La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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miércoles, 27 de septiembre de 2017

Ha parado de llover en Milán












Ha parado de llover en Milán.
Malpensa está silencioso, expectante,
lleno de charcos que reflejan la oscuridad de la noche.
No tengo conexión,
y es tan tarde que es posible que ella esté durmiendo.
Cómo se nota la lejanía y esa ausencia de “post-it” rosas
con que me inunda el espejo del baño.
Es sencillo diversificar las emociones,
saber que hemos dejado abierta la puerta de la casa
y que la compra, por ejemplo, no es sólo una labor tuya,
aunque resuene extraño en su cabeza
el cuarto y mitad de queso de gruyere suizo
y las cervezas Beck’s de lata.
Aprendemos lentamente y me mira
como si todas las madrugadas fuera uno nuevo,
un extraño abrigándole el deseo.




f.




Uno de los poemas que se quedo sin entrar en el poemario
"Todas las mentiras que te debo"




martes, 4 de abril de 2017

Junto a la nada he cogido un expreso de medianoche







Junto a la nada he cogido un expreso de medianoche,
todo en blanco y negro como en una película de los cuarenta.
Es casi imposible disfrazarse más
aunque llevo una gabardina gris y gafas oscuras,
para saber ser un suicida es preciso no ser tú.
Un hombre sin rostro me habla,
me nombra a su madre, el final del verano,
todo lo que le duele hacerse viejo
y me pregunta sobre el tiempo
como si las isobaras tuvieran la culpa de todo.
Se ve Aldebarán y pienso en Sirio
porque así azulada siempre te recuerdo.
Suena una música difusa,
quizás sea cierto que todo sueño
debe servir de acomodo a las sombras familiares,
en este vagón viejo de asientos de skai
sólo hay una tristeza que en nada me parece mía,
tal vez me he metido en el sueño de otro
y todo lo que siento es la nostalgia de irme
en un tren que no tiene destino.




f.



miércoles, 11 de enero de 2017

Nada guardo para este despertar.








Nada guardo para este despertar.
La noche tiene sus andenes y sus muelles de arena
donde se guarece la sombra y se perfila el miedo.
Podría volver a ser otro más en la isla,
recorrer las calles de Palermo por ejemplo
y anidar entre sus mujeres de acero
porque sólo ellas saben dibujar el escorzo de la oración.
No hay amor en el calor del dinero,
tan sólo mirar a la oscuridad y ver entre los astros
la luminosidad de los silencios,
aunque en el puerto, el pantalán de hormigón
tenga escrito a fuego negro
los versos de una pasión quimérica:
tre metri sopra il cielo,
la canción que me hace siempre sonreír.




f.







domingo, 6 de marzo de 2011

Ha parado de llover en Milán





Ha parado de llover en Milán.
Malpensa está silencioso, expectante,
lleno de charcos que reflejan la oscuridad de la noche.
No tengo conexión,
y es tan tarde que es posible que ella esté durmiendo.
Cómo se nota la lejanía y esa ausencia de “post-it” rosas
con que me inunda el espejo del baño.
Es sencillo diversificar las emociones,
saber que hemos dejado abierta la puerta de la casa
y que la compra, por ejemplo, no es sólo una labor tuya,
aunque resuene extraño en su cabeza
el cuarto y mitad de queso de gruyere suizo
y las cervezas Beck’s de lata.
Aprendemos lentamente y me mira
como si todas las madrugadas fuera uno nuevo,
un extraño abrigándole el deseo.






sábado, 26 de febrero de 2011

Metido en la bañera y fumando






Metido en la bañera y fumando
mientras escucho lejanas las notas de jazz
tras las que Miles Davis me empuja hacia el cadalso,
todavía en el mediodía de septiembre,
hay una pausada voz que me habla de ti.
Quisiera tenerte aquí cuando salga del agua
y que tus manos pequeñas me frotaran la espalda
como entonces hacías
a la vez que enumerabas y disertabas
del peligroso tamaño de las verrugas que poseo.
Hay diminutas cosas en la vida
que tienen suficiente peso específico
y que ni Miles ni yo,
por mucho empeño que sigamos poniendo,
nunca podremos cambiar.








sábado, 5 de febrero de 2011

Cuando llueve y es otoño





Ella te dejará en su mente
Si las palabras que tú dices son correctas
Si tú pagas el precio…


Jardín secreto


B.S

Cuando llueve y es otoño
los taxis son en la noche los últimos trenes a la felicidad.
Tu mano se aferra a la mía, casi me duele de tu ansiedad.
Mientras te miro y veo tus ojos luminosos
suena Bruce en el CD del taxista,
que a lo mejor por instinto
busca la desnudez de tus muslos
a través del retrovisor.
She´ll let you in her mind
If the words you say are right
If you pay the price.




Poemas Making Off : Poemas que al final no han entrado en el poemario




F



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