La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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lunes, 26 de julio de 2010

Julio. Domingo tarde






Tejados rojos y las calles vacías.
Hay domingos de julio que se cruzan en las aceras conmigo
y no me hablan, pero me miran con ojos de anciano.
Tesela a tesela construyo un mosaico
- será parte del estigma de mi cultura occidental -
donde desnudo dibujo mi interior con las palabras.

Todavía siento el olor del mar en las islas,
la algarabía de los pájaros,
el viento verdeando en las ramas sombreadas de los árboles,
la arena en las dunas,
las conchas semienterradas
esperando ser rescatadas del anonimato.

Giran las sombras y olfatean la soledad,
susurra la umbría el crepúsculo,
la avenida se llena de preguntas,
unos pocos hombres salen con sus parejas, con sus niños
y con los pacientes y dóciles perros que lo husmean todo.
Los veladores cobran vida al ritmo exigente de las monedas.

“Remar desde dentro del alma por un río de márgenes difusas,
desandar una a una las pérdidas de la vida,
llenar de realidad el resto de las noches”
No sé que insomnio provocó esto,
pero aparecen apuntadas en un post-it
y cada vez que abro el frigorífico puedo leerlo
( burlándose de mi ),
entre las figuras diminutas,
imantadas, de faros azules y torres Eiffel que lo llenan todo.


3 comentarios:

MaLena Ezcurra dijo...

Hermoso impregnado de una dulce melancolía.


Escribo en un post-it "te quiero mucho"


M.

Terly dijo...

Bravo, Fernando. De lo mejor que he leído este verano.

Elisa Berna Martínez dijo...

La alegría de una tarde de verano queda muy diluida entre tus versos. Vamos a tener que ir retirando tanta notita pendiendo de un imán.
Un abrazo!

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