La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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jueves, 21 de diciembre de 2017

No voy a hablarte de hacer las cosas fáciles








No voy a hablarte de hacer las cosas fáciles,
eso queda para los que detrás de un reloj ven horas que pasan,
yo solo sé alargar las líneas que queman hasta acercarlas a tu boca
o dejar que las nubes sean las primeras palabras que te aniden.
Nada de lo que te ha de conmover tiene márgenes,
son las verdaderas mareas de un mar oscuro
que azota una playa habitada por gaviotas...
de ese ir y venir del viento,
de contemplar tus manos vacías y húmedas
mientras caes en la cuenta del valor que tiene respirar en el silencio.




f.




sábado, 9 de diciembre de 2017

Las carreteras en los desiertos








Las carreteras en los desiertos son a veces como los mecanos de los niños, estructuran en la nada una senda casi imposible entre las dunas, son los caminos de los sueños que nunca se acaban.
Descansamos a la espera de lo posible. La noche deja que los astros nos sumerjan en su titilar de silencios y vemos moverse nuestras sombras como seres con su propia vida. Suena el viento, ulula y remueve la arena, nos rodea el quehacer del humo mientras el color de las brasas del fuego nos hipnotiza…Pasan las horas, fumamos un cigarrillo que va de una boca a la otra boca en el instante que sentimos caer como una lluvia las pocas verdades dejadas al azar, en el filo de la navaja uno es débil y la verdad es un elemento más de comprensión que hace que las caricias solo sean un nuevo viaje, otra bitácora que nunca se acaba de escribir en el cuerpo del otro.



f.



viernes, 8 de diciembre de 2017

Siempre acabo en la distancia









Siempre acabo en la distancia,
en la línea que marca el no retorno.
Sin puentes, sin muelles, sin andenes...
Me recojo en la música,
con su sonido me arrastra
por las estrechas carreteras de la costa.
Viajo prisionero de la lluvia,
como solo yo sé sentirme
en estos días plenos de efervescencia,
sujeto por las manos abiertas del silencio.
Fumo tranquilo, varado en un amplio remolino de viento
que murmura sílabas metálicas en las agujas de los pinos.
El mar es una hondonada gris azulada, oscura,
como todos los desiertos cuando anochece,
aunque este brama contra las rocas,
enfurecido por no saber respirar
su soledad en medio de la nada.
Sigo el orden previsto,
bebo la ginebra tibia,
contemplo el anochecer,
siento la vida latente esperando
como un animal que se complace en saberse triste.


f.



miércoles, 22 de noviembre de 2017

Crece la lejanía









Crece la lejanía, el eco de las estancias vacías y de las palabras que se forman con la humedad de la tierra, con las pasiones y con las huellas inequívocas del lobo y la serpiente...
Duermo en medio del desierto rojo de viejas arcillas y sendas secas de lluvia, mientras siento caer los astros en pequeñas gotas de luz y fuego.
Nunca tengo un invierno fácil, me agota la oscuridad con su promesa de selva ignota y los meandros del río, paciente, con sus susurros de lumbre y su llamada suicida cuando se esparce en remolino debajo de los puentes de piedra.
Es cierto que ahora, cuando la noche es el reclamo perfecto para morir, yo tengo tantas cosas en las manos, tantas hojas de enebro y de sabina, que solo puedo escribir bajo la luz cenital de una lámpara, recitando a la soledad con voz profunda...sé que todo lo que me espera es siempre un nuevo nudo en la soga que ahoga en silencio cualquier salmo, todos los que broten en esos instantes en los que nadie es nadie salvo una respiración que busca el alba.



f.



sábado, 23 de septiembre de 2017

Algo más despacio, sin prisa










Algo más despacio, sin prisa,
como todo lo que trae un dolor que se hace esquirla.
Un poco más adentro,
donde la carne solo es un regazo de sangre,
ese lugar cubierto con la quemadura de la nieve,
restos de la lumbre que deja una huella de ceniza
en un trayecto sin márgenes...
Soy ahora un campo a través,
lleno de signos en medio del invierno.




f.





domingo, 10 de septiembre de 2017

No solo viajo detrás de las palabras











No solo viajo detrás de las palabras, su aliento es el vaho que respiro, la cruz que enciende los pasos, la luz que queda en mis huellas...puede ser que no sea nada más que oscuro humo con el aroma de la brasa de la madera del cedro, la semilla de la noche o el amargor que deja cierto veneno durante un tiempo en la boca y tenga que amanecer para que solo quede como un garabato húmedo en un cristal de la ventana.
Después del toque metálico del bronce tañendo su letanía queda el silencio, viento en las calles y un eco muy adentro de uno, y afuera seguimos siendo no más que un guión apenas expuesto al otro, dos manos que buscan creer ciegamente en la verdad de los mapas, en la longitud de la caricia, en la distancia como un verbo recorrido por la exhalación de un relámpago donde encontrarnos despacio, sin prisa, entre dos palabras que llamen a la tormenta con la voz de los que saben amarse bajo la lluvia.




