "El Periódico de Aragón" , habiendo sido el responsable de la sección de cultura de ambos medios.




Igualmente, arropado por su fama en El heraldo de Aragón ha presentado y dirigido varios programas de televisión: "Viaje a la luna" en la emisora autonómica aragonesa Antena Aragón, "El Paseo" en la local RTVA y "Borradores", un espacio que Aragón Televisión[2] comenzó a emitir en mayo de 2006.




Desde el año 2000 dirige los Encuentros Literarios de Albarracín.






Obra


Mitologías (1987)


El corazón desbordado (1990, sobre Julio Antonio Gómez)



Los pasajeros del estío (1990)



El silbo vulnerado (1991)


Bestiario Aragonés (1991)


Aragoneses ilustres, ilustrados e iluminados (1992) (en colaboración con José Luis Cano)


Retratos imaginarios (1994) (en colaboración con José Luis Cano)


Veneno en la boca (Xordica, 1994) (prólogo de Enrique Vila-Matas) (libro de entrevistas con, entre otros, Soledad Puértolas, Jesús Moncada, Javier Tomeo, Agustín Sánchez Vidal,José María Conget, Ana María Navales, Pilar Nasarre e Ignacio Martínez de Pisón)


El testamento de amor de Patricio Julve (Destino, 1995)


A lenda da cidade asolagada (Xerais, 1995)


Arquitecturas imaginarias de Aragón (1995)


Vida e morte das baleas (1997)


Los seres imposibles (Destino, 1998)


El álbum del solitario (Destino, 1999)


Parábolas y monstruos de Javier Tomeo (Ayuntamiento de Zaragoza, 1999) (en colaboración con Daniel Gascón)


Aragón (2001)


Vidas de cine (BARC, 2002, sobre Julio Alejandro, Carlos Saura, José Luis Borau, Pepín Bello, José María Forqué y otros)


Golpes de mar (Destino, 2006).


"Fotografías veladas" (Xordica, 2008).


"Jorge y las sirenas". Con ilustraciones de Alberto Aragón (Marboré, 2009).


"Las Grutas de Cristal y el Puente de Fonseca". Con ilustraciones de Alberto Aragón (Gobierno de Aragón, 2009)


"Vivir del aire". (Olifante: La Casa del Poeta, 2010)


"Los domadores del balón. Un diario del Mundial de Fútbol de 2006" (Eclipsados, 2010)


Ha sido traductor al castellano de autores como Miquel Ángel Riera (Destino, 1994), Miguel Torga, José Agostinho Baptista, José Saramago, Manuel Rivas y otro.







Poemas :





EL FANTASMA DE JOSÉ RAMÓN ARANA



Aquí nací, aquí vivieron mis padres, aquí jugaba en las eras, cerca del Canal y entre las huertas. No tardé mucho en irme, pero jamás pude olvidar las casas desperdigadas, las alamedas y los canales de riego con sus tajaderas. Los ponientes de fragua se extendían sobre los prados y los jardines agrestes. Algunas tardes, venía con la bicicleta de paseo. Apenas era un adolescente que empezaba a escribir sus primeros versos y cuentos. Luego la vida me llevó por mil y un sitios: me casé, me descasé, me volví a casar, partí al exilio, tuve una librería que era un espacio de libertad en México D. F., un refugio de desterrados, ese lugar donde las palabras son fuego y memoria, y convocan toda la luz de la patria perdida. Redacté una breve novela y muchos relatos. De vez en cuando, preso de la nostalgia, abría el álbum de recuerdos. Y en él, siempre me detenía en una instantánea: la casa de la escuela, la casa donde me nacieron, la casa de todos que estaba en la plaza de atmósfera francesa, ante el torreón de la iglesia, el primer edificio que realizó el joven arquitecto Ricardo Magdalena. Aquella foto era la huella de una felicidad antigua. Después de muerto, convertido ya en fantasma, he vuelto a merodear y a contemplar las ventanas y el balcón de la escuela. He entrado en la nueva biblioteca que lleva mi nombre: José Ramón Arana. Hace unas semanas, han derribado el edificio. Y siento que Garrapinillos ha perdido algo que nos pertenecía a todos y siento que yo he perdido el paraíso de mi niñez. Menos mal que, transformado en polvo y silencio para siempre, de vez en cuando miro aquella fotografía…




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La música







¿Cuál es el misterio de la música?
¿De dónde viene, quién arranca el aullido de las notas
que son como una película tejida de emociones?
Habría querido tener oído, entender
esas matemáticas del alma, saber acariciar
la trompeta o el oboe, habría querido
abrazar el cuerpo de seda de una viola
y pulsar el temblor de agua de sus cuerdas,
su languidez atusada de brisas y espumas.
Todas las mañanas oía la letanía de un instrumento
mientras leía el periódico y paseaba a mi perra Noa.
Era Carlos, un río de música al que llaman Carlos.
Era Carlos, el director de la banda. Un día me dijo:
«La música no se aprende nunca. Es como el amor:
se mejora con la práctica. A fuerza de deseo»
.




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LA CANTANTE




Tu voz es un tesoro inagotable.


Lo sé desde que era un adolescente,


desde hace siglos, desde antes de conocerte.


Tengo anotados en mi cabeza


todos los detalles, todas las anécdotas,


todas las puestas de sol: cómo te conocí,


qué pájaros cruzaban el cielo, el suspiro


de los árboles al verte pasar por la plaza,


tu timidez casi infinita y aquella mochila


llena de discos, de melodías, de dibujos


y de piezas que modelabas en arcilla


con la pureza glacial de un desnudo o un beso.


Iba siempre a esperarte, cuando salías del aula,


cuando volvías de las clases de batería


o cuando cerraba el pub donde servías copas


y ponías la mejor música de Janis Joplin, de Kate Bush,


o de aquella K. D. Lang indómita que tanto te gustaba


porque veía, desde el aire, la tierra, la noche y el mar.


Recorríamos la ciudad a pie o en bus, recorríamos


sus porches y sus parques, sus calles ancestrales


donde los gatos asomaban a los balcones


y el viento esculpía la bohemia en cada rincón.


Nos íbamos al río y en la ribera, bajo los sauces,


soñábamos poemas, gritos y melodías inconfesables.


Cuánta vida teníamos entre los dedos y los labios.


Cuánta sed de belleza y de ritmos. Qué locura de amor.


Ahora todo ha cambiado, pero quizá no tanto.


Vivimos en otra ciudad, en pisos separados


por un parque con lago, terrazas y cisnes.


Todo ha cambiado, pero son idénticas las emociones,


el deseo de verte: aún me muero por oírte.


Tras el yoga y el taichí de las diez salgo hacia el estudio.


Imagíname: salgo a buscarte, con mis cascos


y la bicicleta de paseo. Casi como entonces: temblando.


Tu voz es un tesoro inagotable. El canto y el cántico,


el surtidor de la luz, el rumor imprescindible de mis días.


Salgo a buscarte y te encuentro como anhelo:


ante el pentagrama, abrazada a la guitarra


y la armónica, y dispuesta a seguir cantando


una melodía abrasadora y perfecta, una tras otra.


Estás en el centro de la tormenta y eres la tormenta,


la lluvia, el cierzo y el temblor de los manantiales.


Saco mi guitarra acústica, la afino y te acompaño:


es cierto, lo reconozco, desfallezco cuando cantas


y resucito minuto a minuto mientras te amo.




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