La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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sábado, 30 de junio de 2018

Acaso, este deambular








Acaso, este deambular
por los escaparates
apagados de neón,
forja, en el amanecer,
una triste sensación de desamparo,
cuando el único sonido que te acompaña
es el de tus pasos vacíos
y el verde parpadeo de los taxis.


f.



En este lado de la sombra no hay noches








En este lado de la sombra no hay noches,
un reguero de luz
puede rehacer la urdimbre del olvido,
el instante parece nuestro
pero solo es un espejismo,
un andén en el tiempo,
la ausencia que se empapa de soledad.


f.



viernes, 29 de junio de 2018

Ha girado el viento y con las nubes grises llegó la tormenta







Ha girado el viento y con las nubes grises llegó la tormenta.
Es así como me traspasa el silencio.
Caen pedazos de mí al suelo,
un abismo próximo,
la rayuela que nunca jugué
se adueña de mí cuerpo
marcando con tiza roja
los pasos perdidos en la tarde...
Me reflejo anónimo
en los pequeños charcos de la calle.
Un rojo resplandor como de sangre
se lleva mi voz y mi mirada.



f.




jueves, 28 de junio de 2018

Dejó sobre mis manos la sed








Dejó sobre mis manos la sed.
La humedad de un día de lluvia.
Lo azaroso de sabernos
como solo se saben
los que sustentan del otro el silencio.
Las huellas también quedan en la piel
como un resumen de las horas.
En la boca un sabor a poco,
el augurio perdido entre los dedos
cuando la noche se desliza despacio hacia el oeste.



f.



Entono una melodía









Leo poemas, escucho el enorme murmullo de la noche y de la sangre.

A. Zagajewski




Entono una melodía.
Escucho el paso nocturno de los trenes de la noche.
Dejo de pensar en lo que duele,
en todo lo que ha sido, en todos los que ya no volverán.


Pero ahora un verso tiene el valor del instante,
el perfume preciso de lo inabarcable
porque es oscura la noche
y en ella se refleja lo que no poseo: calma y tesón.

Un hilo de voz anuncia la lluvia,
un relámpago en los cerros,
un trueno desgajado del resto del silencio,
como un hijo solitario que enarbola la espada y llama a la batalla.

Yo solo soy el que se mantiene en la sombra.
Soy la brasa del cigarrillo.
Soy el dolor del tiempo,
mi tiempo caminando a gran velocidad sobre la nada.

Todos mis ancestros son ausencia.
Ando en la oscuridad como quedaría una sola gota de sangre
abandonada en el suelo, roja,
deshaciéndose en si misma,
perdida en la inmensidad de lo desconocido.

Mi descendencia es el olvido..
.esa frecuencia de respirar sobre un cristal y dejar el vaho,
un adn inservible para los ojos de un humano.

Mis palabras serán como las de todos,
agujas de epitafio, señales en la noche,
ánforas donde el vino se ha de volver vinagre.



f.



miércoles, 27 de junio de 2018

Caminar sobre la noche








Caminar sobre la noche
como si eso fuera
el final de la eternidad.
Un lugar hecho de viento y de calima,
mientras la urgencia de morir
queda pendiente
de los hilos de tus manos
y de las palabras
que al pronunciarlas
nos revelen su luz.


f.




martes, 26 de junio de 2018

No se puede alterar el ritmo de las cosas









No se puede alterar el ritmo de las cosas.
Un hombre es nada,
la percepción subjetiva del tiempo,
algo tan sencillo como respirar sin saberlo.

Desde la luz que sigue su interminable camino,
una rueda de preguntas anida en nosotros.
No hay más respuestas que deshacer los nudos
y esperar que se haga de noche...
las sombras tienen la virtud de todos los silencios:
no responden más que con nuestro propio pensamiento.


f.



lunes, 25 de junio de 2018

Detrás del fulgor de la tarde vendrá la noche









Detrás del fulgor de la tarde vendrá la noche
y el arder de las naos con el viento nocturno y marino.
Entonces dos cuerpos tendrán el valor de su roce,
un silencio habitado de vida,
dos serpientes encadenadas,
deseo y dolor en los gemidos,
cuando cada sombra se alimente de si misma
frente al crepitar agónico del fuego.


f.



