Deprisa fue la ronda.
Se oyeron voces y galopar austero de caballos.
Nada tiene el valor de esta ofrenda.
Su dolor, su tristeza,
el ir por las venas
como la sangre que alimenta un corazón
y respira del océano la humedad marina.
Nada fue como entonces, es cierto,
porque quizás entonces fue un sueño.
La labor del laúd dejó su huella,
el valor estremecido de la piel,
la fusión de una quimera.
Tu boca sacia un montón de preguntas,
un viaje último y postrero a la noche,
el murmullo de olvidos que traen los barcos
y que al cruzar los puentes
o sembrar de estelas el agua,
deja en el alma unos gramos de melancolía.
Se oyeron voces y galopar austero de caballos.
Nada tiene el valor de esta ofrenda.
Su dolor, su tristeza,
el ir por las venas
como la sangre que alimenta un corazón
y respira del océano la humedad marina.
Nada fue como entonces, es cierto,
porque quizás entonces fue un sueño.
La labor del laúd dejó su huella,
el valor estremecido de la piel,
la fusión de una quimera.
Tu boca sacia un montón de preguntas,
un viaje último y postrero a la noche,
el murmullo de olvidos que traen los barcos
y que al cruzar los puentes
o sembrar de estelas el agua,
deja en el alma unos gramos de melancolía.
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