AMIGOS EL DÍA 31 DE OCTUBRE SE CELEBRARÁ UN RECITAL DE POESÍA Y RELATO CORTO CON EL TEMA DEL MIEDO AL CUAL ESTÁIS TODOS INVITADOS A PARTICIPAR Y PARA HACERLO HAY QUE INSCRIBIRSE EN
info@aaescritores.com HASTA EL 20 DE OCTUBRE.
EL LUGAR SERÁ EN "LA BÓVEDA" EN EL ALBERGUE MUNICIPAL DE ZARAGOZA C/ PREDICADORES Nº 70...HORARIO A DETERMINAR.
EN EL TRANSCURSO DEL RECITAL ESTÁ PROGRAMADO ENTREGAR EL PREMIO INTERNACIONAL POESÍA DEL MIEDO DE LA EDITORIAL OLIFANTE...IREMOS INFORMANDO PERO YA PODÉIS INSCRIBIROS.
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Un relato... El silencio de la noche
Cuando estuve en Cuba hicimos un trayecto en taxi entre Santiago de Cuba y las playas de Guardalavaca, pudimos hablar con él taxista de una manera distendida, aparte de contarnos lo mal que estaba todo, que el régimen hacía muy difícil sobrevivir y el embargo americano más, él, con el taxi por lo menos no podía quejarse, le preguntamos cómo había conseguido tenerlo ya que parecía un trabajo privilegiado y sin dejar de mirar la carretera llena de profundos baches nos fue contando un trocito de su vida hasta como le dieron el permiso para tener el taxi, todo gracias a que se fue voluntario con el ejercito a combatir a Angola contra UNITA, la guerrilla que mantuvo una cruenta guerra civil contra el gobierno que apoyaba Cuba. Ernesto que así se llamaba aquel hombretón negro de sonrisa fácil y risueña nos contó las secuelas psicológicas que el ir a África le habían dejado : “Aparte de la barbarie de una guerra, viendo desaparecer amigos del batallón, los días eran muy duros, el enemigo entonces eran los bichos, los más pequeños, los peores en mitad de la selva, pero las noches eran lo peor, metidos en las tiendas de campaña, no cuando oíamos a las hienas y a los leones si no cuando todo era silencio y a la mañana siguiente aparecían degollados unos cuantos compañeros sin ningún rastro de la guerrilla….uffff…no dormí en todos esos meses más que cuando volvíamos al campamento base…desde entonces para dormir necesito tener ruido, no pego ojo con el silencio de la noche”.
Ahora, cuando me despierto a mitad noche, como si me acordase de las noches de Ernesto y ese silencio que le ahogaba siempre enciendo la radio.