f.




domingo, 3 de septiembre de 2017

Deriva la voz hacia el silencio









Deriva la voz hacia el silencio, la tarde se descompone en trocitos de luz y duele tanto que todo cae al fondo de un abismo...erguida sombra, cáliz del veneno, el invierno sabe desnudar los muros, romper las raíces donde hurga la soledad y ser solo labor de abono en el campo, el surco inundado por la lluvia, el lugar sin rostro donde no se habla porque no se habita, las manos candentes pero vacías, un tronco seco donde se ahorcan al anochecer todos los perros del esfuerzo...ah...las noches vividas de costa a costa con carreteras sin destino y sin márgenes, sin tiempo para cerrar los ojos, solo ir a donde nadie te espere, cruzando uno a uno todos los miedos, las promesas vanas, lo baldío del amor y del deseo...




f.




sábado, 26 de agosto de 2017

Las carreteras en los desiertos










Las carreteras en los desiertos son a veces como los mecanos de los niños, estructuran en la nada una senda casi imposible entre las dunas, son los caminos de los sueños que nunca se acaban.


Descansamos a la espera de lo posible. La noche deja que los astros nos sumerjan en su titilar de silencios y vemos moverse nuestras sombras como seres con su propia vida. Suena el viento, ulula y remueve la arena, nos rodea el quehacer del humo mientras el color de las brasas del fuego nos hipnotiza…Pasan las horas, fumamos un cigarrillo que va de una boca a la otra boca en el instante que sentimos caer como una lluvia las pocas verdades dejadas al azar, en el filo de la navaja uno es débil y la verdad es un elemento más de comprensión que hace que las caricias solo sean un nuevo viaje, otra bitácora que nunca se acaba de escribir en el cuerpo del otro.



f.



viernes, 11 de agosto de 2017

Un corazón nómada vive siempre en el abismo










Un corazón nómada vive siempre en el abismo de la línea desde la que no hay regreso, un hábitat de sendas y dunas que te acercan al mar y que te hace rodearte de silencio y ecos de todas las huellas que ha dejado el tiempo en tu cuerpo. Su historia es la historia de todos, nadie es diferente cuando se aleja, siempre la distancia es otra manera de medir la vida y no hay un guión capaz de resguardarnos del pertinaz significado de sus actos...
Un corazón nómada vive siempre en nosotros, y como un animal herido tiene la sensación extraña de temor y a la vez de vértigo que nos suelen dar a todos las tormentas, cuando después de la caída del relámpago sabemos que el eco del trueno nos dará el punto exacto desde donde viene el aguacero...





f.







sábado, 29 de abril de 2017

Las carreteras en los desiertos son a veces como los mecanos de los niños








Las carreteras en los desiertos son a veces como los mecanos de los niños, estructuran en la nada una senda casi imposible entre las dunas, son los caminos de los sueños que nunca se acaban.
Descansamos a la espera de lo posible. La noche deja que los astros nos sumerjan en su titilar de silencios y vemos moverse nuestras sombras como seres con su propia vida. Suena el viento, ulula y remueve la arena, nos rodea el quehacer del humo mientras el color de las brasas del fuego nos hipnotiza…Pasan las horas, fumamos un cigarrillo que va de una boca a la otra boca en el instante que sentimos caer como una lluvia las pocas verdades dejadas al azar, en el filo de la navaja uno es débil y la verdad es un elemento más de comprensión que hace que las caricias solo sean un nuevo viaje, otra bitácora que nunca se acaba de escribir en el cuerpo del otro.




f.







miércoles, 15 de marzo de 2017

Siempre acabo en la distancia








Siempre acabo en la distancia,
en la línea que marca el no retorno.
Sin puentes, sin muelles, sin andenes...
Me recojo en la música,
con su sonido me arrastra
por las estrechas carreteras de la costa.
Viajo prisionero de la lluvia,
como solo yo sé sentirme
en estos días plenos de efervescencia,
sujeto por las manos abiertas del silencio.
Fumo tranquilo, varado en un amplio remolino de viento
que murmura sílabas metálicas en las agujas de los pinos.
El mar es una hondonada gris azulada, oscura,
como todos los desiertos cuando anochece,
aunque este brama contra las rocas,
enfurecido por no saber respirar
su soledad en medio de la nada.
Sigo el orden previsto,
bebo la ginebra tibia,
contemplo el anochecer,
siento la vida latente esperando
como un animal que se complace en saberse triste.





f.









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