La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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jueves, 18 de octubre de 2018

Yo era un niño muerto








Yo era un niño muerto
pero aún recuerdo
el tañido del bronce en las campanas,
el ruido de la lluvia,
el golpeo del viento en los cristales,
el humo del hogar,
el color calabaza de la sopa,
el astral de mano en la despensa,
la luz amarilla y mortecina,
la radio de lámparas,
el pájaro atado por un hilo,
el banco frente al fuego,
la quera de los muebles en la noche,
el llanto silencioso, el miedo,
un largo camino sin fin hacia la soledad.


f.



martes, 16 de octubre de 2018

No dormíamos









No dormíamos.
Cogíamos las veredas del mar,
donde el océano labra sus promesas.
Viejas carreteras
llenas de arena donde desembarcar.
Árboles de sombra
que en la noche riñen con la luna.
¡Que gigantes eran las palabras
que llenaban su pecho!
El aguacero de la madrugada
nos traía lámparas amarillas
y escarcha de hielo en los labios.
Sonaba la sirena, los muelles desnudos
se sometían al pequeño vaivén del agua.
Echaba de menos la lluvia y sembraba de flores
el lecho de arena donde tiritábamos,
húmedos y solitarios,
con la única esperanza puesta en el otro.


f.






domingo, 14 de octubre de 2018

Qué hacer







¿Qué hacer con todas estas flores
que en mis manos crecen frescas,
humildes, aromáticas, dolorosas?


f.



sábado, 13 de octubre de 2018

He vuelto a borrar un poema








He vuelto a borrar un poema, casi era como un nuevo armisticio conmigo mismo, siempre elimino esa parte de piedad que queda cuando tú sientes la caída y tu voz solo es un eco en la distancia.
Nada tendrá este otoño que resguardar de la lluvia. Se han derrumbado ciertos palacios en la maleza, la belleza que fue construida con las manos de un ciego, un alhaquín que tejía lo inaccesible...es cierto que los corazones se dejan llevar por melodías, escuchaba en el viento un canto de pájaros, que lejanos me quedan esos altos vuelos.


f.


jueves, 11 de octubre de 2018

No encontramos la luz junto al silencio...









No encontramos la luz junto al silencio...
A veces creo que traigo en mí, dentro, una tristeza recogida de mis ancestros que se abre como un pájaro nocturno buscando el frío de la noche.
Quien teme las palabras anda por un vórtice que no le deja más que moverse en círculos, una noria de palabras consumadas, temeroso de las huellas de los lobos dejadas en su puerta y en la nieve.
Amo la vida aunque en ella encuentre siempre sendas de lunas rotas y escuche la ira que trae desde mi infancia el gemido del viento...
Tú, ¿sabes descifrar los jeroglíficos y los misterios de tu corazón?
Creo que nunca acabamos de vernos frente a nosotros descubriendo lo insignificante que pueden llegar a ser nuestros silencios.


f.



miércoles, 10 de octubre de 2018

Me pierdo en el quehacer de levantarme









Me pierdo en el quehacer de levantarme,
recoger los golpes fajados en el día
y ajustar mi instinto a lo que asumo,
todo lo que me duele y me silencia.
Podría ser, después de todo, feliz,
si mi consciencia, ciega y subjetiva,
no tuviera esta batalla interminable con la vida.
Pierdo, es cierto, lo sé y así todas las noches
resto de lo que soy todo lo que debo,
las cosas zanjadas, los días en falso,
lo que nunca digo y callo,
porque dentro de mí hay un contable loco,
un echador de cartas,
un zahorí que busca la luz
y quiere medir la distancia,
la verdad de la palabra,
la longitud de cada extremo de un alambre
por el que mi corazón camina.


f.


martes, 9 de octubre de 2018

He sentido...








He sentido la llama asombrada en mitad de tu cuerpo,
un hilo de plata sangrando,
el devenir de la lluvia, los tambores,
un buril de fuego en esta noche insomne.



f.



sábado, 6 de octubre de 2018

Deshacer, un verbo que suma los restos







Deshacer, un verbo que suma los restos.
Así y todo la verdad del otoño tiene aromas de fuego y humo,
la brasa del olivo, la llegada perfecta de la niebla.
Tengo la humedad como un recuerdo,
un largo silencio que se tiende y vertebra los días.
De nuevo estamos en medio de la eternidad,
los instantes se suceden como una película francesa
en la que solo sirve mirarse y contemplar a lo lejos
como nos vamos diluyendo en lo oscuro del adiós.


f.



Esfera de luces









Esfera de luces.
Atardece.
La hora
se hace agua
en las manos:
pureza enhebrada
en cada surco.

Yo sé de este morir temprano,
lo único que abre la oscuridad
es este devenir de las palabras.

En este momento,
he hundido mi voz
en la holgura del dolor.

Escucho respirar la plenitud...
es una sierpe
que hurga en todo
lo que por miedo desconozco.



f.



jueves, 4 de octubre de 2018

No me he ido en septiembre









No me he ido en septiembre
con las lluvias al Sur de los pájaros,
ni siquiera he escuchado
los signos guturales que me nombran,
si acaso he abierto mi corazón
al viento del amanecer
para que ese frío tibio y húmedo
me arrebate lo que amo,
me haga sentir en la herida
lo mortal y perecedero.
Solo sostengo una lámpara en la noche,
unos versos con aroma de salmos
y este silencio que respira de mí,
y me hunde en su humus
trayendo a mi memoria
lo que olvido y duele
con su precisión de cirujano.

Viene la escarcha,
el quehacer de la bruma.
El temblor del amanecer
trae de nuevo hasta mi piel
el fulgor de la tormenta,
los sarmientos ardiendo,
la ceniza del fuego…
el otoño sanguinario.



f.



martes, 2 de octubre de 2018

Entonces borré unos versos







Entonces borré unos versos,
reduje el número de las palabras
como si un viento agraz
surgiera en mi costado
y se llevase todo lo que me dolía contar...
quién sabe, pienso a veces,
cuando tendré de nuevo el ánimo
para escribir ese duro y perenne poema.



f.



lunes, 1 de octubre de 2018

No me rebosa la luz









No me rebosa la luz
ni el crepitar del sarmiento que ilumina la noche,
soy un poco de claridad envuelta de silencio,
lo que deja una mano al pasar despacio por la piel,
la cadencia del paso perdido, la huella que delata.
Ahora siento en mí el caer de las tardes,
la umbría que cala, la brisa marina que humedece.
Me horada el ímpetu que desborda cada palabra
y sabe deshacerme al cerrar los ojos y nombrarla,
y aún así temo lo que se olvida,
lo que cae como hoja seca al suelo,
urdido detrás de cada verso,
y que todavía, sin saber por qué,
renace cuando menos se espera.


f.



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