No me urge el verbo









No me urge el verbo
- aunque de mi boca sea tirano -
ni siquiera esta forma de deslizarse la vida,
entrometida en cada gesto,
viniendo a mi a cada instante para inundarlo todo.
Frecuento la soledad,
sí, su lado más oscuro me habla al oído...
debe ser mi estado melancólico,
una enfermedad que heredé de mi madre,
viejas raíces con ese punto de ira
que sin saber por qué deshace toda comprensión,
genera un río de locura...
ensalza, sin yo querer, lo peor de mi mismo.



f.




domingo, 24 de junio de 2018

Recupero este sabor a sidra de tu cuerpo








Recupero este sabor a sidra de tu cuerpo.
La nieve, el fulgor último del día,
un quehacer de invierno
entre las nubes altas
y las desnudas sombras de los árboles.
Te reconozco en la lluvia,
erguida sobre el suelo,
quieta en mi corazón
como un suave quejido que no cesa,
mientras la tarde palidece
encendida en el balcón de la noche
por un rayo de luna que me abriga.


f.



He buscado las sílabas que tiene la palabra nube









He buscado las sílabas que tiene la palabra nube,
sin saber por qué se me han mojado las manos de recuerdos.
Al intentar escribir la palabra corazón,
no tenía más que trozos de cristal
y un extraño sonido a pisadas de hojas secas.


f.

Es la hora del incienso y de la mirra








Mi sueño vive debajo de tus parpados

A. Gamoneda




Es la hora del incienso y de la mirra,
de pájaros y melodías de silencio en el caer del sol,
la hora en que todo lo trae el rojo envuelto en las yemas
mientras nadie escribe en la tierra los registros del corazón.

Hurgo en las palabras,
una a una se derraman sobre mí,
ya no son la cera caliente
ni la mano que busca el relámpago,
llevan los signos de la serpiente,
el vestigio del caos y de la luz,
lo que ha de dejar marcas y dolor
con el paso inconfundible de los bárbaros.



f.



No me reconozco ya en estas paredes










No me reconozco ya en estas paredes
ungidas con la humedad del tiempo.
Este cuarto que guarda mi voz
y esa mirada pretérita y marina
que esconde lo impreciso,
lo que todavía palpita en algún viejo corazón.
Tenías como yo el ansia en tu boca
y en tu cuerpo solo se dibujaba como un sueño el deseo,
una huella de luz, una lumbre de viento,
pavesas de eternidad prensadas entre tus pechos,
palomas que viajaban sin miedo hasta mis labios,
y el dulce sabor de la quimera fluyendo en tus ingles,
tantas mareas de un océano nuestro.
Todo un verano en los dedos como agua que nunca sacia.
Crecimos tan deprisa y olvidamos lo que nunca se olvida,
aunque ahora yo no sea aquel que te hizo estremecer
y tú recorras la vida sentada sobre el humo y la mentira.



f.




Despertar en medio de un verano húmedo










Despertar en medio de un verano húmedo,
la lluvia golpeando los cristales,
todavía con los párpados hinchados
y las manos sembradas de verbos
que su cuerpo abandona cada noche en ellas.
Despertar sin verdaderas razones para levantarte
- aún con la tentación del café cargado -
y solo con la sensación de que no hay último día,
de que todo sigue siendo tan verídico y falso
como quizás el sueño
que traías hasta hace poco enramado a tu memoria.


f.



Respiro la lluvia mientras contemplo el gris horizonte










Respiro la lluvia mientras contemplo el gris horizonte.
No hay urgencia que dispare mi palabra,
solo tengo el pálpito, la caída silenciosa de un mundo,
mi devoción entre los dedos como la humedad que nunca se acaba.

Me encuentro en lo diminuto,
en cada esquina de mis múltiples muertes,
tengo un costado abierto a la noche
donde siempre penetra la oscuridad.
Caigo de nuevo, una y otra vez,
de bruces sobre la verdad
y me pierdo sin encontrar respuestas,
solo viento, solo humo, solo lluvia...

He descendido los peldaños desde cielo,
vuelvo con mis pasos sobre la agonía.
No temo, aunque sé que no hay más allá que este surco mío,
un regacho de sangre, la certera luz de un corazón
que sigue en cada verso dejándose la vida.



f.



