La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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lunes, 1 de noviembre de 2010

Venecia XI








Son las seis de la tarde en el Gran Canal.
Suenan a lo lejos las campanas
y cruzan roncos los vaporettos
por debajo del puente de la Academia.
Todo tiene un valor aritmético,
y sentirnos así también lo tiene,
mirando de cerca la cúpula de Sta. María de la Salud,
náufragos en el bronce, sin Giorgione,
al descubrir que nos han raptado "La tempestad",
y esperando, mientras nos acercamos al Campo de S. Stefano,
que el tibio sol y esta quietud de la tarde,
nos dejé el pequeño valor del silencio,
que a veces, satisface también al hombre.








4 comentarios:

Larisa dijo...

De tempestades y religiones del sentimiento está hecha una novela de De Prada que sí es buena.

Venecia, mi capricho, la ciudad con nombre que bien podría ser de mujer hermosa, Venecia y yo no nos hemos visto nunca. Yo la conozco por foto, así que podría detectarla si nos cruzamos en un café.

Hoy, sin cipreses de por medio, vuelvo, me quedo, miro el faro de la cabecera y recuerdo: yo viví por aquí cuando vivía.

Bicos

Olga Bernad dijo...

Me gustan los valores aritméticos y los silencios, así que me he paseado con placer por el poema... ya que no todos podemos hacerlo por Venecia.
Buen noviembre.
Un beso.

Princesa115 dijo...

Silencio buscado más no silencio impuesto.

Bonito poema

Saluditos

Noray dijo...

Me sigue pareciendo una joya esta serie sobre Venecia. Quizás sea porque esta ciudad me fascina.


No hay tesoro que pueda pagar un silencio.



Un fuerte abrazo.

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