
Hemos de vencernos,
como si el viento
nos llevará hasta el extremo,
allí, donde no hay vuelta atrás.
La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco



El corazón alcanza la temperatura del sol cuando pienso en mis actrices italianas y en las tardes del ferragosto de mi tardoadolescencia soñando en la oscuridad de los cines de Milán. Desde la diva del cine mudo Francesca Bertini a Giovanna Mezzogiorno, pasando por Luisa Ferida, Assia Noris, Yvonne Sanson, Lea Massari, Monica Vitti, Ornella Muti, Francesca Neri...
El deslumbramiento, la embriaguez de golpe, el atropello de la belleza más cruel se llaman Ava Gardner en Venus era mujer y La condesa descalza (¡ah María Vargas bailando junto al fuego y los carromatos, quién fuera el conde Vicenzo para esculpirte de caricias y cubrirte de felicidad!). ¿Y qué decir del regreso de Ava en La noche de la iguana con sus cuarenta y tantos tocando las maracas, subiendo de la playa con sus dos mulatones?
¿A qué saben los fresones desde que vimos Nueve semanas y media, quién derrite los iceberes del Ártico y despierta sueños de huracán sino la piel de Kim Basinger, esa chica lunática de Athens, ganadora de concursos de belleza, que perdía los papeles con una copa de champán en Cita a ciegas? La vida del siglo XXI aún conserva su swing gracias a James Ellroy y a esa prostituta vestida de blanco que encarna la Basinger en L.A. Confidential.
El flequillo de Rachael, la Nexus 6, la replicante con sentimientos de Blade Runner, el lápiz de labios sobre su comisura superior dibujando la m de una muñeca de porcelana preguntándole a Deckard si sus recuerdos son implantes, si las fotos de niña que tiene sobre el piano son trucos de ordenador, toda esa sofisticada y turbadora delicadeza es Sean Young en el film de Ridley Scott.
El sueño más dulce y real, el deseo más intenso de vivir, la sed de amor sin espejismos, el cuerpo que se imanta con pensarla, la sonrisa de un tiempo antiguo se llaman Monica Bellucci personificando a la mujer del Drácula de Coppola.
Los ojos brunos de la Cuccinotta en Il postino poseen “la luz con tiempo dentro” de la que hablaba nuestro poeta de Moguer. El mismísimo Borges recuperaría la visión frente a los senos incandescentes, como pájaros que gritan a medianoche, de esta Venus de las Pizzerías. Maria Grazia es un viaje de amor en Cachitos picantes de Alfonso Arau.
En el elenco de esta última película figura otra de mis ensoñaciones más queridas: Sharon Stone. La Miss Pennsylvania con coeficiente intelectual 154. Superdotada por dentro y por fuera, Sharon, aunque breve, no pudo tener mejor debut cinematográfico: en 1980 aparece en una escena dentro de un tren en Recuerdos de Woody Allen. Desde 1992 los extraterrestres se masturban con un segundo de su pubis entrevisto cuando cruza las piernas en Instinto básico. Llevo clavado ese punzón de hielo en la médula espinal.
Ahora ya sé por qué Eva flambea mi corazón y me pone los huesos de punta. Es rediviva y reencarnada, treinta y cuatro años menos, la Raquel Welch de Viaje alucinante y Hace un millón de años y también se parece a Cindy Crawford y un poquito a Jennifer López.
Si volviese a nacer sólo le pediría un deseo al dios tonto del siglo XXI: ser por unas horas Steven Tyler, el cantante de Aerosmith. El orgullo de haber engendrado a la reina de los Elfos, el placer de besar tras susurrarle un cuento a esa belleza robada que es Liv Tyler, unido a la dicha de tener como protagonista en tu videoclip a Eva, me bastarían para vivir sesenta o setenta años más intensamente recordando esos instantes de felicidad.
O pensándolo mejor sólo me pediría como en el Viaje alucinante de Richard Fleisher ser miniaturizado (¿qué hombre no ha tenido esta fantasía?) e internarme en un submarino en el cuerpo de Eva, en los flujos de Eva, para vivir mil singladuras navegando en su córtex, en sus vísceras y pantanos de amor, disolverme en los labios de su alma para la eternidad...
Gracias Ángel por hacer ese magnifico libro y por enviarme este poema