Ahora que la luz tiene tus ojos








Ahora que la luz tiene tus ojos,
la noche es un muelle sin barcos.

Mi destino cabalga en tus labios.
Nombras cada ciudad en que soy pasos y huella,
ese instante de muerte,
y rehaces las calles, las avenidas,
ciertas plazas con entradas de metro,
algunos parques abiertos al amanecer...

Vuelves a ser el viento,
fugaz, caliente, húmedo,
que se ensortija
como un bucanero de sombras
en la oscuridad de tu cuerpo.

Sé que ha de llegar el momento
en que tu sueño sea voraz como el océano,
que el insomnio de tus manos recorra mi cuerpo.

Urdes nudos de urgencias
y vienes con el sudor,
con la incasable fatiga de la mar...
Así eres hoy, mañana, siempre,
un verbo indeterminado,
desconocido para el resto de los humanos,
que tienen la sed y el hambre del deseo
y se sacian solo con lo que les trae cada día la tormenta.



f.

Se me escapa la noche












Se me escapa la noche
con su escala de valor de las cosas diminutas.
Hay urgencia en la luz de sumar trascendencia
a cada instante en que la muerte nos pregunta.
Tú lo sabes, en tus labios guardas mis silencios,
la voraz espera, la sabara sin tiempo
que hace de ti y de mí
unas sombras más en la distancia.


f.




Desde la certeza de la soledad









Desde la certeza de la soledad
el mundo se ve más pequeño,
se siente más lejano...
tiene menos valor su silencio.


f.



He abierto la caja










He abierto la caja donde guardaba el quehacer enigmático de mis manos en tu cuerpo, la esencia de todas las mareas, la humedad, el gemido, lo propio de todas las palabras, que como besanas de otoño, rompían el barbecho y daban luz a esas veredas alimentadas de silencio.

He compuesto mi voz, un salmo de pájaros se han llevado a tu pecho la razón de unos versos, nada comparable a un poema, ya que el alumbre ha agotado mi costado, solo queda un desierto de calimas y dunas, sin más valor que derrumbarme ante un folio en blanco: lo simple tiene una metáfora que a veces cruza las líneas de la palabra...



f.



martes, 19 de junio de 2018

Percibes el afán del aire por hacerte cerrar los ojos









Percibes el afán del aire por hacerte cerrar los ojos,
la lumbre que deja el crepúsculo ardiendo en tu rostro,
el latido del silencio que te reserva su último rayo,
la noche cuando te abraza y te recorre un escalofrío,
la terca sombra que un árbol no abandona en la penumbra,
el sonido que hace el río cuando cruzas un puente
y ves la luna temblando en el agua,
el roce de una mano tibia sobre tu brazo
que hace nacer un relámpago de duda
el sonido de tu voz, el vaho, tu vaho,
ardiente y que sabes que va a incendiar el aire por un instante
y sin embargo no lo ha recogido el deseo del otro,
ciertas ondas de tus caderas
que hacen derrumbarse todas las preguntas,
tus pasos, sonando en la oscuridad con la soledad de la zambra.


f.



lunes, 18 de junio de 2018

No olvido el canto verídico del mirlo









No olvido el canto verídico del mirlo,
el momento preciso en que caben todos los silencios,
la mirada lejana de un hombre solitario.
Y este arder en el bosque,
viajera sombra donde morir cada día,
solo un instante,
cuando despierta el alba
y nos recuerda quienes somos.


f.



Es largo el pasaje de la oscuridad








Es largo el pasaje de la oscuridad,
un lugar de sombras bajo húmedos arcos.
Traigo demasiadas preguntas sin respuesta,
certeras heridas,
la ciega sensación de la perenne noche.
¿Escucháis el canto de los pájaros?
¿Se ven nubes blancas, cielo azul?
Siento los volúmenes de las cosas golpeándome,
resurgir las distancias y el silencio lentamente...
Mi gabán debe tener michos años de humillaciones
y se resigna como yo a mantenerse en pie
delante de este muro sin palabras.
Me susurra con su calor la diferencia de las estaciones...


f.



sábado, 16 de junio de 2018

Era una avenida de mayo









Era una avenida de mayo.
La noche se abría a las luciérnagas.
El fuego iba en nuestros pasos.
La humedad nos quebraba la voz...
Sin huellas para los bárbaros
solo dejábamos detrás un aroma frágil y mortal,
un aroma para siempre inolvidable.


f.



