
Hay desiertos que gimen su densidad de sangre
y enarbolan entregadas silabas de silenciosos sueños.
Ahora soy el hombre de la mirada roja,
habito entre tu pecho
y te respiro exacto y minucioso.
Me planto en tu boca y me derramo,
soy saliva derretida entre tus papilas gustativas,
la miel, el ámbar, la salina sustancia que te duele.
Es posible que la noche sea sólo una nueva argucia,
el peldaño donde descender poco a poco
hasta los límites de la piel y del deseo,
y nosotros, escondidos amantes,
seamos los que pueden hacer febril la sombra
que ilumine con frágiles rosas la luna.
F
sobre todo si son lunas en fase creciente =)
ResponderEliminarBesos
sí eso y mucho más complice puede ser la noche
ResponderEliminarsalud
Un intenso poema. Pasión nocturna.
ResponderEliminarUn beso.
Soledad.
El hombre de la mirada roja... y la sangre del poema me sugieren un amor-deseo imposible de parar, como el impulso del conde drácula.
ResponderEliminarBesos
Un desierto que esconde amantes y sueños silenciosos, mas una luna de rosas, es un sitio exquicito.
ResponderEliminarBesos.
La noche es siempre una argucia, una tentación, una excusa, el mejor momento para crear, el mejor momento para amar, el mejor momento para pensar...
ResponderEliminarExcelente descripcion de un mágico momento.
ResponderEliminarNoches así, le dan sentido a los días.
ResponderEliminarBesos.
Los lìmites del deseo son impredecibles, imprecisos... Abrazos.
ResponderEliminarUn dulce sonido impregna mi tarde.
ResponderEliminarUn beso Fernado, me alegro por cada uno de tus logros.
"Me planto en tu boca y me derramos"
ResponderEliminarMe estremeció este verso, Fernando.
Bello y sensual tu poema.
Un abrazo
hermoso poema como todos los tuyos, un beso
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