La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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martes, 26 de diciembre de 2017

No he encontrado el silencio









"Entre pedazos de palabras
y caricias en ruinas,
encontré algunas formas que volvían de la muerte".

R. Juarroz



No he encontrado el silencio, solo su huella,
un murmullo que viaja en el viento oscuro y negro de la noche.
Mis manos se pierden en rincones de hambre,
no vivo más allá de estas horas anónimas.

¡Qué difícil se vuelve respirar en medio del páramo!

Hay en mi costado izquierdo un ábaco con cuentas moradas,
unas rosas caídas ante mis pies descalzos,
cierta verdad en lo que contemplo.

Me he desnudado en la noche,
me impregno de ese tinte de lumbre
en el que la distancia te disuelve...

Es cierto que toda muerte deja sus secuelas,
hasta para los que volvemos desde su lejanía
y nos ha rozado su guadaña...
dejándonos para siempre
el aroma metálico de su presencia.



f.



miércoles, 29 de noviembre de 2017

Respiro la lluvia mientras contemplo el gris horizonte










Respiro la lluvia mientras contemplo el gris horizonte.
No hay urgencia que dispare mi palabra,
solo tengo el pálpito, la caída silenciosa de un mundo,
mi devoción entre los dedos como la humedad que nunca se acaba.

Me encuentro en lo diminuto,
en cada esquina de mis múltiples muertes,
tengo un costado abierto a la noche
donde siempre penetra la oscuridad.
Caigo de nuevo, una y otra vez,
de bruces sobre la verdad
y me pierdo sin encontrar respuestas,
solo viento, solo humo, solo lluvia...

He descendido los peldaños desde cielo,
vuelvo con mis pasos sobre la agonía.
No temo, aunque sé que no hay más allá que este surco mío,
un regacho de sangre, la certera luz de un corazón
que sigue en cada verso dejándose la vida.



f.




jueves, 9 de noviembre de 2017

Sea pues domingo y que suenen despacio las campanas...











Sea pues domingo y que suenen despacio las campanas...

Escribo en lo hondo,
allí, en el lugar donde se quedó
la herida de la flecha,
allí, donde manan las sílabas sin nombre,
las que siguen doliendo día y noche.


Tú preguntas sobre las verdades,
yo solo recojo el agua de la lluvia,
bebo el almizcle o el veneno,
siento caminar por mi espalda,
uno tras otro, todos los nombres
que buscaron habitarme.

Hay una cuerda tensa como el viento
sobre la que se anudan mis palabras...
no puedo deshacer esa unión de lumbre y de silencio.

Solo tengo la piedad,
el conocer cada esquina del dolor
y saber manejar las horas
con su quebranto
y su tasada holgura.

Un hombre al fin y al cabo
solo es una huella de humedad,
una mirada, alguna palabra, la soledad,
la confirmación de los misterios pequeños,
un poso que ha de desaparecer con la próxima marea.




f.




jueves, 19 de octubre de 2017

Este incendio que a veces se desata con un viento incontenible












¿Por qué recuerdas que la luz se muere
y en cambio olvidas que también muere la sombra?

Roberto Juarroz



Este incendio que a veces se desata con un viento incontenible
trae desde el fondo del bosque el último silencio,
la última palabra herida por el rayo.

Cerca de los dos cae siempre la sombra,
nos trae una secuencia de trenes y de lluvia.
Nada nos salvará de morir en el otro
y sin embargo me inundan tus mareas
mientras yo cierro los ojos y cedo
al hilo de la luna que vive en tu cuerpo,
a la cadencia que me encadena de tu boca...
a este vaivén demoledor en que nos desangramos.

Mis manos saladas guardan tus caricias,
el resurgir de todo lo que mata,
un veneno que bebo entregado
cuando me nombras, me llamas, me condenas.




f.




domingo, 8 de octubre de 2017

Este incendio que a veces se desata con un viento incontenible









¿Por qué recuerdas que la luz se muere
y en cambio olvidas que también muere la sombra?

Roberto Juarroz


Este incendio que a veces se desata con un viento incontenible
trae desde el fondo del bosque el último silencio,
la última palabra herida por el rayo.

Cerca de los dos cae siempre la sombra,
nos trae una secuencia de trenes y de lluvia.
Nada nos salvará de morir en el otro
y sin embargo me inundan tus mareas
mientras yo cierro los ojos y cedo
al hilo de la luna que vive en tu cuerpo,
a la cadencia que me encadena de tu boca...
a este vaivén demoledor en que nos desangramos.

Mis manos saladas guardan tus caricias,
el resurgir de todo lo que mata,
un veneno que bebo entregado
cuando me nombras, me llamas, me condenas.




f.




jueves, 5 de octubre de 2017

Lo sabemos bien












Lo sabemos bien,
aunque no pronunciemos las sílabas que duelen
caemos en el otro como solo se cae en el abismo.

Este vértigo tiene algo de insondable e inesperado,
tiene un sabor a moras y a vainilla,
pero también deja un sudor frío
de pasos de noche y humedad de lluvia.