El lado que duele respira la noche








El lado que duele respira la noche
y se reposa en círculos y ochos
que unos dedos hacen de un cuerpo a otro cuerpo.
No sabemos discernir la verdad del sueño,
caemos en la oscuridad y la luz es el horizonte,
lo imprevisible que traen las manos,
la brisa en que ardemos, la batalla que siempre perdemos.
Somos dos partes de una cuerda,
sus nudos más precisos,
la voracidad que se deshace en el agua,
el quehacer sin perdón, sin ataduras,
unas sílabas impronunciables,
un verso roto en gemidos,
lo que el mundo siempre sabe,
el valor más mortal e inigualable.



f.




A veces se me cierra el campo de las palabras









A veces se me cierra el campo de las palabras, mis manos apenas sujetan verbos fáciles e ideas pobladas de sentido.
Ebrio de jeroglíficos y símbolos secretos busco la cábala de mis propias sílabas...caen los silencios envueltos en el vaho de mi respiración, solitarias encrucijadas de miradas sin voz...arden mis manos al recoger las rosas que traen el aroma de lo perfecto aunque se sostengan en espinas que desgarran la piel...vuelto hacia mi mismo, quisiera desaparecer entre la línea roja y profunda que traerá la noche, lenta y segura como un tren de mercancías, en este mes de junio...nunca sé cómo trascender sin escribir, aunque a veces como ayer tarde, colgué de una luz de tormenta mi corazón...así y todo, derrumbado por ella, quedé exhausto y de nuevo habitado por una humedad silenciosa sin nombre pero que deja sus rastros en mí...ahora me hace sentirme como un naufrago en medio de un desierto rojo.


f.



viernes, 15 de junio de 2018

Nos miramos como se miran los trenes de la noche








Nos miramos como se miran los trenes de la noche:
contemplando en la oscuridad lo único que ilumina,
la saeta de luz, su estela en nuestras pupilas.
Dentro camina otro,
acaso sea un golpe de mar o un silencio en el viento,
y notemos que su belleza está hecha de desiertos y abismos,
de la ebriedad de los otros sentidos,
los que no caminan en la sangre
pero son llevados y traídos por la inconsciencia de la química...
una cifra indefinida, anónima,
que a modo de lanza, a veces nos atraviesa.


f.



jueves, 14 de junio de 2018

No ser más que un hombre en medio de la noche









No ser más que un hombre en medio de la noche,
sentir el desierto abierto a la oscuridad,
tu cuerpo como una hoja que late,
tu palabra, la razón,
mientras el misterio de tus sentidos
buscan la luz que los quema.

Vivir no deja de ser
más que recoger la lluvia y el aguacero...
somos un cántaro quebrado
hecho con masa de un barro rojo,
esperando, no sabemos qué, cada amanecer.



f.



miércoles, 13 de junio de 2018

Así y todo nunca fui tan humilde como ahora








Así y todo nunca fui tan humilde como ahora,
ahora que reconozco el valor de lo diminuto,
lo que apenas vale para los demás
y sin embargo sostiene el mundo...mi mundo...
me acerco lentamente a Withman
y busco en mis desgastadas suelas
en cada nuevo anochecer,
las pequeñas briznas de hierba,
los pequeños restos del barro,
los últimos latidos que me deja el día.


f.



martes, 12 de junio de 2018

Mejor esta muerte sin pausas









Mejor esta muerte sin pausas
en un rincón oscuro del corazón.
Este vuelo de pájaros
deshabitando una isla
donde siempre reinabas tú.


f.



domingo, 10 de junio de 2018

He sentido los trenes de la noche,









He sentido los trenes de la noche,
traen a mi piel un estremecimiento que aniquila.

