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sábado, 6 de febrero de 2010

Tal vez esperamos imposibles...







Tal vez esperamos imposibles…como en los arrabales de cualquier ciudad, así, de esa manera sencilla, diviso en la lejanía todo lo que me rodea.
Hay días que parecen enmarcados en una extraña nebulosa de insatisfacción, injustificada por ser ellos, los días, azules y con un sol agradable de febrero, pero que poseen el don irremplazable de arrancarte todas las palabras y dejarte en un estado de silencio en el que sólo puedes recordar cosas inconexas, perfectamente olvidadas con el "tag" de tu memoria gráfica.
Hoy me viene un resumen de pequeños momentos de mi primera juventud, unos, en los que iba a pescar en soledad o con la compañía de algún amigo, en aquellas tardes de verano en el canal Imperial o en el propio río Ebro en que nada tenía demasiada prisa… y me vuelve el recuerdo, la sensación de preparar los utillajes de las cañas, el cebo, los aparejos con el sedal, los corchos, los anzuelos…el buscar un sitio donde afianzarte durante un rato y prepararlo para que vinieran los peces y esperar ( un momento que ahora hecho de menos eso de saber esperar) mirando la línea roja de flotación del corcho al ras del agua y como se iban pasando las horas, el cambio de la luz, el ir y venir de los zapateros en los pequeños remansos… con el pensamiento puesto en cosas que ahora no puedo recordar exactamente…algo debería darme aquello cuando yo tenía menos de 15 años, algo que me hacía pasar parte del verano enfrascado en una aventura mínima pero placentera...tal vez esperaba ya los imposibles.




6 comentarios:

-Pato- dijo...

Estabas aprendiendo a esperar, a ser paciente, a saber mirar cada detalle que anuncia el cambio.
Eso era bueno para quien serías después.
Me ha gustado este texto que parecía empezar con las palabras que te había robado un momento de febrero, ya vez te las ha dejado toditas en un recuerdo.

Besos.

Laura Gómez Recas dijo...

No creo que un niño con la caña de pescar delante espere lo imposible. Espera, pero espera con la esperanza ensimismada en la fe de lo que hace. Y las horas transcurren, aparentemente muertas, lentamente, porque está enfrascado en su quehacer, en aquello que en ese momento es para él toda su vida: ver cómo un pez hace morver el agua y el sedal. Sin más. Sin menos.

Es una hermosa reflexión.

Un beso.
Laura

Mónica dijo...

Saber esperar... difícil habilidad que nos ha robado el tiempo que parece apresurarnos siempre... para qué?

Tal vez, lo importante esté en la manera en que transcurrimos nosotros durante la espera... de imposibles o no... mientras tanto detenernos otra vez a ver la luz, el corcho al ras del agua, las horas, los remansos...

Hermoso y muy sentido...
Un beso

marisa dijo...

Esperar, esperar...Y como dice laura sólo el hacerlo ya es todo un reto, un momento perfecto, ese en el que habitamos la esperanza( o nos habita ella?) Besos

ybris dijo...

Seguramente por eso gusta tanto recordar algunos momentos de la vida ya lejana cuando echamos de menos la paciencia de antaño que los años van desmoronando.

Un abrazo.

irene dijo...

Mi impaciencia ha sido determinante en mi vida, para mal la mayoría de las veces.
Admiro esta paciencia que confía en los frutos que seguro llegarán..., para el que sabe esperar.
Un beso.

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