La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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jueves, 11 de noviembre de 2010

Vino conmigo el amanecer




Vino conmigo el amanecer tintineando en los dedos.
Sonaba la llave del hotel y el insomnio, dibujando sombras,
buscaba un recodo donde evitarme.
Siempre hay habitaciones que me recuerdan tu nombre,
aunque es verdad que nunca sabía bien como llamarte
- ese es el problema de los nombres compuestos -
otras veces, como pasa ahora,
en una ciudad cualquiera del norte,
no tengo donde aferrar tu recuerdo
a una ancha cama, una moqueta gris y unas cortinas azuladas.
Beberé un último gin tonic de estas botellitas de gordons
que esperan silenciosas en el minibar,
quizás deje de llover y al mediodía pueda respirar el frío del otoño.
Lo único a lo que aspiro ahora es a unas horas de sueño.








7 comentarios:

elisa...lichazul dijo...

una soledad se desliza de entre las palabras
cuantas veces hemos sentido así al llegar a un lugar al cual no pertenecemos

besitos de luz

Princesa115 dijo...

Tristeza en tus palabras, soledad acompañada de recuerdos, esos que a veces tanto daño nos hace pero que son de nuestra propiedad.

Bello y siempre bellas palabras.

Besos

carmen jiménez dijo...

A veces el medio día es la mejor parte del día.
Felices sueños amigo poeta.

Noray dijo...

La horas de insomnio, con la compañía de un buen gin tonic, son las mejores para recrear los sueños.



Un abrazo.

ana dijo...

Como siempre...armoniosas palabras que me relajan...

fgiucich dijo...

Y , tal vez, soñar con ella. Abrazos.

EMBRUJADA dijo...

Siempre me gustò como escribias.

Te dejo un beso.

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