No hay ventanas que nos abran el mañana.
Estas paredes donde nos dibujamos
tienen las sombras de tu cuerpo y del mío,
porque sabemos que el lugar de la lumbre
siempre empieza y acaba en el otro...

Sin embargo, también nos agota la rueda de las estaciones,
los largos amaneceres del insomnio,
la llegada de la noche
con su albedrío y su braille de yemas y de labios.

No voy a beber este veneno,
ni deshacer estos nudos que nos atan...
pasa el tiempo, quizás sea mañana
un buen día para consumirnos,
o solo sea de nuevo un buen momento
de hacer de la contemplación del otro un río de murmullos.




f.





domingo, 10 de septiembre de 2017

Lo sabemos bien









Lo sabemos bien,
aunque no pronunciemos las sílabas que duelen
caemos en el otro como solo se cae en el abismo.

Este vértigo tiene algo de insondable e inesperado,
tiene un sabor a moras y a vainilla,
pero también deja un sudor frío
de pasos de noche y humedad de lluvia.


No hay ventanas que nos abran el mañana.
Estas paredes donde nos dibujamos
tienen las sombras de tu cuerpo y del mío,
porque sabemos que el lugar de la lumbre
siempre empieza y acaba en el otro...

Sin embargo, también nos agota la rueda de las estaciones,
los largos amaneceres del insomnio,
la llegada de la noche
con su albedrío y su braille de yemas y de labios.

No voy a beber este veneno,
ni deshacer estos nudos que nos atan...
pasa el tiempo, quizás sea mañana
un buen día para consumirnos,
o solo sea de nuevo un buen momento
de hacer de la contemplación del otro un río de murmullos.




f.




lunes, 14 de agosto de 2017

Respiro la lluvia mientras contemplo el gris horizonte














Respiro la lluvia mientras contemplo el gris horizonte.
No hay urgencia que dispare mi palabra,
solo tengo el pálpito, la caída silenciosa de un mundo,
mi devoción entre los dedos como la humedad que nunca se acaba.


Me encuentro en lo diminuto,
en cada esquina de mis múltiples muertes,
tengo un costado abierto a la noche
donde siempre penetra la oscuridad.
Caigo de nuevo, una y otra vez,
de bruces sobre la verdad
y me pierdo sin encontrar respuestas,
solo viento, solo humo, solo lluvia...

He descendido los peldaños desde cielo,
vuelvo con mis pasos sobre la agonía.
No temo, aunque sé que no hay más allá que este surco mío,
un regacho de sangre, la certera luz de un corazón
que sigue en cada verso dejándose la vida.




f.





miércoles, 19 de julio de 2017

Respiro la lluvia mientras contemplo el gris horizonte











Respiro la lluvia mientras contemplo el gris horizonte.
No hay urgencia que dispare mi palabra,
solo tengo el pálpito, la caída silenciosa de un mundo,
mi devoción entre los dedos como la humedad que nunca se acaba.

Me encuentro en lo diminuto,
en cada esquina de mis múltiples muertes,
tengo un costado abierto a la noche
donde siempre penetra la oscuridad.
Caigo de nuevo, una y otra vez,
de bruces sobre la verdad
y me pierdo sin encontrar respuestas,
solo viento, solo humo, solo lluvia...

He descendido los peldaños desde cielo,
vuelvo con mis pasos sobre la agonía.
No temo, aunque sé que no hay más allá que este surco mío,
un regacho de sangre, la certera luz de un corazón
que sigue en cada verso dejándose la vida.




f.















lunes, 26 de junio de 2017

Lo sabemos bien










Lo sabemos bien,
aunque no pronunciemos las sílabas que duelen
caemos en el otro como solo se cae en el abismo.

Este vértigo tiene algo de insondable e inesperado,
tiene un sabor a moras y a vainilla,
pero también deja un sudor frío
de pasos de noche y humedad de lluvia.

No hay ventanas que nos abran el mañana.
Estas paredes donde nos dibujamos
tienen las sombras de tu cuerpo y del mío,
porque sabemos que el lugar de la lumbre
siempre empieza y acaba en el otro...

Sin embargo, también nos agota la rueda de las estaciones,
los largos amaneceres del insomnio,
la llegada de la noche
con su albedrío y su braille de yemas y de labios.

No voy a beber este veneno,
ni deshacer estos nudos que nos atan...
pasa el tiempo, quizás sea mañana
un buen día para consumirnos,
o solo sea de nuevo un buen momento
de hacer de la contemplación del otro un río de murmullos.




f.




viernes, 19 de mayo de 2017

Respiro la lluvia mientras contemplo el gris horizonte









Respiro la lluvia mientras contemplo el gris horizonte.
No hay urgencia que dispare mi palabra,
solo tengo el pálpito, la caída silenciosa de un mundo,
mi devoción entre los dedos como la humedad que nunca se acaba.

Me encuentro en lo diminuto,
en cada esquina de mis múltiples muertes,
tengo un costado abierto a la noche
donde siempre penetra la oscuridad.
Caigo de nuevo, una y otra vez,
de bruces sobre la verdad
y me pierdo sin encontrar respuestas,
solo viento, solo humo, solo lluvia...

