Su boca sin carmín tenía el tono rosa gélido del amanecer.
Ninguna pregunta:
La sutil dureza de su mirada
sabía preguntar sin decir nada,
por eso cuando sus labios me besaron
dieron a esa hora la punzada exacta de la deserción.
La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco
2 comentarios:
Punzante como un desasosiego repentino.
El beso de adios siempre duele. Abrazos.
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