
“Te amo más que al Amor”
podría parecer la cita típica
odiosamente insoportable y cursi
si, sobre conocida, es repetida
por todos los antólogos del verso.
Pero luego recuerdas a Audrey Hepburn
diciéndolo a Sean Connery
con un hilo de voz mientras los dos se mueren
y evocas su mirada de agua entonces
en la película Robin y Marian y sabes,
con un nudo en la garganta,
que hay algo que trasciende a las palabras
y al último portazo de la muerte.
Quizás como esa flecha a la que Robin
encomienda el lugar donde desea
que le entierren con Marian y que aún vuela tras su muerte
haciendo que el Amor la sobrepase
en un último abrazo hasta la tumba.
Ybris
podría parecer la cita típica
odiosamente insoportable y cursi
si, sobre conocida, es repetida
por todos los antólogos del verso.
Pero luego recuerdas a Audrey Hepburn
diciéndolo a Sean Connery
con un hilo de voz mientras los dos se mueren
y evocas su mirada de agua entonces
en la película Robin y Marian y sabes,
con un nudo en la garganta,
que hay algo que trasciende a las palabras
y al último portazo de la muerte.
Quizás como esa flecha a la que Robin
encomienda el lugar donde desea
que le entierren con Marian y que aún vuela tras su muerte
haciendo que el Amor la sobrepase
en un último abrazo hasta la tumba.
Ybris
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