Luego las voces,
la humedad de las huellas,
el océano como una sombra azul
donde se escuchan las gaviotas...
Ellas reinas en el insomnio
con sus llamadas prendidas al viento,
un quejido ronco y cadencioso,
como la holgura que deja dentro
el silencio metálico de la incertidumbre.



f.




sábado, 9 de junio de 2018

Lo que a veces empapa la lluvia










Lo que a veces empapa la lluvia
es un lugar de tu cuerpo indefinido.
Escuchar como el silencio se hace agua
y llega con oleadas de viento rodeándote,
sembrando dentro de ti,
con su quehacer inevitable,
todo lo que el misterio de la vida
tiene también de culto geográfico.


f.



viernes, 8 de junio de 2018

Me sitúo al norte de todos los presagios








Me sitúo al norte de todos los presagios,
donde la fronda se hace humedad
cuando mis dedos desembalan las preguntas.
He dejado los breviarios abiertos
con el aroma prendido a sándalo e incienso,
mientras un hombre cualquiera se deshacía en las sombras
cubierto por su yugo de rezos y salmos cantados.
Escucho los timbales, el golpe preciso del tambor,
la mañana rota en las manos que golpean llamando al cielo
con la cadencia que deja un eco de plegaría.
Un hombre solo es apenas una raíz de cedro,
un arco de flechas que apunta al viento
y sin embargo en los muelles vacíos,
en las estaciones abandonadas,
en ciertos pasajes de la Biblia,
el verso numerado le hace pensar
en el miedo que dejan en nuestra espalda
para que sigamos buscando unos gramos de eternidad.



f.




Qué importan las palabras







Qué importan las palabras
cuando solo son palabras...
agua en el agua,
huella que se abandona en otra huella
como en la nieve se pierden los recuerdos.
Hay verdad
en esta larga queja de silencio,
lo humilde de contemplar,
lo que abre la herida...
me estremece
lo que arrastra un río
después de la tormenta,
todo lo que sin querer
ha ahogado la vida.



f.




Luego fue verano








Luego fue verano, fue verano durante mucho tiempo,
duraban las horas largas de la tarde y amanecía muy temprano.
El tiempo se detenía cuando en el silencio del atardecer
huíamos del mundo, lejos, distantes del resto,
entregados a hablarnos muy cerca el uno del otro,
con un racimo de cosas que aguardaban pacientes
a que primero nuestros labios se reconciliaran.
Nunca el silencio se desgajaba de nosotros tomándonos distancia,
más bien era un cómplice, una lluvia azul que lo empapaba todo.


f.



jueves, 7 de junio de 2018

Me dejo caer sobre la soledad









Me dejo caer sobre la soledad.
Son unas pocas horas
que te arrastran lentamente hacia el vacío.
Si apago el móvil y cierro el ordenador
solo queda ante mis ojos
la extensa variedad de nubes que trae la tarde,
los últimos pájaros alejándose,
el anochecer deshecho en un crisol enrojecido
y la patente necesidad mía de dibujarme en él:
ser la distancia quebrada del horizonte,
sentir en mi propia piel
la levedad que estremece
con su morir en silencio.



f.




Escribo en un papel pautado el dolor de los días








Escribo en un papel pautado el dolor de los días.
No sé desde que palabra he enmudecido,
todas atraviesan el mismo río caudaloso,
se ahogan en los remolinos de la tarde,
el viento y el silencio que me remueve
y me impide recuperar la luz.


f.



Trazo una línea paralela al pulso de mi corazón








Trazo una línea paralela al pulso de mi corazón. Hago una vía metálica buscando el horizonte...sin más intervalos que mi respiración va en busca de la luz que siempre se aleja hacia el oeste geográfico.
No suelo usar las cartas marcadas y sin embargo cada vez encuentro más reconocibles las partidas...cuando las bazas vienen malas uno debe decir "paso" y en este viejo tapete de la vida reconocer el valor de las pocas monedas que todavía le quedan.



f.




miércoles, 6 de junio de 2018

Han dejado de hablarme las palabras.












Han dejado de hablarme las palabras.
Siento como cruje mi voz en el silencio.
Hay detrás de mí un hombre que apenas reconozco,
y me va citando, con lentitud y parsimonia,
los nombres de los seres que yacen muertos en mi corazón.


f.