He descendido los peldaños desde el cielo,
vuelvo con mis pasos sobre la agonía.
No temo, aunque sé que no hay más allá que este surco mío,
un regacho de sangre, la certera luz de un corazón
que sigue en cada verso dejándose la vida.



f.





domingo, 12 de marzo de 2017

Lo sabemos bien







Lo sabemos bien
aunque no pronunciemos las sílabas que duelen
caemos en el otro como solo se cae en el abismo.

Este vértigo tiene algo de insondable e inesperado,
tiene un sabor a moras y a vainilla,
pero también deja un sudor frío
de pasos de noche y humedad de lluvia.

No hay ventanas que nos abran el mañana.
Estas paredes donde nos dibujamos
tienen las sombras de tu cuerpo y del mío,
porque sabemos que el lugar de la lumbre
siempre empieza y acaba en el otro...

Sin embargo, también nos agota la rueda de las estaciones,
los largos amaneceres del insomnio,
la llegada de la noche
con su albedrío y su braille de yemas y de labios.

No voy a beber este veneno,
ni deshacer estos nudos que nos atan...
pasa el tiempo, quizás sea mañana
un buen día para consumirnos,
o solo sea de nuevo un buen momento
de hacer de la contemplación del otro un río de murmullos.



f.






viernes, 13 de enero de 2017

Ahora que la luz tiene tus ojos









Ahora que la luz tiene tus ojos,
la noche es un muelle sin barcos.

Mi destino cabalga en tus labios.
Nombras cada ciudad en que soy pasos y huella,
ese instante de muerte,
y rehaces las calles, las avenidas,
ciertas plazas con entradas de metro,
algunos parques abiertos al amanecer...

Vuelves a ser el viento,
fugaz, caliente, húmedo,
que se ensortija
como un bucanero de sombras
en la oscuridad de tu cuerpo.

Sé que ha de llegar el momento
en que tu sueño sea voraz como el océano,
que el insomnio de tus manos recorra mi cuerpo.

Urdes nudos de urgencias
y vienes con el sudor,
con la incasable fatiga de la mar...
Así eres hoy, mañana, siempre,
un verbo indeterminado,
desconocido para el resto de los humanos,
que tienen la sed y el hambre del deseo
y se sacian solo con lo que les trae cada día la tormenta.



f.







sábado, 7 de enero de 2017

Ser de la noche






Y corres desolada como el único pájaro en el viento.

A. Pizarnik




Ser de la noche,
y sentir la simple y llana argolla
que con su boca nos sostiene en el viento.

Ata, dirime, muerde, ciega
tiene tasado el dolor para nosotros.
Es la soledad y se conmueve,
se hace un ovillo de lumbre y erizo,
se alimenta en nuestro vientre
y respira con nosotros cuando nos falta el aire.

A veces pienso en desangrarme
y ver como conmigo ella lentamente palidece.



f.


lunes, 26 de diciembre de 2016

No he encontrado el silencio...








"Entre pedazos de palabras
y caricias en ruinas,
encontré algunas formas que volvían de la muerte".

R. Juarroz


No he encontrado el silencio, solo su huella,
un murmullo que viaja en el viento oscuro y negro de la noche.
Mis manos se pierden en rincones de hambre,
no vivo más allá de estas horas anónimas.

¡Qué difícil se vuelve respirar en medio del páramo!

Hay en mi costado izquierdo un ábaco con cuentas moradas,
unas rosas caídas ante mis pies descalzos,
cierta verdad en lo que contemplo.

Me he desnudado en la noche,
me impregno de ese tinte de lumbre
en el que la distancia te disuelve...

Es cierto que toda muerte deja sus secuelas,
hasta para los que volvemos desde su lejanía
y nos ha rozado su guadaña...
dejándonos para siempre
el aroma metálico de su presencia.



f.



Marco el suelo y los muros










Marco el suelo y los muros
con sílabas que me hacen enmudecer
mientras escucho una canción
que me recuerda a París,
aunque sin embargo
no logro escribir unos versos
que me traigan Rayuela a la memoria
salvo aquellos que hablan del frío, del tiempo, del cariño...
Algo parecido a morir muy cerca del amanecer,
de un desierto, de un muelle vacío.
Allí, donde la luz se ha vuelto agua,
sin formas, sin valores que tengan un nombre.

Mis manos apenas saben construir
más que una arquitectura de naipes y de sueños,
cuando este verano de viento
trae debajo de sus alas un incendio,
ciertas tormentas,
el deshacerse en aguaceros y silencio,
mucho silencio.

Voy bebiendo la noche, su oscuridad,
me desarmo ante los pasos de la luna,
sus gestos de lumbre, cierta brasa, la ceniza,
nudos que quedan en mi cuerpo,
las huellas de la humedad,
la cadencia de la distancia.

Las sumas y los restos quedan en la sombra,
dibujo un corazón en el vaho de los cristales,
dejo cortados todos los quehaceres innombrables
cuando este sabor a hierro se ahoga en mi saliva
y ha de ser la fuente de las palabras,
lo impreciso que me deja respirar
cuando todo lo que me rodea se derrumba.




f.






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