La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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lunes, 18 de mayo de 2009

Café París VIII








Desde la altura de las gárgolas
los tejados de París se dejan visitar con la mirada,
allí donde anidan los pájaros
y las chimeneas se desnudan en su fragor de humo,
la ciudad es una metáfora de pizarras negras
donde escribir viejos cuentos y relatos de hace dos mil años.
El Sena se mece en su dolor de isla
y los barcos son remotos carruajes con sus huellas de agua.
Los puentes se habitan de palabras
y crecen a lo lejos como un enhebrado curso de pasiones.
Así y todo, un verso puede traer un incendio,
suenan nerviosas las sirenas
y
les sapeurs pompiers llegan rápidamente con sus mangueras
para que todo siga su curso normal,
pero desde aquí arriba la piedra dormita en su propio tiempo
con el sereno esplendor de envejecer en la eternidad.




3 comentarios:

Dana Andrews dijo...

Glorioso final. Gran fotografía, qué encanto más inhumano y eterno guardan las gárgolas y ¡qué ganas de visitar Paris!

heva dijo...

qué bien me saben tus versos de París...me traen dulces recuerdos...hace dos semanas estaba allí :)

un beso

irene dijo...

Desde las alturas se divisa un París inmenso pero lejano. Es una bella panorámica.
Un beso.

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