Hundo mis manos en el limo y es la noche










Hundo mis manos en el limo y es la noche, la brasa fecunda que trae la longitud exacta de las horas...Vengo en ese vértice de luz y oscuridad, huella que recoge lo que no se nombra más que dentro de uno...escucho un salmo, una letanía como todo lo que se ha quedado conmigo, desnudo de ambages pero doloroso como el borde que tatúa en la piel unos labios o una hoja afilada.
Sé que todo esto desborda las palabras, vacío de límites nada de lo que tengo tiene precio...incluso yo solo soy un pequeño hilo de luz que se queda removido en el viento, aterido, un hilo de seda dejado por la araña azul y misteriosa que tiene el tiempo desgranado en el aire.

Me ahogan las palabras...



f.



martes, 5 de junio de 2018

No hay lunas que te nombren









No hay lunas que te nombren
aunque en la oscuridad nocturna
todos los nombres tengan vestigios de sombra.
Los bosques se arman de luces antiguas
y cantan mirlos que nunca se ven.
Amanecerás sin mí,
sin estar entre mis brazos,
y serás azul junto a otros cuerpos,
con tanta luz en tus ojos
como silencio en tus labios.
Amanecerá,
pero no sabré dónde dejaste la noche.



f.



La sombra solo camina en la luz,











La sombra solo camina en la luz,
es lo que se deja de nosotros el cuerpo,
los puntos cardinales de nuestra anatomía...
saber contemplar nuestra sombra
es empezar a conocer lo que no sabemos.


f.



Frente al vacío









Frente al vacío, este lugar sin nada más que mis manos,
abiertas, solitarias, tibias todavía de la lumbre de la noche.


f.



Solo tengo un sueño de niño por el que viajan los convoyes de la noche









Solo tengo un sueño de niño por el que viajan los convoyes de la noche.
Los viejos y oscuros mercancías con su sonido metálico de lluvia.
Poseer del amor lo triste,
esa cadencia de verbos que deja el alba
como un cuchillo ardiente que corta las palabras y los labios.
Beber despacio el adviento.
Sentir el arado sobre la tierra derramada
en la que siembro luces y sombras,
y quejarme por el dolor de los huesos magullados en la noche.
Escucho el mar, las olas, la marea alta,
mi voraz senda de bosques y atalayas,
la luz de ángaro que deja en lo sombrío su propio morse,
su mano tendida entre las aguas y la lejanía.
Después amanece y es hora de silencio
cuando vuelan los pájaros sobre los cipreses
y sin saber por qué las huellas del invierno
son las últimas estelas que deshacen las nubes.
Nevará este día triste.


f.



Contemplo derrumbarse el sol al Oeste









Contemplo derrumbarse el sol al Oeste.
Escucho el sonido de la calle:
pasan personas, vehículos, el tranvía.

La medida de lo que somos es ajena a todo.
Valemos tanto como aquello en lo que podemos demorarnos,
impregnarnos, desembalar desde dentro.

Luego vamos pagando a plazos nuestra hambre atrasada,
justificando la ira, desangrándonos en la noche y su cuchillo.

He perdido la esperanza en el futuro,
aunque sé que detrás de unas hebras de luz
vuelvo a mesurar el murmullo del viento y la hojarasca.



f.



sábado, 2 de junio de 2018

Hay días inalterables que te habitas de ceniza









Hay días inalterables que te habitas de ceniza
y sigues sacando durante horas de tus bolsillos
pequeños puñados de humo.
Creo en las habitaciones con lámparas de noche,
lugares donde existe la luz y la sombra,
cuando la penumbra tiene un valor denso y material
y el silencio irrumpe como lo hace el océano,
en olas que te empapan el alma...


f.



viernes, 1 de junio de 2018

Leer








Leer


No hay una medida exacta de las cosas, solo evaluamos lo que vemos con el nombre que lo sostiene para comunicarnos, desde la soledad de un desierto inmenso a la fragilidad de una rosa solitaria.
La palabra guarece siempre los sentidos, nos da el aroma y el sabor del café, el frío del hielo, la humedad del mar y de la lluvia, lo que estremece a veces una caricia, o el dolor que produce el corte de un cristal en la piel...es algo que no hace falta destacar porque es innato al idioma y a la sensibilidad de cada uno...pero es bueno educar este proceso y aprehender de todo lo que nos rodea para expresar cada vez mejor cada uno de los términos de lo que vemos...por eso es bueno leer, tener más vocabulario que lo meramente reconocible, es bueno ahondar en lo impreciso y de allí con nuestra habilidad encender una nueva luz.


f.



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