No camino, me siento en el suelo entre la hierba fresca.
Todo lo que contemplo es la distancia, un horizonte en medio de la bruma.
Escucho el eco, lejos, entre los montes que cubren el desierto
y veo pasar las nubes cargadas de lluvia,
los pájaros solitarios, el tiempo sin sombra...
Una vez amé de tal forma que mis huellas estaban marcadas en el suelo,
recorría una avenida mientras todo lo que me urgía me esperaba en silencio.
Era tan joven e inexperto...
pero siempre que vuelvo a pasar por ese lugar
me da una punzada el corazón,
busco entre todos el pequeño balcón donde reposaba el cielo.
Ahora siento el frío, el viento trae todavía escamas de invierno,
yo solo sostengo unas briznas de hierba
como siempre que arden mis recuerdos.
f.
Fotografía de Roberto Vivas
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